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El 'Vatican Information Service' (VIS) es un boletín informativo de la Oficina de Prensa Santa Sede. Transmite diariamente información sobre la actividad magisterial y pastoral del Santo Padre y de la Curia Romana... []

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martes, 16 de febrero de 2016

Misa en San Cristóbal de las Casas: El Papa pide perdón a los indígenas, despojados de sus tierras y excluidos de la sociedad


Ciudad del Vaticano, 16 de febrero de 2016 (Vis).-El Santo Padre llegó ayer poco después de las 9 de la mañana (hora local, 16. 10 hora de Roma) a Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas. La ciudad, llamada habitualmente Tuxtla tiene un alto índice de crecimiento que la convierte en uno de los polos de atracción de la emigración clandestina sea de la fronteriza Guatemala, como de otros países de Latinoamérica.

Chiapas es el estado más meridional de México y, a pesar de sus grandes riquezas naturales, uno de los más pobres y con el porcentaje de vida más bajo. El 30% de sus cuatro millones y medio de habitantes habla exclusivamente su lengua indígena y el pasado de opresión de esa población fue la causa de la rebelión que en 1868 estuvo a punto de conquistar la capital. El estado es además la rocafuerte del movimiento zapatista (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) nacido en 1983 para reivindicar el reconocimiento de la cultura y el respeto de los derechos de los indígenas así como el control de sus recursos locales, sobre todo las tierras. Los zapatistas abandonan las armas en 1994 y pasan a la política a través de una estrategia de resistencia civil y un recurso a los medios de comunicación. La base popular del movimiento está constituida principalmente por los habitantes de las zonas rurales y de indígenas mayas.

Desde Tuxtla-Gutiérrez el Santo Padre se trasladó en helicóptero a San Cristóbal de las Casas, considerada la capital cultural de Chiapas. La ciudad, fundada en 1528, y llamada ''Villarreal'' y posteriormente ''Ciudad Real'', en el curso de los años adoptó el nombre del santo patrono del estado, San Cristóbal y añadió de las Casas, en honor de fray Bartolomé de las Casas, el primer obispo de Ciudad Real y defensor de los derechos de los indígenas.

El Papa, que fue recibido por el obispo de San Cristóbal de las Casas, mons. Felipe Arizmendi Esquivel, celebró la eucaristía en el Centro Deportivo Municipal que tiene un aforo de cien mil personas. La mayor parte de los fieles eran indígenas procedentes de todo el estado de Chiapas y en la celebración se empleó el español y las lenguas tseltal, ch'ol y tsotsil, siguiendo el decreto aprobado por Francisco y entregado en esa ocasión, que aprueba el empleo de las lenguas indígenas en la liturgia.

En su homilía el Santo Padre recordó la liberación del Pueblo de Israel del despotismo del Faraón y de su anhelo de vivir en libertad en una tierra prometida donde la opresión y el maltrato no fueran moneda corriente y citó el Popol Vuh (El Libro de la Sabiduría) que recoge el mito de la creación maya donde se lee que el alba sobrevino sobre todos los pueblos. Francisco subrayó también que de muchas maneras se ha querido silenciar y callar ese anhelo entre ''los más pobres y abandonados'' y que incluso la misma tierra, que exige respeto, ha sido maltratada y abandonada hasta el punto de que nuestra época vive una de las crisis ambientales más graves de la historia. El Santo Padre elogió la sabiduría de los indígenas, reafirmando que tienen mucho que enseñar a la humanidad por la armonía de su relación con la naturaleza y les pidió perdón por las mucha veces que a lo largo de la historia habían sido menospreciados, excluidos y despojados de sus tierras y sus valores, de sus culturas y sus tradiciones.

''Li smantal Kajvaltike toj lek – la ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma, así comenzaba el salmo que hemos escuchado. -dijo el Papa- La ley del Señor es perfecta; y el salmista se encarga de enumerar todo lo que esa ley genera al que la escucha y la sigue: reconforta el alma, hace sabio al sencillo, alegra el corazón, es luz para alumbrar el camino. Esa es la ley que el Pueblo de Israel había recibido de mano de Moisés, una ley que ayudaría al Pueblo de Dios a vivir en la libertad a la que habían sido llamados. Ley que quería ser luz para sus pasos y acompañar el peregrinar de su Pueblo. Un Pueblo que había experimentado la esclavitud y el despotismo del Faraón, que había experimentado el sufrimiento y el maltrato hasta que Dios dice basta, hasta que Dios dice: ¡No más! He visto la aflicción, he oído el clamor, he conocido su angustia. Y ahí se manifiesta el rostro de nuestro Dios, el rostro del Padre que sufre ante el dolor, el maltrato, la inequidad en la vida de sus hijos; y su Palabra, su ley, se volvía símbolo de libertad, símbolo de alegría, de sabiduría y de luz. Experiencia, realidad que encuentra eco en esa expresión que nace de la sabiduría acunada en estas tierras desde tiempos lejanos, y que reza en el Popol Vuh de la siguiente manera: El alba sobrevino sobre todas las tribus juntas. La faz de la tierra fue enseguida saneada por el sol. El alba sobrevino para los pueblos que una y otra vez han caminado en las distintas tinieblas de la historia''
''En esta expresión -continuó- hay un anhelo de vivir en libertad, hay un anhelo que tiene sabor a tierra prometida donde la opresión, el maltrato y la degradación no sean la moneda corriente. En el corazón del hombre y en la memoria de muchos de nuestros pueblos está inscrito el anhelo de una tierra, de un tiempo donde la desvalorización sea superada por la fraternidad, la injusticia sea vencida por la solidaridad y la violencia sea callada por la paz. Nuestro Padre no sólo comparte ese anhelo, Él mismo lo ha estimulado y lo estimula al regalarnos a su hijo Jesucristo. En Él encontramos la solidaridad del Padre caminando a nuestro lado. En Él vemos cómo esa ley perfecta toma carne, toma rostro, toma la historia para acompañar y sostener a su Pueblo; se hace Camino, se hace Verdad, se hace Vida, para que las tinieblas no tengan la última palabra y el alba no deje de venir sobre la vida de sus hijos.

''De muchas maneras y de muchas formas se ha querido silenciar y callar este anhelo, de muchas maneras han intentado anestesiarnos el alma, de muchas formas han pretendido aletargar y adormecer la vida de nuestros niños y jóvenes con la insinuación de que nada puede cambiar o de que son sueños imposibles -exclamó Francisco- Frente a estas formas, la creación también sabe levantar su voz; ''esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que ''gime y sufre dolores de parto'' . El desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos impactan a todos y nos interpelan. Ya no podemos hacernos los sordos frente a una de las mayores crisis ambientales de la historia''.

''En esto ustedes tienen mucho que enseñarnos, que enseñar a la humanidad -subrayó el Pontífice- Sus pueblos, como han reconocido los obispos de América Latina, saben relacionarse armónicamente con la naturaleza, a la que respetan como ''fuente de alimento, casa común y altar del compartir humano. Sin embargo, muchas veces, de modo sistemático y estructural, sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón!, ¡perdón, hermanos! El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita''.

También los jóvenes de hoy, ''expuestos a una cultura que intenta suprimir todas las riquezas y características culturales en pos de un mundo homogéneo, necesitan, estos jóvenes, que no se pierda la sabiduría de sus ancianos.El mundo de hoy, preso del pragmatismo, necesita reaprender el valor de la gratuidad.

''Estamos celebrando la certeza de que ''el Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado''. Celebramos que Jesucristo sigue muriendo y resucitando en cada gesto que tengamos con el más pequeño de nuestros sus hermanos. Animémonos a seguir siendo testigos de su Pasión, de su Resurrección haciendo carne Li smantal Kajvaltike toj lek. (La ley del Señor que es perfecta del todo y reconforta el alma'', concluyó el Pontífice.

Al final de la misa un representante de las comunidades indígenas se dirigió a ''Tatik Francisco'' para agradecerle su visita. ''Gracias -dijo- por habernos visitado. Aunque muchas personas nos desprecien tu has querido venir aquí y nos has tomado en consideración, como la Virgen de Guadalupe hizo con san Juan Dieguito. Llévanos en tu corazón con nuestra cultura, con nuestras alegrías y nuestros sufrimientos, con las injusticias que padecemos...Aunque vivas lejos, en Roma, sentimos que estás muy cerca de nosotros. Sigue contagiándonos con la alegría del Evangelio y ayudándonos a custodiar a nuestra hermana y madre tierra, que Dios nos ha dado. Y muchas gracias -concluyó- por haber autorizado nuevamente el encargo del diaconado permanente indígena con su propia cultura y por haber aprobado el uso de nuestras lenguas en la liturgia''.

Después de la celebración eucarística el Papa se trasladó a la curia episcopal donde almorzó con ocho representantes de las comunidades indígenas y después del almuerzo visitó la catedral dedicada a la Ascensión, construida entre 1500 y 1600 donde le esperaban un grupo de ancianos y de enfermos con los que conversó largamente. También se detuvo para rezar ante la tumba de mons. Samuel Ruiz, fallecido en 2011 y durante 40 años obispo de San Cristóbal de las Casas, muy estimado por las comunidades indígenas de Chiapas.



