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El 'Vatican Information Service' (VIS) es un boletín informativo de la Oficina de Prensa Santa Sede. Transmite diariamente información sobre la actividad magisterial y pastoral del Santo Padre y de la Curia Romana... []

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viernes, 16 de enero de 2015

El Papa habla con los periodistas en el vuelo hacia Manila

Ciudad del Vaticano, 15 enero 2015 (VIS).- Finalizada la primera parte del viaje apostólico, en el vuelo que lo conducía de Colombo a Manila, el Papa Francisco conversó durante 40 minutos con los periodistas que lo acompañaban en el avión respondiendo a sus preguntas sobre diversas cuestiones relativas no solamente a su viaje a Sri Lanka y Filipinas, sino también sobre los atentados ocurridos en París, la libertad religiosa y de expresión, la seguridad en los viajes papales y su nueva encíclica. De esta última dijo que posiblemente a finales de marzo estará terminada y que podrá salir en junio o julio.

Ofrecemos a continuación una síntesis de algunas de las respuestas del Papa.

Sobre los atentados suicidas y kamikazes que vivimos en la actualidad.

''Detrás de cada atentado suicida -dijo- hay un elemento de desequilibrio humano, no sé si mental, pero humano. Hay algo que no funciona en esa persona. No tiene el equilibrio del sentido de su vida y la de los otros. Estas personas ofrecen su vida, pero no la ofrecen bien. Hay mucha gente que trabaja, como por ejemplo los misioneros que dan la vida, pero para construir. Aquí se da la vida auto destruyéndose, para destruir''.

Sobre la seguridad en los viajes pontificios y las amenazas terroristas.

''La mejor manera de responder es la amabilidad. Ser amable y humilde... A mi me preocupan los fieles y sobre esto ya he hablado con la Seguridad vaticana... ¿Si tengo miedo? Tengo un defecto, una gran dosis de inconsciencia... pero se que se toman medidas de seguridad prudentes y seguras''.

Sobre la libertad religiosa y la libertad de expresión.

''Las dos son derechos fundamentales -destacó- … veamos París, hablemos claro. Cada uno tiene el derecho de practicar la propia religión, sin ofender, libremente... no se puede ofender, hacer una guerra, matar en nombre de la propia religión, en nombre de Dios. A nosotros lo que sucede ahora nos asombra. Pero siempre, pensemos a nuestra historia, cuantas guerras de religiones hemos tenido... También nosotros somos pecadores en esto. Pero no se puede matar en nombre de Dios. Es una aberración... Cada uno no solo tiene la libertad, el derecho sino también la obligación de decir lo que piensa para ayudar al bien común... pero sin ofender. Es verdad que no se puede reaccionar violentamente, pero si mi amigo insulta a mi madre ¡Se lleva un puñetazo!. Es normal, no se puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás... Hay un limite, y en la libertad de expresión también hay limites''.

El Papa elogia la fuerza heroica de los filipinos frente a los desastres naturales

Ciudad del Vaticano, 16 enero 2015 (VIS).- A primera hora de la mañana, el Papa dejó la nunciatura apostólica en Manila y se desplazó al Palacio Presidencial. Allí, Francisco firmó el libro de oro y se dirigió a la ''Habitación de la Música'', donde fue recibido por Benigno Simeon Conjuangco Aquino III, presidente de la República de Filipinas y su familia. Cuarenta y cinco minutos más tarde, en el Rizal Ceremonial Hall, el Papa encontró a las autoridades y a los miembros del Cuerpo diplomático a los que dirigió unas palabras.

''De manera particular, esta visita quiere expresar mi cercanía a nuestros hermanos y hermanas que tuvieron que soportar el sufrimiento, la pérdida de seres queridos y la devastación causada por el tifón Yolanda. Al igual que tantas personas en todo el mundo, he admirado la fuerza heroica, la fe y la resistencia demostrada por muchos filipinos frente a éste y otros desastres naturales. Esas virtudes, enraizadas en la esperanza y la solidaridad inculcadas por la fe cristiana, dieron lugar a una manifestación de bondad y generosidad, sobre todo por parte de muchos jóvenes. En esos momentos de crisis nacional, un gran número de personas acudieron en ayuda de sus vecinos necesitados. Con gran sacrificio, dieron su tiempo y recursos, creando redes de ayuda mutua y trabajando por el bien común.

Este ejemplo de solidaridad en el trabajo de reconstrucción nos enseña una lección importante. Al igual que una familia, toda sociedad echa mano de sus recursos más profundos para hacer frente a los nuevos desafíos. En la actualidad, Filipinas, junto con muchos otros países de Asia, se enfrenta al reto de construir sobre bases sólidas una sociedad moderna, una sociedad respetuosa de los auténticos valores humanos, que tutele nuestra dignidad y los derechos humanos dados por Dios, y lista para enfrentar las nuevas y complejas cuestiones políticas y éticas. Como muchas voces en vuestro país han señalado, es más necesario ahora que nunca que los líderes políticos se distingan por su honestidad, integridad y compromiso con el bien común. De esta manera ayudarán a preservar los abundantes recursos naturales y humanos con que Dios ha bendecido este país. Y así serán capaces de gestionar los recursos morales necesarios para hacer frente a las exigencias del presente, y transmitir a las generaciones venideras una sociedad de auténtica justicia, solidaridad y paz.

Para el logro de estos objetivos nacionales es esencial el imperativo moral de garantizar la justicia social y el respeto por la dignidad humana. La gran tradición bíblica prescribe a todos los pueblos el deber de escuchar la voz de los pobres y de romper las cadenas de la injusticia y la opresión que dan lugar a flagrantes e incluso escandolosas desigualdades sociales. La reforma de las estructuras sociales que perpetúan la pobreza y la exclusión de los pobres requiere en primer lugar la conversión de la mente y el corazón. Los Obispos de Filipinas han pedido que este año sea proclamado el «Año de los Pobres». Espero que esta profética convocatoria haga que en todos los ámbitos de la sociedad se rechace cualquier forma de corrupción que sustrae recursos a los pobres. Que impulse también un esfuerzo concertado para garantizar la inclusión de todo hombre, mujer y niño en la vida de la comunidad.

La familia, y sobre todo los jóvenes, desempeñan un papel fundamental en la renovación de la sociedad. Un momento destacado de mi visita será el encuentro con las familias y los jóvenes, aquí en Manila. Las familias tienen una misión indispensable en la sociedad. Es en la familia donde los niños aprenden valores sólidos, altos ideales y sincera preocupación por los demás. Pero al igual que todos los dones de Dios, la familia también puede ser desfigurada y destruida. Necesita nuestro apoyo. Sabemos lo difícil que es hoy para nuestras democracias preservar y defender valores humanos básicos como el respeto a la dignidad inviolable de toda persona humana, el respeto de los derechos de conciencia y de libertad religiosa, así como el derecho inalienable a la vida, desde la de los no nacidos hasta la de los ancianos y enfermos. Por esta razón, hay que ayudar y alentar a las familias y las comunidades locales en su tarea de transmitir a nuestros jóvenes los valores y la visión que permita lograr una cultura de la integridad: aquella que promueve la bondad, la veracidad, la fidelidad y la solidaridad como base firme y aglutinante moral para mantener unida a la sociedad.

Señor Presidente, distinguidas autoridades, queridos amigos:
Al comenzar mi visita a este país, no puedo dejar de mencionar el papel importante de Filipinas para fomentar el entendimiento y la cooperación entre los países de Asia, así como la contribución eficaz, y a menudo no reconocida, de los filipinos de la diáspora a la vida y el bienestar de las sociedades en las que viven. A la luz de la rica herencia cultural y religiosa, que enorgullece a su país, les dejo un desafío y una palabra de aliento. Que los valores espirituales más profundos del pueblo filipino sigan manifestándose en sus esfuerzos por proporcionar a sus conciudadanos un desarrollo humano integral. De esta forma, toda persona será capaz de realizar sus potencialidades, y así contribuir de manera sabia y eficaz al futuro de este país. Espero que las meritorias iniciativas para promover el diálogo y la cooperación entre los fieles de distintas religiones consigan su noble objetivo. De modo particular, confío en que el progreso que ha supuesto la consecución de la paz en el sur del País promueva soluciones justas que respeten los principios fundantes de la nación y los derechos inalienables de todos, incluidas las poblaciones indígenas y las minorías religiosas. ''.

Al finalizar, Francisco se dirigió en coche hacia la Catedral de Manila.

Francisco celebra la santa Misa en la Catedral de Manila

Ciudad del Vaticano, 16 enero 2015 (VIS).-El santo Padre recorrió en coche los cinco kilómetros que separan el Palacio Presidencial y la Catedral de Manila y poco antes de las once de la mañana, hora local, llegaba al recinto donde le esperaban un centenar de fieles. La Catedral de Manila, dedicada a Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, es considerada ''la madre de todas las iglesias de Filipinas''. El edificio actual, que se remonta a los años cincuenta con el título de Basílica menor concedido por san Juan Pablo II, ha sido reconstruido ocho veces desde su construcción inicial en 1581 al ser destruido por un tifón, un incendio, varios terremotos y por los bombardeos durante la II Guerra Mundial. El coste total de los trabajos de reconstrucción se han obtenido gracias a las donaciones privadas de grandes empresas y de los fieles. Cerrada al culto desde 2012, se reabrió en abril de 2014 con una solemne celebración presidida por el cardenal Luis Antonio G. Tagle, arzobispo de Manila, y a la que acudieron los altos cargos del Estado incluido el Presidente de la República. Benigno Aquino III.

El Papa concelebró la santa Misa con los obispos de Filipinas ante la presencia de sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas de país. Esta fue la homilía que pronunció:

''¿Me amas?... Apacienta mis ovejas''. Las palabras de Jesús a Pedro en el Evangelio de hoy son las primeras que os dirijo, queridos hermanos obispos y sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y jóvenes. Estas palabras nos recuerdan algo esencial. Todo ministerio pastoral nace del amor... nace del amor. La vida consagrada es un signo del amor reconciliador de Cristo. Al igual que santa Teresa de Lisieux, cada uno de nosotros, en la diversidad de nuestras vocaciones, está llamado de alguna manera a ser el amor en el corazón de la Iglesia.

