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El 'Vatican Information Service' (VIS) es un boletín informativo de la Oficina de Prensa Santa Sede. Transmite diariamente información sobre la actividad magisterial y pastoral del Santo Padre y de la Curia Romana... []

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lunes, 17 de diciembre de 2012

MENSAJE PARA LA L JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES, “SIGNO DE LA ESPERANZA FUNDADA SOBRE LA FE”

Ciudad del Vaticano, 15 diciembre 2012 (VIS).-Hoy se ha hecho público el mensaje del Santo Padre para la L Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 21 de abril de 2013, cuarto domingo de Pascua. En él, Benedicto XVI reflexiona sobre el tema: Las vocaciones, signo de la esperanza fundada sobre la fe. Ofrecemos a continuación amplios extractos de este mensaje.

"Queridos hermanos y hermanas, ¿en qué consiste la fidelidad de Dios en la que se puede confiar con firme esperanza? En su amor. Él, que es Padre, vuelca en nuestro yo más profundo su amor, mediante el Espíritu Santo . Y este amor, que se ha manifestado plenamente en Jesucristo, interpela a nuestra existencia, pide una respuesta sobre aquello que cada uno quiere hacer de su propia vida, sobre cuánto está dispuesto a empeñarse para realizarla plenamente."

"El amor de Dios sigue, en ocasiones, caminos impensables, pero alcanza siempre a aquellos que se dejan encontrar. La esperanza se alimenta, por tanto, de esta certeza: "Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” ( Y este amor exigente, profundo, que va más allá de lo superficial, nos alienta, nos hace esperar en el camino de la vida y en el futuro, nos hace tener confianza en nosotros mismos, en la historia y en los demás."

"Quisiera dirigirme de modo particular a vosotros jóvenes y repetiros: "¿Qué sería vuestra vida sin este amor? Dios cuida del hombre desde la creación hasta el fin de los tiempos, cuando llevará a cabo su proyecto de salvación. ¡En el Señor resucitado tenemos la certeza de nuestra esperanza!".

"Como sucedió en el curso de su existencia terrena, también hoy Jesús, el Resucitado, pasa a través de los caminos de nuestra vida, y nos ve inmersos en nuestras actividades, con nuestros deseos y nuestras necesidades. Precisamente en el devenir cotidiano sigue dirigiéndonos su palabra; nos llama a realizar nuestra vida con él, el único capaz de apagar nuestra sed de esperanza. Él, que vive en la comunidad de discípulos que es la Iglesia, también hoy llama a seguirlo. Y esta llamada puede llegar en cualquier momento."

"También ahora Jesús repite: "Ven y sígueme" . Para responder a esta invitación es necesario dejar de elegir por sí mismo el proprio camino. Seguirlo significa sumergir la propia voluntad en la voluntad de Jesús, darle verdaderamente la precedencia, ponerlo en primer lugar frente a todo lo que forma parte de nuestra vida: la familia, el trabajo, los intereses personales, nosotros mismos. Significa entregarle la propia vida, vivir con él en profunda intimidad, entrar a través de él en comunión con el Padre y con el Espíritu Santo y, en consecuencia, con los hermanos y hermanas. Esta comunión de vida con Jesús es el "lugar" privilegiado donde se experimenta la esperanza y donde la vida será libre y plena."

"Las vocaciones sacerdotales y religiosas nacen de la experiencia del encuentro personal con Cristo, del diálogo sincero y confiado con él, para entrar en su voluntad. Es necesario, pues, crecer en la experiencia de fe, entendida como relación profunda con Jesús, como escucha interior de su voz, que resuena dentro de nosotros. Este itinerario, que hace capaz de acoger la llamada de Dios, tiene lugar dentro de las comunidades cristianas que viven un intenso clima de fe, un generoso testimonio de adhesión al Evangelio, una pasión misionera que induce al don total de sí mismo por el Reino de Dios, alimentado por la participación en los sacramentos, en particular la Eucaristía, y por una fervorosa vida de oración. Esta última "debe ser, por una parte, muy personal, una confrontación de mi yo con Dios, con el Dios vivo. Pero, por otra, ha de estar guiada e iluminada una y otra vez por las grandes oraciones de la Iglesia y de los santos, por la oración litúrgica, en la cual el Señor nos enseña constantemente a rezar correctamente".

"La oración constante y profunda hace crecer la fe de la comunidad cristiana, en la certeza siempre renovada de que Dios nunca abandona a su pueblo y lo sostiene suscitando vocaciones especiales, al sacerdocio y a la vida consagrada, para que sean signos de esperanza para el mundo. En efecto, los presbíteros y los religiosos están llamados a darse de modo incondicional al Pueblo de Dios, en un servicio de amor al Evangelio y a la Iglesia, un servicio a aquella firme esperanza que sólo la apertura al horizonte de Dios puede dar."

"Por tanto, ellos, con el testimonio de su fe y con su fervor apostólico, pueden transmitir, en particular a las nuevas generaciones, el vivo deseo de responder generosamente y sin demora a Cristo que llama a seguirlo más de cerca. La respuesta a la llamada divina por parte de un discípulo de Jesús para dedicarse al ministerio sacerdotal o a la vida consagrada, se manifiesta como uno de los frutos más maduros de la comunidad cristiana, que ayuda a mirar con particular confianza y esperanza al futuro de la Iglesia y a su tarea de evangelización. Esta tarea necesita siempre de nuevos obreros para la predicación del Evangelio, para la celebración de la Eucaristía y para el sacramento de la reconciliación."

"Por eso, que no falten sacerdotes entregados, que sepan acompañar a los jóvenes como "compañeros de viaje" para ayudarles a reconocer, en el camino a veces tortuoso y oscuro de la vida, a Cristo, camino, verdad y vida; para proponerles con valentía evangélica la belleza del servicio a Dios, a la comunidad cristiana y a los hermanos. Sacerdotes que muestren la fecundidad de una tarea entusiasta, que confiere un sentido de plenitud a la propia existencia, por estar fundada sobre la fe en Aquel que nos ha amado en primer lugar."

"Igualmente, deseo que los jóvenes, en medio de tantas propuestas superficiales y efímeras, sepan cultivar la atracción hacia los valores, las altas metas, las opciones radicales, para un servicio a los demás siguiendo las huellas de Jesús. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de seguirlo y de recorrer con intrepidez los exigentes senderos de la caridad y del compromiso generoso. Así seréis felices de servir, seréis testigos de aquel gozo que el mundo no puede dar, seréis llamas vivas de un amor infinito y eterno, aprenderéis a "dar razón de vuestra esperanza" .

AUDIENCIAS

Ciudad del Vaticano, 17 diciembre 2012 (VIS).-El Santo Padre ha recibido hoy en audiencia a los cardenales Julián Herranz, Jozef Tomko y Salvatore De Giorgi.

ACTOS PONTIFICIOS

Ciudad del Vaticano, 15 de diciembre 2012 (VIS).-El Santo Padre ha nombrado:

-Monseñor Henry Marie Denis Thevenin como nuncio apostólico elevándolo al mismo tiempo a la dignidad arzobispal. El arzobispo nació en Saint-Dizier (Francia) en 1958, fue ordenado sacerdote en 1989, es licenciado en Derecho Canónico y hasta ahora era consejero de nunciatura.

-Consultores de la Congregación para la Doctrina de la Fe: arzobispo Angelo Vincenzo Zani (secretario de la Congregación para la Educación Católica); reverendo Achim Buckenmaier, docente de Teología Dogmática y director de la Cátedra para la Teología del Pueblo de Dios en la Pontificia Universidad Lateranense (Roma).

viernes, 14 de diciembre de 2012

PRESENTACIÓN DEL MENSAJE DEL PAPA PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

Ciudad del Vaticano, 14 diciembre 2012 (VIS).-Esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha tenido lugar la presentación del Mensaje del Santo Padre para la XLVI Jornada Mundial de la Paz que se celebra el 1 de enero y cuyo tema este año es “Bienaventurados los que trabajan por la paz”. Han intervenido el cardenal Peter K. A. Turkson y monseñor Mario Toso, respectivamente presidente y secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

El cardenal se ha referido, en primer lugar, al carácter “concreto” del documento. “La expresión evangélica del título - ha dicho- puede hacer pensar en un mensaje sobre todo de tipo espiritual, por así decir, teórico. En cambio, la argumentación del Papa es extremadamente adherente a la realidad. Constata un hecho: la existencia, en medio de conflictos, tensiones y violencias, de numerosos artífices de paz; en la explicación de la bienaventuranza evangélica subraya como ésta sea una promesa que es certeza, en cuanto procede de Dios, que no está ligada al futuro, sino que se ha cumplido ya en esta vida; indica claramente que deben hacer los artífices de paz: promover la vida en su plenitud, en su integridad, por lo tanto, en todas las dimensiones de la persona humana; llama la atención sobre los problemas más urgentes: la recta visión del matrimonio, el derecho a la objeción de conciencia, la libertad religiosa, (...), la cuestión del trabajo y el desempleo, la crisis alimentaria, la crisis financiera, el papel de la familia en la educación”.