Encuentro con las familias: Luchar contra la precariedad y el aislamiento


Ciudad del Vaticano, 16 febrero 2016 (VIS).- Ayer tarde, después de visitar la catedral de la Ascensión, el Papa se despidió de San Cristóbal de las Casas para trasladarse en helicóptero a Tuxtla Gutiérrez donde, en el estadio Victor Manuel Reyna tuvo lugar su encuentro con las familias. A su llegada al estadio, en papamóvil, saludado por miles de personas, recibió las llaves de la ciudad de manos del gobernador del estado de Chiapas.

El encuentro se abrió con los testimonios de Humberto y Lucy, una familia formada por padres divorciados en una nueva unión, de Manuel, un adolescente discapacitado, de Beatriz, una madre soltera y de varias familias de la diócesis de Tapachula que llevaban muchos años casadas.

Después el Papa se dirigió a los presentes comenzando por dar gracias a Dios por estar en tierra chiapaneca. ''Es bueno -dijo- estar en este suelo, es bueno estar en esta tierra, es bueno estar en este lugar que con ustedes tiene sabor a familia, a hogar.... Y también gracias a ustedes, familias y amigos, que nos han regalado sus testimonios, que nos han abierto las puertas de sus casas, las puertas de sus vidas; nos han permitido estar en sus ''mesas'' compartiendo el pan que los alimenta y el sudor frente a las dificultades cotidianas. El pan de las alegrías, de la esperanza, de los sueños y el sudor frente a las amarguras, la desilusión y las caídas''.

''Manuel -prosiguió- gracias por tu testimonio y especialmente por tu ejemplo. Me gustó esa expresión que usaste: ''Echarle ganas''...echarle ganas a la vida, echarle ganas a tu familia, echar ganas entre tus amigos; y nos has echado ganas a nosotros aquí reunidos. Gracias. Creo que es lo que el Espíritu Santo siempre quiere hacer en medio nuestro: echarnos ganas, regalarnos motivos para seguir apostando a la familia, soñando, construyendo una vida que tenga sabor a hogar y a familia''.
''Y es lo que el Padre Dios siempre ha soñado y por lo que, desde los tiempos lejanos, el Padre Dios ha peleado. Cuando parecía todo perdido, esa tarde en el jardín del Edén, el Padre Dios le echó ganas a esa joven pareja y le dijo que no todo estaba perdido. Y cuando el Pueblo de Israel sentía que no daba más en el camino por el desierto, el Padre Dios le echó ganas con el maná. Y cuando llegó la plenitud de los tiempos, el Padre Dios le echó ganas a la humanidad para siempre y nos mandó a su Hijo''.

''De la misma manera, todos los que estamos acá hemos hecho experiencia de eso, en muchos momentos y de diferentes formas: el Padre Dios le ha echado ganas a nuestra vida. Podemos preguntarnos: ¿Por qué? Porque no sabe hacer otra cosa. Nuestro Padre Dios no sabe hacer otra cosa que querernos y echarnos ganas, y empujarnos, y llevarnos adelante, no sabe hacer otra cosa, porque su nombre es amor, su nombre es donación, su nombre es entrega, su nombre es misericordia. Eso nos lo ha manifestado con toda fuerza y claridad en Jesús, su Hijo, que se la jugó hasta el extremo para volver a hacer posible el Reino de Dios. Un Reino que nos invita a participar de esa nueva lógica, que pone en movimiento una dinámica capaz de abrir los cielos, capaz de abrir nuestros corazones, nuestras mentes, nuestras manos y desafiarnos con nuevos horizontes. Un reino que sabe de familia, que sabe de vida compartida. En Jesús y con Jesús ese reino es posible''.
Dirigiéndose otra vez a Manuel, Francisco recordó que le había pedido que rezara ''por muchos adolescentes que están desanimados y andan por malos pasos. Muchos adolescentes sin ánimo, sin fuerza, sin ganas. Y muchas veces esa actitud nace porque se sienten solos, porque no tienen con quien hablar. Piensen los padres, piensen las madres: ¿hablan con sus hijos y sus hijas o están siempre ocupados, apurados?''.

''Y eso me recordó el testimonio que nos regaló Beatriz -prosiguió- Beatriz, vos dijiste: ''La lucha siempre ha sido difícil por la precariedad y la soledad''. ¿Cuántas veces te sentiste señalada, juzgada: ''esa''. Pensemos en toda la gente, todas las mujeres que pasan por lo que pasó Beatriz. La precariedad, la escasez, el no tener muchas veces lo mínimo nos puede desesperar... y más cuando tenemos hijos a cargo. La precariedad no sólo amenaza el estómago -y eso ya es decir mucho- sino que puede amenazar el alma, nos puede desmotivar, sacar fuerza y tentar con caminos o alternativas de aparente solución, pero que al final no solucionan nada... Existe una precariedad que puede ser muy peligrosa y que se nos puede ir colando sin darnos cuenta, es la precariedad que nace de la soledad y el aislamiento. Y el aislamiento siempre es un mal consejero''.

''La forma de combatir esta precariedad y aislamiento, que nos deja vulnerables a tantas aparentes soluciones se tiene que dar a diversos niveles -señaló- Una es por medio de legislaciones que protejan y garanticen los mínimos necesarios para que cada hogar y para que cada persona pueda desarrollarse por medio del estudio y un trabajo digno. Por otro lado, como bien lo resaltaba el testimonio de Humberto y Claudia, cuando nos decían que buscaban la manera de transmitir el amor de Dios que habían experimentado en el servicio y en la entrega a los demás. Leyes y compromiso personal son un buen binomio para romper la espiral de la precariedad. Y ustedes se animaron, y ustedes rezan, y ustedes están con Jesús, y ustedes están integrados en la vida de la Iglesia. Usaron una linda expresión: ''Comulgamos con el hermano débil, el enfermo, el necesitado, el preso''. Gracias, gracias''.

''Hoy en día vemos, y vivimos por distintos frentes, cómo la familia está siendo debilitada, cómo está siendo cuestionada. Cómo se cree que es un modelo que ya pasó y que no tiene espacio en nuestras sociedades y que, bajo la pretensión de modernidad, propician cada vez más un modelo basado en el aislamiento....Es cierto, vivir en familia no siempre es fácil muchas veces es doloroso y fatigoso, pero creo que se puede aplicar a la familia lo que más de una vez he referido a la Iglesia: prefiero una familia herida, que intenta todos los días conjugar el amor, a una familia y sociedad enferma por el encierro o la comodidad del miedo a amar. Prefiero una familia que una y otra vez intenta volver a empezar a una familia y sociedad narcisista y obsesionada por el lujo y el confort. ... Prefiero una familia con rostro cansado por la entrega a una familia con rostros maquillados, que no han sabido de ternura y compasión. Prefiero un hombre y una mujer, don Aniceto y señora, con el rostro arrugado por las luchas de todos los días, que después de más de 50 años se siguen queriendo, y ahí los tenemos''.
''Y, hablando de arrugas...recuerdo el testimonio de una gran actriz.. de cine latinoamericana...cuando comenzaba a mostrarse las arrugas de la cara y le aconsejaron un ''arreglo''.. para poder seguir trabajando bien, su respuesta fue muy clara: ''Estas arrugas me costaron mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucho dolor y una vida plena, ni soñando las quiero tocar, son las huellas de mi historia''. Y siguió siendo una gran actriz. En el matrimonio pasa lo mismo. La vida matrimonial tiene que renovarse todos los días. Y como dije antes, prefiero familias arrugadas, con heridas, con cicatrices pero que sigan andando, porque esas heridas, esas cicatrices, esas arrugas son fruto de la fidelidad de un amor que no siempre les fue fácil. El amor no es fácil; no es fácil, no, pero es lo más lindo que un hombre y una mujer se pueden dar entre sí, el verdadero amor, para toda la vida''.

''Me han pedido que rezara por ustedes y quiero empezar a hacerlo ahora mismo. Ustedes, queridos mexicanos... corren con ventaja. Tienen a la madre: la Guadalupana. La Guadalupana quiso visitar estas tierras y esto nos da la certeza de tener su intercesión para que este sueño llamado familia no se pierda por la precariedad y la soledad. Ella es madre y está siempre dispuesta a defender nuestras familias, a defender nuestro futuro; está siempre dispuesta a ''echarle ganas'', dándonos a su Hijo. Por eso, los invito –como están, sin moverse mucho–, a tomarse de las manos y decirle juntos a Ella: Dios te salve María…''.

Después de que todo el estadio rezase, tomados de la mano el Ave María, el Papa agregó: ''Y no nos olvidemos de San José, calladito, trabajador, pero siempre al frente, siempre cuidando la familia. Gracias, que Dios los bendiga, y recen por mí. Y ahora -concluyó- los quiero invitar, en este marco de fiesta familiar, a que los matrimonios aquí presentes, en silencio, renueven sus promesas matrimoniales. Y los que están de novios, pidan la gracia de una familia fiel y llena de amor. En silencio, renovar las promesas matrimoniales y los novios pedir la gracia de una familia fiel y llena de amor''.

A última hora de la tarde Francisco regresó en avión a Ciudad de México desde donde hoy se desplazará a Morelia para celebrar la eucaristía con los sacerdotes, religiosas, religiosos, consagrados y seminaristas de esa ciudad y encontrar en la catedral a los rectores de varias universidades mexicanas y a los líderes de otras confesiones cristianas. La jornada del Papa concluirá con un encuentro con los jóvenes en el estadio Morelos y Pavón, acabado el cual regresará a Ciudad de México.