Os saludo a todos con gran afecto. Y os pido que hagáis llegar mi afecto a todos vuestros hermanos y hermanas ancianos y enfermos, y a todos aquellos que no han podido estar aquí con nosotros hoy. Ahora que la Iglesia en Filipinas mira hacia el quinto centenario de su evangelización, sentimos gratitud por el legado que han dejado tantos obispos, sacerdotes y religiosos de generaciones pasadas. Ellos trabajaron, no sólo para predicar el Evangelio y edificar la Iglesia en este país, sino también para forjar una sociedad animada por el mensaje del Evangelio de la caridad, el perdón y la solidaridad al servicio del bien común. Hoy vosotros continuáis esa obra de amor. Como ellos, estáis llamados a construir puentes, a apacentar las ovejas de Cristo, y preparar caminos nuevos para el Evangelio en Asia, en los albores de una nueva era.

''El amor de Cristo nos apremia''. En la primera lectura de hoy, san Pablo nos dice que el amor que estamos llamados a proclamar es un amor reconciliador, que brota del corazón del Salvador crucificado. Estamos llamados a ser ''embajadores de Cristo''. El nuestro es un ministerio de reconciliación. Proclamamos la Buena Nueva del amor infinito, de la misericordia y de la compasión de Dios. Proclamamos la alegría del Evangelio. Pues el Evangelio es la promesa de la gracia de Dios, la única que puede traer la plenitud y la salvación a nuestro mundo quebrantado. Es capaz de inspirar la construcción de un orden social verdaderamente justo y redimido.

Ser embajador de Cristo significa, en primer lugar, invitar a todos a un renovado encuentro personal con el Señor Jesús, nuestro encuentro personal con él. Esta invitación debe estar en el centro de vuestra conmemoración de la evangelización de Filipinas. Pero el Evangelio es también una llamada a la conversión, a examinar nuestra conciencia, como personas y como pueblo. Como los obispos de Filipinas han enseñado justamente, la Iglesia está llamada a reconocer y combatir las causas de la desigualdad y la injusticia, profundamente arraigadas, que deforman el rostro de la sociedad filipina, contradiciendo claramente las enseñanzas de Cristo. El Evangelio llama a cada cristiano a vivir una vida de honestidad, integridad e interés por el bien común. Pero también llama a las comunidades cristianas a crear ''ambientes de integridad'', redes de solidaridad que se extienden hasta abrazar y transformar la sociedad mediante su testimonio profético.

Los pobres. Los pobres están en el centro del Evangelio, son el corazón del Evangelio: si quitamos a los pobres del Evangelio no se comprenderá el mensaje completo de Jesucristo. Como embajadores de Cristo, nosotros, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, debemos ser los primeros en acoger en nuestros corazones su gracia reconciliadora. San Pablo explica con claridad lo que esto significa: rechazar perspectivas mundanas y ver todas las cosas de nuevo a la luz de Cristo; ser los primeros en examinar nuestras conciencias, reconocer nuestras faltas y pecados, y recorrer el camino de una conversión constante, de una conversión cotidiana. ¿Cómo podemos proclamar a los demás la novedad y el poder liberador de la Cruz, si nosotros mismos no dejamos que la Palabra de Dios sacuda nuestra complacencia, nuestro miedo al cambio, nuestros pequeños compromisos con los modos de este mundo, nuestra ''mundanidad espiritual''?

Para nosotros, sacerdotes y personas consagradas, la conversión a la novedad del Evangelio implica un encuentro diario con el Señor en la oración. Los santos nos enseñan que ésta es la fuente de todo celo apostólico. Para los religiosos, vivir la novedad del Evangelio significa también encontrar una y otra vez en la vida comunitaria y en los apostolados de la comunidad el incentivo de una unión cada vez más estrecha con el Señor en la caridad perfecta. Para todos nosotros, significa vivir de modo que se refleje en nuestras vidas la pobreza de Cristo, cuya existencia entera se centró en hacer la voluntad del Padre y en servir a los demás. Naturalmente, el gran peligro es el materialismo que puede deslizarse en nuestras vidas y comprometer el testimonio que ofrecemos. Sólo si somos pobres, sólo si somos pobres nosotros mismos, y eliminamos nuestra complacencia, seremos capaces de identificarnos con los últimos de nuestros hermanos y hermanas. Veremos las cosas desde una perspectiva nueva, y así responderemos con con honestidad e integridad al desafío de anunciar la radicalidad del Evangelio en una sociedad acostumbrada a la exclusión social, a la polarización y a la desigualdad escandalosa.

Quisiera decir unas palabras especialmente a los jóvenes sacerdotes, religiosos y seminaristas, aquí presentes. Os pido que compartáis la alegría y el entusiasmo de vuestro amor a Cristo y a la Iglesia con todos, y especialmente con los de vuestra edad. Que estéis cerca de los jóvenes, que pueden estar confundidos y desanimados, pero que siguen viendo a la Iglesia como compañera en el camino y fuente de esperanza. Estar cerca de aquellos que, viviendo en medio de una sociedad abrumada por la pobreza y la corrupción, están abatidos, tentados de darse por vencidos, de abandonar los estudios y vivir en la calle. Proclamar la belleza y la verdad del mensaje cristiano a una sociedad que está tentada por una visión confusa de la sexualidad, el matrimonio y la familia. Como sabéis, estas realidades sufren cada vez más el ataque de fuerzas poderosas que amenazan con desfigurar el plan de Dios sobre la creación y traicionan los verdaderos valores que han inspirado y plasmado todo lo mejor de vuestra cultura.

La cultura filipina, en efecto, ha sido modelada por la creatividad de la fe. Los filipinos son conocidos en todas partes por su amor a Dios, su ferviente piedad y su cálida devoción a Nuestra Señora y el rosario. Este gran patrimonio contiene un gran potencial misionero. Es la forma en la que vuestro pueblo ha inculturado el Evangelio y sigue viviendo su mensaje. En vuestros trabajos para preparar el quinto centenario, construid sobre esta sólida base.

Cristo murió por todos para que, muertos en él, ya no vivamos para nosotros mismos, sino para él. Queridos hermanos obispos, sacerdotes y religiosos: pido a María, Madre de la Iglesia, que os conceda un celo desbordante que os lleve a gastaros con generosidad en el servicio de nuestros hermanos y hermanas. Que de esta manera, el amor reconciliador de Cristo penetre cada vez más profundamente en el tejido de la sociedad filipina y, a través de él, hasta los confines de la tierra. Amén''.

Concluida la celebración eucarística, y antes de regresar a la nunciatura apostólica para almorzar y reposar unas horas, Francisco se ha desplazado a una casa de la Fundación Tulay ng Kabataan (TNK Foundation), situada en las proximidades de la Catedral, que acoge a niños de la calle. Allí ha encontrado durante veinte minutos a más de trescientos veinte críos que con cantos, abrazos, pequeños regalos y fotos han conmovido al Santo Padre.

A las familias: Sed conscientes de vuestra llamada a ser discípulos misioneros de Jesús

Ciudad del Vaticano, 16 enero 2015 (VIS).-Por la tarde, sobre las 17.00 hora local, el Papa se ha desplazado hasta el ''Mall of Asia Arena'' para llevar a cabo el encuentro con las familias, la tercera etapa en la capital filipina. Ha recorrido seis kilómetros, esta vez utilizando el papamóvil que le ha permitido ir saludando a la multitud de fieles que encontraba por el camino. El ''Mall of Asia Arena'' es el Palacio del deporte cubierto de la ciudad. Inaugurado en 2012 y con una capacidad para veinte mil personas, pertenece a la cadena de centros comerciales SM que ha retransmitido en directo el encuentro del Papa con las familias en todas las salas de cine que posee. Los cantos, testimonios, lecturas y ofrenda de flores al Santo Padre han sido los momentos culminantes del encuentro en el que Francisco ha dirigido unas palabras a los presentes.

''Estimadas familias,

Queridos amigos en Cristo

Muchas gracias por vuestra presencia aquí esta noche y por el testimonio de vuestro amor a Jesús y a su Iglesia. Agradezco a monseñor Reyes, Presidente de la Comisión Episcopal de Familia y Vida, sus palabras de bienvenida. Y, de una manera especial, doy las gracias a los que han presentado sus testimonios y han compartido su vida de fe con nosotros.

Las Escrituras rara vez hablan de san José, pero cuando lo hacen, a menudo lo encuentran descansando, mientras un ángel le revela la voluntad de Dios en sueños. En el pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar, nos encontramos con José que descansa no una vez sino dos veces. Esta noche me gustaría descansar en el Señor con todos vosotros, y reflexionar sobre el don de la familia.

A José le fue revelada la voluntad de Dios durante el descanso. En este momento de descanso en el Señor, cuando nos detenemos de nuestras muchas obligaciones y actividades diarias, Dios también nos habla. Él nos habla en la lectura que acabamos de escuchar, en nuestra oración y testimonio, y en el silencio de nuestro corazón. Reflexionemos sobre lo que el Señor nos quiere decir, especialmente en el Evangelio de esta tarde. Hay tres aspectos de este pasaje que me gustaría que considerásemos: descansar en el Señor, levantarse con Jesús y María, y ser una voz profética.

Descansar en el Señor. El descanso es necesario para la salud de nuestras mentes y cuerpos, aunque a menudo es muy difícil de lograr debido a las numerosas obligaciones que recaen sobre nosotros. Pero el descanso es también esencial para nuestra salud espiritual, para que podamos escuchar la voz de Dios y entender lo que él nos pide. José fue elegido por Dios para ser el padre putativo de Jesús y el esposo de María. Como cristianos, también vosotros estáis llamados, al igual que José, a construir un hogar para Jesús. Le preparáis un hogar en vuestros corazones, vuestras familias, vuestras parroquias y comunidades.

Para oír y aceptar la llamada de Dios, y preparar una casa para Jesús, debéis ser capaces de descansar en el Señor. Debéis dedicar tiempo cada día a la oración. Es posible que me digáis: Santo Padre, yo quiero orar, pero tengo mucho trabajo. Tengo que cuidar de mis hijos; además están las tareas del hogar; estoy muy cansado incluso para dormir bien. Y seguramente es así, pero si no oramos, no conoceremos la cosa más importante de todas: la voluntad de Dios sobre nosotros. Y a pesar de toda nuestra actividad y ajetreo, sin la oración, lograremos muy poco.

Descansar en la oración es especialmente importante para las familias. Donde primero aprendemos a orar es en la familia. Allí conseguimos conocer a Dios, crecer como hombres y mujeres de fe, vernos como miembros de la gran familia de Dios, la Iglesia. En la familia aprendemos a amar, a perdonar, a ser generosos y abiertos, no cerrados y egoístas. Aprendemos a ir más allá de nuestras propias necesidades, para encontrar a los demás y compartir nuestras vidas con ellos. Por eso es tan importante rezar en familia. Por eso las familias son tan importantes en el plan de Dios sobre la Iglesia.

