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martes, 13 de septiembre de 2011

CONGRESOS EUCARISTICOS: LA INTUICION DE UNA MUJER



CIUDAD DEL VATICANO, 13 SEP 2011 (VIS).-Reproducimos a continuación algunos fragmentos del artículo “La intuición de una mujer”, de Lucetta Scaraffia, publicado por la edición española de L’Osservatore Romano el 11 de septiembre, el mismo día que el Santo Padre clausuró el XXV congreso eucarístico nacional italiano en Ancona.

  “El primer congreso eucarístico se celebró en 1881 en Lille con un título emblemático: “La eucaristía salva el mundo” Se daba inicio así a la copiosa serie de congresos eucarísticos -nacionales, diocesanos, internacionales- que han constelado el catolicismo contemporáneo, hasta el último, en Ancona”.

“No muchos saben que la idea de esos encuentros vino de una mujer, la francesa Emilie-Marie Tamisier, una de las muchas laicas que dedicaron su vida a la defensa de la Iglesia en años en los que las polémicas anticatólicas eran especialmente ásperas. Tamisier, desde niña particularmente devota a la Eucaristía, tuvo la intuición de organizar actividades para el despertar religioso en un contexto que se estaba secularizando rápidamente, centrándolas en torno al culto eucarístico”.

 “El proyecto surgió cuando estaba en la misa de consagración de Francia al Sagrado Corazón en la capilla de la Visitación de Paray-le Monial, el mismo lugar donde Margarita María de Alacoque había tenido las visiones de las que brotó el culto moderno al Sagrado Corazón. El nexo entre estas dos devociones es evidente: ambas están vinculadas al Cuerpo de Cristo (…) Y ambas proponen un centro sacro hacia el cual dirigir la propia fe en un mundo que cada vez se dispersa más entre mil estímulos, propuestas e ideologías, que tienden a ofuscar la búsqueda de la verdad: un símbolo claro y comprensible para todos (…)”.

 “El primer congreso, por deseo de Tamisier, debería haberse celebrado en Lieja, patria de Julienne de Mont-Cornillon, promotora de la fiesta del Corpus Domini, pero por diversos motivos políticos se optó por Francia. Probablemente, si bien de forma implícita, Tamisier deseaba subrayar cómo la propuesta de nuevas devociones, nuevas fiestas y nuevas modalidades de encuentro con Jesús había llegado, en tres ocasiones, de una mujer capaz de imaginar cuál podía ser el modelo de religiosidad adecuado para reavivar la fe en momentos de crisis”. (…)

 “Los congresos eucarísticos parecen a Tamisier un modo moderno para involucrar a muchas personas, para devolver la atención de un vasto público hacia una cultura religiosa y sus propuestas de solución de los problemas del tiempo. Con un aspecto inédito respecto a las demás asambleas: el de concentrar la atención de los participantes no sólo sobre los discursos, sino sobre todo en torno al culto eucarístico, celebrado con solemnidad e intensidad”.

 “Pero antes de ver realizado este proyecto, Tamisier tuvo que empeñarse largamente, y en una primera fase –de casi una década- se limitó a organizar en Francia peregrinaciones a santuarios que conservaban huellas de milagros eucarísticos. (…) Sólo en una segunda fase, apoyada y aconsejada por algunos eclesiásticos, Tamisier logró involucrar al Papa León XIII en su proyecto congresual. Para llevarlo a cabo, no se ahorró fatigas, viajes, recogidas de fondos, dedicando toda su vida a la promoción de aquello que veía como un método nuevo y eficaz de volver a llevar la Iglesia al centro de la atención pública. Una labor tenaz y hábil, pero oculta –su nombre jamás se pronunció oficialmente- y por lo tanto, en gran parte olvidada. Como a menudo ha sido el trabajo de las mujeres en la Iglesia”.
LOR/              VIS 20110913 (550)

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