Actos Pontificios


Ciudad del Vaticano, 16 de febrero 2016 (VIS).- El Santo Padre, el pasado 14 de febrero, aceptó la renuncia del obispo Sylvester Carmel Magro, O.F.M.,al gobierno pastoral del Vicariato Apostólico de Bengasí (Libia) por límite de edad y nombró administrador apostólico sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis del mismo al obispo George Bugeja, O.F.M., coadjutor del vicariato apostólico de Trípoli (Libia).

lunes, 15 de febrero de 2016

Misa en Ecatepec: Cuaresma tiempo para abrir los ojos ante las injusticias que atentan contra el proyecto de Dios


Ciudad del Vaticano, 15 de febrero de 2016 (Vis).-Después de despedirse ayer de la nunciatura apostólica en Ciudad de México, el Papa se trasladó en helicóptero a Ecatepec para celebrar la santa misa. Era la primera vez que un Pontífice visitaba esta ciudad satélite.

Ecapetec, que dista unos 28 kms de la capital es una colina densamente poblada -más de un millón y medio de personas- que se desplazan diariamente a Ciudad de México para trabajar. En sus orígenes era una ciudad-estado gobernada por un jefe estrechamente emparentado con la dinastía reinante de Tenochtitlan, la capital azteca. Ecatepec fue declarada República de Indios en 1560, conservando así una cierta autonomía y manteniendo la sucesión del jefe. En el siglo XVII pasa a ser un ayuntamiento con administración española. A su nombre se le añade posteriormente el de ''de Morelos'', apellido del héroe nacional José María Morelos y Pavón, ajusticiado por los españoles durante la Primera Guerra de Independencia de México en 1815. En 1980 Ecatepec es declarada ciudad.

Francisco celebró la eucaristía en el área campestre del Centro de Estudios de Ecatepec que tiene cabida para 400.000 personas y después de la lectura del Evangelio con el relato de las tentaciones de Cristo en el desierto pronunció una homilía en la que subrayó que la Cuaresma era un buen momento para recuperar la alegría y la esperanza que nos hace sentirnos hijos amados del Padre. ''Este Padre que nos espera para sacarnos las ropas del cansancio, de la apatía, de la desconfianza y así vestirnos con la dignidad que solo un verdadero padre o madre sabe darle a sus hijos, las vestimentas que nacen de la ternura y del amor'', dijo.

Un Padre de una gran familia que ''sabe tener un amor único pero no sabe generar y criar ''hijos únicos''. Es un Dios que sabe de hogar, de hermandad, de pan partido y compartido. Es el Dios del Padre nuestro no del ''padre mío'' y ''padrastro vuestro''. En cada uno de nosotros anida, vive ese sueño de Dios que en cada Pascua, en cada eucaristía lo volvemos a celebrar, somos hijos de Dios. Sueño con el que han vivido tantos hermanos nuestros a lo largo y ancho de la historia. Sueño testimoniado por la sangre de tantos mártires de ayer y de hoy''.

La Cuaresma, prosiguió Francisco es un tiempo de conversión porque ''a diario hacemos experiencia en nuestra vida de cómo ese sueño se vuelve continuamente amenazado por el padre de la mentira... por aquel que busca separarnos, generando una familia dividida y enfrentada. Una sociedad, dividida y enfrentada... de pocos y para pocos. Cuántas veces experimentamos en nuestra propia carne, o en la de nuestra familia, en la de nuestros amigos o vecinos, el dolor que nace de no sentir reconocida esa dignidad que todos llevamos dentro. Cuántas veces hemos tenido que llorar y arrepentirnos por darnos cuenta que no hemos reconocido esa dignidad en otros. Cuántas veces —y con dolor lo digo— somos ciegos e inmunes ante la falta del reconocimiento de la dignidad propia y ajena''.

Por eso la Cuaresma es también un tiempo ''para ajustar los sentidos, abrir los ojos frente a tantas injusticias que atentan directamente contra el sueño y proyecto de Dios. Tiempo para desenmascarar esas tres grandes formas de tentaciones que rompen, dividen la imagen que Dios ha querido plasmar''.

A continuación, el Papa explicó el significado de esas tres tentaciones de Cristo que son también ''las tres tentaciones del cristiano que intentan arruinar la verdad a la que hemos sido llamados y que buscan degradar y degradarnos''.

La primera es la riqueza que nos llama a adueñarnos ''de bienes que han sido dados para todos y utilizándolos tan sólo para mí o ''para los míos''. Es tener el ''pan'' a base del sudor del otro, o hasta de su propia vida. Esa riqueza que es el pan con sabor a dolor, amargura, a sufrimiento. En una familia o en una sociedad corrupta ese es el pan que se le da de comer a los propios hijos''. La segunda tentación es la vanidad, ''esa búsqueda de prestigio en base a la descalificación continua y constante de los que ''no son como uno''. La búsqueda exacerbada de esos cinco minutos de fama que no perdona la ''fama'' de los demás, ''haciendo leña del árbol caído'', va dejando paso a la tercera tentación, la peor la del orgullo, o sea, ponerse en un plano de superioridad del tipo que fuese, sintiendo que no se comparte la ''común vida de los mortales'', y que reza todos los días: ''Gracias te doy Señor porque no me has hecho como ellos''.

A esas tres tentaciones de Cristo el cristiano se enfrenta diariamente. Son ''tres tentaciones que buscan degradar, destruir y sacar la alegría y la frescura del Evangelio. Que nos encierran en un círculo de destrucción y de pecado''.

''Vale la pena que nos preguntemos -dijo Francisco- : ¿Hasta dónde somos conscientes de estas tentaciones en nuestra persona, en nosotros mismos?, ¿Hasta dónde nos hemos habituado a un estilo de vida que piensa que en la riqueza, en la vanidad y en el orgullo está la fuente y la fuerza de la vida?¿Hasta dónde creemos que el cuidado del otro, nuestra preocupación y ocupación por el pan, el nombre y la dignidad de los demás son fuentes de alegría y esperanza?''

''Hemos optado por Jesús y no por el demonio -destacó- Si nos acordamos de lo que escuchamos en el Evangelio, Jesús no le contesta al demonio con ninguna palabra propia, sino que le contesta con las palabras de Dios, con las palabras de la Escritura. Porque, hermanos y hermanas, metámoslo en la cabeza, con el demonio no se dialoga, no se puede dialogar, porque nos va a ganar siempre. Solamente la fuerza de la Palabra de Dios lo puede derrotar''.

''Hemos optado por Jesús y no por el demonio -reiteró- queremos seguir sus huellas pero sabemos que no es fácil Sabemos lo que significa ser seducidos por el dinero, la fama y el poder. Por eso, la Iglesia nos regala este tiempo, nos invita a la conversión con una sola certeza: Él nos está esperando y quiere sanar nuestros corazones de todo lo que degrada, degradándose o degradando a otros. Es el Dios que tiene un nombre: misericordia. Su nombre es nuestra riqueza, su nombre es nuestra fama, su nombre es nuestro poder y en su nombre una vez más volvemos a decir con el salmo: ''Tú eres mi Dios y en ti confío''. Podemos repetirlo juntos: ''Tú eres mi Dios y en ti confío''.

''¿Se animan a repetirlo juntos? Tres veces -invitó el Papa a las decenas de miles de personas reunidas en el área campestre de Ecatepec-: ''Tu eres mi Dios y en ti confío''.


Y después de escuchar la respuesta de la multitud, Francisco concluyó : Que en esta eucaristía el Espíritu Santo renueve en nosotros la certeza de que su nombre es misericordia, y nos haga experimentar cada día que ''el Evangelio llena el corazón y la vida de los que se encuentran con Jesús... sabiendo que con Él y en Él siempre nace y renace la alegría''.

Ángelus: La acción de gracias nace en un pueblo capaz de hacer memoria


Ciudad del Vaticano, 15 de febrero de 2016 (Vis).-Una vez acabada la misa, el Papa invitó a sus participantes a rezar con el el Ángelus y a reflexionar, antes de la oración mariana, sobre la primera lectura de ayer domingo cuando Moisés se dirige a su pueblo en el momento de la cosecha y de la abundancia para recordarle que no se olvide de su orígenes, es decir ni de su procedencia ni de las dificultades que han tenido que atravesar.

''La acción de gracias nace y crece en una persona y en un pueblo que sea capaz de hacer memoria -explicó Francisco- Tiene sus raíces en el pasado, que entre luces y sombras fue gestando el presente. En este día de fiesta, en este día podemos celebrar lo bueno que el Señor ha sido con nosotros. Damos gracias por la oportunidad de estar reunidos presentándole al Buen Padre las primicias de nuestros hijos, nietos, de nuestros sueños y proyectos. Las primicias de nuestras culturas, de nuestras lenguas y de nuestras tradiciones. Las primicias de nuestros desvelos''.

''¡Cuánto ha tenido que pasar cada uno de ustedes para llegar hasta acá -exclamó- cuánto han tenido que ''caminar'' para hacer de este día una fiesta, una acción de gracias. Cuánto han caminado otros que no han podido llegar pero gracias a ellos nosotros hemos podido seguir andando. Hoy, siguiendo la invitación de Moisés, queremos como pueblo hacer memoria, queremos ser el pueblo de la memoria viva del paso de Dios por su Pueblo, en su Pueblo. Queremos mirar a nuestros hijos sabiendo que heredarán no sólo una tierra, una lengua, una cultura y una tradición, sino que heredarán también el fruto vivo de la fe que recuerda el paso seguro de Dios por esta tierra. La certeza de su cercanía y de su solidaridad. Una certeza que nos ayuda a levantar la cabeza y esperar con ganas la aurora''.