Crecer con Jesús y María. Esos momentos preciosos de reposo, de descanso con el Señor en la oración, son momentos que quisiéramos tal vez prolongar. Pero, al igual que san José, una vez que hemos oído la voz de Dios, debemos despertar, levantarnos y actuar. La fe no nos aleja del mundo, sino que nos introduce más profundamente en él. Cada uno de nosotros tiene un papel especial que desempeñar en la preparación de la venida del reino de Dios a nuestro mundo.

Del mismo modo que el don de la sagrada Familia fue confiado a san José, así a nosotros se nos ha confiado el don de la familia y su lugar en el plan de Dios. El ángel del Señor le reveló a José los peligros que amenazaban a Jesús y María, obligándolos a huir a Egipto y luego a instalarse en Nazaret. Así también, en nuestro tiempo, Dios nos llama a reconocer los peligros que amenazan a nuestras familias para protegerlas de cualquier daño.

Las dificultades que hoy pesan sobre la vida familiar son muchas. Aquí, en las Filipinas, multitud de familias siguen sufriendo los efectos de los desastres naturales. La situación económica ha provocado la separación de las familias a causa de la migración y la búsqueda de empleo, y los problemas financieros gravan sobre muchos hogares. Si, por un lado, demasiadas personas viven en pobreza extrema, otras, en cambio, están atrapadas por el materialismo y un estilo de vida que destruye la vida familiar y las más elementales exigencias de la moral cristiana. La familia se ve también amenazada por el creciente intento, por parte de algunos, de redefinir la institución misma del matrimonio, guiados por el relativismo, la cultura de lo efímero, la falta de apertura a la vida.

Nuestro mundo necesita familias buenas y fuertes para superar estos peligros. Filipinas necesita familias santas y unidas para proteger la belleza y la verdad de la familia en el plan de Dios y para que sean un apoyo y ejemplo para otras familias. Toda amenaza para la familia es una amenaza para la propia sociedad. Como afirmaba a menudo san Juan Pablo II, el futuro de la humanidad pasa por la familia. Así pues, ¡proteged vuestras familias! Ved en ellas el mayor tesoro de vuestro país y sustentarlas siempre con la oración y la gracia de los sacramentos. Las familias siempre tendrán dificultades, así que no le añadáis otras. Más bien, sed ejemplo vivo de amor, de perdón y atención. Sed santuarios de respeto a la vida, proclamando la sacralidad de toda vida humana desde su concepción hasta la muerte natural. ¡Qué don para la sociedad si cada familia cristiana viviera plenamente su noble vocación! Levantaos con Jesús y María, y seguid el camino que el Señor traza para cada uno de vosotros.

Por último, el Evangelio que hemos escuchado nos recuerda nuestro deber cristiano de ser voces proféticas en medio de nuestra sociedad. José escuchó al ángel del Señor, y respondió a la llamada de Dios a cuidar de Jesús y María. De esta manera, cumplió su papel en el plan de Dios, y llegó a ser una bendición no sólo para la sagrada Familia, sino para toda la humanidad. Con María, José sirvió de modelo para el niño Jesús, mientras crecía en sabiduría, edad y gracia. Cuando las familias tienen hijos, los forman en la fe y en sanos valores, y les enseñan a colaborar en la sociedad, se convierten en una bendición para nuestro mundo. El amor de Dios se hace presente y operante a través de nuestro amor y de las buenas obras que hacemos. Extendemos el reino de Cristo en este mundo. Y al hacer esto, somos fieles a la misión profética que hemos recibido en el bautismo.

Durante este año, que vuestros obispos han establecido como el Año de los Pobres, os pediría, como familias, que fuerais especialmente conscientes de vuestra llamada a ser discípulos misioneros de Jesús. Esto significa estar dispuestos a salir de vuestras casas y atender a nuestros hermanos y hermanas más necesitados. Os pido además que os preocupéis de aquellos que no tienen familia, en particular de los ancianos y niños sin padres. No dejéis que se sientan nunca aislados, solos y abandonados; ayudadlos para que sepan que Dios no los olvida. Incluso si vosotros mismos sufrís la pobreza material, tenéis una abundancia de dones cuando dais a Cristo y a la comunidad de su Iglesia. No escondáis vuestra fe, no escondáis a Jesús, llevadlo al mundo y dad el testimonio de vuestra vida familiar.

Queridos amigos en Cristo, sabed que yo rezo siempre por vosotros. Rezo para que el Señor siga haciendo más profundo vuestro amor por él, y que este amor se manifieste en vuestro amor por los demás y por la Iglesia. No dejéis de rezar a menudo y que vuestra oración dé frutos en todo el mundo, de modo que todos conozcan a Jesucristo y su amor misericordioso. Por favor, rezad también por mí, porque necesito verdaderamente vuestras oraciones y siempre cuento con ellas''.

Al términe del encuentro, el Papa ha regresado en coche a la nunciatura apostólica en Manila. Una vez allí, Francisco cenó en privado y se retiró a descansar.

Concluye la reunión de los Presidentes de las Comisiones Doctrinales

Ciudad del Vaticano, 16 enero 2015 (VIS).-Se ha llevado a cabo, del 13 hasta 15 de enero, una reunión de los Superiores de la Congregación para la Doctrina de la Fe con los presidentes o representantes de las Comisiones Doctrinales de las Conferencias Episcopales europeas celebrada en el Centro San Adalberto en Esztergom, Hungría. Participaron entre otros el cardenal Gerhard L. Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo Luis F. Ladaria S.I., secretario del mismo dicasterio, y representantes de las diversas comisiones doctrinales.

La reunión comenzó con la lectura de una carta del Papa Francisco dirigida a los participantes en la que subraya que la oportuna iniciativa "tiene como objetivo mejorar los Episcopados locales, y en particular las Comisiones Doctrinales, en su responsabilidad por la unidad y la integridad de la fe así como su transmisión a las generaciones más jóvenes". Refiriéndose a la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, el Papa expresa en la carta su deseo de que dicho encuentro "ayude a satisfacer colegialmente algunos problemas doctrinales y pastorales que se presentan hoy en el continente europeo, con el fin de despertar en los fieles un nuevo impulso misionero y una mayor apertura a la dimensión trascendente de la vida, sin el cual Europa corre el riesgo de perder ese espíritu humanista que ama y defiende".

Durante los tres días de encuentro, en un ambiente de gran cordialidad y espíritu de colegialidad afectiva y efectiva, se trataron algunas cuestiones relacionadas con la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y con el anuncio del Evangelio como tarea primordial de la Iglesia en Europa. Se plantearon interrogantes sobre la teoría de género, la antropología cristiana y la libertad religiosa, y se abordaron varias cuestiones prácticas relacionadas con la nueva evangelización, el sacramento de la penitencia y el funcionamiento de una Comisión Doctrinal. Toda una oportunidad para fortalecer la colaboración entre las Comisiones Doctrinales de las Conferencias Episcopales de los países europeos y la Congregación para la Doctrina de la Fe, con el fin de hacer frente más eficazmente a los desafíos doctrinales que cada vez están más presentes hoy en el continente europeo.

Otros Actos Pontificios

Ciudad del Vaticano, 16 enero 2015 (VIS).-El Santo Padre:

-Nombró al reverendo José María Baliña, como obispo auxiliar de Buenos Aires (superficie 203, población 2.944.000, católicos 2.696.000, sacerdotes 782, religiosos 1.951, diáconos permanentes 10) en Argentina. El obispo electo nació en 1959 en Buenos Aires (Argentina) y fue ordenado sacerdote en 1989. Durante su ministerio pastoral ha sido, ente otros, vicario parroquial y párroco de varias parroquias, miembro del Consejo Presbiteral de la arquidiócesis de Buenos Aires y vicepresidente de la Asociación Eclesial San Pedro.

-Nombró Administrador Apostólico sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis de la eparquía de Nuestra Señora del Paraíso de los Greco-melkitas en México, al obispo Nicholas James Samra, de Newton, de los Greco-melquitas.

jueves, 15 de enero de 2015

Francisco ya está en Manila

Ciudad del Vaticano, 15 enero 2015 (VIS).-Esta mañana, a primera hora, el Papa dejó la nunciatura apostólica de Colombo para dirigirse en coche hasta el aeropuerto. De camino hizo una parada en la capilla dedicada a Nuestra Señora de Lanka del Instituto Cultural Benedicto XVI, en Bolawalana, para rezar en privado durante unos minutos. Allí fue recibido por el padre Mahamale Quintus Fernando, rector de dicho instituto y unos doscientos cincuenta trabajadores que colaboraron en 2011 en la construcción del centro. En el interior de la capilla le esperaban 10 padres jesuitas de la comunidad cercana del instituto, un coro y y algunos pescadores de la zona.

La capilla de Nuestra Señora de Lanka, se remonta a 1911 e inicialmente estaba dedicada a Nuestra Señora de Lourdes. Cuando comenzó la II Guerra Mundial, el cardenal Jean-Marie Masson O.M.I., arzobispo de Colombo, hizo una voto a la Virgen: Si el país no sufría los horrores de la guerra, construiría en el lugar de la capilla un santuario con el nombre de Nuesta Señora de Lanka. Las obras terminaron en 1974 y en febrero de ese mismo año se consagró con el título de Basílica Menor, concedido por Pablo VI. Por otro lado, el Instituto Cultural Benedicto XVI fue una iniciativa que comenzó el cardenal Malcolm Ranjith, arzobispo de Colombo en 2011, para colaborar con las autoridades y otras agencias del país en la reconstrucción de la nación tras los treinta años vividos de guerra civil.

Desde allí, Francisco, retomó su viaje hacia el aeropuerto donde le esperaban para despedirlo Maithripala Sirisena, Presidente de la República, algunas autoridades civiles y un grupo de fieles.

A las nueve, hora local, el avión del Papa despegaba de Colombo con dirección a la capital filipina. Tras seis oras y cuarto de viaje aterrizó en la Villamor Air Base de Manila donde fue recibido por los representantes de las autoridades religiosas y civiles, entre ellas el nuncio apostólico en ese país, el arzobispo Giuseppe Pinto, y el presidente del país Benigno Aquino III.

Nada más bajar del avión dos niños ofrecieron flores al Pontífice entre besos y abrazos, más de un centenar de adolescentes cantaban y bailaban al son de un ''bienvenido Papa Francisco'', y un grupo numeroso de niños más pequeños con vestidos blancos y lazos amarillos realizaron una alegre coreografía. Al salir de la base aérea, el Santo Padre se subió en un papamóvil descubierto y recorrió los nueve kilómetros que separan la base aérea de la nunciatura apostólica en Manila saludando a la multitud de fieles que encontraba a su paso. Una vez en la nunciatura apostólica, Francisco cenó en privado y se retiró a descansar.