En segundo lugar ha subrayado la “positividad” del mensaje que, “además de abrir la puerta a la esperanza, refleja el amor a la vida y a la vida en su plenitud, por lo cual, al lado de los temas de la defensa de la vida, el Papa resalta aquellos unidos a la justicia, necesarios para una vida digna, en plenitud, es decir en la que todos tengan la posibilidad de desarrollar sus propias potencialidades”.

Otra característica es “el aspecto educativo y pedagógico” del texto. “Un aspecto - ha reiterado el cardenal Turkson- muy importante para la Iglesia, que tiene entre sus tareas la de 'formar las conciencias'. Bajo este aspecto, es digno de nota el llamamiento del pontífice a la responsabilidad de las diversas instancias educativas llamadas a formar clases dirigentes adecuadas y a estudiar nuevos modelos económicos y financieros. Esto es necesario para superar la fase particularmente grave que atraviesa el mundo globalizado, una fase de profunda crisis espiritual y moral en la que todavía hay conflictos sangrientos y múltiples amenazas a la paz”.

Por su parte Monseñor Toso ha señalado que el mensaje de Benedicto XVI es “una invitación a ser artífices de paz a trescientos sesenta grados, tutelando e implementando todos los derechos y deberes del ser humano y de la comunidad”.

En este sentido - ha proseguido- es sintomático del modo de ver y de sentir del pontífice, el pasaje en que, en un contexto de recesión económica -causada también por la crisis financiera comenzada en 2007- polemizando con las ideologías del liberalismo radical y de la tecnocracia, según las cuales el desarrollo sería posible sin el progreso social y democrático, invita a no erosionar los derechos sociales, entre los cuales, sobre todo el derecho al trabajo. Este es un derecho fundamental y no marginal. Sin la defensa y la promoción de los derechos sociales -como enseñaban en el siglo pasado los liberales, comunistas, socialistas y católicos- no se realizan adecuadamente los derechos civiles y políticos. La misma democracia, sustancial, social y participativa peligraría.

En breve, el mensaje aboga por el crecimiento de una familia humana que no esté dividida entre grupos y pueblos en favor de la vida y grupos políticos que militan, en cambio, por la paz, sin tener en cambio la misma 'pasión' por la defensa de la vida humana, desde el amanecer hasta el ocaso. La paz y el bien común se persiguen comunitariamente, realizando el bien pleno de cada ser humano y de cada pueblo”, ha concluido, el secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

BIENAVENTURADOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ

Ciudad del Vaticano, 14 diciembre 2012 (VIS).-”Bienaventurados los que trabajan por la paz”, es el título elegido del Mensaje del Santo Padre para la XLVI Jornada Mundial de la Paz que se celebra todos los años el 1 de enero. Publicamos a continuación el texto integral, fechado en el Vaticano el 8 de diciembre de 2012.

1.- Cada nuevo año trae consigo la esperanza de un mundo mejor. En esta perspectiva, pido a Dios, Padre de la humanidad, que nos conceda la concordia y la paz, para que se puedan cumplir las aspiraciones de una vida próspera y feliz para todos.
Trascurridos 50 años del Concilio Vaticano II, que ha contribuido a fortalecer la misión de la Iglesia en el mundo, es alentador constatar que los cristianos, como Pueblo de Dios en comunión con él y caminando con los hombres, se comprometen en la historia compartiendo las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias anunciando la salvación de Cristo y promoviendo la paz para todos.

En efecto, este tiempo nuestro, caracterizado por la globalización, con sus aspectos positivos y negativos, así como por sangrientos conflictos aún en curso, y por amenazas de guerra, reclama un compromiso renovado y concertado en la búsqueda del bien común, del desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre.

Causan alarma los focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado. Aparte de las diversas formas de terrorismo y delincuencia internacional, representan un peligro para la paz los fundamentalismos y fanatismos que distorsionan la verdadera naturaleza de la religión, llamada a favorecer la comunión y la reconciliación entre los hombres.

Y, sin embargo, las numerosas iniciativas de paz que enriquecen el mundo atestiguan la vocación in- nata de la humanidad hacia la paz. El deseo de paz es una aspiración esencial de cada hombre, y coincide en cierto modo con el deseo de una vida humana plena, feliz y lograda. En otras palabras, el deseo de paz se corresponde con un principio moral fundamental, a saber, con el derecho y el deber a un desarrollo integral, social, comunitario, que forma parte del diseño de Dios sobre el hombre. El hombre está hecho para la paz, que es un don de Dios. Todo esto me ha llevado a inspirarme para este mensaje en las palabras de Jesucristo: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”.

La bienaventuranza evangélica

2. Las bienaventuranzas proclamadas por Jesús son promesas. En la tradición bíblica, en efecto, la bienaventuranza pertenece a un género literario que comporta siempre una buena noticia, es decir, un evangelio que culmina con una promesa. Por tanto, las bienaventuranzas no son meras recomendaciones morales, cuya observancia prevé que, a su debido tiempo – un tiempo situado normalmente en la otra vida –, se obtenga una recompensa, es decir, una situación de felicidad futura. La bienaventuranza consiste más bien en el cumplimiento de una promesa dirigida a todos los que se dejan guiar por las exigencias de la verdad, la justicia y el amor. Quienes se encomiendan a Dios y a sus promesas son considerados frecuentemente por el mundo como ingenuos o alejados de la realidad. Sin embargo, Jesús les declara que, no sólo en la otra vida sino ya en ésta, descubrirán que son hijos de Dios, y que, desde siempre y para siempre, Dios es totalmente solidario con ellos. Comprenderán que no están solos, porque él está a favor de los que se comprometen con la verdad, la justicia y el amor. Jesús, revelación del amor del Padre, no duda en ofrecerse con el sacrificio de sí mismo. Cuando se acoge a Jesucristo, Hombre y Dios, se vive la experiencia gozosa de un don inmenso: compartir la vida misma de Dios, es decir, la vida de la gracia, prenda de una existencia plenamente bienaventurada. En particular, Jesucristo nos da la verdadera paz que nace del encuentro confiado del hombre con Dios.

La bienaventuranza de Jesús dice que la paz es al mismo tiempo un don mesiánico y una obra humana. En efecto, la paz presupone un humanismo abierto a la trascendencia. Es fruto del don recíproco, de un enriquecimiento mutuo, gracias al don que brota de Dios, y que permite vivir con los demás y para los demás. La ética de la paz es ética de la comunión y de la participación. Es indispensable, pues, que las diferentes culturas actuales superen antropologías y éticas basadas en presupuestos teórico-prácticos puramente subjetivistas y pragmáticos, en virtud de los cuales las relaciones de convivencia se inspiran en criterios de poder o de beneficio, los medios se convierten en fines y viceversa, la cultura y la educación se centran únicamente en los instrumentos, en la tecnología y la eficiencia. Una condición previa para la paz es el desmantelamiento de la dictadura del relativismo moral y del presupuesto de una moral totalmente autónoma, que cierra las puertas al reconocimiento de la imprescindible ley moral natural inscrita por Dios en la conciencia de cada hombre. La paz es la construcción de la convivencia en términos racionales y morales, apoyándose sobre un fundamento cuya medida no la crea el hombre, sino Dios: “El Señor da fuerza a su pueblo, el Señor ben dice a su pueblo con la paz”,dice el Salmo 29.

La paz, don de Dios y obra del hombre

3. La paz concierne a la persona humana en su integridad e implica la participación de todo el hombre. Se trata de paz con Dios viviendo según su voluntad. Paz interior con uno mismo, y paz exterior con el prójimo y con toda la creación. Comporta principalmente, como escribió el beato Juan XXIII en la Encíclica Pacem in Terris, de la que dentro de pocos meses se cumplirá el 50 aniversario, la construcción de una convivencia basada en la verdad, la libertad, el amor y la justicia. La negación de lo que constituye la verdadera naturaleza del ser humano en sus dimensiones constitutivas, en su capacidad intrínseca de conocer la verdad y el bien y, en última instancia, a Dios mismo, pone en peligro la construcción de la paz. Sin la verdad sobre el hombre, inscrita en su corazón por el Creador, se menoscaba la libertad y el amor, la justicia pierde el fundamento de su ejercicio.

