Ciudad
del Vaticano, 18 de septiembre 2012 (VIS).-La Santa Sede participa
también este año en las Jornadas Europeas del Patrimonio, una
manifestación promovida por el Consejo de Europa en la que toman
parte más de 50 países del continente. El tema de la jornada, que
se celebra el domingo 30 de septiembre, es: "La imagen de la fe
en el patrimonio europeo".En la elaboración del programa han
colaborado la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la
Iglesia y los Museos Vaticanos. El 30 de septiembre se podrán
visitar gratuitamente los Museos Vaticanos.
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El 'Vatican Information Service' (VIS) es un boletín informativo de la Oficina de Prensa Santa Sede. Transmite diariamente información sobre la actividad magisterial y pastoral del Santo Padre y de la Curia Romana... [+]
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últimas 5 noticias
martes, 18 de septiembre de 2012
IN MEMORIAM
Ciudad
del Vaticano, 18 septiembre 2012
(VIS).-En las últimas semanas han fallecido los siguientes prelados:
-Obispo
Joseph Banchong Aribarg, emérito de Nakhon Sawan (Tailandia) el 1 de
septiembre a los 85 años.
-Obispo
Xavier-Marie Baronnet S.I., emérito de Port Victoria (Seychelles) el
8 de septiembre a los 85 años.
-Obispo
Luis d'Andrea O.F.M.Conv, emérito de Caxias do Maranhao (Brasil), el
8 de septiembre a los 78 años.
-Obispo
Lucas Luis Dónnelly Carey, O. de M., prelado emérito de Deán Funes
(Argentina) el 31 de agosto a los 91 años.
-Obispo
José Foralosso S.D.B., emérito de Marabá (Brasil) el 22 de agosto
a los 74 años.
-Obispo
Hélio Gonçalves Heleno, emérito de Caratinga (Brasil) el 4 de
septiembre a los 77 años.
lunes, 17 de septiembre de 2012
LOS DISCIPULOS DE JESUS DEN TESTIMONIO DE UNIDAD
Ciudad
del Vaticano, 17 septiembre 2012
(VIS).- El Patriarcado de Antioquia de los Sirios en Charfet, cuya
biblioteca es famosa por sus más de 3.000 manuscritos en lengua
siria y árabe, fue ayer tarde sede del encuentro ecuménico del
Santo Padre con los patriarcas ortodoxos, los representantes de las
confesiones protestantes y los patriarcas católicos del Líbano.
Después
de recibir el saludo del S. B. Ignace Youssif III Younan, patriarca
de Antioquia de los Sirios, el Papa agradeció la presencia de todos
los jefes de las diversas confesiones que representan “ la
diversidad de la Iglesia en Oriente”. “Mi pensamiento se dirige
también -añadió- a la Iglesia copta ortodoxa de Egipto y a la
Iglesia etíope ortodoxa, que han sufrido la pérdida de su
Patriarca. Les aseguro mi fraterna cercanía y oración”.
Benedicto
XVI quiso también “rendir homenaje al testimonio de fe que la
Iglesia Siríaca de Antioquía ha ofrecido a lo largo de su gloriosa
historia, testimonio de un amor ardiente a Cristo, que le ha
permitido escribir, hasta el día de hoy, páginas heroicas a causa
de su fidelidad a la fe hasta el martirio”, animándola a ser
para todos los pueblos de la región “un signo de la paz que viene
de Dios y una luz que enciende su esperanza. Extiendo estas palabras
de aliento a todas las Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en
esta región”.
“Nuestro
encuentro de esta tarde -señaló el pontífice- es un signo
elocuente de nuestro deseo profundo de responder a la llamada del
Señor Jesús, 'que todos sean uno'.En estos tiempos inestables y
proclives a la violencia, que experimenta vuestra región, es todavía
más urgente que los discípulos de Cristo den un testimonio
auténtico de su unidad, para que el mundo crea en su mensaje de
amor, paz y reconciliación. Es un mensaje que todos los cristianos,
y nosotros en particular, tenemos la misión de transmitir al mundo,
y que adquiere un valor inestimable en el contexto actual de Oriente
Medio.”.
“Trabajemos
sin descanso para que nuestro amor por Cristo nos conduzca paso a
paso hacia la plena comunión entre nosotros. Para ello, debemos, por
la oración y el compromiso común, volver sin cesar a nuestro único
Señor y Salvador. Pues, como he escrito en la Exhortación
apostólica 'Ecclesia in Medio Oriente', que he tenido el gozo de
entregaros, 'Jesús une a quienes creen en él y le aman,
entregándoles el Espíritu de su Padre, así como el de María, su
madre'.
El
Papa concluyó confiando a la Virgen María los miembros de las
diversas Iglesias y comunidades. “Que ella suplique por nosotros
ante su Divino Hijo, para que nos veamos libres de todo mal y
violencia y para que esta región de Oriente Medio conozca al fin el
tiempo de la reconciliación y la paz. Que las palabras de Jesús que
he citado con frecuencia en este viaje, سَلامي
أُعطيكُم (Mi paz os
doy) sean para todos nosotros el signo común que daremos en el
nombre de Cristo a los pueblos de esta amada región, que anhela con
impaciencia la realización de este anuncio”.
RESISTID A TODO LO QUE PUEDA DESTRUIR O MINAR LA PAZ
Ciudad
del Vaticano, 17 septiembre 2012
(VIS).-El Santo Padre se despidió a última hora de la tarde de ayer
del Líbano. La ceremonia de despedida tuvo lugar en el aeropuerto
Rafiq Hariri de Beirut, en presencia del presidente de la República,
Michel Sleiman, de los cuatro patriarcas católicos y de varios
obispos libaneses, así como de las autoridades civiles.
En
su discurso el Papa dio las gracias “a todo el pueblo libanés, que
forma un hermoso y rico mosaico, y que ha sabido manifestar al
Sucesor de Pedro su entusiasmo, con la aportación multiforme y
específica de cada comunidad. Gracias de corazón a las venerables
Iglesias hermanas y a las comunidades protestantes. Gracias en
particular a los representantes de las comunidades musulmanas.
Durante toda mi estancia, he podido constatar cuánto vuestra
presencia ha contribuido al éxito de mi viaje. El mundo árabe y el
mundo entero habrán visto, en estos momentos de turbación, a los
cristianos y a los musulmanes reunidos para celebrar la paz”
“Es
tradición de Oriente Medio - prosiguió- recibir al huésped de paso
con consideración y respeto, y vosotros lo habéis hecho. Os lo
agradezco a todos. Pero, a la consideración y al respeto, habéis
añadido algo más: algo parecido a una de esas famosas especias
orientales que enriquecen el sabor de los alimentos: vuestro calor y
vuestro corazón, que me han despertado el deseo de volver. Os lo
agradezco de manera especial”.
“En
su sabiduría, Salomón llamó a Hirán de Tiro, para que erigiera
una casa como morada del Nombre de Dios, un santuario para la
eternidad. E Hirán (...) envió madera proveniente de los cedros del
Líbano (...) El Líbano estaba presente en el Santuario de Dios. Que
el Líbano de hoy, sus habitantes, pueda seguir estando presente en
el santuario de Dios. Que el Líbano continúe siendo un espacio
donde los hombres y las mujeres puedan vivir en armonía y en paz los
unos con los otros para dar al mundo, no sólo el testimonio de la
existencia de Dios (...) sino también el de la comunión entre los
hombres, cualquiera que sea su sensibilidad política, comunitaria o
religiosa”.
“Pido
a Dios por el Líbano, para que viva en paz y resista con valentía
todo lo que pueda destruirla o minarla. Deseo que el Líbano siga
permitiendo la pluralidad de las tradiciones religiosas, sin dejarse
llevar por la voz de aquellos que se lo quieren impedir. Le deseo que
fortalezca la comunión entre todos sus habitantes, cualquiera que
sea su comunidad o su religión, rechazando resueltamente todo lo que
pueda llevar a la desunión y optando con determinación por la
fraternidad”.
“La
Virgen María, venerada con tierna devoción por los fieles de las
confesiones religiosas aquí presentes, es un modelo seguro para
avanzar con esperanza por el camino de una fraternidad vivida y
auténtica. El Líbano lo ha entendido bien al proclamar desde hace
algún tiempo el 25 de marzo como día festivo, permitiendo así a
todos sus habitantes vivir con más serenidad su unidad. Que la
Virgen María, cuyos antiguos santuarios son tan numerosos en vuestro
país, siga acompañándoos e inspirándoos”.
“Que
Dios bendiga el Líbano y a todos los libaneses -exclamó el Santo
Padre- Que no cese de atraerlos a Él para darles parte en su vida
eterna. Que los colme de su alegría, de su paz y de su luz. Que Dios
bendiga a todo Oriente Medio”.
Una
vez acabado su discurso el Papa emprendió el viaje de regreso a Roma
donde su avión aterrizó a las 21,40 en el aeropuerto de Ciampino.
Desde allí se trasladó al palacio apostólico de Castel Gandolfo.