Acuerdo entre la Santa Sede y Serbia

Ciudad del Vaticano, 15 enero 2015 (VIS).-Ha entrado en vigor, el 12 de enero de 2015 con el consentimiento de ambas partes, el acuerdo entre la Santa Sede y la República de Serbia sobre la colaboración en la enseñanza superior que confirma los principios y define las disposiciones entre ambas partes en el ámbito de la enseñanza superior, firmado el pasado 27 de junio de 2014 en Belgrado.

Otros Actos Pontificios

Ciudad del Vaticano, 15 enero 2015 (VIS).-El Santo Padre:

-Dio el asenso a la elección efectuada canónicamente por el Sínodo de los Obispos de la Iglesia Caldea del reverendo Basel Yaldo como obispo auxiliar de la Metropolia Patriarcal de Babilonia de los Caldeos en Irak. El obispo electo nació en 1970 en Telkaif (Irak) y fue ordenado sacerdote en 2002. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma. Ha sido vicerector de seminario, profesor de Teología Dogmática y vicepárroco.

-Nombró al arzobispo Amel Shamon Nona como obispo de la eparquía de Saint Thomas the Apostle of Sydney de los Caldeos en Australia. El obispo electo nació en 1967 en Alqosh (Irak) y fue ordenado sacerdote en 1991. Ha sido vicario, párroco y profesor de Antropología. Sucede al obispo Djibrail Kassab.

-Nombró al corepiscopo Emmanuel Challita, del clero de la eparquía de Saint Thomas the Apostle of Detroit de los Caldeos en E.E.U.U. como obispo de la eparquía de Mar Addai de los Caldeos en Toronto, Canadá. El obispo electo nació en 1956 en Fishkabour-Zakho (Irak) y fue ordenado sacerdote en 1984. Ha sido vicepárroco y párroco.

miércoles, 14 de enero de 2015

500.000 personas en la canonización de José Vaz, primer santo de Sri Lanka


Ciudad del Vaticano, 14 enero 2015 (VIS).-El Santo Padre se desplazó esta mañana de la nunciatura apostólica de Colombo al ''Galle Face Green''. Se trata de un parque urbano, en el corazón del barrio financiero de Colombo con una extensión de cinco hectáreas sobre el litoral del Océano Índico . Hace veinte años, un 15 de enero de 1995, san Juan Pablo II celebró en ese mismo lugar una santa Misa y proclamó beato a Joseph Vaz. Nada más llegar, Francisco cambió de coche, subiéndose al papamóvil para saludar a la multitud de fieles reunidos, más de medio millón de personas. Antes de acceder a la sacristía, el alcalde de la ciudad de Colombo saludó al Pontífice y le hizo entrega de las llaves de la ciudad.

A las 8.30, hora local , comenzó la Misa para la canonización del beato José Vaz, primer santo de Sri Lanka que nació en 1651 en Goa (India). Era hijo de Cristóvão Vaz y Maria de Miranda, devotos católicos, Su padre perteneció a una prominente familia Naik Goud Saraswat Brahmin de Sancoale, y José fue bautizado en el octavo día en la iglesia parroquial de San Juan Bautista. Aprendió portugués y latín y posteriormente siguió el camino sacerdotal en el Oratorio de san Felipe Neri. En 1686 al saber que en la Isla de Ceilán, la actual Sri Lanka, en aquella época bajo el dominio de los calvinistas holandeses, no había sacerdotes católicos, viajó allí en veste de obrero, pero no consiguió evitar la vigilancia holandesa y fue encarcelado. En 1696 fue puesto en libertad y obtuvo el permiso de predicar el Evangelio en el reino de Kandy y clandestinamente en los territorios controlados por los holandeses. Tradujo con otro hermano oratoriano los más importantes textos cristianos en la lengua de Ceilán. Murió en 1711.

Recordando en la homilía, su figura, el Papa dijo :''Al igual que muchos misioneros en la historia de la Iglesia, él respondió al mandato del Señor resucitado de hacer discípulos de todas las naciones. Con sus palabras, pero más aún, con el ejemplo de su vida, ha llevado al pueblo de este país a la fe que nos hace partícipes de ''la herencia de los santos''. En san José Vaz vemos un signo expléndido de la bondad y el amor de Dios para con el pueblo de Sri Lanka. Pero vemos también en él un estímulo para perseverar en el camino del Evangelio, para crecer en santidad, y para dar testimonio del mensaje evangélico de la reconciliación al que dedicó su vida''.

San José Vaz ''sigue siendo un modelo y un maestro por muchas razones, pero me gustaría centrarme en tres. En primer lugar, fue un sacerdote ejemplar. Hoy aquí, hay muchos sacerdotes y religiosos, hombres y mujeres que, al igual que José Vaz, están consagrados al servicio de Dios y del prójimo. Os animo a encontrar en san José Vaz una guía segura. Él nos enseña a salir a las periferias, para que Jesucristo sea conocido y amado en todas partes. Él es también un ejemplo de sufrimiento paciente a causa del Evangelio, de obediencia a los superiores, de solicitud amorosa para la Iglesia de Dios. Como nosotros, vivió en un período de transformación rápida y profunda; los católicos eran una minoría, y a menudo divididos entre sí; externamente sufrían hostilidad ocasional, incluso persecución. Sin embargo, y debido a que estaba constantemente unido al Señor crucificado en la oración, llegó a ser para todas las personas un icono viviente del amor misericordioso y reconciliador de Dios''.

El nuevo santo, continuó Francisco ''nos muestra la importancia de ir más allá de las divisiones religiosas en el servicio de la paz. Su amor indiviso a Dios lo abrió al amor del prójimo; sirvió a los necesitados, quienquiera que fueran y dondequiera que estuvieran. Su ejemplo sigue siendo hoy una fuente de inspiración para la Iglesia en Sri Lanka, que sirve con agrado y generosidad a todos los miembros de la sociedad. No hace distinción de raza, credo, tribu, condición social o religión, en el servicio que ofrece a través de sus escuelas, hospitales, clínicas, y muchas otras obras de caridad. Lo único que pide a cambio es libertad para llevar a cabo su misión. La libertad religiosa es un derecho humano fundamental. Toda persona debe ser libre, individualmente o en unión con otros, para buscar la verdad, y para expresar abiertamente sus convicciones religiosas, libre de intimidaciones y coacciones externas. Como la vida de san Joseph Vaz nos enseña, el verdadero culto a Dios no lleva a la discriminación, al odio y la violencia, sino al respeto de la sacralidad de la vida, al respeto de la dignidad y la libertad de los demás, y al compromiso amoroso por todos''.

Por último, san José Vaz nos da ''un ejemplo de celo misionero. A pesar de que llegó a Ceilán para ayudar y apoyar a la comunidad católica, en su caridad evangélica llegó a todos. Dejando atrás su hogar, su familia, la comodidad de su entorno familiar, respondió a la llamada a salir, a hablar de Cristo dondequiera que fuera. San Joseph Vaz sabía cómo presentar la verdad y la belleza del Evangelio en un contexto multireligioso, con respeto, dedicación, perseverancia y humildad. Éste es también hoy el camino para los que siguen a Jesús. Estamos llamados a salir con el mismo celo, el mismo ardor, de san Joseph Vaz, pero también con su sensibilidad, su respeto por los demás, su deseo de compartir con ellos esa palabra de gracia, que tiene el poder de edificarles. Estamos llamados a ser discípulos misioneros.

''Pido al Señor que los cristianos de este país -concluyó Francisco- consiguiendo el ejemplo de san José Vaz, se mantengan firmes en la fe y contribuyan cada vez más a la paz, la justicia y la reconciliación en la sociedad de Sri Lanka. Esto es lo que el Señor quiere de vosotros. Esto es lo que san José Vaz os enseña. Esto es lo que la Iglesia necesita de vosotros. Os encomiendo a todos a la intercesión del nuevo santo, para que, en unión con la Iglesia extendida por todo el mundo, podáis cantar un canto nuevo al Señor y proclamar su gloria a todos los confines de la tierra. Porque grande es el Señor, y muy digno de alabanza. Amén''.

Al finalizar la celebración eucarística el Papa entregó al cardenal Albert Malcolm Ranjith Patabendige Don, arzobispo de Colombo, una reproducción del ''Sannas'',el decreto grabado en una tablilla de cobre, por el que el rey Keerthi Sri Rajasinghe de Kandy, autorizaba en 1694 al Padre Juan Sylveira de la Orden de San Felipe Neri y a sus compañeros a predicar el evangelio y construir iglesias en su reino y a los ceilandeses que lo deseasen a convertirse al cristianismo. El decreto original fue regalado por el entonces arzobispo de Colombo, Christopher Bonjero, OMI al papa León XIII. Por su parte, los fieles de Sri Lanka regalaron a Francisco 70.000 dólares para la caridad papal.





En el santuario de Madhu: María acompañe a tamiles y cingaleses a reconstruir la unidad perdida


Ciudad del Vaticano, 14 enero 2015 (VIS).-El santuario de Nuestra Señora de Madhu, a 250 kilómetros de Colombo y al que el Papa se desplazó en helicóptero fue la segunda etapa del viaje de Francisco a Sri Lanka este miércoles. El santuario se encuentra en el norte de la isla, habitada prevalentemente por población Tamil, y su historia abarca más de cuatro siglos. En 1544 algunos cristianos escapados a la masacre ordenada en Mannar por el rey de Jaffna que temía la expansión de la influencia portuguesa se refugian en la jungla y construyen un rudimental lugar de oración colocando la imagen que ahora se encuentra en el santuario. En 1583, de nuevo huyendo de Mannar, otros cristianos comienzan a construir iglesias en las zonas cercanas; una de ellas en Mantai que es la primera casa de la imagen de Nuestra Señora de Madhu. Después de las persecuciones de los holandeses, desembarcados en Ceilán en 1656, treinta familias católicas que buscaban refugio de aldea en aldea llevando consigo la imagen se establecen en Maruthamadhu, el lugar donde surge actualmente el santuario. Se unirán más tarde a ellos otros católicos de origen portugués a los que se debe la construcción de la primera pequeña iglesia dedicada a Nuestra Señora de Madhu.

