Inicio - VIS Vaticano - Recibir VIS - Contáctenos - Calendario VIS

El 'Vatican Information Service' (VIS) es un boletín informativo de la Oficina de Prensa Santa Sede. Transmite diariamente información sobre la actividad magisterial y pastoral del Santo Padre y de la Curia Romana... []

últimas 5 noticias

VISnews en Twitter Ver en YouTube
Mostrando entradas con la etiqueta Encíclica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Encíclica. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de junio de 2015

Una visión de conjunto de la encíclica del Papa Francisco Laudato si' sobre el cuidado de la casa común


Ciudad del Vaticano, 18 de junio de 2015 (Vis).-El texto que sigue brinda una visión general de las 191 páginas de la encíclica Laudato si' y de sus puntos claves, así como un resumen de los seis capítulos ( ''Lo que está pasando a nuestra casa''; El Evangelio de la creación;La raíz humana de la crisis ecológica; Una ecología integral; Algunas líneas orientativas y de acción; Educación y espiritualidad ecológica que la componen) y de sus apartados. La encíclica termina con una Oración interreligiosa por nuestra tierra y una Oración cristiana con la creación.

LÍNEAS GENERALES DE LA ENCICLICA LAUDATO SI'

''¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?''. Esta pregunta está en el centro de Laudato si’, la esperada Encíclica del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común. Y continúa: ''Esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario'', y nos conduce a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y el valor de la vida social: ''¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué vinimos a esta vida? ¿para qué trabajamos y luchamos? ¿para qué nos necesita esta tierra?'': ''Si no nos planteamos estas preguntas de fondo -dice el Pontífice – ''no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes''.

La Encíclica toma su nombre de la invocación de san Francisco, ''Laudato si’, mi’ Signore'', que en el Cántico de las creaturas que recuerda que la tierra, nuestra casa común, ''es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos '' . Nosotros mismos ''somos tierra. Nuestro propio cuerpo está formado por elementos del planeta, su aire nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura'' .

Pero ahora esta tierra maltratada y saqueada clama y sus gemidos se unen a los de todos los abandonados del mundo. El Papa Francisco nos invita a escucharlos, llamando a todos y cada uno –individuos, familias, colectivos locales, nacionales y comunidad internacional- a una ''conversión ecológica'', según expresión de San Juan Pablo II, es decir, a ''cambiar de ruta'', asumiendo la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta ante el ''cuidado de la casa común''. Al mismo tiempo, el papa Francisco reconoce que ''se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta'', permitiendo una mirada de esperanza que atraviesa toda la Encíclica y envía a todos un mensaje claro y esperanzado: ''La humanidad tiene aún la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común''; ''el ser humano es todavía capaz de intervenir positivamente''; ''no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, pueden también superarse, volver a elegir el bien y regenerarse ''.

El Papa Francisco se dirige, claro está, a los fieles católicos, retomando las palabras de San Juan Pablo II: ''los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador, forman parte de su fe'' , pero se propone ''especialmente entrar en diálogo con todos sobre nuestra casa común'': el diálogo aparece en todo el texto, y en el capítulo 5 se vuelve instrumento para afrontar y resolver los problemas. Desde el principio el papa Francisco recuerda que también ''otras Iglesias y Comunidades cristianas – como también otras religiones– han desarrollado una profunda preocupación y una valiosa reflexión'' sobre el tema de la ecología. Más aún, asume explícitamente su contribución a partir de la del ''querido Patriarca Ecuménico Bartolomé'', ampliamente citado en los nn. 8-9. En varios momentos, además, el Pontífice agradece a los protagonistas de este esfuerzo – tanto individuos como asociaciones o instituciones –, reconociendo que ''la reflexión de innumerables científicos, filósofos, teólogos y organizaciones sociales (ha) enriquecido el pensamiento de la Iglesia sobre estas cuestiones'' e invita a todos a reconocer ''la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para el desarrollo pleno del género humano''.

El recorrido de la Encíclica está trazado en el n. 15 y se desarrolla en seis capítulos. A partir de la escucha de la situación a partir de los mejores conocimientos científicos disponibles hoy, recurre a la luz de la Biblia y la tradición judeo-cristiana , detectando las raíces del problema en la tecnocracia y el excesivo repliegue autorreferencial del ser humano. La propuesta de la Encíclica es la de una ''ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales'', inseparablemente vinculadas con la situación ambiental. En esta perspectiva, el Papa Francisco propone emprender un diálogo honesto a todos los niveles de la vida social, que facilite procesos de decisión transparentes. Y recuerda que ningún proyecto puede ser eficaz si no está animado por una conciencia formada y responsable, sugiriendo principios para crecer en esta dirección a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico. El texto termina con dos oraciones, una que se ofrece para ser compartida con todos los que creen en ''un Dios creador omnipotente'' , y la otra propuesta a quienes profesan la fe en Jesucristo, rimada con el estribillo ''Laudato si’'', que abre y cierra la Encíclica.

El texto está atravesado por algunos ejes temáticos, vistos desde variadas perspectivas, que le dan una fuerte coherencia interna: ''la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.'' .

CAPÍTULO 1 – ''LO QUE ESTÁ PASANDO A NUESTRA CASA'' (Calentamiento global y contaminación; Contaminación, basura y cultura del descarte; El clima como bien común; La cuestión del agua ;Pérdida de biodiversidad;Deterioro de la calidad de la vida humana y decadencia socia;Inequidad planetaria;La debilidad de las reacciones. Diversidad de opiniones)

El capítulo asume los descubrimientos científicos más recientes en materia ambienta como manera de escuchar el clamor de la creación, para ''convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar''. Se acometen así ''varios aspectos de la actual crisis ecológica ''.

EI cambio climático: ''El calentamiento es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad''. Si ''El clima es un bien común, de todos y para todos'', el impacto más grave de su alteración recae en los más pobres, pero muchos de los que ''tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del calentamiento'': ''La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil''.

La cuestión del agua: El Papa afirma sin ambages que ''el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos.'' Privar a los pobres del acceso al agua significa negarles ''el derecho a la vida, enraizado en su inalienable dignidad''.

La pérdida de la biodiversidad: ''Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre''. No son sólo eventuales ''recursos'' explotables, sino que tienen un valor en sí mismas. En esta perspectiva ''son loables y a veces admirables los esfuerzos de científicos y técnicos que tratan de aportar soluciones a los problemas creados por el ser humano'', pero esa intervención humana, cuando se pone al servicio de las finanzas y el consumismo, ''hace que la tierra en que vivimos se vuelva menos rica y bella, cada vez más limitada y gris ''.

La deuda ecológica: en el marco de una ética de las relaciones internacionales, la Encíclica indica que existe ''una auténtica deuda ecológica'', sobre todo del Norte en relación con el Sur del mundo. Frente al cambio climático hay ''distintas responsabilidades'', y son mayores las de los países desarrollados.

Conociendo las profundas divergencias que existen respecto a estas problemáticas, el Papa Francisco se muestra profundamente impresionado por la ''debilidad de las reacciones'' frente a los dramas de tantas personas y poblaciones. Aunque no faltan ejemplos positivos, señala ''un cierto adormecimiento y una alegre irresponsabilidad''. Faltan una cultura adecuada y la disposición a cambiar de estilo de vida, producción y consumo, a la vez que urge ''crear un sistema normativo que (...) asegure la protección de los ecosistemas'' .

CAPÍTULO SEGUNDO – EL EVANGELIO DE LA CREACIÓN ( La luz que ofrece la fe;La sabiduría de los relatos bíblicos;El misterio del universo; El mensaje de cada criatura en la armonía de todo lo creado;Una comunión universal; El destino común de los bienes;La mirada de Jesús)

Para afrontar la problemática ilustrada en el capítulo anterior, el Papa Francisco relee los relatos de la Biblia, ofrece una visión general que proviene de la tradición judeo-cristiana y articula la ''tremenda responsabilidad'' del ser humano respecto a la creación, el lazo íntimo que existe entre todas las creaturas, y el hecho de que ''el ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos''.

En la Biblia, ''el Dios que libera y salva es el mismo que ha creado el universo'', y ''en él se conjugan amor y poder''. El relato de la creación es central para reflexionar sobre la relación entre el ser humano y las demás creaturas, y sobre cómo el pecado rompe el equilibrio de toda la creación en su conjunto. ''Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Según la Biblia, las tres relaciones vitales se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado'' .

Por ello, aunque ''Si es verdad que algunas veces los cristianos hemos interpretado incorrectamente las Escrituras, hoy debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas''. Al ser humano le corresponde ''cultivar y custodiar'' el jardín del mundo '', sabiendo que ''el fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Pero todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios''.

Que el ser humano no sea patrón del universo ''no significa equiparar a todos los seres vivos y quitarle aquel valor peculiar que lo caracteriza; y ''Tampoco supone una divinización de la tierra que nos privaría del llamado a colaborar con ella y a proteger su fragilidad''. En esta perspectiva ''Todo ensañamiento con cualquier criatura ''es contrario a la dignidad humana'', pero ''No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos.'' . Es necesaria la conciencia de una comunión universal: ''creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, (...) que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde.''

Concluye el capítulo con el corazón del a revelación cristiana: el ''Jesús terreno'' con su ''relación tan concreta y amable con las cosas'' está ''resucitado y glorioso, presente en toda la creación con su señorío universal'' .

CAPÍTULO TERCERO – LA RAÍZ HUMANA DE LA CRISIS ECOLÓGICA (La tecnología: creatividad y poder; La globalización del paradigma tecnológico; Crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno; El relativismo práctico; La necesidad de preservar el trabajo; La innovación biológica a partir de la investigación)

Este capítulo presenta un análisis del a situación actual ''para comprender no sólo los síntomas sino también las causas más profundas'', en un diálogo con la filosofía y las ciencias humanas.