PRIMERA AUDIENCIA IMPUTADOS EN EL CASO “VATILEAKS”
Ciudad
del Vaticano, 17 septiembre 2012
(VIS).-La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha facilitado esta
mañana el siguiente comunicado:
”El
presidente del Tribunal de la Ciudad del Vaticano, Giuseppe Dalla
Torre, ha emitido hoy el decreto que establece el 29 de septiembre a
las 9,30 como fecha de la primera audiencia del proceso de los
imputados Paolo Gabriele y Claudio Sciarpelleti, enviados a juicio
con sentencia del juez de instrucción, el pasado 13 de agosto. La
audiencia tendrá lugar en el aula de las audiencias del Tribunal del
Estado de la Ciudad del Vaticano. El decreto ha sido notificado a los
interesados”.
domingo, 16 de septiembre de 2012
EL PAPA: DIOS BENDIGA A LA COMUNIDAD ARMENIA TAN DURAMENTE PROBADA
Ciudad
del Vaticano, 16 de septiembre de 2012 (VIS).-Ayer a mediodía, antes
de almorzar con los patriarcas y obispos del Líbano y los miembros
del Consejo Especial del Sínodo para Oriente Medio, en la sede del
Patriarcado Armenio Católico de Bzommar, el Papa agradeció al
patriarca S.B Nerses Bédros XIX Tarmouni y al Superior del
Instituto del Clero Patriarcal su invitación.
“La
Divina Providencia -dijo- ha permitido nuestro encuentro en este
convento de Bzommar, tan emblemático para la Iglesia católica
armenia. Su fundador, el monje Hagop, apodado Méghabard – el
pecador –, es para nosotros un ejemplo de oración, de
desprendimiento de los bienes materiales y de fidelidad a Cristo
Redentor. Hace 500 años, promovió la impresión del Libro del
Viernes estableciendo así un puente entre el oriente y el occidente
cristianos. En su escuela, podemos aprender el sentido de la misión,
la fuerza de la verdad y el valor de la fraternidad en la unidad.
Mientras que nos disponemos a retomar fuerzas con este almuerzo,
preparado con tanto amor y ofrecido generosamente, el monje Hagop nos
recuerda también que la sed espiritual y la búsqueda del más allá
deben siempre habitar en nuestros corazones, ya que, ¡está escrito:
‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de
la boca del Dios'”.
“Queridos
amigos, por intercesión de los Apóstoles Bartolomé y Tadeo, y de
san Gregorio el Iluminador, pidamos al Señor que bendiga la
comunidad armenia, duramente probada a través de los tiempos, y que
envíe a su mies numerosos obreros y santos que, por Cristo, sean
capaces de cambiar la faz de nuestra sociedad, de curar los corazones
desgarrados y de volver a dar ánimo, fuerza y esperanza a los
abatidos. Gracias”.
ISLAM Y CRISTIANISMO PUEDEN VIVIR JUNTOS SIN ODIOS
Ciudad
del Vaticano, 16 de septiembre 2012 (VIS).-El Santo Padre visitó
ayer tarde el Patriarcado Maronita de Bkerké, desde 1832 sede
invernal del Patriarcado Maronita de Antioquia y de todo Oriente,
mientras la residencia estival se encuentra en Dimane, en el norte de
Líbano. El patriarca es Su Beatitud Béchara Boutros Raï O.M.M..
El
encuentro del Papa con los jóvenes libaneses y de Oriente Medio tuvo
lugar en Bkerké, que se encuentra en la ladera de la colina de
Harissa, dominada por el santuario de Nuestra Señora del Líbano.
“Vosotros
vivís hoy en esta parte del mundo que ha visto el nacimiento de
Jesús y el desarrollo del cristianismo -dijo el Santo Padre- Es un
gran honor. Y es una llamada a la fidelidad, al amor por vuestra
región, y especialmente a ser testigos y mensajeros de la alegría
de Cristo (...) Entre los Apóstoles y los santos, muchos vivieron
periodos difíciles, y su fe fue la fuente de su valor y de su
testimonio. Que encontréis en su ejemplo e intercesión la
inspiración y el apoyo que necesitáis”.
“Conozco
las dificultades que tenéis en la vida cotidiana, debido a la falta
de estabilidad y seguridad, al problema de encontrar trabajo o
incluso al sentimiento de soledad y marginación. En un mundo en
continuo movimiento, os enfrentáis a muchos y graves desafíos. Pero
ni siquiera el desempleo y la precariedad deben incitaros a probar la
'miel amarga' de la emigración, con el desarraigo y la separación
en pos de un futuro incierto. Se trata de que vosotros seáis los
artífices del futuro de vuestro país, y cumpláis con vuestro papel
en la sociedad y en la Iglesia”.
“Tenéis
un lugar privilegiado en mi corazón y en toda la Iglesia, porque la
Iglesia es siempre joven. La Iglesia confía en vosotros (...)
necesita vuestro entusiasmo y creatividad. La juventud es el momento
en el que se aspira a grandes ideales, y el periodo en que se estudia
para prepararse a una profesión y a un porvenir (...) Buscad lo que
es hermoso y gozad en hacer el bien (...) Abrid las puertas de
vuestro espíritu y vuestro corazón a Cristo (...) Cristo os dice:
'Salami ō-tīkum'. Aquí está la revolución que Cristo ha traído,
la revolución del amor”.
“Las
frustraciones que se presentan no os deben conducir a refugiaros en
mundos paralelos como, entre otros, el de las drogas de cualquier
tipo, o el de la tristeza de la pornografía. En cuanto a las redes
sociales, son interesantes, pero pueden llevar fácilmente a una
dependencia y a la confusión entre lo real y lo virtual. Buscad y
vivid relaciones ricas de amistad verdadera y noble. Adoptad
iniciativas que den sentido y raíces a vuestra existencia, luchando
contra la superficialidad y el consumo fácil (...)Buscad buenos
maestros, maestros espirituales, que sepan indicaros la senda de la
madurez, dejando lo ilusorio, lo llamativo y la mentira”.
“Meditad
la Palabra de Dios. Descubrid el interés y la actualidad del
Evangelio. Orad. La oración, los sacramentos, son los medios seguros
y eficaces para ser cristianos y vivir 'arraigados y edificados en
Cristo' (...) En él, todos los hombres son nuestros hermanos.
'Amaos unos a otros como yo os he amado'. En esto reside el
testamento de Jesús y el signo del cristiano”.
“Por
tanto, Cristo os invita a hacer como él, a acoger sin reservas al
otro, aunque pertenezca a otra cultura, religión o país. Hacerle
sitio, respetarlo, ser bueno con él, nos hace siempre más ricos en
humanidad y fuertes en la paz del Señor (...) Vivir juntos momentos
de amistad y alegría permite resistir a los gérmenes de división,
que constantemente se han de combatir (..)Sed los mensajeros del
evangelio de la vida y de los valores de la vida. Resistid con
valentía a aquello que la niega: el aborto, la violencia, el rechazo
y desprecio del otro, la injusticia, la guerra. Así irradiaréis la
paz en vuestro entorno. ¿Acaso no son a los 'artífices de la paz' a
quienes en definitiva más admiramos? (...) Y, ¿no es un mundo de
paz para nosotros y para los demás lo que deseamos en lo más
profundo? (...) Descubrir de verdad el perdón y la misericordia de
Dios, permite recomenzar siempre una nueva vida. No es fácil
perdonar. Pero el perdón de Dios da la fuerza de la conversión y, a
la vez, el gozo de perdonar. El perdón y la reconciliación son
caminos de paz, y abren un futuro”.
“Jóvenes
libaneses, sois la esperanza y el futuro de vuestro país. Vosotros
sois el Líbano, tierra de acogida, de convivencia, con una increíble
capacidad de adaptación. Y, en estos momentos, no podemos olvidar a
esos millones de personas que forman la diáspora libanesa, y que
mantienen fuertes lazos con su país de origen. Jóvenes del Líbano,
sed acogedores y abiertos, como Cristo os pide y como vuestro país
os enseña”.
“Quiero
saludar ahora a los jóvenes musulmanes que están con nosotros esta
noche. Agradezco vuestra presencia que es tan importante. Vosotros
sois, con los jóvenes cristianos, el futuro de este maravilloso País
y de todo el Oriente Medio. Buscad construirlo juntos. Y cuando seáis
adultos, continuad a vivir la concordia en la unidad con los
cristianos. Porque la belleza del Líbano se encuentra en esta bella
simbiosis”.
“Es
necesario que todo el Oriente Medio, viéndoles, comprenda que los
musulmanes y los cristianos, el Islam y el Cristianismo, pueden vivir
juntos sin odios, respetando las creencias de cada uno, para
construir juntos una sociedad libre y humana”.
“He
sabido además que están entre nosotros jóvenes venidos de Siria.
Quiero deciros cuanto admiro vuestra valentía. Decid en vuestras
casas, a vuestros familiares y amigos, que el Papa no os olvida.
Decid en vuestro entorno que el Papa esta triste a causa de vuestros
sufrimientos y lutos. Él no se olvida de Siria en sus oraciones y es
una de sus preocupaciones. No se olvida de ninguno de los que sufren
en Oriente Medio. Es el momento en que musulmanes y cristianos se
unan para poner fin a la violencia y a la guerra”,
Después
del encuentro el Papa saludó en la capilla de la Asunción del
palacio patriarcal, a los patriarcas católicos de Líbano.
SERVIR A LA JUSTICIA Y LA PAZ ES UNA EXIGENCIA PARA LOS CRISTIANOS Y PARA LA IGLESIA
Ciudad
del Vaticano, 16 de septiembre (VIS).-El City Center Waterfront de
Beirut fue escenario esta mañana de la Santa Misa celebrada por
Benedicto XVI. El Waterfront es una zona costera entre el puerto
turístico y el centro de la ciudad; el terreno fue recuperado del
mar con los fragmentos de tierra y de escombros de los edificios del
centro de Beirut demolido al final de la guerra antes de comenzar la
reconstrucción.
El
Santo Padre llegó a ese lugar en automóvil, procedente de la
nunciatura apostólica de Harissa y recorrió en papamóvil el
último tramo del trayecto, a partir del paseo marítimo de Jounieh.