Para llegar a ser un auténtico trabajador por la paz, es indispensable cuidar la dimensión trascendente y el diálogo constante con Dios, Padre misericordioso, mediante el cual se implora la redención que su Hijo Unigénito nos ha conquistado. Así podrá el hombre vencer ese germen de oscuridad y de negación de la paz que es el pecado en todas sus formas: el egoísmo y la violencia, la codicia y el deseo de poder y dominación, la intolerancia, el odio y las estructuras injustas.

La realización de la paz depende en gran medida del reconocimiento de que, en Dios, somos una sola familia humana. Como enseña la Encíclica Pacem in Terris, se estructura mediante relaciones interpersonales e instituciones apoyadas y animadas por un “nosotros” comunitario, que implica un orden moral interno y externo, en el que se reconocen sinceramente, de acuerdo con la verdad y la justicia, los derechos recíprocos y los deberes mutuos. La paz es un orden vivificado e integrado por el amor, capaz de hacer sentir como propias las necesidades y las exigencias del prójimo, de hacer partícipes a los demás de los propios bienes, y de tender a que sea cada vez más difundida en el mundo la comunión de los valores espirituales. Es un orden llevado a cabo
en la libertad, es decir, en el modo que corresponde a la dignidad de las personas, que por su propia naturaleza racional asumen la responsabilidad de sus propias obras.

La paz no es un sueño, no es una utopía: la paz es posible. Nuestros ojos deben ver con mayor profundidad, bajo la superficie de las apariencias y las manifestaciones, para descubrir una realidad positiva que existe en nuestros corazones, porque todo hombre ha sido creado a imagen de Dios y llamado a crecer, contribuyendo a la construcción de un mundo nuevo. En efecto, Dios mismo, mediante la encarnación del Hijo, y la redención que él llevó a cabo, ha entrado en la historia, haciendo surgir una nueva creación y una alianza nueva entre Dios y el hombre, y dándonos la posibilidad de tener “un corazón nuevo” y “un espíritu nuevo”.

Precisamente por eso, la Iglesia está convencida de la urgencia de un nuevo anuncio de Jesucristo, el primer y principal factor del desarrollo integral de los pueblos, y también de la paz. En efecto, Jesús es nuestra paz, nuestra justicia, nuestra reconciliación . El que trabaja por la paz, según la bienaventuranza de Jesús, es aquel que busca el bien del otro, el bien total del alma y el cuerpo, hoy y mañana.

A partir de esta enseñanza se puede deducir que toda persona y toda comunidad – religiosa, civil, educativa y cultural – está llamada a trabajar por la paz. La paz es principalmente la realización del bien común de las diversas sociedades, primarias e intermedias, nacionales, internacionales y de alcance mundial. Precisamente por esta razón se puede afirmar que las vías para construir el bien común son también las vías a seguir para obtener la paz.

Los que trabajan por la paz son quienes aman, defienden y promueven la vida en su integridad

4.El camino para la realización del bien común y de la paz pasa ante todo por el respeto de la vida humana, considerada en sus múltiples aspectos, desde su concepción, en su desarrollo y hasta su fin natural. Auténticos trabajadores por la paz son, entonces, los que aman, defienden y promueven la vida humana en todas sus dimensiones: personal, comunitaria y trascendente. La vida en plenitud es el culmen de la paz. Quien quiere la paz no puede tolerar atentados y delitos contra la vida.

Quienes no aprecian suficientemente el valor de la vida humana y, en consecuencia, sostienen por ejemplo la liberación del aborto, tal vez no se dan cuenta que, de este modo, proponen la búsqueda de una paz ilusoria. La huida de las responsabilidades, que envilece a la persona humana, y mucho más la muerte de un ser inerme e inocente, nunca podrán traer felicidad o paz. En efecto, ¿cómo es posible pretender conseguir la paz, el desarrollo integral de los pueblos o la misma salvaguardia del ambiente, sin que sea tutelado el derecho a la vida de los más débiles, empezando por los que aún no han nacido? Cada agresión a la vida, especialmente en su origen, provoca inevitablemente daños irreparables al desarrollo, a la paz, al ambiente. Tampoco es justo codificar de manera subrepticia falsos derechos o libertades, que, basados en una visión reductiva y relativista del ser humano, y mediante el uso hábil de expresiones ambiguas encaminadas a favorecer un pretendido derecho al aborto y a la eutanasia, amenazan el derecho fundamental a la vida.

También la estructura natural del matrimonio debe ser reconocida y promovida como la unión de un hombre y una mujer, frente a los intentos de equipararla desde un punto de vista jurídico con formas radicalmente distintas de unión que, en realidad, dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su papel insustituible en la sociedad.

Estos principios no son verdades de fe, ni una mera derivación del derecho a la libertad religiosa. Están inscritos en la misma naturaleza humana, se pueden conocer por la razón, y por tanto son comunes a toda la humanidad. La acción de la Iglesia al promoverlos no tiene un carácter confesional, sino que se dirige a todas las personas, prescindiendo de su afiliación religiosa. Esta acción se hace tanto más necesaria cuanto más se niegan o no se comprenden estos principios, lo que es una ofensa a la verdad de la persona humana, una herida grave infligida a la justicia y a la paz.

Por tanto, constituye también una importante cooperación a la paz el reconocimiento del derecho al uso del principio de la objeción de conciencia con respecto a leyes y medidas gubernativas que atentan contra la dignidad humana, como el aborto y la eutanasia, por parte de los ordenamientos jurídicos y la administración de la justicia.

Entre los derechos humanos fundamentales, también para la vida pacífica de los pueblos, está el de la libertad religiosa de las personas y las comunidades. En este momento histórico, es cada vez más importante que este derecho sea promovido no sólo desde un punto de vista negativo, como libertad frente – por ejemplo, frente a obligaciones o constricciones de la libertad de elegir la propia religión –, sino también desde un punto de vista positivo, en sus varias articulaciones, como libertad de, por ejemplo, testimoniar la propia religión, anunciar y comunicar su enseñanza, organizar actividades educativas, benéficas o asistenciales que permitan aplicar los preceptos religiosos, ser y actuar como organismos sociales, estructurados según los principios doctrinales y los fines institucionales que les son propios. Lamentablemente, incluso en países con una antigua tradición cristiana, se están multiplicando los episodios de intolerancia religiosa, especialmente en relación con el cristianismo o de quienes simplemente llevan signos de identidad de su religión.

El que trabaja por la paz debe tener presente que, en sectores cada vez mayores de la opinión pública, la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales. Estos derechos y deberes han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros, empezando por los civiles y políticos.

Uno de los derechos y deberes sociales más amenazados actualmente es el derecho al trabajo. Esto se debe a que, cada vez más, el trabajo y el justo reconocimiento del estatuto jurídico de los trabajadores no están adecuadamente valorizados, porque el desarrollo económico se hace depender sobre todo de la absoluta libertad de los mercados. El trabajo es considerado una mera variable dependiente de los mecanismos económicos y financieros. A este propósito, reitero que la dignidad del hombre, así como las razones económicas, sociales y políticas, exigen que “se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan”. La condición previa para la realización de este ambicioso proyecto es una renovada consideración del trabajo, basada en los principios éticos y valores espirituales, que robustezca la concepción del mismo como bien fundamental para la persona, la familia y la sociedad. A este bien corresponde un deber y un derecho que exigen nuevas y valientes políticas de trabajo para todos.

Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía

5. Actualmente son muchos los que reconocen que es necesario un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía. Tanto el desarrollo integral, solidario y sostenible, como el bien común, exigen una correcta escala de valores y bienes, que se pueden estructurar teniendo a Dios como referencia última. No basta con disposiciones de muchos medios y una amplia gama de opciones, aunque sean de apreciar. Tanto los múltiples bienes necesarios para el desarrollo, como las opciones posibles deben ser usados según la perspectiva de una vida buena, de una conducta recta que reconozca el primado de la dimensión espiritual y la llamada a la consecución del bien común. De otro modo, pierden su justa valencia, acabando por ensalzar nuevos ídolos.

Para salir de la actual crisis financiera y económica – que tiene como efecto un aumento de las desigualdades – se necesitan personas, grupos e instituciones que promuevan la vida, favoreciendo la creatividad humana para aprovechar incluso la crisis como una ocasión de discernimiento y un nuevo modelo económico. El que ha prevalecido en los últimos decenios postulaba la maximización del provecho y del consumo, en una óptica individualista y egoísta, dirigida a valorar a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad. Desde otra perspectiva, sin embargo, el éxito auténtico y duradero se obtiene con el don de uno mismo, de las propias capacidades intelectuales, de la propia iniciativa, puesto que un desarrollo económico sostenible, es decir, auténtica mente humano, necesita del principio de gratuidad como manifestación de fraternidad y de la lógica del don.