Un primer fundamento del capítulo son las reflexiones sobre la tecnología: se le reconoce con gratitud su contribución al mejoramiento de las condiciones de vida, aunque también ''dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero''. Son justamente las lógicas de dominio tecnocrático las que llevan a destruir la naturaleza y a explotar a las personas y las poblaciones más débiles. ''El paradigma tecnológico también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política'', impidiendo reconocer que ''el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social'' .

En la raíz de todo ello puede diagnosticarse en la época moderna un exceso de antropocentrismo: el ser humano ya no reconoce su posición justa respecto al mundo, y asume una postura autorreferencial, centrada exclusivamente en sí mismo y su poder. De ello deriva una lógica ''usa y tira'' que justifica todo tipo de descarte, sea éste humano o ambiental, que trata al otro y a la naturaleza como un simple objeto y conduce a una infinidad de formas de dominio. Es la lógica que conduce a la explotación infantil, el abandono de los ancianos, a reducir a otros a la esclavitud, a sobrevalorar las capacidades del mercado para autorregularse, a practicar la trata de seres humanos, el comercio de pieles de animales en vías de extinción, y de ''diamantes ensangrentados''. Es la misma lógica de muchas mafias, de los traficantes de órganos, del narcotráfico y del descarte de los niños que no se adaptan a los proyectos de los padres .

A esta luz, la Encíclica afronta dos problemas cruciales para el mundo de hoy. Primero que nada el trabajo: ''En cualquier planteamiento sobre una ecología integral, que no excluya al ser humano, es indispensable incorporar el valor del trabajo'', pues ''Dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad.''

La segunda se refiere a los límites del progreso científico, con clara referencia a los OGM , que son ''una cuestión ambiental de carácter complejo'' . Si bien ''en algunas regiones su utilización ha provocado un crecimiento económico que ayudó a resolver problemas, hay dificultades importantes que no deben ser relativizadas , por ejemplo ''una concentración de tierras productivas en manos de pocos'' . El Papa Francisco piensa en particular en los pequeños productores y en los trabajadores del campo, en la biodiversidad, en la red de ecosistemas. Es por ello es necesaria ''una discusión científica y social que sea responsable y amplia, capaz de considerar toda la información disponible y de llamar a las cosas por su nombre'', a partir de ''líneas de investigación libre e interdisciplinaria''.

CAPÍTULO CUARTO – UNA ECOLOGÍA INTEGRAL (Ecología ambiental, económica y social;La ecología cultural;La ecología humana y el espacio de la vida cotidiana;El principio del bien común;Una justicia intergeneracional bien entendida)

El núcleo de la propuesta de la Encíclica es una ecología integral como nuevo paradigma de justicia, una ecología que ''incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea''. De hecho no podemos ''entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida..'' Esto vale para todo lo que vivimos en distintos campos: en la economía y en la política, en las distintas culturas, en especial las más amenazadas, e incluso en todo momento de nuestra vida cotidiana.

La perspectiva integral incorpora también una ecología de las instituciones. ''Si todo está relacionado, también la salud de las instituciones de una sociedad tiene consecuencias en el ambiente y en la calidad de vida humana: ''Cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce daños ambientales''.

Con muchos ejemplos concretos el Papa Francisco ilustra su pensamiento: que hay un vínculo entre los asuntos ambientales y cuestiones sociales humanas, y que ese vínculo no puede romperse. Así pues, el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma, porque ''no hay dos crisis separadas, una ambiental y la otra social, sino una única y compleja crisis socioambiental'' .

Esta ecología ambiental ''es inseparable de la noción del bien común'', que debe comprenderse de manera concreta: en el contexto de hoy en el que ''donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos'', esforzarse por el bien común significa hacer opciones solidarias sobre la base de una ''opción preferencial por los más pobres''. Este es el mejor modo de dejar un mundo sostenible a las próximas generaciones, no con las palabras, sino por medio de un compromiso de atención hacia los pobres de hoy como había subrayado Benedicto XVI: ''además de la leal solidaridad intergeneracional, se ha de reiterar la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intrageneracional'' .

La ecología integral implica también la vida cotidiana, a la cual la Encíclica dedica una especial atención, en particular en el ambiente urbano. El ser humano tiene una enorme capacidad de adaptación y ''Es admirable la creatividad y la generosidad de personas y grupos que son capaces de revertir los límites del ambiente, (...) aprendiendo a orientar su vida en medio del desorden y la precariedad.''. Sin embargo, un desarrollo auténtico presupone un mejoramiento integral en la calidad de la vida humana: espacios públicos, vivienda, transportes, etc..

También ''nuestro cuerpo nos pone en relación directa con el ambiente y con los demás seres humanos. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como don del Padre y casa común; en cambio una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio'' .


CAPÍTULO QUINTO – ALGUNAS LÍNEAS ORIENTATIVAS Y DE ACCIÓN ( El diálogo sobre el ambiente en la política internacional;El diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales;Favorecer debates sinceros y honestos;Política y economía en diálogo para la plenitud humana;Las religiones en el diálogo con las ciencias)

Este capítulo afronta la pregunta sobre qué podemos y debemos hacer. Los análisis no bastan: se requieren propuestas ''de diálogo y de acción que involucren a cada uno de nosotros y a la política internacional'' y ''que nos ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo''. Para el Papa Francisco es imprescindible que la construcción de caminos concretos no se afronte de manera ideológica, superficial o reduccionista. Para ello es indispensable el diálogo, término presente en el título de cada sección de este capítulo: ''Hay discusiones sobre cuestiones relacionadas con el ambiente, donde es difícil alcanzar consensos. (...) la Iglesia no pretende definir las cuestiones científicas ni sustituir a la política, pero invito a un debate honesto y transparente, para que las necesidades particulares o las ideologías no afecten al bien común''.

Sobre esta base el Papa Francisco no teme formular un juicio severo sobre las dinámicas internacionales recientes: ''las Cumbres mundiales sobre el ambiente de los últimos años no respondieron a las expectativas porque, por falta de decisión política, no alcanzaron acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces''. Y se pregunta ''¿por qué se quiere mantener hoy un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario hacerlo?. Son necesarias, como los Pontífices han repetido muchas veces a partir de la Pacem in terris, formas e instrumentos eficaces de gobernanza global : ''necesitamos un acuerdo sobre los regímenes de gobernanza global para toda la gama de los llamados ''bienes comunes globales'', dado que 'la protección ambiental no puede asegurarse sólo en base al cálculo financiero de costos y beneficios. El ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o de promover adecuadamente''.

Aún en este capítulo, el Papa Francisco insiste sobre el desarrollo de procesos decisionales honestos y transparentes, para poder ''discernir'' las políticas e iniciativas empresariales que conducen a un ''auténtico desarrollo integral''. En particular, el estudio del impacto ambiental de un nuevo proyecto ''requiere procesos políticos transparentes y sujetos al diálogo, mientras la corrupción que esconde el verdadero impacto ambiental de un proyecto a cambio de favores suele llevar a acuerdos espurios que evitan informar y debatir ampliamente''.

La llamada a los que detentan encargos políticos es particularmente incisiva, para que eviten ''la lógica eficientista e inmediatista'' que hoy predomina. Pero ''si se atreve a hacerlo, volverá a reconocer la dignidad que Dios le ha dado como humano y dejará tras su paso por esta historia un testimonio de generosa responsabilidad''.

CAPÍTULO SEXTO – EDUCACIÓN Y ESPIRITUALIDAD ECOLÓGICA (Apostar por otro estilo de vida Educación para la alianza entre la humanidad y el ambiente;La conversión ecológica; Gozo y paz ;El amor civil y político;Los signos sacramentales y el descanso celebrativo; La Trinidad y la relación entre las criaturas;La Reina de todo lo creado;Más allá del sol)

El capítulo final va al núcleo de la conversión ecológica a la que nos invita la Encíclica. La raíz de la crisis cultural es profunda y no es fácil rediseñar hábitos y comportamientos. La educación y la formación siguen siendo desafíos básicos: ''todo cambio requiere motivación y un camino educativo''. Deben involucrarse los ambientes educativos, el primero ''la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis''.

El punto de partida es ''apostar por otro estilo de vida'', que abra la posibilidad de ''ejercer una sana presión sobre quienes detentan el poder político, económico y social''. Es lo que sucede cuando las opciones de los consumidores logran ''modificar el comportamiento de las empresas, forzándolas a considerar el impacto ambiental y los modelos de producción''.

No se puede minusvalorar la importancia de cursos de educación ambiental capaces de cambiar los gestos y hábitos cotidianos, desde la reducción en el consumo de agua a la separación de residuos o el ''apagar las luces innecesarias''. ''Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo.'' Todo ello será más sencillo si parte de una mirada contemplativa que viene de la fe. ''Para el creyente, el mundo no se contempla desde afuera sino desde adentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres. Además, haciendo crecer las capacidades peculiares que Dios le ha dado, la conversión ecológica lleva al creyente a desarrollar su creatividad y su entusiasmo''.

Vuelve la línea propuesta en la Evangelii Gaudium: ''La sobriedad, que se vive con libertad y conciencia, es liberadora'', así como ''La felicidad requiere saber limitar algunas necesidades que nos atontan, quedando así disponibles para las múltiples posibilidades que ofrece la vida.'' De este modo se hace posible ''sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos''.

Los santos nos acompañan en este camino. San Francisco, mencionado muchas veces, es el ''ejemplo por excelencia del cuidado por lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría''. Pero la Encíclica recuerda también a San Benito, Santa Teresa de Lisieux y al beato Charles de Foucauld.