La fama de la Virgen de Madhu, protectora contra las serpientes, se difunde por toda la isla y con la llegada de san José Vaz en 1687 el catolicismo vuelve a florecer y Madhu en 1706 se convierte en centro misionero. La construcción del edificio actual comienza en 1872 , el legado pontificio corona la imagen en 1924 en nombre de Pío XI y la iglesia se consagra en 1944. El santuario mariano es lugar de oración muy respetado y frecuentado por fieles católicos y de otras religiones, a pesar de lo cual fue escenario de combates entre los tamiles y las fuerzas del gobierno. Los obispos de Sri Lanka han conseguido que Madhu sea una zona desmilitarizada garantizando la seguridad de los peregrinos y de los numerosos prófugos que se refugiaron allí para escapar de la guerra. Desde 1990, las 160 hectáreas de terreno que rodean el santuario han acogido a miles de desplazados de guerra, convirtiéndose en un verdadero y propio campo de refugiados, reconocido por las partes en lucha. En abril de 2008 el santuario fue entregado de nuevo a la diócesis de Mannar y reabierto al culto en diciembre de 2010.

Más de 500.000 personas esperaban al Papa para rezar juntos a la Virgen por la consolidación de la paz alcanzada en 2009 al final de un conflicto que se prolongó durante más de tres décadas. Estaban presentes familias tamiles y cingalesas sometidas a duras pruebas por las hostilidades.

''Estamos en la casa de nuestra Madre -dijo Francisco- Aquí ella nos da la bienvenida. En este santuario de Nuestra Señora de Madhu, todo peregrino se puede sentir en su casa, porque aquí María nos lleva a la presencia de su Hijo Jesús. Aquí vienen los habitantes de Sri Lanka, tamiles y cingaleses por igual, como miembros de una sola familia. Encomiendan a María sus alegrías y tristezas, sus esperanzas y necesidades. Aquí, en su casa, se sienten seguros. Saben que Dios está muy cerca; sienten su amor; conocen su ternura y misericordia, la tierna misericordia de Dios''.

''Se encuentran hoy aquí familias que han sufrido mucho en el largo conflicto que rasgó el corazón de Sri Lanka. Muchas personas, tanto del norte como del sur, fueron asesinadas en la terrible violencia y derramamiento de sangre de aquellos años. Los habitantes de Sri Lanka no pueden olvidar los trágicos acontecimientos ocurridos en este mismo lugar, o el triste día en que la venerada imagen de María, que data de la llegada de los primeros cristianos a Sri Lanka, fue arrancada de su santuario''.

''Pero la Virgen permanece siempre con vosotros. Ella es la madre de todo hogar, de toda familia herida, de todos los que están tratando de volver a una existencia pacífica. Hoy le damos las gracias por haber protegido a la población de Sri Lanka de tantos peligros pasados y presentes. María nunca olvida a sus hijos en esta isla resplandeciente. Al igual que nunca se apartó del lado de su Hijo en la cruz, así nunca se aparta de sus hijos que sufren en Sri Lanka''.

''Hoy queremos dar las gracias a la Virgen por su presencia. Ante tanto odio, violencia y destrucción, queremos darle las gracias porque sigue llevándonos a Jesús, el único que tiene el poder para curar las heridas abiertas y devolver la paz a los corazones desgarrados. Pero también queremos pedirle que implore para nosotros la gracia de la misericordia de Dios. Pedimos también la gracia de reparar por nuestros pecados y por todo el mal que esta tierra ha conocido''.

''No es fácil hacer esto -reconoció el Santo Padre- Sin embargo, cuando llegamos a entender, a la luz de la Cruz, el mal que somos capaces de hacer, y del que incluso formamos parte, podremos experimentar el auténtico remordimiento y el verdadero arrepentimiento. Sólo entonces podremos recibir la gracia de acercarnos unos a otros, con una verdadera contrición, dando y recibiendo el perdón verdadero. En esta difícil tarea de perdonar y tener paz, María siempre está presente para animarnos, para guiarnos, para mostrarnos el camino. De la misma manera que perdonó a los verdugos de su Hijo al pie de la cruz, y luego recibió su cuerpo exánime entre sus manos, así ahora quiere guiar al pueblo de Sri Lanka a una mayor reconciliación, para que el bálsamo del perdón y la misericordia de Dios proporcione una verdadera curación para todos''.

''Por último, queremos pedir a María Madre que acompañe con su intercesión los esfuerzos de ambas comunidades de Sri Lanka, tamiles y cingaleses, por reconstruir la unidad que se había perdido. Al igual que su imagen volvió a su santuario de Madhu después de la guerra, pedimos al Señor que todos sus hijos e hijas de Sri Lanka puedan volver ahora a la casa de Dios con un renovado espíritu de reconciliación y comunión''.

''Queridos hermanos y hermanas, me siento feliz de estar con vosotros en la casa de María. Oremos unos por otros. Sobre todo, pidamos que este santuario sea siempre una casa de oración y un remanso de paz. Que, por intercesión de Nuestra Señora de Madhu, todos los hombres encuentren aquí el ánimo y la fuerza para construir un futuro de reconciliación, justicia y paz para todos los hijos de esta querida tierra. Amén''.

Después de rezar el Padre Nuestra y de bendecir a la asamblea con la imagen de Nuestra Señora, el Papa aclamado nuevamente por la multitud recorrió en papamóvil el kilómetro y medio que lo separaba del helipuerto de Madhu desde donde regresó a Colombo.



Telegrama del Papa al Presidente de la República Italiana


Ciudad del Vaticano, 14 enero 2015 (VIS).-El Papa Francisco ha enviado un telegrama -desde Sri Lanka- al Presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, que hoy dimite del cargo que ostentaba desde el 15 de mayo de 2006. Undécimo Presidente de la República Italiana y único reelegido dos veces, Napolitano efectuó la primera visita oficial al extranjero de su segundo mandato al Vaticano para saludar al Papa Francisco el 8 de junio de 2013. Sigue el telegrama:

''Al tener noticia de su dimisión de la función de Jefe del Estado, cuando efectúo mi viaje apostólico a Sri Lanka y Filipinas, le manifiesto mi cercanía espiritual y quiero expresarle mi sincera estima y vivo aprecio por su generoso y ejemplar servicio a la nación italiana desempeñado con autoridad, fidelidad y entrega incansable al bien común. Su acción, iluminada y sabia, ha contribuido a fortalecer en la población los ideales de solidaridad, de unidad y de concordia, especialmente en el contexto europeo y nacional caracterizado por no pocas dificultades. Invoco sobre Usted, sobre su consorte y sus seres queridos la asistencia divina y le aseguro un recuerdo constante en mis oraciones''.


Actos Pontificios


Ciudad del Vaticano, 14 enero 2015 (VIS).-El Santo Padre nombró a monseñor Joseph G. Hanefeldt como obispo de Grand Island (superficie 108.000, población 316.000, católicos 55.800, sacerdotes 61, religiosos 56, diáconos permanentes 7) en Estados Unidos. El obispo electo nació en 1958 en Creighton (EE.UU) y fue ordenado sacerdote en 1984. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana y Diplomado en Teología Sacramental por el Pontificio Ateneo de San Anselmo. En su ministerio pastoral ha sido entre otros, vicario parroquial, director de la oficina archidiocesana de la actividad pro-vida de Omaha, moderador del consejo archidiocesano de las mujeres católicas, párroco, director espiritual y director de formación espiritual en el Colegio Pontificio Norteamericano. En la actualidad era párroco de Cristo Rey en Omaha (EE.UU). Sucede al obispo William J. Dendinger cuya renuncia al gobierno pastoral de la diócesis fue aceptada por límite de edad.

martes, 13 de enero de 2015

Comienza el viaje apostólico de Francisco en Sri Lanka

Ciudad del Vaticano, 13 de enero 2015 (VIS).- El Papa Francisco ha comenzado esta mañana su visita a Sri Lanka y Filipinas. Se trata del séptimo viaje apostólico del pontífice que, como san Juan Pablo II, engloba en una única visita los dos países asiáticos con el mayor número de católicos. La visita a Sri Lanka dura dos días y prevé un encuentro interreligioso, la canonización de Joseph Vaz y la oración mariana en el santuario de Nuestra Señora de Madhu. La visita a Filipinas dura tres días en los cuales el Papa encontrará entre otros a las víctimas del tifón Yolanda. El último día del viaje del Santo Padre coincide con la festividad del Santo Niño de Cebu, en Filipinas, cuyo santuario es meta de una peregrinación multitudinaria.

El Papa que salió del aeropuerto romano de Fiumicino ayer lunes a las 18.50, llegó a Colombo, capital de Sri Lanka, a las 9.00 de esta mañana, hora local, después de casi 14 horas de vuelo, y fue recibido por los representantes de las autoridades religiosas y civiles, entre ellas el nuncio apostólico en ese país, el arzobispo Pierre Nguyên Van Tot, y el presidente del país Maithripala Sirisena. Dos niñas le ofrecieron una guirnalda de flores y fue acogido por los cantos de un coro y los saludos de cerca de dos mil niños.

En el mismo aeropuerto se llevó a cabo la ceremonia de bienvenida y tras el discurso del presidente, el Papa dirigió unas palabras a los presentes.

''Mi visita a Sri Lanka -dijo- es fundamentalmente pastoral. Como Pastor universal de la Iglesia católica, he venido para conocer, animar y rezar con los fieles católicos de esta isla. Un momento culminante de esta visita será la canonización del beato José Vaz, cuyo ejemplo de caridad cristiana y respeto a todas las personas, independientemente de su raza o religión, sigue siendo una fuente de inspiración y enseñanza en la actualidad. Pero mi visita también quiere expresar el amor y preocupación de la Iglesia por todos los ciudadanos de Sri Lanka, y confirmar el deseo de la comunidad católica de participar activamente en la vida de esta sociedad.

Una tragedia constante en nuestro mundo es que tantas comunidades estén en guerra entre sí. La incapacidad para conciliar diferencias y desacuerdos, ya sean antiguos o nuevos, ha dado lugar a tensiones étnicas y religiosas, acompañadas con frecuencia por brotes de violencia. Durante muchos años, Sri Lanka ha conocido los horrores de la contienda civil, y ahora trata de consolidar la paz y curar las heridas de esos años. No es tarea fácil superar el amargo legado de injusticias, hostilidad y desconfianza que dejó el conflicto. Esto sólo se puede conseguir venciendo el mal con el bien y mediante el cultivo de las virtudes que favorecen la reconciliación, la solidaridad y la paz. El proceso de recuperación debe incluir también la búsqueda de la verdad, no con el fin de abrir viejas heridas, sino más bien como un medio necesario para promover la justicia, la recuperación y la unidad.