A su llegada fue recibido por el alcalde de Beirut que le entregó
las llaves de la ciudad. Asistieron a la Santa Misa miles de fieles,
las autoridades civiles libanesas y 300 obispos de Oriente Medio. La
liturgia se celebró en francés, árabe y latín.
En
su homilía, el Papa comentó el Evangelio de hoy que revela la
verdadera identidad de Jesús. En el relato de Marcos Jesús camina
con sus discípulos por la senda que conduce a los pueblos de la
región de Cesarea de Filipo y les pregunta: “Y vosotros, ¿quién
decís que soy yo?”
“El
momento elegido para plantear esta cuestión tiene un significado
-explicó el Santo Padre- Jesús se encuentra en un momento decisivo
de su existencia. Sube hacia Jerusalén, hacia el lugar donde, por la
cruz y la resurrección, se cumplirá el acontecimiento central de
nuestra salvación. Jerusalén es también donde, al final de estos
acontecimientos, nacerá la Iglesia”.
En
el pasaje evangélico, después de que Pedro proclame que Jesús es
el Mesías, Cristo precisa a los discípulos que el Mesías deberá
sufrir y ser ajusticiado antes de resucitar. “Se percataba -dijo el
pontífice- de que la gente podría utilizar esa respuesta para
propósitos que no eran los suyos para suscitar falsas esperanzas
terrenas sobre él. Y no se deja encerrar sólo en los atributos del
libertador humano que muchos esperan”.
Jesús
es “un Mesías sufriente, un Mesías servidor, no un libertador
político todopoderoso. Él es siervo obediente a la voluntad de su
Padre hasta entregar su vida (...) Así, Jesús va contra lo que
muchos esperaban de él. Su afirmación sorprende e inquieta. Y eso
explica la réplica y los reproches de Pedro, rechazando el
sufrimiento y la muerte de su maestro. Jesús se muestra severo con
él, y le hace comprender que quien quiera ser discípulo suyo, debe
aceptar ser un servidor, como él mismo se ha hecho siervo”.
Por
eso decidirse a seguir a Jesús, es “tomar su Cruz para acompañarle
en su camino, un camino arduo, que no es el del poder o el de la
gloria terrena, sino el que lleva necesariamente a la renuncia de sí
mismo, a perder su vida por Cristo y el Evangelio, para ganarla. Pues
se nos asegura que este camino conduce a la resurrección, a la vida
verdadera y definitiva con Dios”. Benedicto XVI señaló en este
sentido que el Año de la fe, que comenzará el próximo 11 de
octubre, invita a todos los fieles a comprometerse “de forma
renovada en este camino de conversión del corazón. A lo largo de
todo este año, os animo vivamente, pues, a profundizar vuestra
reflexión sobre la fe, para que sea más consciente, y para
fortalecer vuestra adhesión a Jesucristo y su evangelio”.
El
camino por el que Jesús nos quiere llevar es “un camino de
esperanza para todos. La gloria de Jesús se revela en el momento en
que, en su humanidad, él se manifiesta el más frágil,
especialmente después de la encarnación y sobre la cruz. Así es
como Dios muestra su amor, haciéndose siervo, entregándose por
nosotros”.
Benedicto
XVI habló a continuación de la segunda lectura en que Santiago
recuerda que el seguir a Jesús, para ser auténtico, exige “actos
concretos” (...) Servir es una exigencia imperativa para la Iglesia
y, para los cristianos, el ser verdaderos servidores, a imagen de
Jesús. (...) Por tanto, en un mundo donde la violencia no cesa de
extender su rastro de muerte y destrucción, servir a la justicia y
la paz es una urgencia, para comprometerse en aras de una sociedad
fraterna, para fomentar la comunión. (...) Imploro particularmente
al Señor que conceda a esta región de Oriente Medio servidores de
la paz y la reconciliación, para que todos puedan vivir
pacíficamente y con dignidad. Es un testimonio esencial que los
cristianos deben dar aquí, en colaboración con todas las personas
de buena voluntad. Os hago un llamamiento a todos a trabajar por la
paz. Cada uno como pueda y allí dónde se encuentre”.
Pero
el servicio “debe entrar también en el corazón de la vida misma
de la comunidad cristiana. Todo ministerio, todo cargo en la Iglesia,
es ante todo un servicio a Dios y a los hermanos. Éste es el
espíritu que debe reinar entre todos los bautizados, en particular
con un compromiso efectivo para con los pobres, los marginados y los
que sufren, para salvaguardar la dignidad inalienable de cada
persona”.
“Queridos
hermanos y hermanas que sufrís en el cuerpo o en el corazón
-exclamó el pontífice- vuestro dolor no es inútil. Cristo servidor
está cercano a todos los que sufren (..) Que os encontréis en
vuestro camino con hermanos y hermanas que manifiesten concretamente
su presencia amorosa, que no os abandonará. Que Cristo os colme de
esperanza”.
El
Santo Padre concluyó pidiendo a Dios que bendijese al Líbano, a
todos los pueblos de la querida región del Medio Oriente y les
concediese el don de su paz”.
EL EVANGELIO SIGA RESONANDO EN LA REGIÓN QUE VIO LAS OBRAS DE JESÚS
Ciudad
del Vaticano, 16 septiembre 2012
(VIS).-Al final de la celebración eucarística, el arzobispo Nikola
Eterovic, Secretario General del Sínodo de los Obispos invitó al
Santo Padre a entregar a los Patriarcas Católicos de Oriente Medio,
a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Turquía e Irán
y a diversos fieles, la Exhortación Apostólica Post-sinodal
“Ecclesia in Medio Oriente”, fruto de la Asamblea especial para
Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, celebrada en octubre del
2010 sobre el tema: La Iglesia católica en Oriente Medio, comunión
y testimonio. El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una
sola alma”.
Benedicto
XVI manifestó el deseo que el documento sea una “guía para
avanzar por los caminos multiformes y complejos en los que Cristo os
precede”. “Que la comunión en la fe, la esperanza y la caridad
-dijo- se fortalezcan en vuestros países y en cada comunidad para
hacer creíble vuestro testimonio del solo Santo, el Dios Uno y
Trino, que se ha hecho cercano a cada persona”.
“Querida
Iglesia en Oriente Medio, vivifica la savia original de la salvación
que se ha realizado en esta Tierra única y amada entre todas. Avanza
en el seguimiento de tus padres en la fe, que abrieron con su
constancia y fidelidad el camino de la respuesta de la humanidad a la
Revelación de Dios. Encuentra en la esplendida diversidad de los
santos, que han florecido en ti, los ejemplos y los intercesores que
inspiraron tu respuesta a la llamada del Señor a caminar hacia la
Jerusalén celeste, donde Dios enjugará las lágrimas de nuestros
ojos Que la comunión fraterna sea una ayuda en la vida cotidiana y
signo de la fraternidad universal que Jesús, el primogénito entre
muchos, vino a instaurar. Y así, en esta región, que vio sus obras
y recogió sus palabras, continúe resonando el Evangelio como hace
2000 años y que sea vivido hoy y siempre”, finalizó el Papa.
ANGELUS: ¿POR QUÉ TANTO HORROR? ¿POR QUÉ TANTA MUERTE?
Ciudad
del Vaticano, 16 septiembre 2012
(VIS).-Después de la entrega de la exhortación apostólica el Papa
pronunció unas palabras antes de rezar el ángelus invocando a
María, Nuestra Señora del Líbano, “en torno a la cual se
encuentran los cristianos y los musulmanes”, e implorando de la
Virgen “el don de la paz para los habitantes de Siria y los países
vecinos”.
“Conocéis
bien la tragedia de los conflictos y de la violencia, que genera
tantos sufrimientos -dijo el Papa a los presentes- Desgraciadamente,
el ruido de las armas continúa escuchándose, así como el grito de
las viudas y de los huérfanos. La violencia y el odio invaden sus
vidas, y las mujeres y los niños son las primeras víctimas. ¿Por
qué tanto horror? ¿Por qué tanta muerte? Apelo a la comunidad
internacional. Apelo a los países árabes de modo que como hermanos,
propongan soluciones viables que respeten la dignidad de toda persona
humana, sus derechos y su religión. Quien quiere construir la paz
debe dejar de ver en el otro un mal que debe eliminar. No es fácil
ver en el otro una persona que se debe respetar y amar, y sin embargo
es necesario, si se quiere construir la paz, si se quiere la
fraternidad”.
“Que
Dios conceda a vuestro país, a Siria y a Oriente Medio -exclamó- el
don de la paz de los corazones, el silencio de las armas y el cese de
toda violencia. Que los hombres entiendan que todos son hermanos.
María, que es nuestra Madre, comprende nuestras preocupaciones y
necesidades. Con los patriarcas y los obispos aquí presentes,
encomiendo a Oriente Medio bajo su materna protección. Que con la
ayuda de Dios nos convirtamos, trabajando con ardor por instaurar la
paz necesaria para una vida armoniosa entre hermanos, no importa su
proveniencia o convicciones religiosas”.
sábado, 15 de septiembre de 2012
CRISTIANOS DE ORIENTE MEDIO: ALABAMOS VUESTRA FE LLENA DE ÁNIMO
Ciudad
del Vaticano, 15 de septiembre (VIS).-La basílica greco-melkita de
San Pablo en Harissa acogió ayer por la tarde a Benedicto XVI que
firmó allí la Exhortación Apostólica post-sinodal “Ecclesia in
Medio Oriente”. La basílica forma parte de un complejo que
comprende también un seminario mayor y una “casa de los
escritores” que estudian los textos sagrados y traducen en árabe
los textos del magisterio. Data de 1909 como sede de la nuevamente
constituida “Sociedad de los Misioneros de San Pablo”.