Después de la Laudato si’, el examen de conciencia –instrumento que la Iglesia ha aconsejado para orientar la propia vida a la luz de la relación con el Señor- deberá incluir una nueva dimensión, considerando no sólo cómo se vive la comunión con Dios, con los otros y con uno mismo, sino también con todas las creaturas y la naturaleza''.

Para leer la encíclia 'Laudatio si''' completa copiar y pegar la siguiente dirección.



http://w2.vatican.va/content/francesco/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2015/6/18/laudatosi.html

Conferencia de presentación de la encíclica Laudato si': Una ecología integral


Ciudad del Vaticano, 18 de junio de 2015 (Vis).-El cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz ha ilustrado esta mañana en el Aula Nueva del Sínodo la encíclica ''Laudato si'' del Santo Padre Francisco sobre el cuiddo de la casa común.

El purpurado ha dado la bienvenida a los presentadores del documento: el Metropolitano de Pérgamo, John Zizioulas, en representación del Patriarcado Ecuménico y de la Iglesia ortodoxa, que habló sobre la teología y la espiritualidad, temas que abren y cierran la encíclica, el profesor John Schellnhuber, fundador y director del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, como representante de las ciencias naturales con la que la encíclica entra en diálogo profundo y que ha sido nombrado recientemente miembro ordinario de la Academia Pontificia de las Ciencias; Carolyn Woo, presidenta de Catholic Relief Services, y ex-decana del Mendoza College of Business de la Universidad de Notre Dame, en representación de los sectores de la economía, las finanzas, los negocios y el comercio, cuyas respuestas a los grande retos ambientales son cruciales y Valeria Martano, maestra durante 20 años en las afueras de Roma, testigo de la degradación humana y medioambiental, así como de las "mejores prácticas" que son un signo de esperanza.

Ya ese abanico de personas evidencia que la encíclica, desde el principio, quiere establecer un diálogo con todos, sea con los individuos que con las organizaciones e instituciones que comparten la misma preocupación que el Papa, abordada desde diferentes perspectivas, en una situación mundial que las hace cada vez más entrelazadas y complementarias. ''Este tipo de diálogo -dijo el cardenal Turkson- también ha sido parte del método de redacción que el Santo Padre ha utilizado para la encíclica. El Papa se ha basado en una amplia gama de contribuciones: muchas de las conferencias episcopales de todos los continentes...que figuran en el texto, así como de otras aportaciones que no están en él y a las que el Señor recompensará su generosidad y dedicación''.

La encíclica toma su nombre de la invocación de San Francisco de Asís en el Cántico de las Criaturas: "Alabado seas mi Señor'' . Una referencia que indica también la base sobre la que se asienta el documento: ''la contemplación orante que nos invita a mirar al "pobrecillo de Asís" como fuente de inspiración y ejemplo por excelencia de la atención por lo que es débil, así como de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad''.

''La humanidad, en su relación con el medio ambiente, se enfrenta a desafíos clave, que requieren también políticas adecuadas, por otra parte ya incluidas en la agenda internacional. Ciertamente ''Laudato si''', -finalizó el cardenal- puede y debe tener un impacto en estos procesos. Ya un rápido examen de su contenido demuestra que tiene una naturaleza magistral, pastoral y espiritual, cuyo alcance, amplitud y profundidad no pueden reducirse solamente al ámbito de las políticas ambientales''.

Por su parte el Metropolitano John Zizioulas dedicó gran parte de su intervención al ecumenismo en 'Laudato si' y recordó que ya en 1989 el Patriarca Ecuménico Dimitrios publicó una encíclica dirigida a todos los cristianos y a las personas de buena voluntad advirtiendo de la seriedad de la cuestión ecológica y de sus implicaciones teológicas y espirituales y en ese mismo año se propuso dedicar el 1 de septiembre de cada año a rezar por el medio ambiente. Esa fecha es según el calendario ortodoxo el primer día del año eclesiástico y desde entonces los ortodoxos lo dedican al medio ambiente. ''¿No podría convertirse en una fecha de oración por ese tema para todos los cristianos, marcando así un nuevo paso para el acercamiento entre todos?'', propuso el Metropolitano.

''Creo que el significado de la encíclica papal ''Laudato si'' ,no se limita al tema de la ecología como tal -afirmó- Veo en él una importante dimensión ecuménica que plantea a todos los cristianos divididos una tarea común que deben enfrentar juntos. Vivimos en una época con problemas existenciales fundamentales que superan nuestras divisiones tradicionales y las relativizan casi hasta el punto de la extinción. Mirad, por ejemplo -dijo- lo que está sucediendo hoy en Medio Oriente: ¿Los que persiguen a los cristianos les preguntan a qué iglesia o a qué confesión pertenecen? La unidad de los cristianos en casos como éstos se realiza de hecho por la persecución y la sangre: es un ecumenismo del martirio''.

''De una forma parecida la amenaza que representa para nosotros la crisis ecológica trasciende nuestras divisiones tradicionales. El peligro que enfrenta nuestra casa común, el planeta en que vivimos está descrito en la Encíclica de una forma que no deja dudas sobre el riesgo existencial al que nos enfrentamos. Este riesgo es común a todos nosotros, independientemente de nuestras identidades eclesiásticas o confesionales. Igualmente debe ser común nuestro esfuerzo para evitar las consecuencias catastróficas de la situación actual. La encíclica del Papa Francisco es un llamamiento a la unidad - la unidad en la oración por el medio ambiente, en el mismo Evangelio de la creación, en la conversión de nuestros corazones y nuestros estilos de vida para respetar y amar a todos y todo lo que nos ha dado Dios''.

A continuación el profesor John Schellnhuber, puntualizó que desde el punto de vista de la tecnología conseguir energía limpia para todos es factible ya que de hecho, ''está disponible en abundancia. Todo lo que tenemos que hacer es desarrollar los medios para recolectarla correctamente y administrar responsablemente nuestro consumo. Llevamos décadas y décadas trabajando en el desarrollo de un reactor de fusión increíblemente caro, mientras ya estamos bendecidos con uno que funciona perfectamente bien y es gratis para todos nosotros: el sol. La energía fotovoltaica, la energía eólica y de biomasa están, en última instancia,controladas por la luz solar. Estas nuevas tecnologías podrían abrir un potencial en los países pobres donde no existan redes para distribuir la electricidad producida por las centrales eléctricas centralizadas o donde los asentamientos están demasiado distantes uno del otro para que dicho sistema sea viable. Lo mismo que se ha incrementado el uso de teléfonos móviles sin el establecimiento previo de líneas fijas, los países en desarrollo podrían dejar atrás el período fósil y entrar en la era de la producción descentralizada de energía renovable sin desvíos''.

''El cuidado de nuestro planeta, por lo tanto no tiene que convertirse en una tragedia pública -apuntó el profesor- Bien podría convertirse en la historia de una gran transformación, de una oportunidad aprovechada para superar las profundas desigualdades. Unas desigualdades que surgieron de la coincidencia geológica de la distribución regional de combustibles fósiles controlada por unos pocos y la explotación concomitante. Hoy en día, las consecuencias de nuestras acciones y el camino están claros. Es solamente una cuestión de en qué futuro elegimos creer y perseguir''.

Carolyn Woo, la presidenta de Catholic Relief Services, y ex-decana del Mendoza College of Business de la Universidad de Notre Dame, como experta de economía y finanzas destacó en su intervención que invertir en sostenibilidad es otra oportunidad de ganar en los negocios ya que ''numerosos estudios han proporcionado estimaciones de los costos astronómicos asociados a los desastres costeros como el aumento del nivel del agua, sequías y tormentas que asolan la producción agrícola, o la pérdida de la productividad debida a las crecientes oleadas de calor y a las enfermedades debidas a la contaminación... Además, las empresas pueden desempeñar un papel importante para ayudar a los clientes a convertirse en consumidores responsables. Diseño y producción que minimicen los residuos mediante la utilización de fuentes de energía renovables, el reciclado, la regeneración y la reutilización proporcionan nuevas oportunidades para las empresas y responsabilizan a los clientes''.

''Esta encíclica ciertamente afirma el importante papel que tendrán que jugar los negocios- observó Woo- pero el Papa Francisco habla claramente cuando afirma que necesitamos alianzas entre los sectores público y privado, es decir, "la política y la economía en diálogo para la realización humana." Dado que tanto los sectores públicos como los privados tienen el mismo objetivo, y se integran en la misma red interconectada de la vida, tienen que trabajar juntos en armonía. A veces para los negocios eso significa ser más tolerantes con las normas de regulación más estrictas, especialmente en el sector financiero. También significa que los negocios tienen que ponerse en línea con los nuevos objetivos de desarrollo sostenible y la necesidad de tomar medidas para combatir el cambio climático. A fin de cuentas, los negocios son una empresa humana y se deben esforzar por el desarrollo humano auténtico y el bien común''.

Por último, la maestra Valeria Martano recordó que la ecología urbana, puesta en peligro por la contaminación, la escasez de servicios o el individualismo generalizado, es un reto para los cristianos. ''En las periferias -subrayó- se vive mal, se acumulan rabia y sentimientos de exclusión. A muchos se les niega la dignidad de una casa (como a los gitanos) y a menudo somos testigos de la destrucción de los asentamientos precarios, sin ofrecer una alternativa. Los ancianos son ''expulsados'' de la estructura social en instituciones periféricas... Vemos la violencia en algunos barrios. Pero se puede ayudar a vivir mejor si se sale de la resignación del individualismo. Desde hace años , con la Comunidad de San Egidio, trabajamos para sustraer espacios a la contaminación... Partiendo de los más débiles -niños, ancianos, discapacitados- reconstruimos el tejido humano. Alrededor de los débiles se puede renovar el rostro de las periferias, descubriendo energías que renuevan la ecología humana''.