Queridos amigos, estoy convencido de que los creyentes de las diversas tradiciones religiosas tienen un papel esencial en el delicado proceso de reconciliación y reconstrucción que se está llevando a cabo en este país. Para que el proceso tenga éxito, todos los miembros de la sociedad deben trabajar juntos; todos han de tener voz. Todos han de sentirse libres de expresar sus inquietudes, sus necesidades, sus aspiraciones y sus temores. Pero lo más importante es que todos deben estar dispuestos a aceptarse mutuamente, a respetar las legítimas diferencias y a aprender a vivir como una única familia. Siempre que las personas se escuchan unos a otros con humildad y franqueza, sus valores y aspiraciones comunes se hacen más evidentes. La diversidad ya no se ve como una amenaza, sino como una fuente de enriquecimiento. El camino hacia la justicia, la reconciliación y la armonía social se ve con más claridad aún.

''En este sentido -concluyó el pontífice- con la gran obra de reconstrucción debe abarcar no sólo la mejora de las infraestructuras y la satisfacción de las necesidades materiales, sino también, y más importante aún, la promoción de la dignidad humana, el respeto de los derechos humanos y la plena inclusión de cada miembro de la sociedad. Tengo la esperanza de que los líderes políticos, religiosos y culturales de Sri Lanka, considerando el bien y el efecto positivo de cada una de sus palabras y actuaciones, contribuirán de manera duradera al progreso material y espiritual del pueblo de Sri Lanka. Señor Presidente, queridos amigos, les doy las gracias una vez más por su acogida. Que estos días que pasaremos juntos sean días de amistad, diálogo y solidaridad. Invoco la abundancia de las bendiciones de Dios sobre Sri Lanka, la Perla del Océano Índico, y rezo para que su belleza resplandezca en la prosperidad y la paz de todos sus habitantes''.

Finalizado el discurso el Santo Padre recorrió en papamóvil los veintiocho kilómetros que separan el aeropuerto de la nunciatura apostólica en Colombo. La duración del trayecto, debido a la inmensa multitud de fieles que aclamaba al Papa a su paso, fue más larga de lo previsto y por ese motivo Francisco anuló la visita prevista al arzobispado para encontrarse con los veinte obispos de la Conferencia Episcopal de Sri Lanka a los que había encontrado hace poco en el Vaticano. Como enviado del Santo Padre fue el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado.

Una vez en la nunciatura apostólica, Francisco almorzó en privado y desde allí se trasladó en automóvil a la Residencia Presidencial de Colombo para efectuar una visita de cortesía al Presidente Maithripala Sirisena con quien mantuvo un coloquio privado. Después el presidente acompañó al pontífice al salón donde tuvo lugar la presentación de las autoridades y dignatarios y una breve ceremonia para la emisión filatélica conmemorativa del viaje.

Encuentro interreligioso ''Nunca se debe permitir que las creencias religiosas sean utilizadas para justificar la violencia y la guerra'', dice el Papa

Ciudad del Vaticano, 13 enero 2015 (VIS).- La segunda etapa del viaje apostólico del Papa Francisco a Sri Lanka fue el Centro de Congresos BMICH (Memorial de Conferencias Internacionales Bandaranaike) donde tuvo lugar el encuentro con los representantes de otras confesiones religiosas.

La principales familias religiosas en el país son el budismo (70% de la población), el hinduismo (12,6%), el islam (9,7%) y el catolicismo (7,16%). Desde el punto de vista cronológico, el hinduismo era el credo predominante en la isla hasta la llegada de los misioneros budistas en el siglo III a.C ; en la actualidad sus adeptos se concentran sobre todo en el norte y el este del país y la mayor parte pertenecen a la etnia Tamil. El budismo Theravada llegó a Sri Lanka alrededor del 246 a.C. y fue proclamado religión oficial alrededor del 200 a.C. A mediados del siglo XIX el culto revive debido también a los movimientos de inspiración nacional. El islam se difundió hasta el siglo XV gracias a los mercaderes árabes que controlaban las rutas en el sur del Océano Índico, hasta la llegada de los misioneros franciscanos con los portugueses. Por cuanto se refiere al cristianismo, la tradición narra que santo Tomás habría llegado a la isla en el siglo I después de haber atravesado Kerala en el sur de la India. Las primeras noticias documentadas se remontan a 1322, fecha de la breve estancia del franciscano italiano Odorico de Pordenone y después, a partir de 1517, con la llegada de los misioneros franciscanos.

Esperaban a Francisco en la Sala de las Asambleas del BMICH alrededor de mil representantes de las diversas comunidades religiosas (budistas, hindúes, musulmanes y de algunas confesiones cristianas). El encuentro se abrió con el canto budista ''Pirith'', al que siguieron una bendición hindú, una bendición musulmana y una oración del grupo ecuménico.

Después de la intervención del monje budista Vigithasiri Niyangoda Thero, el Santo Padre pronunció un discurso en el que afirmó el profundo y permanente respeto de la Iglesia católica por las demás religiones y reiteró que por el bien de la paz, nunca se debe permitir que las creencias religiosas sean utilizadas para justificar la violencia y la guerra.

''He llegado a Sri Lanka -comenzó- siguiendo las huellas de mis predecesores, los papas Pablo VI y Juan Pablo II, para manifestar el gran amor y preocupación de la Iglesia católica por Sri Lanka. Es una gracia especial para mí visitar esta comunidad católica, confirmarla en la fe cristiana, orar con ella y compartir sus alegrías y sufrimientos. Es igualmente una gracia poder estar con todos ustedes, hombres y mujeres de estas grandes tradiciones religiosas, que comparten con nosotros un deseo de sabiduría, verdad y santidad.

''En el Concilio Vaticano II, la Iglesia católica declaró su profundo y permanente respeto por las demás religiones. Dijo que ella ''no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas''. Por mi parte, deseo reafirmar el sincero respeto de la Iglesia por ustedes, sus tradiciones y creencias''.

''Con este espíritu de respeto -continuó- la Iglesia católica desea cooperar con ustedes, y con todos los hombres de buena voluntad, en la búsqueda de la prosperidad de todos los ciudadanos de Sri Lanka. Espero que mi visita ayude a impulsar y profundizar en las diversas formas de cooperación interreligiosa y ecuménica que se han emprendido en los últimos años''.

''Estas iniciativas loables han brindado oportunidades para el diálogo, que es esencial si queremos conocer, comprender y respetar a los demás. Pero, como demuestra la experiencia, para que este diálogo y encuentro sea eficaz, debe basarse en una presentación completa y franca de nuestras respectivas convicciones. Ciertamente, ese diálogo pondrá de relieve la variedad de nuestras creencias, tradiciones y prácticas. Pero si somos honestos en la presentación de nuestras convicciones, seremos capaces de ver con más claridad lo que tenemos en común. Se abrirán nuevos caminos para el mutuo aprecio, la cooperación y, ciertamente, la amistad''.

''Esos desarrollos positivos en las relaciones interreligiosas y ecuménicas adquieren un significado particular y urgente en Sri Lanka. Durante muchos años, los hombres y mujeres de este país han sido víctimas de conflictos civiles y violencia. Lo que se necesita ahora es la recuperación y la unidad, no nuevos enfrentamientos y divisiones. Sin duda, el fomento de la curación y de la unidad es una noble tarea que incumbe a todos los que se interesan por el bien de la nación y, en el fondo, por toda la familia humana''.''Espero- subrayó Francisco- que la cooperación interreligiosa y ecuménica demuestre que los hombres y las mujeres no tienen que renunciar a su identidad, ya sea étnica o religiosa, para vivir en armonía con sus hermanos y hermanas.

''¡De cuántos modos los creyentes de las diferentes religiones pueden llevar a cabo este servicio!. ¡Cuántas son las necesidades que hay que atender con el bálsamo curativo de la solidaridad fraterna! Pienso particularmente en las necesidades materiales y espirituales de los pobres, de los indigentes, de cuantos anhelan una palabra de consuelo y esperanza. Pienso también en tantas familias que siguen llorando la pérdida de sus seres queridos''.

''Especialmente en este momento de la historia de su nación, ¡cuántas personas de buena voluntad están tratando de reconstruir los fundamentos morales de la sociedad en su conjunto! Que el creciente espíritu de cooperación entre los líderes de las diferentes comunidades religiosas se exprese en el compromiso de poner la reconciliación de todos los habitantes de Sri Lanka en el centro de los esfuerzos por renovar la sociedad y sus instituciones. Por el bien de la paz, nunca se debe permitir que las creencias religiosas sean utilizadas para justificar la violencia y la guerra. Tenemos que exigir a nuestras comunidades, con claridad y sin equívocos, que vivan plenamente los principios de la paz y la convivencia que se encuentran en cada religión, y denunciar los actos de violencia que se cometan''.

''Queridos amigos -finalizó el Papa- les doy las gracias una vez más por su generosa acogida y su atención. Que este encuentro fraterno nos confirme a todos en nuestro compromiso de vivir en armonía y difundir la bendición de la paz''.



Saludo del Papa a los participantes en el encuentro de los Presidentes de las Comisiones doctrinales de las Conferencias Episcopales Europeas

Ciudad del Vaticano, 13 enero 2015 (VIS).-El Papa ha enviado un saludo a los participantes en el encuentro de los Presidentes de las Comisiones Doctrinales de las Conferencias Episcopales Europeas con la Congregación para la Doctrina de la Fe, que tiene lugar en Esztergom ''el corazón religioso de Hungría''. El texto se ha leído esta mañana durante la apertura del encuentro que tiene lugar del 13 al 15 de enero.

''Doy las gracias al cardenal Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por esta oportuna iniciativa -escribe Francisco- que se propone valorizar los episcopados locales y, en particular las Comisiones Doctrinales, en su responsabilidad por la unidad y la integridad de la fe y en su transmisión a las jóvenes generaciones. Como escribí en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, retomando la enseñanza de la constitución dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, ''las Conferencias episcopales pueden ''desarrollar una obra múltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta''. Espero que vuestro encuentro contribuya a hacer frente, de forma colegial, a algunas dificultades doctrinales y pastorales que se plantean hoy en el continente europeo con el fin de suscitar en los fieles un nuevo impulso misionero y una mayor apertura a la dimensión trascendente de la vida, sin la cual Europa corre el peligro de perder ese ''espíritu humanista'' que, sin embargo, ama y defiende''.

El Papa finaliza confiando los trabajos a la intercesión de la Virgen y bendice de todo corazón a los participantes en el encuentro.


lunes, 12 de enero de 2015

El Papa habla ante el Cuerpo Diplomático de la humanidad herida y repite que la paz debe guiar el destino de los pueblos


Ciudad del Vaticano, 12 enero 2015 (VIS).-El Santo Padre ha encontrado esta mañana en la Sala Clementina a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede para el tradicional intercambio de saludos al inicio del nuevo año. Francisco agradeció al decano de los embajadores, Jean-Claude Michel, representante de Mónaco, el compromiso del Cuerpo por favorecer e incrementar, en espíritu de colaboración recíproca, las relaciones de los países y las organizaciones internacionales que representan con la Santa Sede y que en este último año, se han seguido consolidando, ya sea mediante el aumento del número de Embajadores residentes en Roma, o mediante la firma de nuevos Acuerdos bilaterales de carácter general, como el rubricado en enero con Camerún, y de interés específico, como los firmados con Malta y Serbia.