El
Santo Padre fue recibido por el patriarca greco-melkita Su Beatitud
Gregorios III Laham B.S. Después del canto de entrada, según el
rito bizantino, el Papa veneró los iconos custodiados en el templo.
Tras la intervención del arzobispo Nikola Eterovic, secretario
general del Sínodo de los Obispos, se procedió al canto de inicio
según el rito maronita.
Después
de las lecturas Benedicto XVI saludó a los patriarcas, al grupo de
obispos orientales y latinos, así como a las delegaciones
ortodoxas, musulmanas y drusas, a los representantes de mundo de la
cultura y la sociedad civil y a la comunidad greco-melkita.
“La buena convivencia del Islam y el
cristianismo, dos religiones que han contribuido a crear grandes
culturas -dijo el Papa- constituyen la originalidad de la vida
social, política y religiosa del Líbano. Solo es posible alegrarse
por esta realidad que es necesario animar. Confío este deseo a los
responsables religiosos de vuestro país.
“Es
providencial -prosiguió- que este acto tenga lugar precisamente en
el día de la Fiesta de la Cruz gloriosa, cuya celebración nació en
Oriente en el año 335, al día siguiente de la Dedicación de la
Basílica de la Resurrección, construida sobre el Gólgota y el
sepulcro de Nuestro Señor, por el emperador Constantino el Grande,
al que veneráis como santo. Dentro de un mes se celebrará el 1.700
aniversario de la aparición que le hizo ver, en la noche simbólica
de su incredulidad, el crismón resplandeciente, al mismo tiempo que
una voz le decía: 'Con este signo vencerás'”.
“Hay
un vínculo inseparable entre la cruz y la resurrección, que un
cristiano no puede olvidar. Sin este vínculo -subrayó el Santo
Padre- exaltar la cruz significaría justificar el sufrimiento y la
muerte, no viendo en ello más que un fin inevitable. Para un
cristiano, exaltar la cruz quiere decir entrar en comunión con la
totalidad del amor incondicional de Dios por el hombre. Es hacer un
acto de fe. Exaltar la cruz, en la perspectiva de la resurrección,
es desear vivir y manifestar la totalidad de este amor. Es hacer un
acto de amor. Exaltar la cruz lleva a comprometerse a ser heraldos de
la comunión fraterna y eclesial, fuente del verdadero testimonio
cristiano. Es hacer un acto de esperanza”
“Refiriéndose
a la situación actual de las Iglesias en Oriente Medio, los Padres
sinodales han reflexionado sobre los gozos y las penas, los temores y
las esperanzas en esos lugares de los discípulos de Cristo vivo.
Toda la Iglesia ha podido escuchar así el grito lleno de angustia, y
percibir la mirada de desesperación de tantos hombres y mujeres que
se encuentran en situaciones humanas y materiales difíciles, que
viven fuertes tensiones con miedo e inquietud, y que quieren seguir a
Cristo, que da sentido a su existencia, a pesar de que muy a menudo
se ven impedidos de hacerlo”.
“Al
mismo tiempo, la Iglesia ha podido admirar lo que hay de hermoso y de
noble en las Iglesias de estas tierras. Queridos cristianos de
Oriente Medio, ¿cómo no dar gracias a Dios en todo momento por
todos vosotros? (...) ¿Cómo no alabar vuestra fe llena de ánimo?
¿Cómo dejar de agradecer la llama de su amor infinito que vosotros
seguís manteniendo viva y ardiente en estos lugares, que han sido
los primeros en acoger a su Hijo encarnado? ¿Cómo no expresarle
nuestro reconocimiento por los impulsos de comunión eclesial y
fraternal, por la solidaridad humana manifestada sin cesar hacia
todos los hijos de Dios?”.
“Ecclesia
in Medio Oriente nos permite repensar el presente para considerar el
futuro con la misma mirada de Cristo” y “quiere trazar un camino
para encontrar lo esencial: la sequela Christi, en un contexto
difícil y a veces doloroso, un contexto que podría hacer aflorar la
tentación de ignorar u olvidar la cruz gloriosa. Ahora es
precisamente cuando hay que celebrar la victoria del amor sobre el
odio, del perdón sobre la venganza, del servicio sobre el dominio,
de la humildad sobre el orgullo, de la unidad sobre la división. A
la luz de la fiesta de hoy, y con vistas a una aplicación fructífera
de la Exhortación, os invito a todos a no tener miedo, a permanecer
en la verdad y a cultivar la pureza de la fe. Ese es el lenguaje de
la cruz gloriosa: (...) saber convertir nuestro sufrimiento en grito
de amor a Dios y de misericordia para con el prójimo; (...) de saber
transformar también unos seres que se ven combatidos y heridos en su
fe y su identidad, en vasos de arcilla dispuestos para ser colmados
por la abundancia de los dones divinos, más preciosos que el oro. No
se trata de un lenguaje puramente alegórico, sino de un llamamiento
urgente a llevar a cabo actos concretos que configuren cada vez más
con Cristo, unos actos que ayuden a las diferentes Iglesias a
reflejar la belleza de la primera comunidad de creyentes”.
“Ecclesia
in Medio Oriente ofrece elementos que pueden ayudar a un examen de
conciencia personal y comunitario, a una evaluación objetiva del
compromiso y del deseo de santidad de todo discípulo de Cristo. La
Exhortación abre a un verdadero diálogo interreligioso basado en la
fe en Dios Uno y Creador. Quiere también contribuir a un ecumenismo
lleno de fervor humano, espiritual y caritativo, en la verdad y el
amor evangélico”.
“La
Exhortación, en todas y cada una de sus partes, quiere ayudar a cada
discípulo del Señor a vivir plenamente y a transmitir realmente lo
que él ha llegado a ser por el bautismo: (...) un ser iluminado por
Dios, una nueva lámpara en la oscuridad inquietante del mundo(...)
Este documento quiere contribuir a despojar a la fe de lo que la
desfigura, de todo lo que puede oscurecer el esplendor de la luz de
Cristo. La comunión es entonces una verdadera adhesión a Cristo, y
el testimonio es un resplandor del Misterio pascual, que da pleno
sentido a la cruz gloriosa”.
“'No
temas, pequeño rebaño' y acuérdate de la promesa hecha a
Constantino: 'Con este signo vencerás'. Iglesias de Oriente Medio,
no tengáis miedo, pues el Señor está verdaderamente con vosotras
hasta el fin del mundo. No tengáis miedo, pues la Iglesia universal
os acompaña con su cercanía humana y espiritual. Con estos
sentimientos de esperanza y de aliento a ser protagonistas activos de
la fe por la comunión y el testimonio, (...) Que Dios conceda a
todos los pueblos de Oriente Medio vivir en paz, fraternidad y
libertad religiosa”, concluyó Benedicto XVI.
SINTESIS DE LA EXHORTACION APOSTOLICA ECCLESIA IN MEDIO ORIENTE
Ciudad
del Vaticano, 15 septiembre 2012
(VIS).- Ofrecemos a continuación un resumen de los puntos centrales
de la Exhortación Apostólica Post-sinodal “Ecclesia in Medio
Oriente”.
INTRODUCCIÓN
La
Exhortación Apostólica post-sinodal "Ecclesia en Oriente
Medio" es el documento elaborado por Benedicto XVI a partir de
las 44 proposiciones finales del Sínodo especial para Oriente Medio,
que se celebró en el Vaticano del 10 al 26 octubre 2010, sobre el
tema La Iglesia Católica en Oriente Medio: comunión y
testimonio. "La multitud de los creyentes tenía un solo corazón
y una sola alma" (Hch 4, 32). El texto se divide en tres
partes, además de una introducción y una conclusión.
INTRODUCCIÓN
La
exhortación hace un llamamiento a la Iglesia católica en Oriente
Medio para reavivar la comunión en su interior, mirando a los
"fieles nativos" que pertenecen a las Iglesias Orientales
Católicas sui iuris, y abriéndose al diálogo con los judíos
y musulmanes. Se trata de una comunión, una unidad que hay que
conseguir según la diversidad de contextos geográficos, religiosos,
culturales y socio-políticos en el Oriente Medio. Benedicto XVI
renueva el llamamiento a preservar y promover los ritos de las
Iglesias Orientales, patrimonio de toda la Iglesia de Cristo.
PRIMERA
PARTE
El
Papa invita a no olvidar a los cristianos que viven en el Oriente
Medio y que dan un contributo "noble y auténtico" a la
construcción del Cuerpo de Cristo. Al describir la situación en la
región y los pueblos que allí viven, Benedicto XVI pone de relieve
dramáticamente los muertos, las víctimas "de la ceguera
humana", el miedo y las humillaciones. La Exhortación recuerda
que la posición de la Santa Sede sobre los diversos conflictos en la
región y la situación de Jerusalén y los Santos Lugares es
ampliamente conocida. Hace un llamamiento a la conversión, a la paz,
a superar todas las diferencias de raza, género y clase, y vivir en
el perdón en el ámbito privado y en la comunidad.