''La encíclica -finalizó- nos invita a practicar el bien común: la ciudad y el medio ambiente son la casa común. A menudo vivimos itinerarios humanos fragmentados y contradictorios. Todo el mundo trata de salvarse a sí mismo en su propio rincón. Cada uno persigue su propio interés. Pero hay una ''salvación comunitaria'' que parte de la inclusión de los más débiles, precioso recurso de la ecología integral''.



viernes, 5 de julio de 2013

SÍNTESIS DE LA ENCÍCLICA "LUMEN FIDEI"

Ciudad del Vaticano, 5 julio 2013 (VIS).-Publicamos a continuación una amplia síntesis de la primera encíclica del Papa Francisco “Lumen Fidei”, publicada hoy, 5 de julio de 2013 y fechada el 29 de junio del mismo año.

Lumen fidei - La luz de la fe (LF) es la primera encíclica firmada por el Papa Francisco. Dividida en cuatro capítulos, una introducción y una conclusión, la Carta - explica el Papa - se suma a las encíclicas del Papa Benedicto XVI sobre la caridad y la esperanza y asume el "valioso trabajo" realizado por el Papa emérito, que ya había "prácticamente completado" la encíclica sobre la fe. A este "primera redacción" el Santo Padre Francisco agrega ahora "algunas aportaciones".

La introducción (No. 1-7) de la LF ilustra los motivos en que se basa el documento: En primer lugar, recuperar el carácter de luz propio de la fe, capaz de iluminar toda la existencia del hombre, de ayudarlo a distinguir el bien del mal, sobre todo en una época como la moderna, en la que el creer se opone al buscar y la fe es vista como una ilusión, un salto al vacío que impide la libertad del hombre. En segundo lugar, la LF - justo en el Año de la Fe, 50 años después del Concilio Vaticano II, un "Concilio sobre la Fe" - quiere reavivar la percepción de la amplitud de los horizontes que la fe abre para confesarla en la unidad y la integridad. La fe, de hecho, no es un presupuesto que hay que dar por descontado, sino un don de Dios que debe ser alimentado y fortalecido. "Quien cree ve", escribe el Papa, porque la luz de la fe viene de Dios y es capaz de iluminar toda la existencia del hombre: procede del pasado, de la memoria de la vida de Jesús, pero también viene del futuro porque nos abre vastos horizontes.

El primer capítulo (8-22): Hemos creído en el amor (1 Jn 4, 16). En referencia a la figura bíblica de Abraham, la fe en este capítulo se explica como "escucha" de la Palabra de Dios, "llamada" a salir del aislamiento de su propio yo , para abrirse a una nueva vida y "promesa" del futuro, que hace posible la continuidad de nuestro camino en el tiempo, uniéndose así fuertemente a la esperanza. La fe también se caracteriza por la "paternidad", porque el Dios que nos llama no es un Dios extraño, sino que es Dios Padre, la fuente de bondad que es el origen de todo y sostiene todo. En la historia de Israel, lo contrario de la fe es la idolatría, que dispersa al hombre en la multiplicidad de sus deseos y lo "desintegra en los múltiples instantes de su historia", negándole la espera del tiempo de la promesa. Por el contrario, la fe es confiarse al amor misericordioso de Dios, que siempre acoge y perdona, que endereza "lo torcido de nuestra historia", es disponibilidad a dejarse transformar una y otra vez por la llamada de Dios "es un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse, para poder ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres, la historia de la salvación." (n. 14) Y aquí está la "paradoja" de la fe: el volverse constantemente al Señor hace que el hombre sea estable, y lo aleja de los ídolos.

La LF se detiene, después, en la figura de Jesús, el mediador que nos abre a una verdad más grande que nosotros, una manifestación del amor de Dios que es el fundamento de la fe "precisamente en la contemplación de la muerte de Jesús la fe se refuerza", porque Él revela su inquebrantable amor por el hombre. También en cuanto resucitado Cristo es "testigo fiable", "digno de fe”, a través del cual Dios actúa realmente en la historia y determina el destino final. Pero hay "otro aspecto decisivo" de la fe en Jesús: "La participación en su modo de ver". La fe, en efecto, no sólo mira a Jesús, sino que también ve desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos. Usando una analogía, el Papa explica que, como en la vida diaria, confiamos en "la gente que sabe las cosas mejor que nosotros" - el arquitecto, el farmacéutico, el abogado - también en la fe necesitamos a alguien que sea fiable y experto en "las cosas de Dios" y Jesús es "aquel que nos explica a Dios." Por esta razón, creemos a Jesús cuando aceptamos su Palabra, y creemos en Jesús cuando lo acogemos en nuestras vidas y nos confiamos a él. Su encarnación, de hecho, hace que la fe no nos separe de la realidad, sino que nos permite captar su significado más profundo. Gracias a la fe, el hombre se salva, porque se abre a un Amor que lo precede y lo transforma desde su interior. Y esta es la acción propia del Espíritu Santo: "El cristiano puede tener los ojos de Jesús, sus sentimientos, su condición filial, porque se le hace partícipe de su Amor, que es el Espíritu" (n. 21). Fuera de la presencia del Espíritu, es imposible confesar al Señor. Por lo tanto, "la existencia creyente se convierte en existencia eclesial", porque la fe se confiesa dentro del cuerpo de la Iglesia, como "comunión real de los creyentes." Los cristianos son "uno" sin perder su individualidad y en el servicio a los demás cada uno gana su propio ser. Por eso, "la fe no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva", sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio.

El segundo capítulo (23-36): Si no creéis, no comprenderéis (Is 07, 09). El Papa demuestra la estrecha relación entre fe y verdad, la verdad fiable de Dios, su presencia fiel en la historia. "La fe, sin verdad, no salva - escribe el Papa – Se queda en una bella fábula, la proyección de nuestros deseos de felicidad." Y hoy, debido a la "crisis de verdad en que nos encontramos", es más necesario que nunca subrayar esta conexión, porque la cultura contemporánea tiende a aceptar solo la verdad tecnológica, lo que el hombre puede construir y medir con la ciencia y lo que es "verdad porque funciona", o las verdades del individuo, válidas solo para uno mismo y no al servicio del bien común. Hoy se mira con recelo la "verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto", porque se la asocia erróneamente a las verdades exigidas por los regímenes totalitarios del siglo XX. Esto, sin embargo, implica el "gran olvido en nuestro mundo contemporáneo", que - en beneficio del relativismo y temiendo el fanatismo - olvida la pregunta sobre la verdad, sobre el origen de todo, la pregunta sobre Dios. La LF subraya el vínculo entre fe y amor, entendido no como "un sentimiento que va y viene", sino como el gran amor de Dios que nos transforma interiormente y nos da nuevos ojos para ver la realidad. Si, pues, la fe está ligada a la verdad y al amor, entonces "amor y verdad no se pueden separar", porque sólo el verdadero amor resiste la prueba del tiempo y se convierte en fuente de conocimiento. Y puesto que el conocimiento de la fe nace del amor fiel de Dios, "verdad y fidelidad van juntos". La verdad que nos abre la fe es una verdad centrada en el encuentro con el Cristo encarnado, que, viniendo entre nosotros, nos ha tocado y nos ha dado su gracia, transformando nuestros corazones.

Aquí el Papa abre una amplia reflexión sobre el "diálogo entre fe y razón", sobre la verdad en el mundo de hoy, donde a menudo viene reducida a la "autenticidad subjetiva", porque la verdad común da miedo, se identifica con la imposición intransigente de los totalitarismo. En cambio, si la verdad es la del amor de Dios, entonces no se impone con la violencia, no aplasta al individuo. Por esta razón, la fe no es intransigente, el creyente no es arrogante. Por el contrario, la verdad vuelve humildes y conduce a la convivencia y el respeto del otro. De ello se desprende que la fe lleva al diálogo en todos los ámbitos: en el campo de la ciencia, ya que despierta el sentido crítico y amplía los horizontes de la razón, invitándonos a mirar con asombro la Creación; en el encuentro interreligioso, en el que el cristianismo ofrece su contribución; en el diálogo con los no creyentes que no dejan de buscar, que "intentan vivir como si Dios existiese", porque "Dios es luminoso, y se deja encontrar por aquellos que lo buscan con sincero corazón". "Quién se pone en camino para practicar el bien - afirma el Papa - se acerca a Dios". Por último, la LF habla de la teología y afirma que es imposible sin la fe, porque Dios no es un mero "objeto", sino que es Sujeto que se hace conocer. La teología es participación del conocimiento que Dios tiene de sí mismo; se desprende que debe ponerse al servicio de la fe de los cristianos y que el Magisterio de la Iglesia no es un límite a la libertad teológica, sino un elemento constitutivo porque garantiza el contacto con la fuente original, con la Palabra de Cristo.

El tercer capítulo (37-49): Transmito lo que he recibido (1 Co 15, 03). Todo el capítulo se centra en la importancia de la evangelización: quien se ha abierto al amor de Dios, no puede retener este regalo para sí mismo, escribe el Papa: La luz de Jesús resplandece sobre el rostro de los cristianos y así se difunde, se transmite bajo la forma del contacto, como una llama que se enciende de la otra, y pasa de generación en generación, a través de la cadena ininterrumpida de testigos de la fe. Esto comporta el vínculo entre fe y memoria, porque el amor de Dios mantiene unidos todos los tiempos y nos hace contemporáneos a Jesús. Por otra parte, se hace "imposible creer cada uno por su cuenta", porque la fe no es "una opción individual", sino que abre el yo al "nosotros" y se da siempre "dentro de la comunión de la Iglesia". Por esta razón, "quien cree nunca está solo": porque descubre que los espacios de su "yo" se amplían y generan nuevas relaciones que enriquecen la vida.