''Con ustedes, también me uno a esta memoria agradecida. A este recuerdo vivo del paso de Dios por sus vidas. Mirando a sus hijos no puedo no dejar de hacer mías las palabras que un día les dirigió el beato Pablo VI al pueblo mexicano: ''Un cristiano no puede menos que demostrar su solidaridad ... para solucionar la situación de aquellos a quienes aún no ha llegado el pan de la cultura o la oportunidad de un trabajo honorable, … no puede quedar insensible mientras las nuevas generaciones no encuentren el cauce para hacer realidad sus legítimas aspiraciones''. Y luego, prosigue el beato Pablo VI con una invitación a ''estar siempre en primera línea en todos los esfuerzos ... para mejorar la situación de los que sufren necesidad'', a ver ''en cada hombre un hermano y, en cada hermano a Cristo''.

Después de citar a su antecesor, Francisco invitó al pueblo mexicano a estar nuevamente hoy ''en primera línea, a primerear en todas las iniciativas que ayuden a hacer de esta bendita tierra mexicana una tierra de oportunidad. Donde no haya necesidad de emigrar para soñar; donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar; donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos. Una tierra que no tenga que llorar a hombres y mujeres, a jóvenes y niños que terminan destruidos en las manos de los traficantes de la muerte''.


''Esta tierra tiene sabor a Guadalupana -finalizó el Obispo de Roma- la que siempre Madre se nos adelantó en el amor, y digámosle desde el corazón: Virgen Santa, ''ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz'' .

Curar no solo con medicamentos sino también con ''cariñoterapia''


Ciudad del Vaticano, 15 febrero 2016 (VIS).- Ayer tarde, alrededor de las 16.30, hora local, el Santo Padre se desplazó al helipuerto de Ecatepec y desde allí en helicóptero hasta el Campo Militar ''Marte'' para visitar el hospital pediátrico Federico Gómez, que ya en 1979 fue visitado por Juan Pablo II y que cada día ofrece asistencia a unos ochocientos niños.

El Papa encontró a los pequeños del hospital y les habló de cuando los padres de Jesús le llevaron al templo para presentárselo a Dios. ''Allí se encuentran con un anciano llamado Simeón que, cuando lo ve, muy decidido y con mucha alegría y gratitud, lo toma en brazos y comienza a bendecir a Dios. Ver al niño Jesús provocó en él dos cosas: un sentimiento de agradecimiento y las ganas de bendecir. Simeón es el abuelo -vice- que nos enseña esas dos actitudes fundamentales: la de agradecer y a su vez bendecir''.

''Yo acá, y no sólo por la edad -confesó- me siento muy cercano a estas dos enseñanzas de Simeón. Por un lado, al cruzar esa puerta y ver sus ojos, sus sonrisas, sus rostros generó ganas de dar gracias. Gracias por el cariño que tienen en recibirme; gracias por ver el cariño con que se los cuida y acompaña. Gracias por el esfuerzo de tantos que están haciendo lo mejor para que puedan recuperarse rápido. Es tan importante sentirse cuidados y acompañados, sentirse queridos y saber que están buscando la mejor manera de cuidarnos, por todas esas personas digo: ¡Gracias!... Quiero pedirle a Dios -continuó- que los bendiga, los acompañe a ustedes y a sus familias, a todas las personas que trabajan en esta casa y buscan que esas sonrisas sigan creciendo cada día. A todas las personas que no sólo con medicamentos sino que con ''la cariñoterapia'' ayudan a que este tiempo sea vivido con mayor alegría''.

Francisco les preguntó si conocían al indio Juan Diego y les contó que ''cuando el tío de Juanito estaba enfermo, él estaba muy preocupado y angustiado. En ese momento, se aparece la Virgencita de Guadalupe y le dice: ''No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?''. Tenemos a nuestra Madre -añadió-, pidámosle para que ella nos regale a su Hijo Jesús''. El Pontífice animó a los niños a cerrar los ojos y pedir lo que sus corazones quisieran, y rezó con los pequeños un Ave María. Antes de transferirse a la nunciatura apostólica visitó la Unidad de Hematología-Oncología (ludoteca y departamento de quimioterapia) y, posteriormente, en forma privada, subió a la segunda planta para saludar a los niños que están internados.


Hoy por la mañana, a las 7.00 hora local ( las 14.00 en Roma) el Papa se trasladará en avión, desde el aeropuerto Internacional ''Benito Juárez'' de Ciudad del México a Tuxtla Gutiérrez, y desde allí en helicóptero hasta San Cristóbal de las Casas donde celebrará la eucaristía en el Centro Deportivo municipal y encontrará a la comunidad indígena de Chiapas.

Declaración de la la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores


Ciudad del Vaticano, 15 de febrero de 2016 (Vis).- El Cardinal Sean O'Malley, OFM Cap, Presidente de la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores junto a los otros Miembros ha emitido hoy la siguiente declaración acerca de la obligación de denunciar a las autoridades civiles cualquier sospecha de abuso sexual:

Como ha afirmado claramente el Papa Francisco: ''Los crímenes y pecados de los abusos sexuales a menores no pueden ser mantenidos en secreto por más tiempo. Me comprometo a la celosa vigilancia de la Iglesia para proteger a los menores y prometo que todos los responsables rendirán cuenta''. Nosotros, el Presidente y los miembros de la Comisión, queremos afirmar que nuestras obligaciones por cuanto concierne a la ley civil, deben ser sin duda respetadas, pero también que más allá de estos vínculos, todos tenemos la responsabilidad moral y ética de denunciar los presuntos abusos a las autoridades civiles que tienen la tarea de proteger a nuestra sociedad".

El Cardenal O’Malley precisa que en Estados Unidos, la Charter de los Obispos indica claramente la obligación de todas las diócesis o eparquías y de todo el personal de denunciar las sospechas de abuso a las autoridades públicas. Todos los años, durante la reunión de noviembre, en una sesión formativa para los nuevos Obispos, se reafirma dicha obligación y todos los meses de febrero , la segunda Conferencia propone un programa de formación para los nuevos Obispos donde se reitera clara y explícitamente ese deber. ''Como Comisión consultiva del Santo Padre para la protección de los menores – dice el cardenal- hemos presentado recientemente al Papa un amplio panorama de las iniciativas de educación de la Comisión para las Iglesias locales durante los últimos dos años, y reafirmado la voluntad de sus miembros de ofrecer material para los cursos que se desarrollan en Roma, incluyendo, entre otros, el programa anual de formación para los nuevos Obispos y para las oficinas de la Curia romana para que puedan utilizarlos en sus esfuerzos encaminados a la protección de los menores.”


domingo, 14 de febrero de 2016

La cultura ancestral y el capital humano de México son la base para un compromiso solidario


Ciudad del Vaticano, 14 de febrero de 2016 (Vis).-''Vengo como misionero de misericordia y paz pero también como hijo que quiere rendir homenaje a su madre, la Virgen de Guadalupe, y dejarse mirar por ella. Buscando ser buen hijo, siguiendo las huellas de la madre, quiero, a su vez, rendirle homenaje a este pueblo y a esta tierra tan rica en culturas, historia y diversidad''. Estas fueron las palabras del Papa Francisco en su primer discurso pronunciado en tierra mexicana ante las autoridades y los representantes de la sociedad civil reunidos en el Palacio Nacional de Ciudad del México donde el Santo Padre fue recibido por el Presidente Enrique Peña Nieto con quien se había entrevistado previamente regalándole un mosaico de Nuestra Señora de Guadalupe realizado por los artistas mosaicistas del Estudio del Mosaico Vaticano.

''México es un gran País -exclamó Franciscso- Bendecido con abundantes recursos naturales y una enorme biodiversidad que se extiende a lo largo de todo su vasto territorio. Su privilegiada ubicación geográfica lo convierte en un referente de América; y sus culturas indígenas, mestizas y criollas, le dan una identidad propia que le posibilita una riqueza cultural no siempre fácil de encontrar y especialmente valorar. La sabiduría ancestral que porta su multiculturalidad es, por lejos, uno de sus mayores recursos biográficos. Una identidad que fue aprendiendo a gestarse en la diversidad y, sin lugar a dudas, constituye un patrimonio rico a valorar, estimular y cuidar.

Pero, para el Papa la principal riqueza de México hoy tiene rostro joven porque poco más de la mitad de la población está en edad juvenil. ''Esto permite pensar y proyectar un futuro, un mañana, da esperanza y proyección -afirmó el Pontífice- Un pueblo con juventud es un pueblo capaz de renovarse, transformarse; es una invitación a alzar con ilusión la mirada hacia el futuro y, a su vez, nos desafía positivamente en el presente. Esta realidad nos lleva inevitablemente a reflexionar sobre la propia responsabilidad a la hora de construir el México que queremos, el México que deseamos legar a las generaciones venideras. También a darnos cuenta de que un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común, este ''bien común'' que en este siglo XXI no goza de buen mercado. La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo''.