Vida
cristiana y ecumenismo. Todo este capítulo es un llamamiento a la
unidad ecuménica, "que no es la uniformidad de tradiciones y
celebraciones": en un contexto político difícil, inestable y
propenso a la violencia como el actual del Oriente Medio, la Iglesia
se ha desarrollado en un modo verdaderamente multifacético,
presentando Iglesias de antigua tradición y comunidades eclesiales
más recientes. Se trata de un mosaico que requiere un notable
esfuerzo para fortalecer el testimonio cristiano. La exhortación
hace hincapié en la importancia del trabajo teológico y de las
diversas comisiones ecuménicas y comunidades eclesiales, para que -
de acuerdo con la doctrina de la Iglesia - hablen con una sola voz
sobre los principales problemas morales (la familia, la sexualidad,
la bioética, la libertad, la justicia y la paz). También es
importante el ecumenismo diaconal, en ámbito caritativo y educativo.
A continuación se enumeran algunas propuestas concretas para una
pastoral ecuménica: una cierta "communicatio in sacris"
(la posibilidad para los cristianos de acceder a los sacramentos en
una Iglesia distinta de la propia) para los sacramentos de la
penitencia, la Eucaristía y la unción de los enfermos, y un acuerdo
para una traducción común del Padrenuestro en los idiomas locales
de la región.
El
diálogo interreligioso. Recordando los lazos históricos y
espirituales que los cristianos tienen con judíos y musulmanes, se
reitera que el diálogo interreligioso no nace de consideraciones
pragmáticas de orden político o social, sino que se basa
principalmente en los fundamentos teológicos de la fe: judíos,
cristianos y musulmanes creen en un solo Dios, por lo que se espera
que puedan reconocer "en el otro creyente", un hermano que
hay que amar y respetar, evitando instrumentalizar la religión en
conflictos "injustificables para un verdadero creyente." En
cuanto al diálogo entre cristianos y judíos, el Papa recuerda el
patrimonio espiritual común, basado en la Biblia, que contiene las
"raíces judías del cristianismo", pide a los cristianos
que sean conscientes del misterio de la Encarnación de Dios y
condena las injustificables persecuciones del pasado.
Para
los musulmanes, el Papa usa la palabra "estima" y añade
"en la fidelidad al Concilio Vaticano II"; lamenta, sin
embargo, que las diferencias doctrinales hayan servido de pretexto a
unos y otros para justificar, en el nombre de la religión, las
prácticas de intolerancia, la discriminación, la marginación y la
persecución. La exhortación también muestra que la presencia de
los cristianos en Oriente Medio no es ni nueva ni casual, sino
histórica: parte integrante de la región, pusieron en marcha "una
particular simbiosis" con la cultura circundante y -junto a
judíos y musulmanes – han contribuido a la formación de una rica
cultura, propia de Oriente Medio.
En
cuanto a los católicos de la región, el texto muestra que, como
ciudadanos nativos de Oriente Medio, tienen el derecho y el deber de
participar plenamente en la vida cívica, y no deben ser considerados
ciudadanos de segunda clase. El Papa dice que la libertad religiosa
-la suma de todas las libertades, sagrada e inalienable- incluye la
libertad de elegir la religión que se considera la verdadera y de
manifestar públicamente sus creencias y símbolos, sin poner en
peligro la propia vida y la libertad personal. La fuerza y las
construcciones, en materia religiosa, no son admisibles. De aquí la
invitación a pasar de la tolerancia a la libertad religiosa, lo que
no implica una puerta abierta al sincretismo, sino "una
reconsideración de la relación antropológica con la religión y
con Dios."
Dos
nuevas realidades: el secularismo, con sus formas a veces extremas, y
el fundamentalismo violento que reivindica un origen religioso. La
sana laicidad implica distinción y colaboración entre política y
religión en el mutuo respeto, y garantiza a la política operar sin
instrumentalizar la religión, y a la religión vivir sin los
estorbos de los intereses políticos. El fundamentalismo religioso
-que crece en el clima de incertidumbre socio-política, gracias a
las manipulaciones de algunos e la insuficiente comprensión de la
religión por parte de otros- quiere tomar el poder, a veces con
violencia, sobre la conciencia de la gente y sobre la religión, por
razones políticas. Por este motivo, el Papa lanza un llamamiento
urgente a todos los líderes religiosos del Medio Oriente para que
busquen, con su ejemplo y su enseñanza, de hacer todo lo posible
para erradicar esta amenaza mortal que afecta por igual a los
creyentes de todas las religiones.
Emigrantes:
El Papa aborda una cuestión fundamental, a saber, el éxodo de los
cristianos (una verdadera hemorragia), que se encuentran en una
situación delicada, a veces sin esperanza, y sufren las
consecuencias negativas de los conflictos, sintiéndose a menudo
humillados, a pesar de haber participado, a lo largo de los siglos,
en la construcción de sus respectivos países. Un Oriente Medio, con
pocos cristianos o ninguno ya no sería el Oriente Medio. Por esta
razón, el Papa pide a los líderes políticos y líderes religiosos
que eviten las políticas y estrategias que tiendan hacia un Oriente
Medio monocromo que no refleja su realidad humana e histórica.
Benedicto XVI invita a los pastores de las Iglesias orientales
católicas a ayudar a sus sacerdotes y sus fieles de la diáspora a
mantenerse en contacto con sus familias y sus iglesias y alienta a
los obispos de las diócesis que reciben a los católicos orientales
a darles la oportunidad de celebrar de acuerdo con sus propias
tradiciones. El capítulo también aborda el tema de los trabajadores
inmigrantes -a menudo católicos de rito latino- de África, el
Lejano Oriente y el subcontinente indio, que a menudo experimentan
situaciones de discriminación e injusticia.
SEGUNDA
PARTE
La
segunda parte se ocupa de algunas de las principales categorías que
componen la Iglesia Católica:
-
Patriarcas: Los líderes de la Iglesias sui juris, en perfecta
unión con el Obispo de Roma, hacen tangible la universalidad y la
unidad de la Iglesia y como signo de comunión, sabrán reforzar la
unidad y la solidaridad en el marco del Consejo de los Patriarcas
católicos de Oriente y de los Sínodos patriarcales, favoreciendo
siempre la concertación sobre los temas clave de la Iglesia.
-
Los obispos: signo visible de unidad en la diversidad de la Iglesia
entendida como Cuerpo, del cual Cristo es la cabeza, son los primeros
en ser enviados a todas las naciones para hacer discípulos. Deben
proclamar con valentía y defender con firmeza la integridad y la
unidad de la fe, en las situaciones difíciles que, lamentablemente,
no faltan en el Oriente Medio. Los obispos también están invitados
a una sana, honesta y transparente gestión de los bienes temporales
de la Iglesia y, en este sentido, el Papa recuerda que los padres
sinodales pidieron una revisión seria de las finanzas y los bienes,
para evitar la confusión entre los bienes personales y los de
Iglesia. Los obispos también tendrán que vigilar para asegurar a
los sacerdotes el sustento adecuado, con el fin de que no se pierdan
en cuestiones materiales. La enajenación de los bienes de la Iglesia
debe cumplir estrictamente las normas del derecho canónico y las
disposiciones pontificias vigentes. Por último, el Papa exhorta a
los obispos a la atención, en un sentido pastoral, de todos fieles
los cristianos, independientemente de su nacionalidad u origen
eclesial.
-
Los sacerdotes y seminaristas: la exhortación hace hincapié en que
los sacerdotes deben educar al Pueblo de Dios en la edificación de
la civilización del amor evangélico y de la unidad y esto exige una
transmisión en profundidad de la Palabra de Dios, de la tradición y
de la doctrina de la Iglesia, junto con la renovación intelectual y
espiritual de los sacerdotes mismos. En este contexto, es importante
el celibato -don inestimable de Dios a la Iglesia-, y también el
ministerio de los sacerdotes casados, antigua componente de la
tradición oriental. Como servidores de la comunión, los sacerdotes
y seminaristas deben ofrecer un testimonio valiente y sin sombras,
tener una conducta irreprochable, y abrirse a la diversidad cultural
de sus Iglesias (aprendiendo, por ejemplo, las lenguas y culturas),
así como a la diversidad eclesial y al diálogo ecuménico e
interreligioso.
-
Vida Consagrada: el monaquismo, en sus diversas formas, nació en el
Oriente Medio y dio inicio a algunas Iglesias sui iuris; las
personas consagradas deben cooperar con el obispo en la actividad
pastoral y misionera. Se les invita a meditar mucho tiempo y a
observar los consejos evangélicos (castidad, pobreza y obediencia),
porque no puede haber regeneración espiritual -de las comunidades de
fieles y la Iglesia entera- sin un retorno claro y neto a la búsqueda
de Dios.
-
Laicos: miembros del Cuerpo de Cristo gracias al bautismo y por tanto
plenamente asociados a la misión de la Iglesia universal, a los
laicos el Papa confía la tarea de promover -en el ámbito temporal,
que es el suyo- la sana gestión de los bienes públicos, la libertad
religiosa y el respeto de la dignidad de cada persona. También se
les anima a ser valientes en la causa de Cristo. Para que su
testimonio realmente de frutos, los laicos deben superar las
divisiones y todas las interpretaciones subjetivas de la vida
cristiana.
-
Familia: institución divina fundada en el sacramento del matrimonio
indisoluble entre un hombre y una mujer ("El amor conyugal es el
proyecto paciente de toda una vida"), hoy la familia está
expuesta a muchos peligros. La familia cristiana debe ser apoyada en
sus problemas y dificultades y debe mirar a su propia identidad más
profunda, para que sea sobre todo Iglesia doméstica que educa a la
oración y la fe, vivero de vocaciones, escuela natural de virtudes y
valores éticos, célula fundamental de la sociedad. La exhortación
reserva amplio espacio a la cuestión de la mujer en Oriente Medio y
la necesidad de su igualdad con el hombre, frente a la discriminación
que debe sufrir y que ofende gravemente no sólo a la mujer misma,
sino también y sobre todo a Dios. El Papa pone de relieve que las
mujeres deben trabajar y participar en la vida pública y eclesial.