Hay, sin embargo, un "medio particular" por el que la fe se puede transmitir: son los Sacramentos, en los que se comunica "una memoria encarnada." El Papa cita en primer lugar el Bautismo – tanto de niños como de adultos, en la forma del catecumenado - que nos recuerda que la fe no es obra del individuo aislado, un acto que se puede cumplir solos, sino que debe ser recibida, en comunión eclesial . "Nadie se bautiza a sí mismo", dice la LF. Además, como el niño que tiene que ser bautizado no puede profesar la fe él solo, sino que debe ser apoyado por los padres y por los padrinos, se sigue "la importancia de la sinergia entre la Iglesia y la familia en la transmisión de la fe." En segundo lugar, la Encíclica cita la Eucaristía, "precioso alimento para la fe", "acto de memoria, actualización del misterio" y que "conduce del mundo visible al invisible," enseñándonos a ver la profundidad de lo real. El Papa recuerda después la confesión de la fe, el Credo, en el que el creyente no sólo confiesa la fe, sino que se ve implicado en la verdad que confiesa; la oración, el Padre Nuestro, con el que el cristiano comienza a ver con los ojos de Cristo; el Decálogo, entendido no como "un conjunto de preceptos negativos", sino como "un conjunto de indicaciones concretas" para entrar en diálogo con Dios, "dejándose abrazar por su misericordia", "camino de la gratitud" hacia la plenitud de la comunión con Dios . Por último, el Papa subraya que la fe es una porque uno es "el Dios conocido y confesado", porque se dirige al único Señor, que nos da la "unidad de visión" y "es compartida por toda la Iglesia, que forma un solo cuerpo y un solo Espíritu". Dado, pues, que la fe es una sola, entonces tiene que ser confesada en toda su pureza e integridad, "la unidad de la fe es la unidad de la Iglesia"; quitar algo a la fe es quitar algo a la verdad de la comunión. Además, ya que la unidad de la fe es la de un organismo vivo, puede asimilar en sí todo lo que encuentra, demostrando ser universal, católica, capaz de iluminar y llevar a su mejor expresión todo el cosmos y toda la historia. Esta unidad está garantizada por la sucesión apostólica.

El capítulo cuarto (n. 50-60): Dios prepara una ciudad para ellos (Hb 11, 16) Este capítulo explica la relación entre la fe y el bien común, lo que conduce a la formación de un lugar donde el hombre puede vivir junto con los demás. La fe, que nace del amor de Dios, hace fuertes los lazos entre los hombres y se pone al servicio concreto de la justicia, el derecho y la paz. Es por esto que no nos aleja del mundo y no es ajena al compromiso concreto del hombre contemporáneo. Por el contrario, sin el amor fiable de Dios, la unidad entre todos los hombres estaría basada únicamente en la utilidad, el interés o el miedo. La fe, en cambio, capta el fundamento último de las relaciones humanas, su destino definitivo en Dios, y las pone al servicio del bien común. La fe "es un bien para todos, un bien común", no sirve únicamente para construir el más allá, sino que ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza.

La encíclica se centra, después, en los ámbitos iluminados por la fe: en primer lugar, la familia fundada en el matrimonio, entendido como unión estable de un hombre y una mujer. Nace del reconocimiento y de la aceptación de la bondad de la diferenciación sexual y, fundada sobre el amor en Cristo, promete "un amor para siempre" y reconoce el amor creador que lleva a generar hijos. Después los jóvenes: aquí el Papa cita las Jornadas Mundiales de la Juventud, en las que los jóvenes muestran "la alegría de la fe" y el compromiso de vivirla de un modo firme y generoso. "Los jóvenes aspiran a una vida grande - escribe el Papa -. El encuentro con Cristo da una esperanza sólida que no defrauda. La fe no es un refugio para personas pusilánimes, sino que ensancha la vida". Y en todas las relaciones sociales: haciéndonos hijos de Dios, de hecho, la fe da un nuevo significado a la fraternidad universal entre los hombres, que no es mera igualdad, sino la experiencia de la paternidad de Dios, comprensión de la dignidad única de la persona singular. Otra área es la de la naturaleza: la fe nos ayuda a respetarla, a "buscar modelos de desarrollo que no se basen únicamente en la utilidad y el provecho, sino que consideren la creación como un don"; nos enseña a encontrar las formas justas de gobierno, en las que la autoridad viene de Dios y está al servicio del bien común; nos ofrece la posibilidad del perdón que lleva a superar los conflictos. "Cuando la fe se apaga, se corre el riesgo de que los fundamentos de la vida se debiliten con ella", escribe el Papa, y si hiciéramos desaparecer la fe en Dios de nuestras ciudades, se debilitaría la confianza entre nosotros y quedaríamos unidos sólo por el miedo. Por esta razón no debemos avergonzarnos de confesar públicamente a Dios, porque la fe ilumina la vida social. Otro ámbito iluminado por la fe es el del sufrimiento y la muerte: el cristiano sabe que el sufrimiento no puede ser eliminado, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona, y ser así "etapa de crecimiento en la fe y el amor". Al hombre que sufre, Dios no le da un racionamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que acompaña, que abre un un resquicio de luz en la oscuridad. En este sentido, la fe está unida a la esperanza. Y aquí el Papa hace un llamamiento: "No nos dejemos robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino."

Conclusión (N º 58-60): Bienaventurada la que ha creído (Lc 1, 45) Al final de la LF, el Papa nos invita a mirar a María, "icono perfecto" de la fe, porque, como Madre de Jesús, ha concebido "fe y alegría." A Ella se alza la oración del Papa para que ayude la fe del hombre, nos recuerde que aquellos que creen nunca están solos, y que nos enseñe a mirar con los ojos de Jesús.

martes, 28 de julio de 2009

EL CARDENAL BERTONE HABLA DE LA "CARITAS IN VERITATE"


CIUDAD DEL VATICANO, 28 JUL 2009 (VIS).-El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, pronunció un discurso este mediodía sobre la Encíclica de Benedicto XVI "Caritas in veritate", en la sala capitular de la biblioteca del senado italiano, invitado por su presidente, Renato Schifani.

  El cardenal Bertone hizo hincapié en algunos aspectos antropológicos y teológicos del texto pontificio, y recordó que en 2004, el entonces cardenal Joseph Ratzinger dio una lección magistral en la biblioteca del senado, sobre el tema "Europa. Sus fundamentos espirituales, ayer, hoy y mañana". En aquella ocasión, recordó, el futuro pontífice afrontó algunos temas que hoy se encuentran en su tercera encíclica, como "la afirmación de la razón profunda de la dignidad de la persona y de sus derechos" y el matrimonio y la familia, como forjadores de la identidad europea.

  El secretario de Estado manifestó el convencimiento de que "por encima de las diferencias de formación y de convicciones personales", quienes representan al pueblo italiano "pueden encontrar en las palabras del Papa una alta y profunda inspiración en el desarrollo de su misión, para responder adecuadamente a los desafíos éticos, culturales y sociales que la encíclica nos presenta".
SS/CARITAS IN VERITATE/BERTONE                    VIS 20090728 (200)

lunes, 13 de julio de 2009

SOLUCIONES A PROBLEMAS HUMANIDAD NO SON SOLO TÉCNICAS


CIUDAD DEL VATICANO, 12 JUL 2009 (VIS).-Benedicto XVI dedicó esta mañana la reflexión que precede al Ángelus dominical a la reciente cumbre del G8, que se desarrolló en la ciudad italiana de L´Aquila, "sometida a la dura prueba del terremoto" y a la publicación de su tercera encíclica "Caritas in veritate".

  El Papa recordó que algunos de  los temas en la agenda del G-8 eran de "una urgencia dramática" porque "existen en el mundo desigualdades sociales e injusticias estructurales intolerables, que requieren, además de intervenciones inmediatas, una estrategia coordinada para buscar soluciones globales duraderas".

  "Durante la cumbre, los jefes de Estado y de Gobierno del G8 han reafirmado -dijo el pontífice- la necesidad de llegar a acuerdos comunes para asegurar a la humanidad un futuro mejor. La Iglesia no puede presentar soluciones técnicas, pero es experta en humanidad, ofrece a todos la enseñanza de la Sagrada Escritura sobre la verdad del ser humano y anuncia el Evangelio del Amor y de la justicia".

  El Santo Padre se refirió en este ámbito a su encíclica, publicada poco antes del G-8, en la que habla de la necesidad de "un nuevo proyecto  económico que replantee el desarrollo de forma global, basándose en el fundamento ético de la responsabilidad ante Dios y ante el ser humano como criatura de Dios".

  "Ya el gran pontífice Pablo VI, en la encíclica "Populorum progressio" reconoció e indicó la perspectiva mundial de la cuestión social, (…) que  en nuestra época se ha convertido en una cuestión radicalmente antropológica", ya que implica la forma de concebir al ser humano puesto cada vez más en las manos del hombre a través de las biotecnologías modernas".

  "Las soluciones a los problemas actuales de la humanidad no pueden ser exclusivamente técnicas -subrayó el Santo Padre-, sino que deben tener en cuenta todas las exigencias de la persona, que está dotada de cuerpo y alma, y por lo tanto deben tener también en cuenta a su Creador. El absolutismo de la técnica, que encuentra su máxima expresión en algunas prácticas contrarias a la vida, podría dibujar oscuros escenarios para el futuro de la humanidad. Los actos que no respetan la verdadera dignidad de la persona, aunque su motivo parezca ser una elección de amor, son en realidad el fruto de una "concepción material y mecanicista de la vida humana" que reduce el amor sin verdad a "un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente".