Francisco subrayó que el pueblo mexicano afianza su esperanza ''en la identidad que ha sido forjada en duros y difíciles momentos de su historia por grandes testimonios de ciudadanos que han comprendido que, para poder superar las situaciones nacidas de la cerrazón del individualismo, era necesario el acuerdo de las Instituciones políticas, sociales y de mercado, y de todos los hombres y mujeres que se comprometen en la búsqueda del bien común y en la promoción de la dignidad de la persona. Una cultura ancestral y un capital humano esperanzador, como el vuestro, tiene que ser la fuente de estímulo para que encontremos nuevas formas de diálogo, de negociación, de puentes capaces de guiarnos por la senda del compromiso solidario. Un compromiso en el que todos, comenzando por los que nos llamamos cristianos, nos entreguemos a la construcción de ''una política auténticamente humana'' y una sociedad en la que nadie se sienta víctima de la cultura del descarte''.

''A los dirigentes de la vida social, cultural y política -agregó- les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, en su familia y en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz. Esto no es sólo un asunto de leyes que requieran de actualizaciones y mejoras —siempre necesarias—, sino de una urgente formación de la responsabilidad personal de cada uno, con pleno respeto del otro como corresponsable en la causa común de promover el desarrollo nacional. Es una tarea que involucra a todo el pueblo mexicano en las distintas instancias tanto públicas como privadas, tanto colectivas como individuales''.

El Papa aseguró al Presidente Nieto que, en ese esfuerzo, el Gobierno mexicano ''puede contar con la colaboración de la Iglesia católica, que ha acompañado la vida de esta Nación y que renueva su compromiso y voluntad de servicio a la gran causa del hombre: la edificación de la civilización del amor''.


''Me dispongo a recorrer este hermoso y gran País como misionero y peregrino que quiere renovar con ustedes la experiencia de la misericordia como un nuevo horizonte de posibilidad que es inevitablemente portador de justicia y de paz -finalizó- Y me pongo bajo la mirada de María, la Virgen de Guadalupe, le pido que me mire, para que, por su intercesión, el Padre misericordioso nos conceda que estas jornadas y el futuro de esta tierra sean una oportunidad de encuentro, de comunión y de paz''.

A los obispos de México: Tienen la misión de ceñir toda la Nación mexicana con la fecundidad de Dios.


Ciudad del Vaticano, 14 de febrero de 2016 (Vis).-Desde el Palacio Nacional el Papa se trasladó ayer en papamóvil a la cercana Plaza de la Constitución -conocida también como ''Zócalo'' y lugar altamente simbólico porque surge sobre los restos del antiguo centro político y religioso de la capital del imperio azteca Tenochtitlán- donde está la Catedral de la Asunción. El templo, construido en roca volcánica, se yergue sobre el lugar ocupado por un templo dedicado a la divinidad azteca Xipe. Hernán Cortés hizo construir alli una iglesia con el material de los antiguos santuarios y el Papa Clemente VII la declara catedral en 1530, mientras su sucesor, Pablo III la eleva a ''metropolitana'' en 1567. La construcción del templo actual comienza en 1657 pero se concluye solamente en 1813.

El Santo Padre habló a los obispos manifestando ante todo su alegría por poder posar la propia mirada sobre la ''Virgen Morenita'' y por encontrarse en la catedral ''casita'' prolongada, pero siempre ''sagrada'', dijo, que pidió la Virgen de Guadalupe.

''Porque sé que aquí se halla el corazón secreto de cada mexicano -afirmó- entro con pasos suaves como corresponde entrar en la casa y en el alma de este pueblo y estoy profundamente agradecido por abrirme la puerta. Sé que mirando los ojos de la Virgen alcanzo la mirada de su gente que, en Ella, ha aprendido a manifestarse. Sé que ninguna otra voz puede hablar así tan profundamente del corazón mexicano como me puede hablar la Virgen; Ella custodia sus más altos deseos y sus más recónditas esperanzas. Ella recoge sus alegrías y sus lágrimas.Ella comprende sus numerosos idiomas y les responde con ternura de Madre porque son sus propios hijos''.

El Papa pidió a los presentes que le permitieran hablar partiendo de la Guadalupana, de la mirada de la Virgen de Guadalupe: una mirada de ternura, una mirada capaz de tejer, una mirada atenta y cercana, no adormecida y también una mirada de conjunto y unidad. Así, todo el discurso de Francisco al episcopado partió de estas características, aplicadas de vez en vez a las necesidades y esperanzas de los mexicanos, desde la reconciliación del pasado con un futuro relegado a un ''mañana que se escabulle'', hasta la denuncia de la violencia y el narcotráfico, sin olvidar la mirada especial para las poblaciones amerindias ni la que sigue a los miles de migrantes.

Sigue el texto del discurso del Papa:

Una mirada de ternura

Ante todo, la ''Virgen Morenita'' nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios. Aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de su misericordia.

Un inquieto y notable literato de esta tierra dijo que en Guadalupe ya no se pide la abundancia de las cosechas o la fertilidad de la tierra, sino que se busca un regazo en el cual los hombres, siempre huérfanos y desheredados, están en la búsqueda de un resguardo, de un hogar.Transcurridos siglos del evento fundante de este País y de la evangelización del Continente, ¿acaso se ha diluido, se ha olvidado, la necesidad de regazo que anhela el corazón del pueblo que se les ha confiado a ustedes?

Conozco la larga y dolorosa historia que han atravesado, no sin derramar tanta sangre, no sin impetuosas y desgarradoras convulsiones, no sin violencia e incomprensiones. Con razón mi venerado y santo Predecesor, que en México estaba como en su casa, ha querido recordar que: ''Como ríos a veces ocultos y siempre caudalosos, tres realidades que unas veces se encuentran y otras revelan sus diferencias complementarias, sin jamás confundirse del todo: la antigua y rica sensibilidad de los pueblos indígenas que amaron Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, a quienes muchos de estos pueblos siguen llamando padres; el cristianismo arraigado en el alma de los mexicanos; y la moderna racionalidad de corte europeo que tanto ha querido enaltecer la independencia y la libertad''. Y en esta historia, el regazo materno que continuamente ha generado a México, aunque a veces pareciera una ''red que recogía ciento cincuenta y tres peces'' no se demostró jamás infecundo, y las amenazantes fracturas se recompusieron siempre.

Por eso, les invito a partir nuevamente de esta necesidad de regazo que promana del alma de vuestro pueblo. El regazo de la fe cristiana es capaz de reconciliar el pasado, frecuentemente marcado por la soledad, el aislamiento y la marginación, con el futuro continuamente relegado a un mañana que se escabulle. Sólo en aquel regazo se puede, sin renunciar a la propia identidad, ''descubrir la profunda verdad de la nueva humanidad, en la cual todos están llamados a ser hijos de Dios''.

Reclínense pues, hermanos, con delicadeza y respeto, sobre el alma profunda de su gente, desciendan con atención y descifren su misterioso rostro. El presente, frecuentemente disuelto en dispersión y fiesta, ¿ acaso no es también propedéutico a Dios que es sólo y pleno presente? ¿La familiaridad con el dolor y la muerte no son formas de coraje y caminos hacia la esperanza? La percepción de que el mundo sea siempre y solamente para redimir, ¿no es antídoto a la autosuficiencia prepotente de cuantos creen poder prescindir de Dios?

Naturalmente, por todo esto se necesita una mirada capaz de reflejar la ternura de Dios. Sean por lo tanto Obispos de mirada limpia, de alma trasparente, de rostro luminoso. No tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los ''carros y caballos'' de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la ''columna de fuego'' que rompe dividiendo en dos las marejadas del mar, sin hacer grande rumor.

El mundo en el cual el Señor nos llama a desarrollar nuestra misión se ha vuelto muy complejo. Y aunque la prepotente idea del ''cogito'', que no negaba que hubiese al menos una roca sobre la arena del ser, hoy está dominada por una concepción de la vida, considerada por muchos, más que nunca, vacilante, errabunda y anómica, porque carece de sustrato sólido. Las fronteras, tan intensamente invocadas y sostenidas, se han vuelto permeables a la novedad de un mundo en el cual la fuerza de algunos ya no puede sobrevivir sin la vulnerabilidad de otros. La irreversible hibridación de la tecnología hace cercano lo que está lejano pero, lamentablemente, hace distante lo que debería estar cerca. Y, precisamente en este mundo así, Dios les pide tener una mirada capaz de interceptar la pregunta que grita en el corazón de vuestra gente, la única que posee en el propio calendario una ''fiesta del grito''. A ese grito es necesario responder que Dios existe y está cerca a través de Jesús. Que sólo Dios es la realidad sobre la cual se puede construir, porque ''Dios es la realidad fundante, no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano''.

En las miradas de ustedes, el Pueblo mexicano tiene el derecho de encontrar las huellas de quienes ''han visto al Señor'' , de quienes han estado con Dios. Esto es lo esencial. No pierdan, entonces, tiempo y energías en las cosas secundarias, en las habladurías e intrigas, en los vanos proyectos de carrera, en los vacíos planes de hegemonía, en los infecundos clubs de intereses o de consorterías. No se dejen arrastrar por las murmuraciones y las maledicencias. Introduzcan a sus sacerdotes en esta comprensión del sagrado ministerio. A nosotros, ministros de Dios, basta la gracia de ''beber el cáliz del Señor'', el don de custodiar la parte de su heredad que se nos ha confiado, aunque seamos inexpertos administradores. Dejemos al Padre asignarnos el puesto que nos tiene preparado . ¿Acaso podemos estar de verdad ocupados en otras cosas si no es en las del Padre? Fuera de las ''cosas del Padre'' perdemos nuestra identidad y, culpablemente, hacemos vana su gracia.