Con respecto a las controversias jurídicas en materia matrimonial,
la voz de la mujer debe ser escuchada a la par con la del hombre, sin
injusticias. Por esta razón, el Papa alienta a una aplicación. más
saludable y justa, del derecho en este contexto, para que las
diferencias jurídicas relativas a la materia matrimonial non
conduzcan a la apostasía. Por último, los cristianos de Oriente
Medio deben ser capaces de aplicar, ya sea en el matrimonio o en
otras cuestiones, su derecho, sin restricción alguna.
-
Los jóvenes y los niños: el Papa les exhorta a no tener miedo o
vergüenza de ser cristianos, a respetar a los demás creyentes,
judíos y musulmanes, a cultivar siempre -a través de la oración-
la verdadera amistad con Jesús, amando a Cristo y a la Iglesia. De
esta manera, van a ser capaces de discernir con sabiduría los
valores de la modernidad útiles para su realización, sin dejarse
seducir por el materialismo o alguna red social, cuyo uso
indiscriminado puede mutilar la verdadera naturaleza de las
relaciones humanas. Para los niños, en particular, la exhortación
recurre a padres, educadores, formadores e instituciones públicas
para que reconozcan los derechos de los niños desde su concepción.
TERCERA
PARTE
La
Palabra de Dios, el alma y la fuente de comunión y testimonio:
Después de expresar gratitud a las escuelas exegéticas (de
Alejandría, Antioquía) que contribuyeron a la formulación
dogmática del misterio cristiano en los siglos cuarto y quinto, la
exhortación recomienda una verdadera pastoral bíblica, para disipar
los prejuicios o ideas erróneas que provocan controversias inútiles
o humillantes. De ahí la sugerencia de anunciar un Año Bíblico,
según las condiciones pastorales de cada país de la región,
seguido de una Semana anual de la Biblia. La presencia cristiana en
el Medio Oriente en los países bíblicos -que va mucho más allá de
una simple pertenencia sociológica o de un éxito económico y
cultural- reencontrando la savia de las raíces y en el seguimiento
de los discípulos de Cristo, tendrá un nuevo impulso.
Liturgia
y vida sacramental: Para los fieles de Oriente Medio, la liturgia es
elemento esencial de la unidad espiritual y de la comunión. La
renovación de las celebraciones litúrgicas y textos -en su caso-
debe basarse en la Palabra de Dios y realizarse en colaboración con
las Iglesias co-depositarias de las mismas tradiciones. Central la
invitación a mirar a la importancia del bautismo, que permite a los
que lo reciben vivir en comunión y desarrollar una verdadera
solidaridad con los demás miembros de la familia humana, sin
discriminación alguna por motivos de raza o religión. En este
contexto, el Papa espera un acuerdo ecuménico para el reconocimiento
mutuo del bautismo entre la Iglesia católica y las Iglesias con las
que está en diálogo teológico, para restaurar, así, la plena
comunión en la fe apostólica. La exhortación también anhela una
práctica más frecuente del sacramento del perdón y la
reconciliación, e insta a los pastores y a los fieles a promover
iniciativas de paz, incluso en medio de la persecución.
La
oración y la peregrinación: Oriente Medio es un lugar privilegiado
de peregrinación para muchos cristianos que aquí puedan fortalecer
su fe y vivir una experiencia profundamente espiritual. El Papa pide
que los fieles tengan libre acceso, sin restricciones, a los Santos
Lugares. También es esencial que la peregrinación bíblica de hoy
vuelva a sus motivaciones iniciales: un camino penitencial en busca
de Dios
Evangelización
y caridad misiones de la Iglesia. La exhortación hace hincapié en
que la transmisión de la fe es una misión esencial de la Iglesia.
De ahí la invitación del Papa a la nueva evangelización que, en el
contexto actual, marcado por cambios, hace al fiel consciente de su
testimonio de vida: ésta refuerza su palabra cuando habla de Dios
con valor y abiertamente, para anunciar la Buena Nueva de salvación.
En particular, en Oriente Medio, el estudio de la evangelización
teológica y pastoral tendrá que mirar en dos dimensiones, la
ecuménica y la interreligiosa. Acerca de los movimientos y
comunidades eclesiales, el Papa les anima a actuar en comunión con
el Obispo del lugar, y de acuerdo con sus orientaciones pastorales,
teniendo en cuenta la historia de la cultura, la liturgia, la
espiritualidad y local, sin confusión ni proselitismo. La Iglesia
católica en Oriente Medio está invitada a renovar su espíritu
misionero, desafío más urgente que nunca en un contexto
multicultural y multirreligioso. Un fuerte estímulo, en este
sentido, puede derivar del Año de la Fe. Sobre la caridad, la
exhortación recuerda que la Iglesia debe seguir el ejemplo de
Cristo, que se hizo cercano a los más débiles: los huérfanos, los
pobres, los discapacitados, los enfermos. Por último, el Papa saluda
y alienta a todas las personas que trabajan, de modo impresionante,
en los centros educativos, las escuelas, los colegios y las
universidades católicas de Oriente Medio. Estos instrumentos de
cultura -que debe ser apoyados por los políticos- muestran que
existe, en Oriente Medio, la oportunidad de vivir en el respeto y la
colaboración a través de la educación a la tolerancia.
La
catequesis y la formación cristiana: el documento papal estimula la
lectura y la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica y una
iniciación concreta a la Doctrina Social de la Iglesia. Al mismo
tiempo, el Papa invita a los Sínodos y otros organismos episcopales
a facilitar a los fieles el acercamiento a la riqueza espiritual de
los Padres de la Iglesia y a actualizar la enseñanza patrística,
complemento de la formación bíblica.
CONCLUSIONES
De
un modo solemne, Benedicto XVI pide, en el nombre de Dios, a los
líderes políticos y religiosos no sólo aliviar los sufrimientos de
todos los que viven en el Oriente Medio, sino también eliminar las
causas, haciendo todo lo posible para llegar a la paz. Al mismo
tiempo, a los fieles católicos se les insta a consolidar y vivir la
comunión entre ellos, dando vida al dinamismo pastoral. "La
tibieza disgusta a Dios", y por tanto los cristianos de Oriente
Medio, los católicos y los demás, den testimonio de Cristo, unidos
y con coraje. Se trata de un testimonio no fácil, pero emocionante.
UNA NUEVA FRATERNIDAD BASADA EN LA GRANDEZA DE LA PERSONA
Ciudad
del Vaticano, 15 de septiembre 2012 (VIS).-Benedicto XVI inició esta
mañana la segunda jornada de su viaje apostólico a Líbano con una
visita de cortesía al presidente de la República, Michel Sleiman,
en el palacio de Baabda, donde se encontró también con el
presidente del parlamento, Nabih Berri y del consejo de ministros,
Nagib Mikati. A continuación, siempre en el palacio de Baadba,
encontró a los jefes de las comunidades religiosas musulmanas:
suní, chií, drusa y alauí. El Papa entregó a las autoridades
civiles y religiosas una copia de la exhortación apostólica
post-sinodal “Ecclesia in Medio Oriente”.
Después,
el Santo Padre, acompañado del presidente de la República plantó
en el jardín presidencial un cedro del Líbano. Finalizado este acto
simbólico, Benedicto XVI pronunció en el salón “25 de mayo”,
un discurso ante las autoridades institucionales, el cuerpo
diplomático, los jefes religiosos y los representantes del mundo de
la cultura. Siguen amplios extractos:
“He
pedido a Dios que os bendiga, que bendiga al Líbano y a todos los
habitantes de esta región que ha visto nacer grandes religiones y
nobles culturas. ¿Por qué ha elegido Dios esta región? ¿Por qué
vive en la turbulencia? Pienso que Dios la ha elegido para que sirva
de ejemplo, para que dé testimonio de cara al mundo de la
posibilidad que tiene el hombre de vivir concretamente su deseo de
paz y reconciliación”.
“Con
el fin de asegurar el dinamismo necesario para construir y consolidar
la paz, hay que volver incansablemente a los fundamentos del ser
humano. La dignidad del hombre es inseparable del carácter sagrado
de la vida que el Creador nos ha dado (...) Para construir la paz,
nuestra atención debe dirigirse a la familia para facilitar su
cometido, y apoyarla, promoviendo de este modo por doquier una
cultura de la vida. La eficacia del compromiso por la paz depende de
la concepción que el mundo tenga de la vida humana. Si queremos la
paz, defendamos la vida. Esta lógica no solamente descalifica la
guerra y los actos terroristas, sino también todo atentado contra la
vida del ser humano, criatura querida por Dios. La indiferencia o la
negación de lo que constituye la verdadera naturaleza del hombre
impide que se respete esta gramática que es la ley natural inscrita
en el corazón humano(...) Por tanto, debemos unir nuestras fuerzas
para desarrollar una sana antropología que integre la unidad de la
persona. Sin ella, no será posible construir la paz verdadera”.
“Aún
siendo más evidentes en los países que sufren conflictos
armados(...) los atentados contra la integridad y la vida de las
personas existen también en otros países. El desempleo, la pobreza,
la corrupción, las distintas adicciones, la explotación, el tráfico
de todo tipo y el terrorismo comportan, además del sufrimiento
inaceptable de los que son sus víctimas, un deterioro del potencial
humano. La lógica económica y financiera quiere imponer sin cesar
su yugo y hacer que prime el tener sobre el ser. Pero la pérdida de
cada vida humana es una pérdida para la humanidad entera (...)