  Pero, "por compleja que sea la situación actual del mundo -concluyó el Papa-, la Iglesia mira al futuro con esperanza y recuerda a los cristianos que el anuncio de Cristo es el primer y principal factor de desarrollo".
ANG/G-8:CARITAS IN VERITATE/…                    VIS 20090713 (460)

miércoles, 8 de julio de 2009

"CARITAS IN VERITATE": REALIZAR MUNDO DE JUSTICIA Y DE PAZ


CIUDAD DEL VATICANO, 8 JUL 2009 (VIS).-En la audiencia general de este miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa habló sobre su tercera encíclica "Caritas in veritate", que se presentó ayer oficialmente.

  El Santo Padre explicó que el documento pone de relieve que "la caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de la persona y de la humanidad. (…) Solo con la caridad, iluminada por la razón y por la fe, es posible alcanzar objetivos de desarrollo dotados de valor humano".

  La Encíclica, continuó, "profundiza la reflexión eclesial sobre cuestiones sociales de gran interés para la humanidad de nuestro siglo, teniendo en cuenta, de modo especial, lo que escribió Pablo VI en 1967 en la "Populorum progressio".
 
  Benedicto XVI subrayó que "Caritas in veritate" "no desea ofrecer soluciones técnicas a los grandes problemas sociales del mundo actual (…), pero recuerda los grandes principios indispensables para construir el desarrollo humano en los próximos años, entre los que destaca, en primer lugar, la atención a la vida del hombre, núcleo de todo progreso auténtico; el respeto del derecho a la libertad religiosa; (...) el rechazo de una visión prometeica del ser humano, que lo considere artífice absoluto del propio destino".

  "Son necesarios -continuó- hombres rectos tanto en la política como en la economía, que estén sinceramente atentos al bien común". Refiriéndose en concreto a "las emergencias mundiales", el Papa dijo que "es urgente llamar la atención de la opinión pública sobre el drama del hambre y de la seguridad alimenticia", que "hay que afrontar con decisión, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres".

  El Santo Padre señaló que "la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; de recuperar la contribución importante del principio de gratuidad y de la "lógica del don" en la economía de mercado, donde la regla no puede ser solo el provecho. Pero esto es posible únicamente gracias al compromiso de todos, economistas y políticos, productores y consumidores y presupone una formación de las conciencias que refuerce los criterios morales en la elaboración de los proyectos políticos y económicos".

  "Es necesario -añadió- un estilo de vida distinto por parte de toda la humanidad, en el que los deberes de cada uno con respecto al ambiente se entrelacen con los de la persona considerada en sí misma y en relación con los demás".

  Frente a "los problemas enormes y profundos del mundo actual -dijo- es necesaria una autoridad política mundial regulada por el derecho, que respete los principios de subsidiariedad y solidaridad y se oriente firmemente a la realización del bien común, respetando las grandes tradiciones morales y religiosas de la humanidad".
 
  El Papa pidió a los fieles que rezaran para que "esta Encíclica ayude a la humanidad a sentirse una única familia comprometida en realizar un mundo de justicia y de paz". Asimismo invitó a rezar "por los jefes de Estado y de Gobierno del G-8, que se encuentran en estos días en L'Aquila, para que en esta importante cumbre mundial se tomen decisiones y salgan orientaciones útiles al verdadero progreso de todos los pueblos, especialmente de los más pobres".
AG/CARITAS IN VERITATE/…                        VIS 20090708 (540)

martes, 7 de julio de 2009

UNA NUEVA ENCICLICA SOCIAL


CIUDAD DEL VATICANO, 7 JUL 2009 (VIS).-Esta mañana, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha tenido lugar la presentación de la Encíclica de Benedicto XVI "Caritas in veritate". Han participado en el acto los cardenales Renato Raffaele Martino, Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz y Paul Josef Cordes, Presidente del Pontificio Consejo "Cor Unum"; el arzobispo Giampaolo Crepaldi, recientemente nombrado obispo de Trieste (Italia) y hasta ahora secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz y el profesor Stefano Zamagni, catedrático de Economía Política en la Universidad  de Bolonia (Italia) y consultor del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

  En su intervención, el cardenal Martino habló de la necesidad de una nueva encíclica social a veinte años de distancia de la "Centesimus annus" de Juan Pablo II, enumerando los cambios que han tenido lugar en estas dos últimas décadas.

  "Las ideologías políticas, que caracterizaron la época precedente a 1989, han perdido virulencia -dijo- y han sido sustituidas por la nueva ideología de la técnica. (…) La acentuación de los fenómenos de globalización, determinados por el final de los bloques contrapuestos y por la red informática y mundial. (…) Las religiones han vuelto al escenario público mundial. (…) La emergencia de algunos países de la situación de retraso está cambiando los equilibrios geopolíticos mundiales. (…) El problema de la gobernación internacional".

  "Estas grandes novedades bastarían para motivar la escritura de otra encíclica social -agregó el purpurado-, pero existe además una razón que no se debe olvidar. La "Caritas in veritate" fue concebida por el Santo Padre como una conmemoración de los 40 años de la "Populorum progressio" de Pablo VI, aunque el tema de la nueva encíclica "no es el desarrollo de los pueblos, sino el desarrollo humano integral. (…) Se podría decir que la perspectiva de la "Populorum progressio" se amplía".

  "La "Caritas in veritate" demuestra con claridad no solo que el pontificado de Pablo VI no supuso un retroceso en la Doctrina Social de la Iglesia, (…) sino que aquel Papa contribuyó de forma significativa a enfocar la visión de la Doctrina Social de la Iglesia en el surco de la "Gaudium et spes" y de la tradición precedente y sentó las bases sobre las que se insertó Juan Pablo II".

  Por su parte, el arzobispo Crepaldi habló de las nuevas cuestiones que aborda  la encíclica. "Los dos derechos fundamentales a la vida y a la libertad religiosa -indicó- encuentran por primera vez un lugar explícito y denso en una encíclica social" y "están ligados orgánicamente con el tema del desarrollo. (…) En la "Caritas in veritate", la llamada "cuestión antropológica" pasa a ser a pleno título una cuestión social".

  Otras dos temáticas nuevas son la del ambiente -donde la naturaleza se concibe no "como un depósito de recursos materiales", sino como "palabra creada" confiada al ser humano "para el bien de todos"- y la de la técnica. "Es la primera vez -subrayó el prelado- que una encíclica afronta de forma orgánica esta cuestión". "La referencia continua a la Verdad y al Amor infunde a "Caritas in veritate" una gran libertad de pensamiento, con las que despeja el campo de todas las ideologías que desgraciadamente todavía pesan sobre el desarrollo".

  El cardenal Cordes afirmó que "si la primera Encíclica, "Deus caritas est", sobre la  teología de la caridad, contenía indicaciones sobre la doctrina social, ahora estamos frente a un texto dedicado totalmente a esta materia".

  Tras poner de relieve que "la doctrina social de la Iglesia es un elemento de evangelización", subrayó que "no se puede leer la doctrina social fuera del contexto del evangelio y de su anuncio", ya que "nace y se interpreta a la luz de la revelación".

  El presidente del Pontificio Consejo "Cor Unum" señaló que "el centro de la doctrina social es el ser humano". En este contexto se preguntó si "la cuestión antropológica no implica que se deba responder a una pregunta central: ¿qué hombre queremos promover? (…) ¿Puede una civilización sobrevivir sin puntos de referencia con fundamento, sin una mirada a la eternidad, negando al ser humano una respuesta a sus interrogantes más profundos? ¿Puede existir verdadero desarrollo sin Dios?".

  Refiriéndose finalmente al concepto de progreso, el purpurado puso de relieve que la Encíclica, "además de unificar las dos dimensiones de la promoción humana y del anuncio de la fe, introduce un ulterior elemento en el concepto de progreso: la esperanza", a la que el Papa ha dedicado su segunda Encíclica, la "Spe salvi".

  El profesor Zamagni comentó que la Encíclica se muestra favorable "a la concepción de mercado, típica de la economía civil, según la cual se puede vivir la experiencia de la socialidad humana en el contexto de una normal vida económica y no fuera o al margen de ella".

  "Los principales factores estructurales de la crisis -explicó- son tres. El primero concierne al cambio radical en la relación entre finanzas y producción de bienes y servicios que se ha ido consolidando a lo largo de los treinta últimos años. (…) El segundo factor -continuó- es la difusión, a nivel de cultura popular, del "ethos" de la eficiencia como criterio último de juicio y de justificación de la realidad económica. (…) La tercera causa -terminó- tiene que ver con la matriz cultural que se ha consolidado en los últimos decenios, a raíz del proceso de globalización y de la llegada de la tercera revolución industrial, la de las tecnologías info-telemáticas".
OP/PRESENTACION CARITAS IN VERITATE/…                VIS 20090707 (900)

SINTESIS DE LA ENCICLICA "CARITAS IN VERITATE"


CIUDAD DEL VATICANO, 7 JUL 2009 (VIS).-Sigue la síntesis facilitada por la Oficina de Prensa de la Santa Sede de la nueva encíclica de Benedicto XVI, "Caritas in veritate": La Caridad en la verdad, sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad .

  La Encíclica, publicada hoy, consta de una introducción, seis capítulos y una conclusión y  está fechada el 29 de junio de 2009, solemnidad de San Pedro y San Pablo.

  "En la Introducción -explica la síntesis- el Papa recuerda que la caridad es "la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia". Por otra parte, dado el "riesgo de ser mal entendida o excluida de la ética vivida" advierte de que  "un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales".