En concreto, dentro de la actividad económica, el que trabaja por la paz se configura como aquel que instaura con sus colaboradores y compañeros, con los clientes y los usuarios, relaciones de lealtad y de reciprocidad. Realiza la actividad económica por el bien común, vive su esfuerzo como algo que va más allá de su propio interés, para beneficio de las generaciones presentes y futuras. Se encuentra así trabajando no sólo para sí mismo, sino también para dar a los demás un futuro y un trabajo digno.

En el ámbito económico, se necesitan, especialmente por parte de los estados, políticas de desarrollo industrial y agrícola que se preocupen del progreso social y la universalización de un estado de derecho y democrático. Es fundamental e imprescindible, además, la estructuración ética de los mercados monetarios, financieros y comerciales; éstos han de ser estabilizados y mejor coordinados y controlados, de modo que no se cause daño a los más pobres. La solicitud de los muchos que trabajan por la paz se debe dirigir además – con una mayor resolución respecto a lo que se ha hecho hasta ahora – a atender la crisis alimentaria, mucho más grave que la financiera. La seguridad de los aprovisionamientos de alimentos ha vuelto a ser un tema central en la agenda política internacional, a causa de crisis relacionadas, entre otras cosas, con las oscilaciones repentinas de los precios de las materias primas agrícolas, los comportamientos irresponsables por parte de algunos agentes económicos y con un insuficiente control por parte de los gobiernos y la comunidad internacional. Para hacer frente a esta crisis, los que trabajan por la paz están llamados a actuar juntos con espíritu de solidaridad, desde el ámbito local al internacional, con el objetivo de poner a los agricultores, en particular en las pequeñas realidades rurales, en condiciones de poder desarrollar su actividad de modo digno y sostenible desde un punto de vista social, ambiental y económico.


La educación a una cultura de la paz: el papel de la familia y de las instituciones

6.Deseo reiterar con fuerza que todos los que trabajan por la paz están llamados a cultivar la pasión por el bien común de la familia y la justicia social, así como el compromiso por una educación social idónea.

Ninguno puede ignorar o minimizar el papel decisivo de la familia, célula base de la sociedad desde el punto de vista demográfico, ético, pedagógico, económico y político. Ésta tiene como vocación natural promover la vida: acompaña a las personas en su crecimiento y las anima a potenciarse mutuamente mediante el cuidado recíproco. En concreto, la familia cristiana lleva consigo el germen del proyecto de educación de las personas según la medida del amor divino. La familia es uno de los sujetos sociales indispensables en la realización de una cultura de la paz. Es necesario tutelar el derecho de los padres y su papel primario en la educación de los hijos, en primer lugar en el ámbito moral y religioso. En la familia nacen y crecen los que trabajan por la paz, los futuros promotores de una cultura de la vida y del amor.

En esta inmensa tarea de educación a la paz están implicadas en particular las comunidades religiosas. La Iglesia se siente partícipe en esta gran responsabilidad a través de la nueva evangelización, que tiene como pilares la conversión a la verdad y al amor de Cristo y, consecuentemente, un nuevo nacimiento espiritual y moral de las personas y las sociedades. El encuentro con Jesucristo plasma a los que trabajan por la paz, comprometiéndoles en la comunión y la superación de la injusticia.

Las instituciones culturales, escolares y universitarias desempeñan una misión especial en relación con la paz. A ellas se les pide una contribución significativa no sólo en la formación de nuevas generaciones de líderes, sino también en la renovación de las instituciones públicas, nacionales e internacionales. También pueden contribuir a una reflexión científica que asiente las actividades económicas y financieras en un sólido fundamento antropológico y ético. El mundo actual, particularmente el político, necesita del soporte de un pensamiento nuevo, de una nueva síntesis cultural, para superar tecnicismos y armonizar las múltiples tendencias políticas con vistas al bien común. Éste, considerado como un conjunto de relaciones interpersonales e institucionales positivas al servicio del crecimiento integral de los individuos y los grupos, es la base de cualquier educación a la auténtica paz.

Una pedagogía del que trabaja por la paz

7. Como conclusión, aparece la necesidad de proponer y promover una pedagogía de la paz. Ésta pide una rica vida interior, claros y válidos referentes morales, actitudes y estilos de vida apropiados. En efecto, las iniciativas por la paz contribuyen al bien común y crean interés por la paz y educan para ella. Pensamientos, palabras y gestos de paz crean una mentalidad y una cultura de la paz, una atmósfera de respeto, honestidad y cordialidad. Es necesario enseñar a los hombres a amarse y educarse a la paz, y a vivir con benevolencia, más que con simple tolerancia. Es fundamental que se cree el convencimiento de que “hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fin, perdonar” ,de modo que los errores y las ofensas puedan ser en verdad reconocidos para avanzar juntos hacia la reconciliación. Esto supone la difusión de una pedagogía del perdón. El mal, en efecto, se vence con el bien, y la justicia se busca imitando a Dios Padre que ama a todos sus hijos. Es un trabajo lento, porque supone una evolución espiritual, una educación a los más altos valores, una visión nueva de la historia humana. Es necesario renunciar a la falsa paz que prometen los ídolos de este mundo y a los peligros que la acompañan; a esta falsa paz que hace las conciencias cada vez más insensibles, que lleva a encerrarse en uno mismo, a una existencia atrofiada, vivida en la indiferencia. Por el contrario, la pedagogía de la paz implica acción, compasión, solidaridad, valentía y perseverancia.

Jesús encarna el conjunto de estas actitudes en su existencia, hasta el don total de sí mismo, hasta “perder la vida” . Promete a sus discípulos que, antes o después, harán el extraordinario descubrimiento del que hemos hablado al inicio, es decir, que en el mundo está Dios, el Dios de Jesús, completamente solidario con los hombres. En este contexto, quisiera recordar la oración con la que se pide a Dios que nos haga instrumentos de su paz, para llevar su amor donde hubiese odio, su perdón donde hubiese ofensa, la verdadera fe donde hubiese duda. Por nuestra parte, junto al beato Juan XXIII, pidamos a Dios que ilumine también con su luz la mente de los que gobiernan las naciones, para que, al mismo tiempo que se esfuerzan por el justo bienestar de sus ciudadanos, aseguren y defiendan el don hermosísimo de la paz; que encienda las voluntades de todos los hombres para echar por tierra las barreras que dividen a los unos de los otros, para estrechar los vínculos de la mutua caridad, para fomentar la recíproca comprensión, para perdonar, en fin, a cuantos nos hayan injuriado. De esta manera, bajo su auspicio y amparo, todos los pueblos se abracen como hermanos y florezca y reíne siempre entre ellos la tan anhelada paz.

Con esta invocación, pido que todos sean verdaderos trabajadores y constructores de paz, de modo que la ciudad del hombre crezca en fraterna concordia, en prosperidad y paz.

ARBOL DE NAVIDAD: SIGNO Y RECUERDO DE LA LUZ DIVINA

Ciudad del Vaticano, 14 diciembre 2012 (VIS).-Benedicto XVI ha recibido esta mañana en audiencia a una delegación de la región italiana de Molise de la que procede este año el abeto que se coloca en Navidad en la Plaza de San Pedro y cuyas luces se encenderán esta tarde.

El Papa ha dado las gracias a la delegación por el abeto blanco -al que acompañan otros más pequeños destinados al palacio apostólico y a diversos lugares del Vaticano-, saludándoles, después con un breve discurso.

Dios se ha hecho hombre y ha venido entre nosotros, para disipar las tinieblas del error y del pecado, trayendo a la humanidad su luz divina. Esta luz altísima, de la que el árbol navideño es signo y recuerdo, no sólo no ha perdido tensión con el paso de los siglos, sino que sigue resplandeciendo sobre nosotros e iluminado a todos los que vienen al mundo, especialmente cuando deben atravesar momentos de incertidumbre y dificultad. Jesús mismo dirá de sí: “Yo soy la luz del mundo; quien me sigue, no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de vida” (...) Y, cuando en las diversas épocas se ha intentado apagar la luz de Dios para encender fuegos ilusorios y engañosos, se han abierto estaciones marcadas por trágicas violencias sobre el ser humano. Ha sido así porque cuando se intenta borrar el nombre de Dios de las páginas de la historia, el resultado es que se trazan renglones torcidos, en los que hasta las palabras más hermosas y nobles pierden su verdadero significado”.