Si nuestra mirada no testimonia haber visto a Jesús, entonces las palabras que recordamos de Él resultan solamente figuras retóricas vacías. Quizás expresen la nostalgia de aquellos que no pueden olvidar al Señor, pero de todos modos son sólo el balbucear de huérfanos junto al sepulcro. Palabras finalmente incapaces de impedir que el mundo quede abandonado y reducido a la propia potencia desesperada. Pienso en la necesidad de ofrecer un regazo materno a los jóvenes. Que vuestras miradas sean capaces de cruzarse con las miradas de ellos, de amarlos y de captar lo que ellos buscan, con aquella fuerza con la que muchos como ellos han dejado barcas y redes sobre la otra orilla del mar, han abandonado bancos de extorsiones con tal de seguir al Señor de la verdadera riqueza. Me preocupan tantos que, seducidos por la potencia vacía del mundo, exaltan las quimeras y se revisten de sus macabros símbolos para comercializar la muerte en cambio de monedas que, al final, ''la polilla y el óxido echan a perder, y por lo que los ladrones perforan muros y roban'' . Les ruego no minusvalorar el desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa para la juventud y para la entera sociedad mexicana, comprendida la Iglesia.

La proporción del fenómeno, la complejidad de sus causas, la inmensidad de su extensión, como metástasis que devora, la gravedad de la violencia que disgrega y sus trastornadas conexiones, no nos consienten a nosotros, Pastores de la Iglesia, refugiarnos en condenas genéricas, formas de nominalismo, sino que exigen un coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral para contribuir, gradualmente, a entretejer aquella delicada red humana, sin la cual todos seríamos desde el inicio derrotados por tal insidiosa amenaza. Sólo comenzando por las familias; acercándonos y abrazando la periferia humana y existencial de los territorios desolados de nuestras ciudades; involucrando las comunidades parroquiales, las escuelas, las instituciones comunitarias, la comunidades políticas, las estructuras de seguridad; sólo así se podrá liberar totalmente de las aguas en las cuales lamentablemente se ahogan tantas vidas, sea la vida de quien muere como víctima, sea la de quien delante de Dios tendrá siempre las manos manchadas de sangre, aunque tenga los bolsillos llenos de dinero sórdido y la conciencia anestesiada.

Una mirada capaz de tejer

En el manto del alma mexicana Dios ha tejido, con el hilo de las huellas mestizas de su gente, el rostro de su manifestación en la ''Morenita''. Dios no necesita de colores apagados para diseñar su rostro. Los diseños de Dios no están condicionados por los colores y por los hilos, sino que están determinados por la irreversibilidad de su amor que quiere persistentemente imprimirse en nosotros. Sean, por tanto, Obispos capaces de imitar esta libertad de Dios eligiendo cuanto es humilde para hacer visible la majestad de su rostro y de copiar esta paciencia divina en tejer, con el hilo fino de la humanidad que encuentren, aquel hombre nuevo que su país espera. No se dejen llevar por la vana búsqueda de cambiar de pueblo, como si el amor de Dios no tuviese bastante fuerza para cambiarlo.

Redescubran pues la sabia y humilde constancia con que los Padres de la fe de esta Patria han sabido introducir a las generaciones sucesivas en la semántica del misterio divino. Primero aprendiendo y, luego, enseñando la gramática necesaria para dialogar con aquel Dios, escondido en los siglos de su búsqueda y hecho cercano en la persona de su Hijo Jesús, que hoy tantos reconocen en la imagen ensangrentada y humillada, como figura del propio destino. Imiten su condescendencia y su capacidad de reclinarse. No comprenderemos jamás bastante el hecho de que con los hilos mestizos de nuestra gente Dios entretejió el rostro con el cual se da a conocer. Nunca seremos suficientemente agradecidos a este inclinarse a esta ''sincatábasis''.

Una mirada de singular delicadeza les pido para los pueblos indígenas, para ellos y sus fascinantes, y no pocas veces masacradas culturas. México tiene necesidad de sus raíces amerindias para no quedarse en un enigma irresuelto. Los indígenas de México aún esperan que se les reconozca efectivamente la riqueza de su contribución y la fecundidad de su presencia, para heredar aquella identidad que les convierte en una Nación única y no solamente una entre otras.

Se ha hablado muchas veces del presunto destino incumplido de esta Nación, del ''laberinto de la soledad'' en el cual estaría aprisionada, de la geografía como destino que la entrampa. Para algunos, todo esto sería obstáculo para el diseño de un rostro unitario, de una identidad adulta, de una posición singular en el concierto de las naciones y de una misión compartida. Para otros, también la Iglesia en México estaría condenada a escoger entre sufrir la inferioridad en la cual fue relegada en algunos períodos de su historia, como cuando su voz fue silenciada y se buscó amputar su presencia, o aventurarse en los fundamentalismos para volver a tener certezas provisorias, -como aquel ''cogito'' famoso- olvidándose de tener anidada en su corazón la sed de Absoluto y ser llamada en Cristo a reunir a todos y no sólo una parte. No se cansen en cambio de recordarle a su Pueblo cuánto son potentes las raíces antiguas, que han permitido la viva síntesis cristiana de comunión humana, cultural y espiritual que se forjó aquí. Recuerden que las alas de su Pueblo ya se han desplegado varias veces por encima de no pocas vicisitudes. Custodien la memoria del largo camino hasta ahora recorrido -sean deuteronómicos- y sepan suscitar la esperanza de nuevas metas, porque el mañana será una tierra ''rica de frutos'' aunque nos plantee desafíos no indiferentes.

Que las miradas de ustedes, reposadas siempre y solamente en Cristo, sean capaces de contribuir a la unidad de su Pueblo; de favorecer la reconciliación de sus diferencias y la integración de sus diversidades; de promover la solución de sus problemas endógenos; de recordar la medida alta que México puede alcanzar si aprende a pertenecerse a sí mismo antes que a otros; de ayudar a encontrar soluciones compartidas y sostenibles para sus miserias; de motivar a la entera Nación a no contentarse con menos de cuanto se espera del modo mexicano de habitar el mundo.

Una mirada atenta y cercana, no adormecida

Les ruego no caer en la paralización de dar viejas respuestas a las nuevas demandas. Vuestro pasado es un pozo de riquezas donde excavar, que puede inspirar el presente e iluminar el futuro. ¡Ay de ustedes si se duermen en sus laureles! Es necesario no desperdiciar la herencia recibida, custodiándola con un trabajo constante. Están asentados sobre espaldas de gigantes: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, fieles ''hasta el final'', que han ofrecido la vida para que la Iglesia pudiese cumplir la propia misión. Desde lo alto de ese podio están llamados a lanzar una mirada amplia sobre el campo del Señor para planificar la siembra y esperar la cosecha.

Los invito a cansarse, a cansarse sin miedo en la tarea de evangelizar y de profundizar la fe mediante una catequesis mistagógica que sepa atesorar la religiosidad popular de su gente. Nuestro tiempo requiere atención pastoral a las personas y a los grupos, que esperan poder salir al encuentro del Cristo vivo. Solamente una valerosa conversión pastoral – y subrayo conversión pastoral- de nuestras comunidades puede buscar, generar y nutrir a los actuales discípulos de Jesús . Por tanto, es necesario para nosotros, pastores, superar la tentación de la distancia, y dejo a cada uno de ustedes que haga el catálogo de las distancias que pueden existir en esta Conferencia Episcopal; no las conozco, pero superar la tentación de la distancia y del clericalismo, de la frialdad y de la indiferencia, del comportamiento triunfal y de la autoreferencialidad. Guadalupe nos enseña que Dios es familiar, cercano, en su rostro, que la proximidad y la condescendencia, ese agacharse y acercarse, pueden más que la fuerza, que cualquier tipo de fuerza.

Como enseña la bella tradición guadalupana, la ''Morenita'' custodia las miradas de aquellos que la contemplan, refleja el rostro de aquellos que la encuentran. Es necesario aprender que hay algo de irrepetible en cada uno de aquellos que nos miran en la búsqueda de Dios. Toca a nosotros no volvernos impermeables a tales miradas. Custodiar en nosotros a cada uno de ellos, conservarlos en el corazón, resguardarlos.

Sólo una Iglesia que sepa resguardar el rostro de los hombres que van a tocar a su puerta es capaz de hablarles de Dios. Si no desciframos sus sufrimientos, si no nos damos cuenta de sus necesidades, nada podremos ofrecerles. La riqueza que tenemos fluye solamente cuando encontramos la poquedad de aquellos que mendigan y, precisamente, este encuentro se realiza en nuestro corazón de Pastores.

El primer rostro que les suplico custodien en su corazón es el de sus sacerdotes. No los dejen expuestos a la soledad y al abandono, presa de la mundanidad que devora el corazón. Estén atentos y aprendan a leer sus miradas para alegrarse con ellos cuando sientan el gozo de contar cuanto ''han hecho y enseñado'', y también para no echarse atrás cuando se sienten un poco rebajados y no puedan hacer otra cosa que llorar porque ''han negado al Señor'' , y también para sostener, en comunión con Cristo, cuando alguno, abatido, saldrá con Judas ''en la noche'' . En estas situaciones, que nunca falte la paternidad de ustedes, Obispos, para con sus sacerdotes. Animen la comunión entre ellos; hagan perfeccionar sus dones; intégrenlos en las grandes causas, porque el corazón del apóstol no fue hecho para cosas pequeñas.