En el discurso que dirigió a los diplomáticos, Francisco examinó la situación internacional bajo la doble óptica de la esperanza de paz y la dimensión del rechazo, tanto personal como social, que ''acaba por deshacer y disgregar toda la sociedad y generar violencia y muerte''. El Papa citó entre otros eventos dramáticos la masacre de cien niños en Paquistán, la confrontación en Ucrania, la tensión constante en Oriente Medio, los recientes atentados en París, la violencia contra la población en Nigeria, los conflictos de carácter civil en Libia, República Centroafricana, Sudán del Sur, la República Democrática del Congo y subrayó que las guerras llevan consigo el horrible crimen de la violación de las mujeres. No olvidó la condición de los enfermos del virus ébola, ni el problema de los inmigrantes y refugiados ni tampoco la falta de ayuda a las familias. Sin embargo, el Pontífice no quiso que el panorama estuviese dominado por el pesimismo y recordó el resurgir de Albania, los frutos del diálogo ecuménico en Turquía, las expectativas de Jordania y Líbano, la decisión de Estados Unidos y Cuba de poner fin al silencio recíproco, las transformaciones en Burkina Faso, los esfuerzos por la paz estable en Colombia y Venezuela, la decisión de Estados Unidos de cerrar la cárcel de Guantánamo y, al final, manifestó el deseo de que en 2015 se adopten los Objetivos de Desarrollo Sostenible y se elabore un nuevo Acuerdo sobre el clima.

Ofrecemos a continuación el texto del discurso del Papa Francisco:

''Me gustaría hacer resonar hoy con fuerza una palabra que a nosotros nos gusta mucho: paz. La anuncian los ángeles en la noche de la Navidad como don precioso de Dios y, al mismo tiempo, como responsabilidad personal y social que reclama nuestra solicitud y diligencia. Pero, junto a la paz, la Navidad nos habla también de otra dramática realidad: el rechazo. En algunas representaciones iconográficas, tanto de Occidente como de Oriente –pienso, por ejemplo, en el espléndido icono de la Natividad de Andréi Rubliov–, el Niño Jesús no aparece recostado en una cuna sino en un sepulcro. Esta imagen, que pretende unir las dos fiestas cristianas principales –la Navidad y la Pascua–, indica que, junto a la acogida gozosa del recién nacido, está también todo el drama que sufre Jesús, despreciado y rechazado hasta la muerte en Cruz''.

Los mismos relatos de Navidad nos permiten ver el corazón endurecido de la humanidad, a la que le cuesta acoger al Niño. Desde el primer momento es rechazado, dejado fuera, al frío, obligado a nacer en un establo porque no había sitio en la posada . Y, si así ha sido tratado el Hijo de Dios, ¡cuánto más lo son tantos hermanos y hermanas nuestros! Hay un tipo de rechazo que nos afecta a todos, que nos lleva a no ver al prójimo como a un hermano al que acoger, sino a dejarlo fuera de nuestro horizonte personal de vida, a transformarlo más bien en un adversario, en un súbdito al que dominar. Esa es la mentalidad que genera la cultura del descarte que no respeta nada ni a nadie: desde los animales a los seres humanos, e incluso al mismo Dios. De ahí nace la humanidad herida y continuamente dividida por tensiones y conflictos de todo tipo.

En los relatos evangélicos de la infancia, es emblemático en este sentido el rey Herodes, que viendo amenazada su autoridad por el Niño Jesús, hizo matar a todos los niños de Belén. La mente vuela enseguida a Paquistán, donde hace un mes fueron asesinados cien niños con una crueldad inaudita. Deseo expresar de nuevo mi pésame a sus familias y asegurarles mi oración por los muchos inocentes que han perdido la vida.

Así pues, a la dimensión personal del rechazo, se une inevitablemente la dimensión social: una cultura que rechaza al otro, que destruye los vínculos más íntimos y auténticos, acaba por deshacer y disgregar toda la sociedad y generar violencia y muerte. Lo podemos comprobar lamentablemente en numerosos acontecimientos diarios, entre los cuales la trágica masacre que ha tenido lugar en París estos últimos días. Los otros ''ya no se ven como seres de la misma dignidad, como hermanos y hermanas en la humanidad, sino como objetos'' . Y el ser humano libre se convierte en esclavo, ya sea de las modas, del poder, del dinero, incluso a veces de formas tergiversadas de religión. Sobre estos peligros, he pretendido alertar en el Mensaje de la pasada Jornada Mundial de la Paz, dedicado al problema de las numerosas esclavitudes modernas. Todas ellas nacen de un corazón corrompido, incapaz de ver y de hacer el bien, de procurar la paz.

Constatamos con dolor las dramáticas consecuencias de esta mentalidad de rechazo y de la ''cultura de la esclavitud''en la constante proliferación de conflictos. Como una auténtica guerra mundial combatida por partes, se extienden, con modalidades e intensidad diversas, a diferentes zonas del planeta, como en la vecina Ucrania, convertida en un dramático escenario de confrontación y para la que deseo que, mediante el diálogo, se consoliden los esfuerzos que se están realizando para que cese la hostilidad, y las partes implicadas emprendan cuanto antes, con un renovado espíritu de respeto a la legalidad internacional, un sincero camino de confianza mutua y de reconciliación fraterna que permita superar la crisis actual.

Mi pensamiento se dirige, sobre todo, a Oriente Medio, comenzando por la amada tierra de Jesús, que he tenido la alegría de visitar el pasado mes de mayo y a la que no nos cansaremos nunca de desear la paz. Así lo hicimos, con extraordinaria intensidad, junto al entonces Presidente israelí, Shimon Peres, y al Presidente palestino, Mahmud Abbas, con la esperanza firme de que se puedan retomar las negociaciones entre las dos partes, para que cese la violencia y se alcance una solución que permita, tanto al pueblo palestino como al israelí, vivir finalmente en paz, dentro de unas fronteras claramente establecidas y reconocidas internacionalmente, de modo que ''la solución de dos Estados'' se haga efectiva.

Desgraciadamente, Oriente Medio sufre otros conflictos, que se arrastran ya durante demasiado tiempo y cuyas manifestaciones son escalofriantes también a causa de la propagación del terrorismo de carácter fundamentalista en Siria e Iraq. Este fenómeno es consecuencia de la cultura del descarte aplicada a Dios. De hecho, el fundamentalismo religioso, antes incluso de descartar a seres humanos perpetrando horrendas masacres, rechaza a Dios, relegándolo a mero pretexto ideológico. Ante esta injusta agresión, que afecta también a los cristianos y a otros grupos étnicos de la Región,–los yazidíes, por ejemplo– es necesaria una respuesta unánime que, en el marco del derecho internacional, impida que se propague la violencia, restablezca la concordia y sane las profundas heridas que han provocado los incesantes conflictos. Aprovecho esta oportunidad para hacer un llamamiento a toda la comunidad internacional, así como a cada uno de los gobiernos implicados, para que adopten medidas concretas en favor de la paz y la defensa de cuantos sufren las consecuencias de la guerra y de la persecución y se ven obligados a abandonar sus casas y su patria. Con una carta enviada poco antes de la Navidad, he querido manifestar personalmente mi cercanía y asegurar mi oración a todas las comunidades cristianas de Oriente Medio, que dan un testimonio valioso de fe y coraje, y tienen un papel fundamental como artífices de paz, de reconciliación y de desarrollo en las sociedades civiles de las que forman parte. Un Oriente Medio sin cristianos sería un Oriente Medio desfigurado y mutilado. A la vez que pido a la comunidad internacional que no sea indiferente ante esta situación, espero que los dirigentes religiosos, políticos e intelectuales, especialmente musulmanes, condenen cualquier interpretación fundamentalista y extremista de la religión, que pretenda justificar tales actos de violencia.

En otras partes del mundo, tampoco faltan parecidas formas de crueldad, que con frecuencia generan víctimas entre los más pequeños e indefensos. Pienso especialmente en Nigeria, donde no cesa la violencia que sufre indiscriminadamente la población, y crece cada vez más el trágico fenómeno de los secuestros de personas, a menudo jóvenes raptadas para ser objeto de trata. ¡Es un tráfico execrable que no puede continuar! Una plaga que hay que arrancar y que afecta a todos, desde las familias a la comunidad mundial .

Sigo también con preocupación los no pocos conflictos de carácter civil que afectan a otras partes de África, como Libia, devastada por una larga guerra intestina que causa incontables sufrimientos entre la población y tiene graves repercusiones en el delicado equilibrio de la Región. Pienso en la dramática situación de la República Centroafricana, en la que constatamos con dolor cómo la buena voluntad que ha animado los trabajos de quienes quieren construir un futuro de paz, seguridad y prosperidad, encuentra resistencias e intereses egoístas de parte que ponen en peligro las expectativas de un pueblo que ha sufrido tanto y desea construir libremente su futuro. Particularmente preocupante es también la situación de Sudán del Sur y algunas regiones de Sudán, del Cuerno de África y de la República Democrática del Congo, donde no deja de aumentar el número de víctimas entre la población civil, y miles de personas, muchas de ellas mujeres y niños, se ven obligadas a huir y a vivir en condiciones de extrema necesidad. A este respecto, espero que los gobiernos y la comunidad internacional lleguen a un compromiso común para que se ponga fin a todo tipo de lucha, de odio y de violencia y se apueste por la reconciliación, la paz y la defensa de la dignidad transcendente de la persona.

No podemos olvidar que las guerras llevan consigo otro horrible crimen: la violación. Se trata de una ofensa gravísima a la dignidad de la mujer, que no sólo es deshonrada en la intimidad de su cuerpo, sino también en su alma, con un trauma que difícilmente desaparecerá y cuyas consecuencias son también de carácter social. Lamentablemente, se constata que también allí donde no hay guerras, muchas mujeres sufren violencia hoy.
Todos los conflictos bélicos son la manifestación más clara de la cultura del descarte, pues, en ellos, las vidas son deliberadamente pisoteadas por quien ostenta la fuerza. Existen, sin embargo, formas más sutiles y veladas de rechazo, que alimentan también esa cultura. Pienso sobre todo en los enfermos, aislados y marginados, como los leprosos de los que habla el Evangelio. Entre los leprosos de nuestro tiempo están también los afectados por esta nueva y tremenda epidemia del Ébola, que, especialmente en Liberia, Sierra Leona y Guinea, ha acabado con más de seis mil vidas. Quiero reconocer y agradecer hoy públicamente el trabajo de los agentes sanitarios que, junto a religiosos y voluntarios, prestan todos los cuidados posibles a los enfermos y a sus familiares, sobre todo a los niños que se han quedado huérfanos. Al mismo tiempo, hago de nuevo un llamamiento a la comunidad internacional para que se asegure una adecuada asistencia humanitaria a los pacientes y hagan un esfuerzo común por erradicar el virus.