AUDIENCIAS

Ciudad del Vaticano, 14 diciembre 2012 (VIS).-El Santo Padre ha recibido hoy en audiencia al cardenal Marc Ouellet, P.S.S, Prefecto de la Congregación para los Obispos.

jueves, 13 de diciembre de 2012

EL PAPA SUBRAYA LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EN LOS NUEVOS CONTEXTOS DE NUESTRA ÉPOCA

Ciudad del Vaticano, 13 diciembre 2012 (VIS).-Benedicto XVI ha recibido esta mañana a los nuevos embajadores y embajadoras no residentes acreditados ante la Santa Sede: Bizwayo Newton Nkunika (Zambia); Chalermpol Thanchitt (Tailandia);Ravinatha Pandukabhaya Aryasinha (Sri Lanka); Wafic Rida Saïd (San Vicente y Granadinas); Aminatou Batouré Gaoh (Niger) e Ibrahima Sory Sow (Guinea).

En el discurso dirigido a los diplomáticos el Papa ha hablado, sobre todo, del tema de la educación, uno de los retos principales de nuestra época y que hoy se lleva a cabo “ en contextos donde la evolución de las formas de vida y de conocimiento crea rupturas humanas, culturales, sociales y espirituales sin precedentes en la historia de la humanidad”.

En este ámbito ha recordado también que las redes sociales “tienden a sustituir los espacios naturales de socialidad y de comunicación, convirtiéndose, a menudo en el único punto de referencia de la información y del conocimiento. La familia y la escuela no parecen ser ya el terreno fértil, primario y natural, donde las jóvenes generaciones adquieren la savita vital para su existencia (...) La escuela y la universidad parecen haberse vuelto incapaces de proyectos creativos que comporten una teleología trascendental que los atraiga profundamente (...) El mundo de hoy y los adultos responsables no han sabido darles los puntos de referencia necesarios”.

Después de preguntarse si la disfunción de determinadas instituciones y servicios públicos y privados no podría explicarse “partiendo de una educación deficiente y mal asumida”, el Santo Padre ha invitado a los gobernantes de las naciones de procedencia de los embajadores a “contribuir con valor al progreso de nuestra humanidad favoreciendo la educación de las nuevas generaciones a través de la promoción de una sana antropología, base indispensable de cualquier educación genuina y en consonancia con el patrimonio natural común. Esta tarea podría partir de una seria reflexión sobre las diversas problemáticas de vuestros países respectivos y de las determinadas opciones políticas o económicas que pueden socavar, poco a poco, vuestro patrimonios antropológicos y espirituales, patrimonios que han pasado el tamiz de los siglos y se han asentado, pacientemente, sobres unos fundamentos que respetan la esencia de la persona humana en su realidad plural permaneciendo en perfecta armonía con el cosmos”. “Insto de nuevo a vuestros gobernantes -ha reafirmado el Papa- a tener valor para esforzarse en la consolidación de la autoridad moral - entendida como llamamiento a una vida coherente - necesaria para una educación verdadera y sana de las generaciones más jóvenes”.

Nunca se debe olvidar o negar el derecho a una educación en los valores justos . El deber de educar en estos valores nunca debe ser truncado o debilitado por un interés político nacional o supranacional. Por esta razón, es necesario educar en la verdad y a la verdad : (...) la verdad sobre el hombre, la verdad sobre la creación, la verdad acerca de las instituciones... Junto con la educación a la rectitud de corazón y pensamiento, los jóvenes necesitan hoy más que nunca, ser educados en el sentido del esfuerzo y la perseverancia a través de las dificultades. Tienen que aprender que todo acto de la persona debe ser responsable y coherente con su deseo de infinito, y que este acto forma parte de su crecimiento de cara a la formación de una humanidad cada vez más fraterna y libre de las tentaciones individualistas y materialistas”.

LAS TRES PRIMERAS RESPUESTAS DEL PAPA EN TWITTER

Ciudad del Vaticano, 13 diciembre 2012 (VIS).-Pontifex@, la cuenta en Twitter de Benedicto XVI ha superado en su primer día de existencia el millón y medio de seguidores. El Papa, después de su tweet inicial al final de la audiencia general de los miércoles, respondió a lo largo de ayer a tres preguntas procedentes de tres continentes. La primera fue: ¿Cómo vivir mejor el Año de la Fe en nuestra existencia diaria?. “Dialoga con Jesús en la oración, escucha a Jesús que te habla en el Evangelio, encuentra a Jesús, presente en el necesitado”, respondió el Santo Padre.

Poco después llegaba la segunda cuestión: ¿Cómo vivir la fe en Jesucristo en un mundo sin esperanza?. “Con la certeza de que, quien cree, nunca está solo. Dios es la roca segura sobre la que construir la vida, y su amor es siempre fiel”, contestó Benedicto XVI.

El último tweet, alrededor de las 18,00 fue: “Ofrece al Señor todo lo que haces, pide su ayuda en todas las circunstancias de la vida diaria, y recuerda que él está siempre a tu lado”, en respuesta a la pregunta: “¿Qué nos aconseja para rezar más en medio de nuestras obligaciones profesionales, familiares y sociales?”.

AUDIENCIAS

Ciudad del Vaticano, 13 diciembre 2012 (VIS).-El Santo Padre ha recibido esta mañana en audiencia:

-Anne Leahy, embajadora de Canadá, en visita de despedida.

-Carl A. Anderson, Caballero Supremo de los Caballeros de Colón.

-Arzobispo Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

EL ADVIENTO NOS RECUERDA QUE DIOS SIGUE EN EL MUNDO

Ciudad del Vaticano, 12 diciembre 2012 (VIS).-Las etapas de la Revelación, señaladas en las Escrituras y que culminan en el Adviento de Jesús, han sido el tema de la catequesis de Benedicto XVI durante la audiencia general de los miércoles que ha tenido lugar en el Aula Pablo VI. En el Año de la Fe el Papa ha renovado la invitación a leer más a menudo la Biblia y a prestar atención a las lecturas de la misa dominical subrayando que todo ello constituye “un alimento inapreciable para nuestra fe”.

Leyendo el Antiguo Testamento - ha observado el pontífice- vemos que las intervenciones de Dios en la historia del pueblo que ha elegido y con el que ha establecido una alianza, no son acontecimientos que pasan y caen en el olvido, sino que se convierten en 'memoria', constituyen la 'historia de salvación' mantenida viva en la conciencia del pueblo de Israel a través de la celebración de los eventos salvíficos” como la Pascua (...) Para todo el pueblo de Israel recordar lo que Dios ha hecho se convierte en una especie de imperativo permanente para que el paso del tiempo esté marcado por la memoria viva de los acontecimientos pasados, que así forman ,día tras día, de nuevo la historia y permanecen presentes (...) La fe es alimentada por el descubrimiento y el recuerdo del Dios que es siempre fiel, que guía la historia y es el fundamento seguro y estable sobre el que construir la vida propia”.

Benedicto XVI ha explicado que para Israel, el Éxodo “es el acontecimiento histórico central en que Dios revela su poderosa acción. Dios libera a los israelitas de la esclavitud en Egipto, para que puedan regresar a la Tierra Prometida y adorarlo como el único Dios verdadero. Israel no se pone en marcha para ser un pueblo como los demás (...) sino para servir a Dios, con el culto y con la vida, (...)y dar testimonio suyo ante los otros pueblos. Y la celebración de este evento es hacerlo presente y actual porque la obra de Dios no cesa”. Dios se revela no solo en el acto primordial de la creación, sino entrando en nuestra historia, en la historia de un pequeño pueblo que no era ni el más numeroso, ni el más fuerte. Y esta revelación de Dios (...) culmina en Jesucristo. Dios, el Logos, la Palabra creadora que está en el origen del mundo, se ha encarnado en Jesús y ha mostrado el verdadero rostro de Dios. En Jesús se cumplen todas las promesas, en Él culmina la historia de Dios con la humanidad”.

El Catecismo de la Iglesia Católica -ha recordado el Santo Padre - resume las etapas de la revelación divina: Dios ha invitado al hombre, desde el principio, a una comunión profunda con Él, e incluso cuando el hombre, por su desobediencia, pierde su amistad, Dios no lo abandona al poder de la muerte; al contrario, le ofrece muchas veces su alianza. El Catecismo recorre el camino de Dios con el hombre desde la alianza con Noé después del diluvio, a la llamada de Abraham a salir de su tierra para hacerle padre de una multitud de pueblos. Dios constituye a Israel como su pueblo, a través del Éxodo, la alianza del Sinaí y el don, por medio de Moisés, de la Ley para ser reconocido y servido como el único Dios vivo y verdadero. Con los profetas, Dios conduce a su pueblo a la esperanza de la salvación (...) Al final no se espera ya sólo a un rey, a un hijo de David, sino a un “Hijo del hombre, la salvación para todos los pueblos (...) .Vemos así como el camino de Dios se ensancha, se abre cada vez más hacia el misterio de Cristo, el Rey del Universo. En Cristo se realiza finalmente la salvación en su plenitud, el designio benevolente de Dios. Él mismo se hace uno de nosotros”. Todas esas etapas demuestran “un único designio de salvación dirigido a toda la humanidad, que se revela y se realiza progresivamente con la potencia divina”.