La necesidad de familiaridad habita en el corazón de Dios. Nuestra Señora de Guadalupe pide, pues, únicamente una ''casita sagrada''. Nuestros pueblos latinoamericanos entienden bien el lenguaje diminutivo -una casita sagrada- y de muy buen grado lo usan. Quizá tienen necesidad del diminutivo porque de otra forma se sentirían perdidos. Se adaptaron a sentirse disminuidos y se acostumbraron a vivir en la modestia. La Iglesia, cuando se congrega en una majestuosa Catedral, no podrá hacer menos que comprenderse como una ''casita'' en la cual sus hijos pueden sentirse a su propio gusto. Delante de Dios sólo se permanece si se es pequeño, si se es huérfano, si se es mendicante. El protagonista de la salvación es el mendigo.''Casita'' familiar y al mismo tiempo ''sagrada'', porque la proximidad se llena de la grandeza omnipotente. Somos guardianes de este misterio. Tal vez hemos perdido este sentido de la humilde medida divina y nos cansamos de ofrecer a los nuestros la ''casita'' en la cual se sienten íntimos con Dios. Puede darse también que, habiendo descuidado un poco el sentido de su grandeza, se haya perdido parte del temor reverente hacia un tal amor. Donde Dios habita, el hombre no puede acceder sin ser admitido y entra solamente ''quitándose las sandalias'' para confesar la propia insuficiencia.

Este habernos olvidado de este ''quitarse las sandalias'' para entrar, ¿no está posiblemente en la raíz de la pérdida del sentido de la sacralidad de la vida humana, de la persona, de los valores esenciales, de la sabiduría acumulada a lo largo de los siglos, del respeto a la naturaleza? Sin rescatar, en la conciencia de los hombres y de la sociedad, estas raíces profundas, incluso al trabajo generoso en favor de los legítimos derechos humanos le faltará la savia vital que puede provenir sólo de un manantial que la humanidad no podrá darse jamás a sí misma.


Una mirada de conjunto y de unidad

Sólo mirando a la ''Morenita'', México se comprende por completo. Por tanto, les invito a comprender que la misión que la Iglesia hoy les confía y siempre les confío requiere esta mirada que abarque la totalidad. Y esto no puede realizarse aisladamente, sino sólo en comunión. La Guadalupana está ceñida de una cintura que anuncia su fecundidad. Es la Virgen que lleva ya en el vientre el Hijo esperado por los hombres. Es la Madre que ya gesta la humanidad del nuevo mundo naciente. Es la Esposa que prefigura la maternidad fecunda de la Iglesia de Cristo. Ustedes tienen la misión de ceñir toda la Nación mexicana con la fecundidad de Dios. Ningún pedazo de esta cinta puede ser despreciado.

El episcopado mexicano ha cumplido notables pasos en estos años conciliares; ha aumentado sus miembros; se ha promovido una permanente formación, continua y cualificada; el ambiente fraterno no faltó; el espíritu de colegialidad ha crecido; las intervenciones pastorales han influido sobre sus Iglesias y sobre la conciencia nacional; los trabajos pastorales compartidos han sido fructuosos en los campos esenciales de la misión eclesial como la familia, las vocaciones, la presencia social. Mientras nos alegramos por el camino de estos años, les pido que no se dejen desanimar por las dificultades y de no ahorrar todo esfuerzo posible por promover, entre ustedes y en sus diócesis, el celo misionero, sobre todo hacia las partes más necesitadas del único cuerpo de la Iglesia mexicana. Redescubrir que la Iglesia es misión es fundamental para su futuro, porque sólo el ''entusiasmo, el estupor convencido'' de los evangelizadores tiene la fuerza de arrastre. Les ruego, por tanto, cuidar especialmente la formación y la preparación de los laicos, superando toda forma de clericalismo e involucrándolos activamente en la misión de la Iglesia, sobre todo en el hacer presente, con el testimonio de la propia vida, el evangelio de Cristo en el mundo.

A este Pueblo mexicano, le ayudaría mucho un testimonio unificador de la síntesis cristiana y una visión compartida de la identidad y del destino de su gente. En este sentido, sería muy importante que la Pontificia Universidad de México esté cada vez más en el corazón de los esfuerzos eclesiales para asegurar aquella mirada de universalidad sin la cual la razón, resignada a módulos parciales, renuncia a su más alta aspiración de búsqueda de la verdad. La misión es vasta y llevarla adelante requiere múltiples caminos. Y, con más viva insistencia, los exhorto a conservar la comunión y la unidad entre ustedes.. Esto es esencial, hermanos. Esto no está en el texto pero me sale ahora. Si tienen que pelearse, peléense; si tienen que decirse cosas, se las digan; pero como hombres, en la cara, y como hombres de Dios que después van a rezar juntos, a discernir juntos. Y si se pasaron de la raya, a pedirse perdón, pero mantengan la unidad del cuerpo episcopal. Comunión y unidad entre ustedes. La comunión es la forma vital de la Iglesia y la unidad de sus Pastores da prueba de su veracidad. México, y su vasta y multiforme Iglesia, tienen necesidad de Obispos servidores y custodios de la unidad edificada sobre la Palabra del Señor, alimentada con su Cuerpo y guiada por su Espíritu, que es el aliento vital de la Iglesia.

No se necesitan ''príncipes'', sino una comunidad de testigos del Señor. Cristo es la única luz; es el manantial de agua viva; de su respiro sale el Espíritu, que despliega las velas de la barca eclesial. En Cristo glorificado, que la gente de este pueblo ama honrar como Rey, enciendan juntos la luz, cólmense de su presencia que no se extingue; respiren a pleno pulmón el aire bueno de su Espíritu. Toca a ustedes sembrar a Cristo sobre el territorio, tener encendida su luz humilde que clarifica sin ofuscar, asegurar que en sus aguas se colme la sed de su gente; extender las velas para que sea el soplo del Espíritu quien las despliegue y no encalle la barca de la Iglesia en México. Recuerden que la Esposa, la Esposa de cada uno de ustedes, la Madre Iglesia, sabe bien que el Pastor amado será encontrado sólo donde los pastos son herbosos y los riachuelos cristalinos. La Esposa desconfía de los compañeros del Esposo que, alguna vez por desidia o incapacidad, conducen la grey por lugares áridos y llenos de peñascos. ¡Ay de nosotros pastores, compañeros del Supremo Pastor, si dejamos vagar a su Esposa porque en la tienda que nos hicimos el Esposo no se encuentra!

Permítanme una última palabra para expresar el aprecio del Papa por todo cuanto están haciendo para afrontar el desafío de nuestra época representada en las migraciones. Son millones los hijos de la Iglesia que hoy viven en la diáspora o en tránsito, peregrinando hacia el norte en búsqueda de nuevas oportunidades. Muchos de ellos dejan atrás las propias raíces para aventurarse, aun en la clandestinidad que implica todo tipo de riesgos, en búsqueda de la ''luz verde'' que juzgan como su esperanza. Tantas familias se dividen; y no siempre la integración en la presunta ''tierra prometida'' es tan fácil como se piensa. Hermanos, que sus corazones sean capaces de seguirlos y alcanzarlos más allá de las fronteras. Refuercen la comunión con sus hermanos del episcopado estadounidense, para que la presencia materna de la Iglesia mantenga viva las raíces de su fe, de la fe de ese pueblo, las razones de sus esperanzas y la fuerza de su caridad. Que no les suceda a ellos que, colgando sus cítaras, se enmudezcan sus alegrías, olvidándose de Jerusalén y convirtiéndose en ''exilados de sí mismos''. Testimonien juntos que la Iglesia es custodia de una visión unitaria del hombre y no puede compartir que sea reducido a un mero ''recurso'' humano. No será vana la premura de sus diócesis en el echar el poco bálsamo que tienen en los pies heridos de quien atraviesa sus territorios y de gastar por ellos el dinero duramente colectado; el Samaritano divino, al final, enriquecerá a quien no pasó indiferente ante Él cuando estaba caído sobre el camino .


Queridos hermanos, el Papa está seguro de que México y su Iglesia llegarán a tiempo a la cita consigo mismos, con la historia, con Dios. Tal vez alguna piedra en el camino retrasa la marcha, y la fatiga del trayecto exigirá alguna parada, pero no será jamás bastante para hacer perder la meta. Porque, ¿puede llegar tarde quien tiene una Madre que lo espera? ¿Quien continuamente puede sentir resonar en el propio corazón ''no estoy aquí, Yo, que soy tu Madre''?.