Ciertas ideologías, cuestionando directa o indirectamente, e incluso
legalmente, el valor inalienable de toda persona y el fundamento
natural de la familia, socavan las bases de la sociedad. (...) Sólo
una solidaridad efectiva constituye el antídoto a todo esto.
Solidaridad para rechazar lo que impide el respeto de todo ser
humano, solidaridad para apoyar las políticas y las iniciativas que
actúan para unir los pueblos de modo honesto y justo (...) Una mejor
calidad de vida y de desarrollo integral sólo es posible
compartiendo las riquezas y las competencias, respetando la identidad
de cada uno (...) Hoy, las diferencias culturales, sociales,
religiosas, deben llevar a vivir un tipo nuevo de fraternidad, donde
lo que une es justamente el común sentido de la grandeza de toda
persona, y el don que representa para ella misma, para los otros y
para la humanidad. En esto se encuentra el camino de la paz (...) Ahí
está la orientación que debe presidir las opciones políticas y
económicas, en cualquier nivel y a escala mundial”.
“Para
abrir a las generaciones futuras un porvenir de paz, la primera tarea
es la de educar en la paz, para construir una cultura de paz. La
educación, en la familia o en la escuela, debe ser sobre todo la
educación en los valores espirituales que dan a la transmisión del
saber y de las tradiciones de una cultura su sentido y su fuerza
(...) La tarea de la educación es la de acompañar la maduración de
la capacidad de tomar opciones libres y justas, que puedan ir a
contracorriente de las opiniones dominantes, las modas, las
ideologías políticas y religiosas. Éste es el precio de la
implantación de una cultura de la paz. Evidentemente, hay que
desterrar la violencia verbal o física. Ésta es siempre un atentado
contra la dignidad humana, tanto del culpable como de la víctima.
Además, valorizando las obras pacíficas y su influjo en el bien
común, se aumenta también el interés por la paz (...) Pensamientos
de paz, palabras de paz y gestos de paz crean una atmósfera de
respeto, de honestidad y cordialidad, donde las faltas y las ofensas
pueden ser reconocidas con verdad para avanzar juntos hacia la
reconciliación. Que los hombres de Estado y los responsables
religiosos reflexionen sobre ello”.
“Debemos
ser muy conscientes de que el mal no es una fuerza anónima que actúa
en el mundo de modo impersonal o determinista. El mal, el demonio,
pasa por la libertad humana (...) Busca un aliado, el
hombre,(...)necesita de él para desarrollarse. Así, habiendo
trasgredido el primer mandamiento, el amor de Dios, trata de
pervertir el segundo, el amor al prójimo. Con él, el amor al
prójimo desaparece en beneficio de la mentira y la envidia, del odio
y la muerte. Pero es posible no dejarse vencer por el mal y vencer el
mal con el bien (...) Se necesita la transformación profunda del
espíritu y el corazón para encontrar una verdadera clarividencia e
imparcialidad, el sentido profundo de la justicia y el del bien
común. Una mirada nueva y más libre hará que sea posible analizar
y poner en cuestión los sistemas humanos que llevan a un callejón
sin salida, con la finalidad de avanzar, teniendo en cuenta el
pasado, con sus efectos devastadores, para no volver a repetirlo.
Esta conversión que se requiere es exaltante. (...) Pero es
particularmente exigente: hay que decir no a la venganza, hay que
reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y,
en fin, perdonar. Puesto que sólo el perdón ofrecido y recibido
pone los fundamentos estables de la reconciliación y la paz para
todos”.
“Sólo
entonces podrá crecer el buen entendimiento entre las culturas y las
religiones, la consideración sin conmiseración de unos por otros y
el respeto de los derechos de cada uno. En
el Líbano, el cristianismo y el Islam habitan el mismo espacio desde
hace siglos, No es raro ver en la misma familia las dos religiones.
Si en una misma familia es posible, ¿por qué no lo puede ser con
respecto al conjunto de la sociedad? Lo específico de Oriente Medio
se encuentra en la mezcla de diversos componentes. Es cierto que se
han combatido, desgraciadamente es así. Una sociedad plural sólo
existe con el respecto recíproco, con el deso de conocer al otro y
del otro. Este diálogo es posible únicamente siendo
conscientes de que existen valores comunes a todas las grandes
culturas, porque están enraizadas en la naturaleza de la persona
humana (...)Pertenecen a los derechos de todo ser humano. Con la
afirmación de su existencia, las diferentes religiones ofrecen una
aportación decisiva. No olvidemos que la libertad religiosa es el
derecho fundamental del que dependen muchos otros. Profesar y vivir
libremente la propia religión, sin poner en peligro su vida y su
libertad, ha de ser posible para cualquiera. La pérdida o el
debilitamiento de esta libertad priva a la persona del derecho
sagrado a una vida íntegra en el plano espiritual. (...)La libertad
religiosa tiene una dimensión social y política indispensable para
la paz. Ella promueve una coexistencia y una vida armoniosa a causa
del compromiso común al servicio de causas nobles y de la búsqueda
de la verdad que no se impone por la violencia sino por 'la fuerza de
la misma verdad' (...) la Verdad que está en Dios. (...) La creencia
auténtica no puede llevar a la muerte. El artífice de la paz es
humilde y justo. Los creyentes tienen hoy, por tanto, un papel
esencial, el de testimoniar la paz que viene de Dios y que es un don
que se da a todos en la vida personal, familiar, social, política y
económica. No se puede consentir que el mal triunfe por la pasividad
de los hombres de bien. Sería peor que no hacer nada”.
“Estas
reflexiones sobre la paz, la sociedad, la dignidad de la persona,
sobre los valores de la familia y la vida, sobre el diálogo y la
solidaridad no pueden quedar como el simple enunciado de ideas.
Pueden y deben ser vividas. Estamos en el Líbano y aquí es donde
han de vivirse. El Líbano está llamado, ahora más que nunca, a ser
un ejemplo. Políticos, diplomáticos, religiosos, hombres y mujeres
del mundo de la cultura, os invito, pues, a dar testimonio con valor
en vuestro entorno, a tiempo y a destiempo, de que Dios quiere la
paz, que Dios nos confía la paz”.
Después
del encuentro el Papa se trasladó a la sede del Patriarcado
Católico de Cilicia de los Armenios donde fue recibido por el
patriarca, Su Beatitud Nerses Bedros XIX Tamouni. Benedicto XVI
bendijo la estatua del monje Hagop, que redactó el primer libro
impreso en lengua armenia el “Libro de los Viernes”, publicado en
Venecia en 1512. Más tarde almorzó en el refectorio de la comunidad
con los patriarcas y obispos de Líbano.
EL MENSAJE DE LA RELIGION ES CONTRARIO A LA VIOLENCIA
Ciudad
del Vaticano, 15 de septiembre 2012.- Durante su viaje a Líbano,
el Papa ha respondido, como es habitual, a las preguntas de los
periodistas que lo acompañaban en el vuelo, sobre diversos temas
ligados a la situación en Líbano, y Oriente Medio.
P.-
por estos días coinciden aniversarios terribles, como el del 11 de
septiembre, o el de la masacre de Sabra y Chatila; en las fronteras
del Líbano hay una sangrienta guerra civil, y vemos también que en
otros países el riesgo de la violencia está siempre presente. Santo
Padre (...) ¿Ha estado tentado de renunciar por motivos de
inseguridad, o alguien le ha sugerido renunciar?
Santo
Padre:Nadie me ha aconsejado renunciar a este viaje y, por mi parte,
nunca he contemplado esa posibilidad, porque sé que cuando la
situación se hace más difícil, más necesario es ofrecer este
signo de fraternidad, de ánimo y de solidaridad. Este es el
significado de mi viaje: invitar al diálogo, invitar a la paz contra
la violencia, caminar juntos para encontrar la solución a los
problemas.
P.
Muchos católicos manifiestan su inquietud ante el crecimiento de los
fundamentalismos en diversas regiones del mundo y ante las agresiones
de las que son víctimas numerosos cristianos. En este contexto
difícil y a menudo sangriento, ¿cómo puede la Iglesia responder al
imperativo del diálogo con el Islam, sobre el que usted tanta veces
ha insistido?
Santo
Padre: El fundamentalismo es siempre una falsificación de la
religión. Va en contra de la esencia de la religión, que quiere
reconciliar y crear la paz de Dios en el mundo (...) El mensaje
esencial de la religión debe ser contra la violencia, que es una de
sus falsificaciones, como lo es el fundamentalismo; el mensaje de la
religión debe ser la educación, iluminación y purificación de las
conciencias, para hacerlas capaces de diálogo, de reconciliación y
de paz.
P.
En el contexto de la ola de deseo de democracia que se ha puesto en
movimiento en tantos países del Oriente Medio con la llamada
“primavera árabe”, dada la realidad social en la mayoría de
estos países, en donde los cristianos son minoría, ¿no existe el
riesgo de una tensión inevitable entre el dominio de la mayoría y
la sobrevivencia del cristianismo?