El Papa ha concluido hablando del tiempo litúrgico de Adviento que nos prepara para la Navidad. “Como todos sabemos -ha dicho- la palabra 'Adviento' significa 'venida', 'presencia', y antiguamente indicaba la llegada del rey o del emperador a una determinada provincia. Para nosotros los cristianos, significa una realidad maravillosa y desconcertante. Dios mismo ha atravesado su cielo y se ha inclinado hacia el hombre; ha forjado una alianza con él, entrando en la historia de un pueblo. Él es el rey que ha bajado a esta pobre provincia que es la tierra, y nos ha obsequiado con su visita asumiendo nuestra carne, haciéndose hombre como nosotros. El Adviento nos invita a recorrer el camino de esta presencia y nos recuerda una y otra vez que Dios no se ha ido del mundo, que no está ausente, que no nos abandona; al contrario, nos sale al encuentro de diferentes maneras que tenemos que aprender a discernir. Y también nosotros, con nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad, estamos llamados, día tras día, a entrever esta presencia y dar testimonio de ella en el mundo a menudo superficial y distraído, a hacer que brille en nuestras vidas la luz que ha iluminado la gruta de Belén”.

EL PAPA ENTRA EN TWITTER CON UNA BENDICIÓN

Ciudad del Vaticano, 12 diciembre 2012 (VIS).-”Queridos amigos. Me uno a vosotros con alegría por medio de Twitter. Gracias por vuestra respuesta generosa. Os bendigo de todo corazón”.

Este ha sido el primer tweet de Benedicto XVI, lanzado después de la bendición que concluye la audiencia general de los miércoles. El Papa ha utilizado un tablet y su primer tweet ha sido proyectado en ocho idiomas (inglés, italiano, español, francés, alemán, portugués, polaco y árabe) en una pantalla instalada en el Aula Pablo VI.

A lo largo de la jornada el Papa responderá a través de Twitter a tres preguntas -procedentes de tres diversos continentes- elegidas entre las enviadas a lo largo de los últimos días.

La cuenta del Santo Padre en Twitter supera ya el millón de seguidores.

ACTOS PONTIFICIOS

Ciudad del Vaticano, 12 diciembre 2012 (VIS).-El Santo Padre ha nombrado a monseñor Sérgio Eduardo Castriani C.S.Sp., hasta ahora obispo prelado de Tefé (Brasil) como arzobispo metropolitano de Manaus (superficie 64.079, población 1.551.000, católicos 1.331.000, sacerdotes 163, religiosos 298, diáconos permanentes 16) en Brasil. Sucede al arzobispo Luiz Soares Vieira, cuya renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis fue aceptada por límite de edad.

martes, 11 de diciembre de 2012

EL CORREO VATICANO EMITE UN SOBRE RECUERDO NAVIDAD 2012

Ciudad del Vaticano, 11 diciembre 2012 (VIS).-Con ocasión de la Navidad, la Oficina de Correos Vaticana emite, como es tradicional, un sobre recuerdo, según informa una nota de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano.

En la parte izquierda del sobre hay una reproducción del cuadro “La Natividad y el viaje de los Reyes Magos”, realizada en témpera y oro sobre tabla, de la Escuela de las Marcas, ( mediados del siglo XVI) conservado en la Pinacoteca de los Museos Vaticanos.

El sello de 0,60 euros de la serie “Navidad 2012”, emitido el 6 de noviembre de 2012, está timbrado con el matasellos especial que entrará en vigor el día de Navidad. Completan el matasellos la frase en latín “Christus Natus est Alleluia” y la inscripción “Poste Vaticane. 25.12. 2012”. En el reverso del sobre, abajo a la derecha, está indicada la sigla PV/78 para identificarlo.

El precio de un sobre-recuerdo es 3,50 euros o 5 euros con un envoltorio.

PALABRA DE DIOS: LUZ QUE LLEVA A LA JUSTICIA Y LA PAZ

Ciudad del Vaticano, 11 diciembre 2012 (VIS).-El pastor Olav Fykse Tveit, Secretario del Consejo Mundial de Iglesias, (World Council of Churches, WCC), ha dirigido a los fieles de las trescientas cuarenta y nueve comunidades que forman parte de este organismo ecuménico su mensaje de Navidad. El texto se abre con dos citas bíblicas, la primera del profeta Isaías: “No hará pedazos la caña quebrada, ni apagará la mecha humeante; Traerá la justicia por medio de la verdad” y la segunda del evangelio de San Juan: “En él estaba la vida,y la vida era la luz de los hombres. La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron”.

Lo que la Palabra ha traído al mundo -escribe Tveit- es la vida, y la vida es la luz de todas las naciones. Durante el próximo año, el Consejo Mundial de Iglesias centrará su labor y testimonio en una simple oración que servirá como tema de nuestra décima Asamblea: “Dios de vida, condúcenos a la justicia y la paz”.

Esa oración será también el tema de la X Asamblea General del WCC que tendrá lugar en Busan, Corea del Sur, del 30 de octubre al 8 de noviembre de 2013. El programa abarca cinco dimensiones de ser iglesia juntos en el mundo de hoy: koinonia( una fe y una hermandad en Cristo); martyria (testimonio en el mundo ) diakonia (servir a la justicia y a la paz); formación ecuménica (para la guía) y cooperación interreligiosa (un terreno común).

Durante los tiempos de Adviento, Navidad y Epifanía, somos especialmente conscientes del don de Dios de la luz, revelado en la Palabra eterna que se hizo carne, y que sigue habitando ahora entre nosotros. Esta es la luz que nos da esperanza en nuestro mundo actual a pesar de la desunión, el abuso, el odio, la violencia, la pobreza, la codicia y la corrupción. La luz de Dios es la que ilumina nuestros pasos y nos alumbra el camino hacia la paz y la justicia. Incluso aunque el brillo de nuestras luces sea muy débil, la Palabra de Dios prevalece en la oscuridad, poniendo siempre la justicia en el centro de nuestro camino común hacia la paz.”, concluye el secretario del Consejo Mundial de Iglesias.

ACTOS PONTIFICIOS

Ciudad del Vaticano, 11 diciembre 2012 (VIS).-El Santo Padre ha nombrado:

-Daniela Leggio como Jefe de Oficina de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. La sra. Leggio era hasta ahora funcionaria del mismo dicasterio.

-Arzobispo Paul Richard Gallagher como nuncio apostólico en Australia. El arzobispo era hasta ahora nuncio apostólico en Guatemala.

lunes, 10 de diciembre de 2012

PROCLAMAR A CRISTO EN AMÉRICA HOY

Ciudad del Vaticano, 10 de diciembre (VIS).-Con una celebración eucarística en el altar de la Cátedra de la basílica de San Pedro se inauguró ayer tarde el Congreso Internacional Ecclesia in America sobre la Iglesia en el continente americano organizado por la Pontificia Comisión para América Latina y los Caballeros de Colón con la colaboración del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos. El Congreso reflexiona la Asamblea sinodal, convocada por el beato Juan Pablo II entre noviembre y diciembre de 1987 titulada “Encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América”.

El Santo Padre, que bajó a las 19,00 a la basílica, dirigió un saludo a los participantes, recordando en primer lugar que “el beato Juan Pablo II, tuvo la clarividente intuición de incrementar las relaciones de cooperación entre las Iglesias particulares de toda América, del Norte, del Centro y del Sur, y, a la vez, suscitar una mayor solidaridad entre sus naciones. Hoy dichos propósitos merecen ser retomados con vistas a que el mensaje redentor de Cristo se ponga en práctica con mayor ahínco y produzca abundantes frutos de santidad y renovación eclesial . El tema que guió las reflexiones de aquella Asamblea sinodal puede servir también de inspiración para los trabajos de estos días (...) En efecto, el amor al Señor Jesús y la potencia de su gracia han de arraigar cada vez más intensamente en el corazón de las personas, las familias y las comunidades cristianas de vuestras naciones, para que en éstas se avance con dinamismo por las sendas de la concordia y el justo progreso”.