  "El desarrollo (…) necesita esta verdad", escribe Benedicto XVI y analiza "dos  criterios orientadores de la acción moral: la justicia y el bien común. (…) Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la polis. Ésta es la vía institucional del vivir social".

  El primer capítulo está dedicado al "Mensaje de la "Populorum progressio" de Pablo VI que "reafirmó la importancia imprescindible del Evangelio para la construcción de la sociedad según  libertad y  justicia". "La fe cristiana -escribe Benedicto XVI- se ocupa del desarrollo no apoyándose en privilegios o posiciones de poder (…) sino solo en  Cristo". El pontífice evidencia que "las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material". Están ante todo en la voluntad, el pensamiento y todavía más "en la falta de fraternidad entre los hombres y los pueblos".

  "El  desarrollo humano en nuestro tiempo" es el tema del segundo capítulo. "El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último -reitera  el Papa- corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza" Y enumera algunas distorsiones del desarrollo: una actividad financiera "en buena parte especulativa", los flujos migratorios "frecuentemente provocados y después no gestionados adecuadamente o la explotación sin reglas de los recursos de la tierra". Frente a esos problemas ligados entre sí, el Papa invoca "una nueva síntesis humanista", constatando después que "el cuadro del desarrollo se despliega en múltiples ámbitos: (…) crece la riqueza mundial en términos absolutos, pero aumentan también las desigualdades (…) y nacen nuevas pobrezas".

  "En el plano cultural -prosigue- (…) las posibilidades de interacción" han dado lugar a  "nuevas perspectivas de diálogo", (…)  pero hay un doble riesgo".  En primer lugar "un eclecticismo cultural" donde las culturas se consideran "sustancialmente equivalentes". El peligro opuesto es el de "rebajar la cultura y homologar los (…) estilos de vida". Benedicto XVI recuerda "el escándalo del hambre" y auspicia "una ecuánime reforma agraria en los países en desarrollo".

  Asimismo, el pontífice evidencia que el respeto por la vida "en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el  desarrollo de los pueblos" y afirma que "cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida acaba por no encontrar la motivación y la energía necesarias para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre".

  Otro aspecto ligado al desarrollo es el "derecho a la libertad religiosa. La violencia - escribe el Papa-, frena el desarrollo auténtico" y esto "ocurre especialmente con el terrorismo de inspiración  fundamentalista".

  "Fraternidad, desarrollo económico y sociedad civil" es el tema del tercer capítulo, que se abre con un elogio de la experiencia del don,  no reconocida a menudo, "debido a  una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. (…) El desarrollo, (…) si quiere ser auténticamente humano, necesita en cambio dar espacio al principio de gratuidad", y por cuanto se refiere al mercado la lógica mercantil, ésta  debe estar "ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política".

  Retomando la encíclica "Centesimus annus" indica "la necesidad de un sistema basado en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil" y espera en "una civilización de la economía". Hacen falta "formas de economía solidaria" y "tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco".

  El capítulo se cierra con una nueva valoración del fenómeno de la globalización, que no se debe entender solo como "un proceso socio-económico". (…) La globalización necesita "una orientación cultural personalista y comunitaria abierta a la trascendencia (…) y capaz de corregir sus disfunciones".

  En el cuarto capítulo, la Encíclica trata el tema del "Desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente". "Gobierno y organismos internacionales -se lee- no pueden olvidar "la objetividad y la indisponibilidad" de los derechos. A este respecto, se detiene en las "problemáticas relacionadas con el crecimiento demográfico".

  Reafirma que la sexualidad no se puede "reducir a un mero hecho hedonístico y lúdico". Los Estados, escribe, "están llamados a realizar políticas que promuevan la centralidad de la familia".

  "La economía -afirma una vez más- tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de cualquier ética sino de una ética amiga de la persona". La misma centralidad de la persona, escribe, debe ser el principio guía "en las intervenciones para el desarrollo" de la cooperación internacional. (…) Los organismos internacionales -exhorta el Papa- deberían interrogarse sobre la real eficacia de sus aparatos burocráticos", "con frecuencia muy costosos".

  El Santo Padre se refiere más adelante a las problemáticas energéticas. "El acaparamiento de los recursos" por parte de Estados y grupos de poder, denuncia, constituyen "un grave impedimento para el desarrollo de los países pobres". (…) "Las sociedades tecnológicamente avanzadas -añade- pueden y deben disminuir la propia necesidad energética", mientras debe "avanzar la investigación sobre energías alternativas".

  "La colaboración de la familia humana" es el corazón del quinto capítulo, en el que Benedicto XVI pone de relieve que "el desarrollo de los pueblos depende sobre todo del reconocimiento de ser una sola familia". De ahí que, se lee, la religión cristiana puede contribuir al desarrollo "solo si Dios encuentra un puesto también en la esfera pública".

  El Papa hace referencia al principio de subsidiaridad, que ofrece una ayuda a la persona "a través de la autonomía de los cuerpos intermedios". La subsidiariedad, explica, "es el antídoto más eficaz contra toda forma de asistencialismo paternalista" y es más adecuada para humanizar la globalización".

  Asimismo, Benedicto XVI  exhorta a los Estados ricos a "destinar mayores cuotas" del Producto Interno Bruto para el desarrollo, respetando los compromisos adquiridos. Y augura un mayor acceso a la educación y, aún más, a la "formación completa de la persona" afirmando que, cediendo al relativismo, se convierte en más pobre. Un ejemplo, escribe, es el del fenómeno perverso del turismo sexual. "Es doloroso constatar -observa- que se desarrolla con frecuencia con el aval de los gobiernos locales".

  El Papa afronta a continuación al fenómeno "histórico" de las migraciones. "Todo emigrante, afirma, "es una persona humana" que "posee derechos que deben ser respetados por todos y en toda situación".

  El último párrafo del capítulo lo dedica el Pontífice "a la urgencia de la reforma" de la ONU y "de la arquitectura económica y financiera internacional". Urge "la presencia de una verdadera Autoridad política mundial" (…) que goce de "poder efectivo".
 
  El sexto y último capítulo está centrado en el tema del "Desarrollo de los pueblos y la técnica". El Papa pone en guardia ante la "pretensión prometeica" según la cual "la humanidad cree poderse recrear valiéndose de los 'prodigios' de la tecnología". La técnica, subraya, no puede tener una "libertad absoluta".

  El campo primario "de la lucha cultural entre el absolutismo de la tecnicidad y la responsabilidad moral del hombre es hoy el de la bioética", explica el Papa, y añade: "La razón sin la fe está destinada a perderse en la ilusión de la propia omnipotencia". La cuestión social se convierte en "cuestión antropológica". La investigación con embriones, la clonación, lamenta el Pontífice, "son promovidas por la cultura actual", que "cree haber desvelado todo misterio". El Papa teme "una sistemática planificación eugenésica de los nacimientos".

  En la Conclusión de la Encíclica, el Papa subraya que el desarrollo "tiene necesidad de cristianos con los brazos elevados hacia Dios en gesto de oración", de "amor y de perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida al prójimo, de justicia y de paz".
ENC/CARITAS IN VERITATE/…                        VIS 20090707 (1400)

martes, 30 de junio de 2009

EL PAPA ANUNCIA SU PROXIMA ENCICLICA: "CARITAS IN VERITATE"


CIUDAD DEL VATICANO, 29 JUN 2009 (VIS).-El Papa se asomó este mediodía a la ventana de su estudio privado que da a la Plaza de San Pedro para rezar el Angelus con miles de peregrinos allí congregados.

  En la solemnidad de San Pedro y San Pablo, Benedicto XVI felicitó especialmente a los fieles de la comunidad de Roma, su diócesis, y aseguró que rezaba "constantemente para que esta ciudad mantenga viva su vocación cristiana, no solo conservando inalterado su inmenso patrimonio espiritual y cultural, sino también para que sus habitantes traduzcan la belleza de la fe recibida en modos concretos de pensar y de actuar, y ofrezcan así a cuantos, por diferentes razones vienen a esta ciudad, una atmósfera llena de humanidad y de valores evangélicos".

  "La solemnidad de hoy -continuó- reviste también un carácter universal: expresa la unidad y la catolicidad de la Iglesia. Por eso, cada año en esta fecha, vienen a Roma los nuevos arzobispos metropolitanos para recibir el palio, símbolo de comunión con el Sucesor de Pedro".

  El Santo Padre pidió que la veneración común de "estos mártires -Pedro y Pablo- sea prenda de comunión cada vez más plena y sentida entre los cristianos de todo el mundo".

  Después del Angelus, Benedicto XVI señaló que "es inminente la publicación de mi tercera encíclica, que lleva por título 'Caritas in veritate'. Retomando las temáticas sociales contenidas en la (encíclica) "Populorum progressio", escrita por el Siervo de Dios Pablo VI en 1967, este documento -que lleva la fecha de hoy, 29 de junio, solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo- trata de profundizar en algunos aspectos del desarrollo integral en nuestra época, a la luz de la caridad en la verdad".

  "Confío a vuestras oraciones -terminó- esta ulterior contribución que la Iglesia ofrece a la humanidad en su compromiso por un progreso sostenible, que respete plenamente la dignidad humana y las exigencias reales de todos".
ANG/SAN PEDRO:ENCICLICA/…                        VIS 20090630 (330)

miércoles, 18 de marzo de 2009

EL PAPA RESPONDE A LAS PREGUNTAS DE LOS PERIODISTAS


CIUDAD DEL VATICANO, 17 MAR 2009 (VIS).-Esta mañana, durante el viaje a Camerún, el Papa respondió a las preguntas que le hicieron algunos periodistas que le acompañaban en el vuelo.