Santo
Padre: Diría que, de por sí, la primavera árabe es una cosa
positiva: es un deseo de mayor democracia, mayor libertad, de mayor
cooperación, de una renovada identidad árabe. Y este grito de
libertad, que viene de una juventud más formada cultural y
profesionalmente, que desea mayor participación en la vida política,
en la vida social, es un progreso, algo muy positivo y acogido
también por nosotros los cristianos. Naturalmente, por la historia
de las revoluciones, sabemos que el grito de libertad (...) tiene
siempre el peligro de olvidar(...) una dimensión fundamental de esa
libertad, que es la tolerancia hacia el otro; el hecho que la
libertad humana es siempre una libertad compartida, que sólo puede
crecer en el compartir, en la solidaridad, en el vivir juntos, con
determinadas reglas (...) Debemos hacer todo lo posible para que el
concepto de libertad, el deseo de libertad, vaya en la dirección
justa, para que no olvide la tolerancia, el conjunto, la
reconciliación, como partes fundamentales de la libertad. Así,
también la renovada identidad árabe implica – pienso –
igualmente la renovación de la unidad secular y milenaria de
cristianos y árabes, que precisamente juntos, en la tolerancia entre
mayorías y minorías, han construido estas tierras y no pueden no
vivir juntos. Por eso pienso que sea importante ver el elemento
positivo de estos movimientos y hacer nuestra parte para que la
libertad sea concebida en modo justo y responda a un mayor diálogo y
no al dominio de unos contra otros.
P.
En Siria, como hace algún tiempo en Irak, muchos cristianos se
sienten forzados a dejar el país muy a su pesar. ¿Qué pretende
hacer o decir la Iglesia católica para ayudar en esta situación,
para detener la desaparición de los cristianos en Siria y en otros
países de Oriente Medio?
Santo
Padre: No sólo los cristianos huyen, también los musulmanes.
Naturalmente el peligro que los cristianos se alejen y pierdan su
presencia en estas tierras es grande y nosotros debemos hacer lo
posible por ayudarles a permanecer allí. La ayuda esencial sería el
cese de la guerra, de la violencia, que crea la huida. Por tanto, la
primera acción es hacer todo lo posible para que termine la
violencia y se cree realmente una posibilidad para permanecer juntos
también en el futuro. ¿Qué podemos hacer contra la guerra?
Digamos, naturalmente, que difundir siempre el mensaje de la paz,
evidenciar que la violencia no resuelve nunca un problema y reforzar
las fuerzas de paz (...) También diría que tal vez gestos de la
cristiandad, jornadas de oración por Oriente Medio, por los
cristianos y los musulmanes, mostrar la posibilidad de diálogo y de
soluciones. Diría también que debe finalmente cesar la importación
de armas, porque sin importación de armas la guerra no podría
continuar. En lugar de importar armas, que es un pecado grave,
deberíamos importar ideas de paz, creatividad, encontrar soluciones
para aceptar a cada uno en su alteridad; debemos por tanto hacer
visible en el mundo el respeto de las religiones, las unas por las
otras, el respeto del hombre como criatura de Dios, el amor al
prójimo como fundamento para todas las religiones. En este sentido,
con todos los gestos posibles, con auxilios también materiales,
ayudar para que cese la guerra, la violencia, y todos puedan
reconstruir el país.
P.
Además de la oración y de los sentimientos de solidaridad, ¿ve
pasos concretos que las Iglesias y los católicos de Occidente, sobre
todo los de Europa y América, pueden hacer para apoyar a los
hermanos de Oriente Medio?
Santo
Padre: Diría que debemos influir en la opinión política y en los
políticos para comprometerlos realmente, con todas las fuerzas, con
todas las posibilidades, con verdadera creatividad, por la paz,
contra la violencia. Nadie debería esperar beneficios de la
violencia, todos deben contribuir (...) Además, nuestras
organizaciones caritativas deben también ayudar materialmente y
hacer todo lo posible. Tenemos organizaciones como los Caballeros del
Santo Sepulcro, dedicados sólo a Tierra Santa, pero también
organizaciones similares podrían ayudar material, política,
humanamente a estos países. Diría, una vez más, gestos visibles de
solidaridad, jornadas de oración pública, estas iniciativas pueden
llamar la atención de la opinión pública, ser factores reales.
OTROS ACTOS PONTIFICIOS
Ciudad
del Vaticano, 15 septiembre 2012
(VIS).-El Santo Padre:
-Ha
aceptado la renuncia del obispo Bogdan Wojtus, al oficio de auxiliar
de la diócesis de Gniezno (Polonia) por límite de edad.
-Ha
nombrado miembros de la Congregación para las Causas de los Santos
al cardenal Ennio Antonelli, presidente emérito del Pontificio
Consejo para la Familia y al obispo Gianfranco Girotti, regente
emérito de la Penitenciaría Apostólica
viernes, 14 de septiembre de 2012
EL PAPA LLEGA A LIBANO COMO AMIGO DE TODOS LOS HABITANTES DE ORIENTE MEDIO
Ciudad
del Vaticano, 14 de septiembre 2012.- Benedicto XVI llegó poco antes
de las 14,00 (hora local) al aeropuerto “Rafiq Hariri”, de
Beirut, que lleva el nombre del ex-presidente del Consejo de
Ministros de Líbano, asesinado con su escolta durante un atentado en
2005.
A
su llegada el Santo Padre fue recibido por el Presidente del Líbano,
Michel Sleiman, por el Patriarca Maronita Béchara Boutros Rai, por
el presidente del Parlamento, Nabih Berri y por el presidente del
Consejo de Ministros, Nagib Miqati.
En su primer discurso en tierra libanesa el Papa recordó que durante la visita efectuada por el presidente Sleiman al Vaticano en febrero de 2011, fue bendecida la gran estatua de San Marón colocada en la basílica de San Pedro y cuya presencia es signo de “una antigua herencia espiritual, que confirma la veneración de los libaneses hacia el primero de los apóstoles y sus sucesores” . También mencionó las excelentes relaciones entre Libano y la Santa Sede y habló del importante acontecimiento eclesial que constituye uno de los motivo de su visita; la firma de la Exhortación Apostólica Post-sinodal de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, “Ecclesia in Medio Oriente”.
Después
agradeció la presencia de los Patriarcas Católicos, en particular,
el cardenal Nasrallah Boutros Sfeir, y su sucesor, el Patriarca
Bechara Boutros Rai y, a travès de los obispos libaneses saludó a
“todos los cristianos de Oriente Medio”, subrayando que “la
Exhortación, destinada a todo el mundo, pretende ser para ellos una
hoja de ruta para los próximos años”. El Santo Padre manifestó
su alegría porque estos días encontrará a numerosas
representaciones de las comunidades católicas en Líbano. “Su
presencia, su compromiso y su testimonio -dijo- son una aportación
reconocida y altamente apreciada en la vida cotidiana de todos los
habitantes de vuestro querido país”. Igualmente saludó a los
patriarcas ortodoxos y obispos, que acudieron a recibirle así como
representantes de las diversas comunidades religiosas del Líbano.
“Vuestra
presencia -afirmó- demuestra la estima y la colaboración que
deséais promover entre todos en el respeto mutuo. Os agradezco
vuestros esfuerzos y estoy seguro de que continuáreis buscando
caminos de unidad y concordia. No olvido los tristes y dolorosos
acontecimientos que han afligido a vuestro hermoso país durante
muchos años. La buena convivencia, típicamente libanesa debe
demostrar, a todo Oriente Medio y al resto del mundo, que dentro de
una nación puede haber colaboración entre las diferentes
Iglesias, miembros todos de la única Iglesia Católica, en un
espíritu de fraternal comunión con los demás cristianos, y, al
mismo tiempo, la convivencia y el diálogo respetuoso entre los
cristianos y sus hermanos de otras religiones. Sabéis tan bien como
yo que este equilibrio, que se presenta en todas partes como un
ejemplo, es extremadamente delicado. A veces, amenaza con romperse
cuando se tensa como un arco, o se somete a presiones que son con
demasiada frecuencia partidistas, ciertamente interesadas, contrarias
y extrañas a la armonía y dulzura libanesa. Es necesario entonces
dar prueba de verdadera moderación y gran sabiduría verdadera. Y
la razón debe prevalecer sobre la pasión unilateral para favorecer
el bien común de todos”.
“Vengo
también para decir lo importante que es la presencia de Dios en la
vida de cada uno y cómo la forma de 'vivir juntos', esta
convivencia que desea testimoniar vuestro país, será profunda en
la medida en que esté fundada en una actitud de acogida y
benevolencia hacia el otro; en la medida en que esté enraizada en
Dios, que desea que todos los hombres sean hermanos. El famoso
equilibrio libanés, que quiere seguir siendo una realidad, se puede
prolongar gracias a la buena voluntad y el empeño de
todos los libaneses. Sólo entonces podrá servir de modelo para los habitantes de toda la región y del mundo entero. No se trata únicamente de una obra humana, sino de un don de Dios que hay que pedir con insistencia, preservar a cualquier precio y consolidar con determinación”.
todos los libaneses. Sólo entonces podrá servir de modelo para los habitantes de toda la región y del mundo entero. No se trata únicamente de una obra humana, sino de un don de Dios que hay que pedir con insistencia, preservar a cualquier precio y consolidar con determinación”.
“Vengo
al Líbano como un peregrino de paz, como un amigo de Dios, y como un
amigo de los hombres. (...)Y, más allá de vuestro país, vengo
también hoy simbólicamente a todos los países de Oriente Medio,
como un peregrino de la paz, como un amigo de Dios, y como un amigo
de todos los habitantes de todos los países de la región,
cualquiera que sea su pertenencia y su creencia (...) Vuestros gozos
y vuestras penas están continuamente presentes en la oración del
Papa y pido a Dios que os acompañe y alivie. Os puedo asegurar que
rezo particularmente por todos los que sufren en esta región, que
son muchos. La imagen de san Marón me recuerda lo que vivís y
soportáis”.
Finalizada
la ceremonia de bienvenida el Papa se trasladó a la nunciatura
apostólica de Harissa
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