La Exhortación apostólica “Ecclesia in America” apuntaba ya “a retos y dificultades que en la hora actual siguen presentes con singulares y complejas características. En efecto, el secularismo y diferentes grupos religiosos se expanden por todas las latitudes, dando lugar a numerosas problemáticas. La educación y promoción de una cultura por la vida es una urgencia fundamental ante la difusión de una mentalidad que atenta contra la dignidad de la persona y no favorece ni tutela la institución matrimonial y familiar. ¿Cómo no preocuparse por las dolorosas situaciones de emigración, desarraigo o violencia, especialmente las causadas por la delincuencia organizada, el narcotráfico, la corrupción o el comercio de armamentos? ¿Y qué decir de las lacerantes desigualdades y las bolsas de pobreza provocadas por cuestionables medidas económicas, políticas y sociales?”.

El Papa subrayó que todas esas importantes cuestiones requerían un esmerado estudio, pero que más allá de la evaluación técnica de las mismas “la Iglesia católica tiene la convicción de que la luz para una solución adecuada sólo puede provenir del encuentro con Jesucristo vivo que suscita actitudes y comportamientos cimentados en el amor y la verdad. Ésta es la fuerza decisiva para la transformación del Continente americano (...) El amor de Cristo nos urge a dedicarnos sin reservas a proclamar su nombre en todos los rincones de América, llevándolo con libertad y entusiasmo a los corazones de todos sus habitantes. Por ello es preciso asumir este cometido (...) animando a los sacerdotes, a los diáconos, los consagrados y los agentes de pastoral a purificar y vigorizar cada vez más su vida interior a través del trato sincero con el Señor y la participación digna y asidua en los sacramentos. A esto ayudará una adecuada catequesis y una recta y constante formación doctrinal, con fidelidad total a la Palabra de Dios y al Magisterio de la Iglesia y buscando dar respuesta a los interrogantes y anhelos que anidan en el corazón del hombre (...) Un renovado espíritu misionero y el ardor y generosidad de vuestro compromiso serán una aportación insustituible que la Iglesia universal espera y necesita de la Iglesia en América”, finalizó el pontífice.


ANGELUS: LA ESENCIALIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

Ciudad del Vaticano, 9 de diciembre 2012 (VIS).-Benedicto XVI se asomó a mediodía a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. El Papa, citando el Evangelio de este segundo domingo de Adviento, ha comentado la figura de San Juan Bautista, que todos los evangelistas colocan al inicio de la actividad de Jesús presentándolo como su precursor , pero de quien San Lucas ofrece una lectura posterior.

Juan, en cuanto hijo de Zacarías e Isabel, ambos de familias sacerdotales -ha explicado el Santo Padre- “no solo es el ultimo de los profetas, sino que representa también al entero sacerdocio de la Antigua Alianza y por lo tanto prepara a los hombres al culto espiritual de la Nueva Alianza, inaugurado por Jesús (...) Juan Bautista se define como la voz de uno que grita en el desierto: 'Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos'. La voz proclama la palabra, pero en este caso la Palabra de Dios la precede, en cuanto ella misma desciende sobre Juan, hijo de Zacarías que estaba en el desierto”.

Por tanto, el papel del Bautista es muy grande “pero siempre en función de Cristo”, ha dicho el Papa recordando las palabras de San Agustín: 'Juan es voz que pasa, Cristo es el Verbo eterno'. Nuestra tarea hoy es la escuchar esa voz para dar espacio y acogida a Jesús en el corazón, Palabra que nos salva. En este Tiempo de Adviento, preparémonos a ver, con los ojos de la fe, en la humilde gruta de Belén, la salvación de Dios. En la sociedad de consumo, que nos tienta buscar la felicidad en la cosas, el Bautista nos enseña a vivir de manera esencial, para que la Navidad no sea solamente una fiesta exterior, sino la fiesta del Hijo de Dios que ha venido a traer a los hombres la paz, la vida y la verdadera felicidad”.

LA POTENCIA DE LA GRACIA ES MAS FUERTE QUE EL MAL

Ciudad del Vaticano, 8 de diciembre 2012 (VIS).-A las 15,45 Benedicto XVI se dirigió a la Plaza de España, en Roma, para el tradicional acto de veneración a la imagen de la Inmaculada, situada en lo alto de una columna frente a la embajada de España ante la Santa Sede.

Durante el trayecto, el Santo Padre se detuvo ante la iglesia de la Santísima Trinidad, donde recibió el saludo de la asociación de comerciantes "Via Condotti". Una vez en la plaza de España, el acto comenzó con una oración, seguida por la lectura de un fragmento del Apocalipsis de San Juan y la ofrenda floral a la imagen de la Virgen. En su discurso el Papa ha reflexionado sobre el Evangelio de esta solemnidad: el Evangelio de la Anunciación.

Benedicto XVI ha hablado en primer lugar del hecho de que el encuentro entre el ángel y María, el momento decisivo en que Dios se hizo hombre, “está envuelto en un gran silencio (...) Lo que es realmente grande a menudo pasa desapercibido y el silencio tranquilo resulta más fecundo que la frenética agitación que caracteriza nuestras ciudades, pero que - con las debidas proporciones- se vivía ya en las ciudades importantes como la Jerusalén de aquella época. Ese activismo que nos vuelve incapaces de detenernos, de estar tranquilos, de escuchar el silencio en el que el Señor nos hace oír su voz discreta”.

El día de la Anunciación, María “estaba recogida y al mismo tiempo abierta a la escucha de Dios. En ella no había obstáculo alguno, ni pared, ni nada que la separase de Dios. Este es el significado de su ser sin pecado original: su relación con Dios está libre de cualquier rasguño, por pequeño que fuera; no hay separación, ni sombra de egoísmo, sino una sintonía perfecta: su corazón humano está perfectamente “centrado” en el gran corazón de Dios (...) Venir aquí, ante este monumento a María, en el centro de Roma, nos recuerda en primer lugar, que la voz de Dios no se reconoce en el clamor y la agitación; su designio en nuestra vida personal y social no se percibe quedándose en la superficie, sino bajando a un nivel más profundo, donde las fuerzas que actúan no son económicas o políticas, sino morales y espirituales. Es allí, donde María nos invita a bajar y a entrar en sintonía con la acción de Dios”.

En segundo lugar la Inmaculada nos dice “que la salvación del mundo no es obra del hombre - de la ciencia, de la tecnología, de la ideología -, sino de la gracia (...) Gracia es Amor en su pureza y belleza; es Dios mismo, tal y como se ha revelado, en la historia de la salvación narrada en la Biblia y cumplida en Jesucristo. María es llamada la 'llena de gracia' y con esta identidad nos recuerda el primado de Dios en nuestra vida y en la historia del mundo; nos recuerda que la potencia del amor de Dios es más fuerte que el mal, puede llenar los vacíos que el egoísmo provoca en la historia de las personas, de las familias, de las naciones, del mundo. Vacíos que pueden convertirse en infiernos, donde la vida humana cae, va hacia la nada, pierde sentido y luz. Las falsas soluciones que ofrece el mundo para llenar esos vacíos (...) en realidad, ensanchan el abismo. Sólo el amor nos puede salvar de esta caída, pero no un amor cualquiera: un amor que encierre la pureza de la Gracia – de Dios que transforma y renueva - y que pueda hinchar los pulmones intoxicados con nuevo oxígeno, con aire limpio, con energía nueva de vida. María nos dice que, por muy en bajo que pueda caer el hombre, nunca cae demasiado en bajo para Dios, que descendió hasta los infiernos; por mucho que nuestro corazón se equivoque, Dios es siempre 'más grande que nuestro corazón'. El soplo suave de la Gracia puede dispersar las nubes más negras, hacer la vida bella y rica de significado incluso en las situaciones más inhumanas”.

Por último la Inmaculada nos recuerda la alegría, “la alegría auténtica que llena el corazón liberado del pecado. El pecado trae consigo una tristeza negativa, que nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos. La Gracia trae la verdadera alegría que no depende de la posesión de las cosas : está radicada en lo más profundo de la persona, y nada ni nadie puede arrebatarla. El cristianismo es esencialmente un 'evangelio', una 'buena noticia', mientras que algunos piensan que es un obstáculo a la alegría, ya que ven en él una serie de prohibiciones y reglas. En realidad, el cristianismo es el anuncio de la victoria de la Gracia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte. Y si lleva aparejadas renuncias y disciplina de la mente, del corazón y del comportamiento, es precisamente porque en el hombre hay una raíz venenosa de egoísmo, que le perjudica y perjudica a los demás. Tenemos que aprender, por eso, a decir no a la voz del egoísmo y sí a la del amor auténtico. La alegría de María es plena, porque en su corazón no hay sombra de pecado. Esta alegría coincide con la presencia de Jesús en su vida”.

En este tiempo de Adviento -ha concluido el Papa- María Inmaculada nos enseña a escuchar la voz de Dios que habla en el silencio, a acoger su Gracia que nos libra del pecado y del egoísmo para disfrutar de la alegría verdadera”.