  Desde hace tiempo, y en particular tras su última carta a los obispos sobre la remisión de la excomunión de los cuatro obispos consagrados por el arzobispo Lefebvre, preguntó un periodista, muchos periódicos hablan de soledad del Papa. "¿Usted qué piensa sobre esto? ¿Se siente realmente solo?".

  "A decir verdad -dijo Benedicto XVI-, me entran ganas de reír cuando se habla de este mito de mi soledad. De ningún modo me siento solo. Cada día recibo visitas de los colaboradores más cercanos, comenzando por el secretario de Estado. (…) Estoy realmente rodeado de amigos y en una espléndida colaboración con los obispos, colaboradores, laicos, y estoy agradecido por ello".

  Preguntado por el impacto de la crisis económica mundial en los países pobres y sobre si hablará de este problema en su próxima encíclica, el Santo Padre afirmó que "un elemento fundamental de la crisis es precisamente un déficit de ética en las estructuras económicas; se ha entendido que la ética no es una cosa que está "fuera de la economía", sino "dentro" y que la economía no funciona si no lleva consigo el elemento ético".

  Refiriéndose posteriormente a la encíclica sobre temas sociales, el Santo Padre dijo: "Estábamos a punto de publicarla cuando se desencadenó esta crisis y por tanto ha habido que revisar el texto para dar una respuesta más adecuada, en el ámbito de nuestras competencias, en el ámbito de la doctrina social de la Iglesia, pero con referencia a los elementos reales de la crisis actual. Espero que de este modo, la encíclica pueda ser un elemento, una fuerza para superar la difícil situación presente".

  El Papa respondió también a una pregunta sobre la especificidad, en África, del mensaje de la Iglesia Católica frente a las sectas.

  "Nosotros no anunciamos -dijo- un Evangelio de prosperidad, sino un realismo cristiano; no anunciamos milagros, como hacen algunos, sino la sobriedad de la vida cristiana. Estamos convencidos de que está sobriedad, este realismo que anuncia a un Dios que se ha hecho hombre, es decir, un Dios profundamente humano, que sufre incluso con nosotros, da sentido a nuestros sufrimientos para un anuncio con un horizonte más amplio, con más futuro. Sabemos que las sectas no son muy estables: en un primer momento puede hacer bien el anuncio de la prosperidad, de curaciones milagrosas, etc..., pero poco después se ve que la vida es difícil, que un Dios humano, que sufre con nosotros, es más convincente, más verdadero y ofrece gran ayuda para la vida".

  Hablando en concreto sobre el SIDA y la posición de la Iglesia católica, considerada por algunos poco realista y eficaz para afrontarlo, el Santo Padre dijo:

  "Yo creo que la realidad más eficaz y más presente en el frente de la lucha contra el SIDA sea precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos. (...) Diría que este problema no se puede superar solo con eslóganes publicitarios. (...) Si los africanos no se ayudan entre ellos, no se puede resolver el problema con la distribución de preservativos. Al contrario, se corre el peligro de aumentar el problema. La solución solo se puede encontrar con un doble compromiso: el primero es humanizar la sexualidad, o sea, una renovación espiritual y humana que lleve aparejada una forma nueva de comportarse unos con otros y, en segundo lugar, una amistad verdadera también y sobre todo con las personas que sufren; la disponibilidad, aunque cueste sacrificios y renuncias personales, para estar con los que sufren".
PV-CAMERUN/ENTREVISTA AVION/…                    VIS 20090318 (600)

lunes, 3 de diciembre de 2007

ESPERANZA: DON QUE CAMBIA LA VIDA

CIUDAD DEL VATICANO, 2 DIC 2007 (VIS).-Hoy, primer domingo de Adviento, Benedicto XVI se asomó a la ventana de su estudio que da a la Plaza de San Pedro para
rezar el Ángelus con los miles de peregrinos allí reunidos.

  El Santo Padre recordó que en este tiempo litúrgico "el Pueblo de Dios se pone en camino para vivir el misterio de Cristo en la historia: "Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre; la historia, al contrario, cambia y pide ser constantemente evangelizada".

  "Este domingo -agregó- es por lo tanto un día muy indicado para ofrecer a toda la Iglesia y a todos los seres humanos de buena voluntad, mi segunda Encíclica, que he dedicado precisamente al tema de la esperanza cristiana. Se titula "Spe salvi", porque inicia con la expresión de san Pablo: "Spe salvi facti sumus" (En esperanza fuimos salvados). Aquí, como en otros pasajes del Nuevo Testamento, la palabra "esperanza" está estrechamente ligada con la palabra "fe" y "es un don que cambia la vida de quien lo recibe".

  "¿En qué consiste esta esperanza tan grande y de las que nos fiamos tanto como para decir que en ella nosotros tenemos la salvación?", se preguntó el pontífice, para explicar después que consistía "en el conocimiento de Dios, en el descubrimiento de su corazón de Padre bueno y misericordioso. Jesús con su muerte en la cruz y su resurrección nos reveló (...) el rostro de un Dios tan grande a la hora de amarnos que nos comunica una esperanza indestructible que ni siquiera la muerte puede quebrar".

  Pero "el desarrollo de la ciencia moderna -observó el Santo Padre- ha relegado cada vez más la fe y la esperanza a la esfera privada de tal forma que hoy es evidente, e incluso dramático, que el hombre y el mundo tienen necesidad de Dios; (...) de otra forma quedarían privados de esperanza".

  "La ciencia contribuye en gran manera al bien de la humanidad, pero no es capaz de redimirla -terminó el Papa-. El hombre se redime por el amor, que hace buena y hermosa la vida personal y social. Por este motivo, la gran esperanza, plena y definitiva, está garantizada por Dios, que en Jesús nos ha visitado y nos ha dado la vida".
ANG/ESPERANZA/...                        VIS 20071203 (390)


viernes, 30 de noviembre de 2007

UNA ESPERANZA SOLIDA PARA AFRONTAR LAS DIFICULTADES

CIUDAD DEL VATICANO, 30 NOV 2007 (VIS).-Los cardenales Georges Marie Martin Cottier, O.P., Pro-Teólogo emérito de la Casa Pontificia y Albert Vanhoye, S.I., profesor emérito de Exégesis del Nuevo Testamento del Pontificio Instituto Bíblico, presentaron esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede la Encíclica de Benedicto XVI: "Spe salvi", sobre la esperanza cristiana.

  El cardenal Cottier afirmó que "la esperanza cristiana ha sido objeto de una crítica cada vez más dura: sería puro individualismo; abandonando el mundo a su miseria, el cristiano se habría refugiado en una salvación eterna solo privada".

  Existe una pregunta, continuó, "que no se puede eludir: ¿cómo puede haber nacido la idea de que, con el cristianismo, la búsqueda de la salvación fuese una búsqueda egoísta que rechaza el servicio de los demás".

  Nuevos problemas "tienen una incidencia determinante para la crisis moderna de la fe y de la esperanza cristianas. De este modo, emerge una nueva forma de esperanza que se llama fe en el progreso, orientada hacia un mundo nuevo, el mundo del reino del ser humano".

  El purpurado señaló que "la fe en el progreso como tal se ha convertido en la convicción dominante de la modernidad. Existen dos categorías que ocupan el centro de la idea del progreso: la razón y la libertad". Así, subrayó que "la razón es considerada un poder del bien y para el bien; y el progreso se orienta hacia la libertad perfecta, una vez despojado de todas las dependencias. En esta perspectiva, la libertad se presenta como promesa de plenitud de la realización del ser humano".

  Tras poner de relieve "la crisis de la esperanza cristiana en la cultura moderna y su sustitución por la fe en el progreso", el cardenal Cottier afirmó que "suena de nuevo con insistencia la pregunta: "¿Qué podemos esperar? Los números 22-23 del documento -dijo- tienen una importancia decisiva en este contexto. Nos dicen el motivo esencial de la encíclica desde el punto de vista tanto pastoral como cultural".

  Por su parte, el cardenal Vanhoye afirmó que la encíclica, en su introducción, "muestra la importancia decisiva de la esperanza, que se pondrá de relieve en otras ocasiones. Para poder afrontar el presente con todos sus problemas y sus dificultades, tenemos necesidad de una esperanza realmente válida y sólida".

  Refiriéndose al tema de la vida eterna (números 10-12), "el Santo Padre -continuó el purpurado- expresa con vivo realismo la mentalidad actual de muchas personas. La vida eterna es el objeto de la esperanza. Pero a muchas personas, hoy, "la vida eterna no les parece algo deseable. No quieren la vida eterna, sino la presente. (...) Se querría aplazar la muerte lo más posible. Pero vivir siempre, sin un término, sólo sería a fin de cuentas aburrido y al final insoportable".

  El cardenal Vanhoye dijo que la segunda parte de la encíclica describe "los lugares de aprendizaje y del ejercicio de la esperanza" y concierne, por tanto, y en modo concreto, a la vida cristiana. Se distinguen tres "lugares": I. La oración como escuela de la esperanza; II. El actuar y el sufrir como lugares de aprendizaje de la esperanza; III. El Juicio como lugar de aprendizaje y ejercicio de la esperanza".

  La encíclica presenta "el Juicio Final de Dios como lugar de aprendizaje y de ejercicio de la esperanza en un sentido evidentemente distinto de los lugares precedentes, porque el Juicio final no es una realidad presente como son las oraciones y los sufrimientos. El Juicio final suscita, sin embargo, la esperanza, porque eliminará el mal. Aquí la encíclica ofrece -concluyó- reflexiones profundas sobre el terrible problema del mal y de la justicia".
OP/ENCICLICA SPE SALVI/COTTIER:VANHOYE        VIS 20071130 (600) 


Copyright © VIS - Vatican Information Service