Misa en la basílica de Guadalupe: Dios despierta la esperanza de los descartados


Ciudad del Vaticano, 14 de febrero de 2016 (Vis).-La jornada del Papa concluyó ayer con la celebración de la santa misa en la basílica de Nuestra Señora de Gudalupe, el principal santuario de México y el santuario mariano más grande del mundo al que acuden cada año más de 20 millones de peregrinos. El santuario surge, según la tradición, tras las cinco apariciones de la Virgen -entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531- al indio Juan Diego, que con su tío Juan Bernardino, fue uno de los primeros nativos convertidos al cristianismo en 1521. El nombre Guadalupe se deriva de la deformación de la palabra indígena Coatlaxopeuh (Vencedora de la serpiente). La Virgen de Guadalupe fue proclamada Patrona de México en 1737, Patrona y Emperadora de las Américas en 1910 y de Filipinas en 1935. Por ese motivo ante la basílica están izadas las 24 banderas de los países americanos y de Filipinas.

En el santuario se venera la imagen milagrosa de la Virgen impresa en la tilma, una capa de fibra de cactus, de Juan Diego, cuya simbología es altamente significativa. Del viente de María irradian luces y llamas: es la madre del Niño Sol. Los rasgos del rostro de la Virgen no son ni de española ni de india, sino de mestiza. Tiene los pies sobre la luna y la pierna izquierda, en flexión, indica el camino (pergrinación) y la danza( fiesta en las culturas precolombinas). Su túnica es de color rosa con extrañas flores superpuestas, una de las más pequeñas con cuatro pétalos y colocada en el vientre de la imagen representa en las culturas indígenas la presencia divina, el origen de la vida. También lleva un colgante, una cruz que siempre en las culturas indígenas mesoamericanas tenía el mismo significado que la flor: plenitud e inmortalidad, que para los cristianos se traduce en signo de redención. El manto verdeazulado , color del jade y de la turquesa, símbolos de realeza y virginidad, está cuajado de estrellas cuya distribución no es casual: es el mapa del cielo del invierno de 1521, año de las apariciones de María.

La basílica actual, conocida como ''Basílica nueva de Santa María de Guadalupe'', que alberga la imagen y tiene cabida en su interior para 12.000 personas, mientras la explanada externa puede acoger a otras 30.000, se inauguró el 12 de octubre de 1976 y fue edificada para sustituir al primer templo construido en el siglo XVII, que a causa del peso se estaba derrumbando. La basílica antigua, actualmente sometida a un complejo proceso de restauración, está dedicada a Cristo Rey. El complejo del santuario también comprende la Capilla de las Rosas, donde la Virgen se encontró por primera vez con Juan Diego y brotaron las rosas que el indio llevó a la presencia de Fray Juan de Zumárraga como señal de su aparición y la Capilla del Pocito, edificada sobre una fuente de aguas curativas .

El Papa que había recorrido en papamóvil - aclamado por decenas de miles de fieles, los 16 kilométros que separan la capital mexicana del cerro de Tepeyac, donde está el santuario, llegó a la basílica antigua a las 16,45 (hora local, 23,45 hora de Roma) y desde allí fue en procesión a la nueva basílica donde presidió la santa misa a la que asistieron más de 35.000 personas.
En su homilía, Francisco, comentando el evangelio de la Visitación, recordó que María fue a visitar a su prima Isabel, ''sin demoras, sin dudas, sin lentitud'', subrayando que el encuentro con el ángel a María ''no la detuvo, porque no se sintió privilegiada, ni que tenía que apartarse de la vida de los suyos. Al contrario, reavivó y puso en movimiento una actitud por la que María es y será reconocida siempre como la mujer del ''sí'', un sí de entrega a Dios y, en el mismo momento, un sí de entrega a sus hermanos. Es el sí que la puso en movimiento para dar lo mejor de ella yendo en camino al encuentro con los demás''.

''Escuchar este pasaje evangélico en esta casa tiene un sabor especial -señaló Francisco- María, la mujer del sí, también quiso visitar los habitantes de estas tierras de América en la persona del indio san Juan Diego. Así como se movió por los caminos de Judea y Galilea, de la misma manera caminó al Tepeyac, con sus ropas, usando su lengua, para servir a esta gran Nación. Así como acompañó la gestación de Isabel, ha acompañado y acompaña la gestación de esta bendita tierra mexicana. Así como se hizo presente al pequeño Juanito, de esa misma manera se sigue haciendo presente a todos nosotros; especialmente a aquellos que como él sienten ''que no valían nada''.Esta elección particular, digamos preferencial, no fue en contra de nadie sino a favor de todos. El pequeño indio Juan, que se llamaba así mismo como ''mecapal, cacaxtle, cola, ala, sometido a cargo ajeno'' se volvía ''el embajador, muy digno de confianza''.

''En aquel amanecer de diciembre de 1531-rememoró- se producía el primer milagro que luego será la memoria viva de todo lo que este Santuario custodia. En ese amanecer, en ese encuentro, Dios despertó la esperanza de su hijo Juan, la esperanza de su Pueblo. En ese amanecer Dios despertó y despierta la esperanza de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras. En ese amanecer, Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos''.

En ese amanecer, ''Juancito experimenta en su propia vida lo que es la esperanza, lo que es la misericordia de Dios. Él es elegido para supervisar, cuidar, custodiar e impulsar la construcción de este Santuario. En repetidas ocasiones le dijo a la Virgen que él no era la persona adecuada, al contrario, si quería llevar adelante esa obra tenía que elegir a otros ya que él no era ilustrado, letrado o perteneciente al grupo de los que podrían hacerlo. María, empecinada —con el empecinamiento que nace del corazón misericordioso del Padre— le dice: no, que él sería su embajador. Así logra despertar algo que él no sabía expresar, una verdadera bandera de amor y de justicia: en la construcción de ese otro santuario, el de la vida, el de nuestras comunidades, sociedades y culturas, nadie puede quedar afuera. Todos somos necesarios, especialmente aquellos que normalmente no cuentan por no estar a la ''altura de las circunstancias'' o no ''aportar el capital necesario'' para la construcción de las mismas. El Santuario de Dios es la vida de sus hijos, de todos y en todas sus condiciones, especialmente de los jóvenes sin futuro expuestos a un sinfín de situaciones dolorosas, riesgosas, y la de los ancianos sin reconocimiento, olvidados en tantos rincones. El santuario de Dios son nuestras familias que necesitan de los mínimos necesarios para poder construirse y levantarse. El santuario de Dios es el rostro de tantos que salen a nuestros caminos''.

''Al venir a este Santuario nos puede pasar lo mismo que le pasó a Juan Diego. Mirar a la Madre desde nuestros dolores, miedos, desesperaciones, tristezas y decirle: ''¿Qué puedo aportar si no soy un letrado?''. Miramos a la madre con ojos que dicen: son tantas las situaciones que nos quitan la fuerza, que hacen sentir que no hay espacio para la esperanza, para el cambio, para la transformación''

''Por eso -dijo Francisco- creo que hoy nos va a hacer bien un poco de silencio, y mirarla a ella, mirarla mucho y calmamente, y decirle como lo hizo aquel otro hijo que la quería mucho:

''Mirarte simplemente, Madre,
dejar abierta sólo la mirada;
mirarte toda sin decirte nada,
decirte todo, mudo y reverente.

No perturbar el viento de tu frente;
sólo acunar mi soledad violada,
en tus ojos de Madre enamorada
y en tu nido de tierra trasparente.

Las horas se desploman; sacudidos,
muerden los hombres necios la basura
de la vida y de la muerte, con sus ruidos.

Mirarte, Madre; contemplarte apenas,
el corazón callado en tu ternura,
en tu casto silencio de azucenas''.

''Y en silenio, y en este estar mirándola -continuó el Papa repitiendo las palabras de la Virgen a Juan Diego- escuchar una vez más que nos vuelve a decir: ''¿Qué hay hijo mío el más pequeño?, ¿qué entristece tu corazón?'' ''¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre?'' . Ella nos dice que tiene el ''honor'' de ser nuestra madre. Eso nos da la certeza de que las lágrimas de los que sufren no son estériles. Son una oración silenciosa que sube hasta el cielo y que en María encuentra siempre lugar en su manto. En ella y con ella, Dios se hace hermano y compañero de camino, carga con nosotros las cruces para no quedar aplastados por nuestros dolores''.

''¿Acaso no soy yo tu madre? ¿No estoy aquí? -repitió el Pontífice- No te dejes vencer por tus dolores, tristezas, nos dice. Hoy nuevamente nos vuelve a enviar, como a Juanito, hoy nuevamente nos vuelve a decir, sé mi embajador, sé mi enviado a construir tantos y nuevos santuarios, acompañar tantas vidas, consolar tantas lágrimas. Tan sólo camina por los caminos de tu vecindario, de tu comunidad, de tu parroquia como mi embajador, mi embajadora; levanta santuarios compartiendo la alegría de saber que no estamos solos, que ella va con nosotros. Sé mi embajador, nos dice, dando de comer al hambriento, de beber al sediento, da lugar al necesitado, viste al desnudo y visita al enfermo. Socorre al que está preso, no lo dejes solo, perdona al que te lastimó, consuela al que está triste, ten paciencia con los demás y, especialmente, pide y ruega a nuestro Dios. Y, en silencio, le decimos lo que nos venga al corazón. ¿Acaso no soy tu madre? ¿Acaso no estoy aquí?, nos vuelve a decir María. Anda a construir mi santuario, ayúdame a levantar la vida de mis hijos, tus hermanos''.

Una vez finalizada la santa misa, el Papa hizo entrega a la Virgen de una diadema de oro y plata y después, como había pedido, permaneció alrededor de veinte minutos solo en el Camarín, rezando y mirando a la imagen de la Guadalupana, allí custodiada.


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