MARIA INMACULADA:CERTEZA DE QUE DIOS NO HA FRACASADO

Ciudad del Vaticano, 8 de diciembre 2012 (VIS).-En el Ángelus de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, Benedicto XVI ha subrayado que María es la Inmaculada “por un don gratuito de la gracia de Dios, que, además, ha encontrado en ella perfecta disponibilidad y colaboración. En este sentido es “bienaventurada” porque “ha creído”, porque ha tenido una fe firme en Dios”.

María, ha proseguido el Santo Padre, representa aquel “ 'resto de Israel' aquella raíz santa que los profetas habían anunciado. En ella encuentran acogida las promesas de la antigua Alianza. En María, la palabra de Dios encuentra escucha, recepción, respuesta; encuentra el “sí”, que le permite encarnarse y venir a habitar entre nosotros. En María la humanidad y la historia se abren realmente a Dios, acogen su gracia, están dispuestas a hacer su voluntad. María es expresión genuina de la Gracia: representa el nuevo Israel, que las Escrituras del Antiguo Testamento describen con el símbolo de la esposa. (...) Los Padres de la Iglesia han desarrollado esta imagen y ,de ese modo, la doctrina de la Inmaculada ha nacido primero en referencia a la Iglesia virgen-madre, y sucesivamente a María”.

La luz que emana de la figura de María también nos ayuda a comprender el verdadero sentido del pecado original. En María, está plenamente viva y operante la relación con Dios que el pecado rompe. En ella no hay ninguna oposición entre Dios y su ser: hay comunión y entendimiento plenos. Hay un “sí” recíproco, de Dios a ella y de ella a Dios. María está libre del pecado porque es toda de Dios (...) Está llena de su Gracia, de su Amor”.

En conclusión, la doctrina de la Inmaculada Concepción de María expresa la certeza de fe que las promesas de Dios se han realizado: su alianza no ha fracasado sino que ha producido una raíz santa, de la cual ha germinado el Fruto bendito de todo el universo, Jesús, el Salvador. La Inmaculada demuestra que la Gracia es capaz de suscitar una respuesta, que la fidelidad de Dios sabe generar una fe verdadera y buena”.

Después de rezar el Ángelus, el Papa ha recordado a las poblaciones de Filipinas sobre las que se ha abatido estos días un violento huracán. Benedicto XVI ha asegurado a todos su cercanía. “Rezo por las víctimas, por sus familias y por los numerosos prófugos. La fe y la caridad fraternales sean la fuerza para afrontar esta puebla tan difícil”.

Por último, el Santo Padre ha saludado a los miembros del Movimiento Cristiano de los Trabajadores, en particular al grupo de oración del Instituto Dermopático de la Inmaculada de Roma,que atraviesa una difícil situación laboral. “Espero -ha dicho- que los problemas a los que se enfrentan diversas instituciones sanitarias católicas se solucionen”.

ACTOS PONTIFICIOS

Ciudad del Vaticano, 10 diciembre 2012 (VIS).-El Santo Padre:

-Ha nombrado a monseñor Pio Vito Pinto como Presidente del Tribunal de Apelación del Estado de la Ciudad del Vaticano. El obispo Pinto era hasta ahora Decano del Tribunal de la Rota Romana.

-Ha aceptado la renuncia del obispo Sergio Pintor al gobierno pastoral de la diócesis de Ozieri (Italia) por límite de edad y ha nombrado al obispo Sebastiano Sanguinetti, hasta ahora de Tempio-Ampurias (Italia). como administrador apostólico “ad nutum Sanctae Sedis” de la misma diócesis.

viernes, 7 de diciembre de 2012

EL PAPA: EL MONOTEÍSMO NO ES PORTADOR DE VIOLENCIA

Ciudad del Vaticano, 7 diciembre 2012 (VIS).-Benedicto XVI ha recibido hoy en audiencia a los miembros de la Comisión Teológica Internacional que acaba de celebrar su sesión plenaria. El Papa ha manifestado su aprecio por el mensaje de la Comisión con motivo del Año de la Fe y que “ilustra muy bien la manera específica en que los teólogos, sirviendo, fielmente la verdad de la fe, pueden participar en el esfuerzo evangelizador de la Iglesia”

Ese mensaje retoma las cuestiones del documento “La teología hoy. Perspectivas, principios y criterios " que presenta, de alguna forma, “el código genético de la teología católica, es decir, los principios que definen su identidad y, por lo tanto, garantizan su unidad en diversidad de sus logros (...) En un contexto cultural en el que algunos están tentados o de privar a la teología de su estatus académico, por su relación intrínseca con la fe, o de prescindir de la dimensión creyente y confesional, de la teología, con el riesgo de confundirla con las ciencias religiosas, ese documento recuerda oportunamente que la teología es confesional y racional de modo inseparable y que su presencia dentro de la institución académica garantiza una visión amplia e integral de la misma razón humana”.

El Papa ha señalado que, entre los criterios de la teología católica, el documento menciona la atención que los teólogos deben reservar al “sensus fidelium”. “El Concilio Vaticano II, reafirmando el papel específico e insustituible que compete al Magisterio, ha subrayado, sin embargo, que todo el Pueblo de Dios participa en la función profética de Cristo (...) Este don, el “sensus fidei” es para el creyente una especie de instinto sobrenatural que tiene una connaturalidad vital con el mismo objeto de la fe (...) y un criterio para discernir si una verdad pertenece o no al depósito vivo de la tradición apostólica. También tiene un valor proposicional porque el Espíritu Santo no cesa de hablar a las iglesias y de llevarlas a la verdad entera. Hoy en día, sin embargo, es particularmente importante aclarar los criterios usados para distinguir el sensus fidelium auténtico de sus falsificaciones. De hecho, no es una especie de opinión pública de la Iglesia, y es impensable recurrir a él para impugnar las enseñanzas del Magisterio, ya que el “sensus fidei” no puede desarrollarse auténticamente en el creyente auténtico salvo en la medida en que participa plenamente en la vida de la Iglesia, y esto requiere una adhesión responsable a su Magisterio”.

También este mismo sentido sobrenatural de la fe de los creyentes lleva hoy a reaccionar con fuerza contra la idea de que las religiones, especialmente las religiones monoteístas serían, intrínsecamente, portadoras de violencia, sobre todo debido a su afirmación de la existencia de un verdad universal. Algunos creen que sólo el "politeísmo de los valores" garantizaría la tolerancia y la paz civil y sería conforme al espíritu de una sociedad democrática pluralista. Por un lado, es esencial recordar que la fe en un solo Dios, creador del cielo y de la tierra, responde a las exigencias racionales de la reflexión metafísica, que no se debilita sino que refuerza y se hace más profunda con la revelación del misterio del Dios-Trinidad. Por otro, hay que señalar la forma que la revelación definitiva del misterio del Dios único asume en la vida y muerte de Jesucristo, que sale al encuentro de la Cruz como "un cordero llevado al matadero”. El Señor atestigua un rechazo radical de toda forma de odio y de violencia en favor de la primacía absoluta del “agape”. Por tanto, si en la historia ha habido o hay formas de violencia en nombre de Dios, no deben ser atribuidas al monoteísmo, sino a causas históricas, principalmente a los errores de los hombres. Más bien es el olvido de Dios el que lleva a las sociedades humanas a una forma relativismo, que inevitablemente genera violencia. Cuando se niega la posibilidad de todos de hacer referencia a una verdad objetiva, el diálogo se hace imposible y la violencia, declarada o subterránea, se convierte en la norma de las relaciones humanas. Sin la apertura a lo trascendente, que permite encontrar las respuestas a las preguntas sobre el sentido de la vida y la forma de vivir según una moral, el hombre se vuelve incapaz de actuar de acuerdo con la justicia y de esforzarse por la paz”.

Si la ruptura de la relación entre las personas y Dios trae consigo un profundo desequilibrio en la relación entre los hombres, la reconciliación con Dios, actuada en la Cruz de Cristo, "nuestra paz", es la fuente fundamental de la unidad y la fraternidad. En esta perspectiva, se coloca también vuestra reflexión sobre (...) la doctrina social de la Iglesia en el contexto de la doctrina de la Fe, que confirma que la doctrina social no es una adición extrínseca, sino que, sin dejar de lado la contribución de una sana filosofía social, hunde sus raíces en las fuentes mismas de la fe. Esta doctrina quiere cumplir, en la gran diversidad de situaciones sociales, el nuevo mandamiento que el Señor Jesús nos ha dejado: “Como yo os he amado, amaos también unos a otros”, ha concluido el pontífice.
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