A la lista de las vidas descartadas a causa de las guerras y de las enfermedades, hay que añadir las de los numerosos desplazados y refugiados. También en este caso podemos sacar luz de la infancia de Jesús, que es testigo de otra forma de cultura del descarte que rompe las relaciones y ''deshace'' la sociedad. Efectivamente, ante la crueldad de Herodes, la Sagrada Familia se ve obligada a huir a Egipto, de donde regresará unos años más tarde . Las situaciones de conflicto que acabamos de describir provocan con frecuencia la huida de miles de personas de su lugar de origen. A veces ni siquiera en busca de un futuro mejor, sino simplemente de un futuro, porque permanecer en su patria puede significar una muerte segura. ¿Cuántas personas pierden la vida en viajes inhumanos, sometidas a vejaciones por parte de auténticos verdugos, ávidos de dinero? Ya me referí a esto en mi reciente visita al Parlamento Europeo, indicando que ''no se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio'' . Hay también otro dato alarmante: muchos emigrantes, sobre todo en América, son niños solos, más expuestos a los peligros y necesitados de mayor atención, cuidados y protección.

Cuando llegan sin documentos a lugares desconocidos, cuya lengua no hablan, es difícil para los inmigrantes situarse y encontrar trabajo. Además de los peligros de la huida, tienen que afrontar también el drama del rechazo. Es necesario un cambio de actitud: pasar de la indiferencia y del miedo a una sincera aceptación del otro. Esto requiere naturalmente ''poner en práctica legislaciones adecuadas que sean capaces de tutelar los derechos de los ciudadanos y de garantizar al mismo tiempo la acogida a los inmigrantes'' (ibid.). A la vez que expreso mi agradecimiento a cuantos, incluso a costa de su propia vida, se dedican a prestar asistencia a los refugiados y a los inmigrantes, exhorto tanto a los Estados como a las Organizaciones internacionales a actuar decididamente para resolver estas graves situaciones humanitarias y prestar la ayuda necesaria a los países de origen de los inmigrantes para favorecer su desarrollo socio-político y la superación de los conflictos internos, que son la causa principal de este fenómeno. ''Es necesario actuar sobre las causas y no solamente sobre los efectos''. Además, esto consentirá a los inmigrantes volver un día a su patria y contribuir a su crecimiento y desarrollo.

Junto a los inmigrantes, a los desplazados y a los refugiados, hay también tantos ''exiliados ocultos'', que viven en el seno de nuestras casas y en nuestras mismas familias. Me refiero a los ancianos y a los discapacitados, y también a los jóvenes. Los primeros son rechazados cuando se convierten en un peso y en ''presencias que estorban'', mientras que los últimos son descartados porque se les niega la posibilidad de trabajar para forjarse su propio futuro. No existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo , y que convierte el trabajo en una forma de esclavitud. Ya me referí a esto en un reciente encuentro con los Movimientos populares, que están fuertemente comprometidos en la búsqueda de soluciones adecuadas a algunos problemas de nuestro tiempo, como la plaga cada vez más extendida del desempleo juvenil y del trabajo negro, y el drama de tantos trabajadores, especialmente niños, explotados por codicia. Todo esto es contrario a la dignidad humana y es fruto de una mentalidad que pone en el centro el dinero, los beneficios y los intereses económicos en detrimento del hombre.

No pocas veces, la misma familia es objeto de descarte, a causa de una cada vez más extendida cultura individualista y egoísta que anula los vínculos y tiende a favorecer el dramático fenómeno de la disminución de la natalidad, así como de leyes que privilegian diversas formas de convivencia en lugar de sostener adecuadamente a la familia por el bien de toda la sociedad.

Una de las causas de estos fenómenos es esa globalización uniformante que descarta incluso a las culturas, acabando así con los factores propios de la identidad de cada pueblo que constituyen la herencia imprescindible para un sano desarrollo social. En un mundo uniformado y carente de identidad, es fácil percibir el drama y la frustración de tantas personas, que han perdido literalmente el sentido de la vida. Este drama se ve agravado por la persistente crisis económica, que provoca desconfianza y favorece la conflictividad social. He podido notar sus consecuencias incluso aquí en Roma, donde me he encontrado con muchas personas que viven situaciones difíciles, y en los diversos viajes realizados en Italia.

Precisamente a la querida nación italiana quiero dedicarle unas palabras llenas de esperanza para que, en el continuo clima de incertidumbre social, política y económica, el pueblo italiano no ceda al desaliento y a la tentación del enfrentamiento, sino que redescubra los valores de la atención recíproca y la solidaridad sobre los que se funda su cultura y su convivencia ciudadana, y que son fuente de confianza tanto en el prójimo como en el futuro, sobre todo para los jóvenes.

Pensando en la juventud, deseo mencionar mi viaje a Corea, donde, el pasado mes de agosto, me encontré con miles de jóvenes en la VI Jornada Mundial de la Juventud Asiática y donde recordé que es necesario valorar a los jóvenes, ''intentando transmitirles el legado del pasado aplicándolo a los retos del presente''. Para eso, es necesario reflexionar ''sobre el modo adecuado de transmitir nuestros valores a la siguiente generación y sobre el tipo de mundo y sociedad que estamos construyendo para ellos''.

Esta tarde tendré la alegría de volver a Asia, para visitar Sri Lanka y Filipinas, y mostrar así el interés y la solicitud pastoral con que sigo los acontecimientos de los pueblos de ese vasto continente. A ellos y a sus gobiernos, deseo manifestarles una vez más el deseo de la Santa Sede de contribuir al bien común, a la armonía y a la concordia social. Especialmente, espero que se retome el diálogo entre las dos Coreas, países hermanos, que hablan la misma lengua.

Al inicio del nuevo año, no queremos, sin embargo, que nuestra mirada quede dominada por el pesimismo, los defectos y las deficiencias de nuestro tiempo. Queremos también dar las gracias a Dios por lo que nos ha dado, por los beneficios que nos ha dispensado, por los diálogos y los encuentros que nos ha concedido y por algunos frutos de paz que nos ha dado la alegría de saborear.

Una clara demostración de que la cultura del encuentro es posible, la he experimentado durante mi visita a Albania, una nación llena de jóvenes, que son esperanza de futuro. A pesar de las heridas de su historia reciente, el país se caracteriza por ''la convivencia pacífica y la colaboración entre los que pertenecen a diversas religiones'', en un clima de respeto y confianza recíproca entre católicos, ortodoxos y musulmanes. Es un signo importante de que la fe sincera en Dios abre al otro, genera diálogo y contribuye al bien, mientras que la violencia nace siempre de una mistificación de la religión, tomada como pretexto para proyectos ideológicos que tienen como único objetivo el dominio del hombre sobre el hombre. Asimismo, en el reciente viaje a Turquía, puente histórico entre Oriente y Occidente, he podido constatar los frutos del diálogo ecuménico e interreligioso, además del compromiso a favor de los refugiados provenientes de otros países de Oriente Medio. He encontrado este mismo espíritu de acogida en Jordania, país que visité al inicio de mi peregrinación a Tierra Santa, así como en los testimonios que me llegan del Líbano, al que deseo que pueda superar las dificultades políticas actuales.

Un ejemplo que aprecio particularmente de cómo el diálogo puede verdaderamente edificar y construir puentes es la reciente decisión de los Estados Unidos de América y Cuba de poner fin a un silencio recíproco que ha durado medio siglo y de acercarse por el bien de sus ciudadanos. En este mismo sentido, dirijo un pensamiento al pueblo de Burkina Faso, que está pasando por un período de importantes transformaciones políticas e institucionales, para que un renovado espíritu de colaboración pueda contribuir al desarrollo de una sociedad más justa y fraterna. Quiero destacar también con satisfacción la firma, el paso mes de mayo, del Acuerdo que pone fin a largos años de tensión en Filipinas. Igualmente, animo los esfuerzos realizados para lograr una paz estable en Colombia, así como las iniciativas encaminadas a restablecer la concordia en la vida política y social de Venezuela. Sin olvidar los esfuerzos realizados hasta el momento, espero que se pueda llegar cuanto antes a un entendimiento definitivo entre Irán y el así llamado Grupo 5+1, sobre el uso de la energía nuclear para fines pacíficos. Me llena de satisfacción también la decisión de los Estados Unidos de cerrar la cárcel de Guantánamo, para lo cual algunos países han manifestado generosamente su disponibilidad para acoger a los presos, lo cual les agradezco de corazón.Finalmente, deseo expresar mi reconocimiento y animar a todos aquellos países que están comprometidos activamente en la consecución del desarrollo humano, la estabilidad política y la convivencia civil entre sus ciudadanos.

El 6 de agosto de 1945, la humanidad asistía a una de las catástrofes más tremendas de su historia. De un modo nuevo y sin precedentes, el mundo experimentaba hasta qué punto podía llegar el poder destructivo del hombre. De las cenizas de aquella terrible tragedia que ha sido la segunda Guerra mundial surgió una voluntad nueva de diálogo y de encuentro entre las naciones que dio vida a la Organización de las Naciones Unidas, cuyo 70º Aniversario celebraremos este año. En la visita que realizó al Palacio de Cristal mi predecesor, el Beato Pablo VI, hace ya cincuenta años, recordaba que ''la sangre de millones de hombres, que sufrimientos inauditos e innumerables, que masacres inútiles y ruinas espantosas sancionan el pacto que les une en un juramento que debe cambiar la historia futura del mundo. ¡Nunca jamás guerra! ¡Nunca jamás guerra! Es la paz, la paz, la que debe guiar el destino de los pueblos y de toda la humanidad''.

También yo pido lo mismo para el nuevo año, en el que además culminarán dos importantes procesos: la redacción de la Agencia del Desarrollo post-2015, con la adopción de los Objetivos del desarrollo sostenible, y la elaboración de un nuevo Acuerdo sobre el clima, que es algo urgente. Su condición indispensable es la paz, que proviene de la conversión del corazón, antes incluso que del final de las guerras.


Con estos sentimientos, les deseo de nuevo a cada uno de ustedes, a sus familias y a sus conciudadanos, un año 2015 de esperanza y de paz''.
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