Inicio - VIS Vaticano - Recibir VIS - Contáctenos - Calendario VIS

El 'Vatican Information Service' (VIS) es un boletín informativo de la Oficina de Prensa Santa Sede. Transmite diariamente información sobre la actividad magisterial y pastoral del Santo Padre y de la Curia Romana... []

últimas 5 noticias

VISnews en Twitter Ver en YouTube

domingo, 1 de mayo de 2011

SALUDOS A LOS PARTICIPANTES EN LA BEATIFICACION

CIUDAD DEL VATICANO, 1 MAY 2011 (VIS).-Al final de la misa de beatificación y antes de recitar el Regina Caeli, el Santo Padre saludó a los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro y en las zonas adyacentes.

Hablando en francés, el Papa pidió que “la vida y obra del Beato Juan Pablo II sea la fuente de un compromiso renovado al servicio de todos los hombres y de todo el hombre. Le pido que bendiga los esfuerzos de todos para construir una civilización del amor, respetando la dignidad de cada persona humana, creada a imagen de Dios, con una especial atención a los más frágiles”.

Dirigiéndose a continuación a los peregrinos de lengua inglesa, Benedicto XVI expresó del deseo de que el ejemplo del Beato “de fe firme en Cristo, Redentor del hombre, nos inspire a vivir plenamente la nueva vida que celebramos en la Pascua, para ser iconos de la misericordia divina y trabajar por un mundo en el que la dignidad y los derechos de cada hombre, mujer y niño sean respetados y promovidos”.

“Os invito -dijo a los fieles de lengua española- a seguir el ejemplo de fidelidad y amor a Cristo y a la Iglesia, que nos dejó como preciosa herencia. Que desde el cielo os acompañe siempre su intercesión, para que la fe de vuestros pueblos se mantenga en la solidez de sus raíces y la paz y la concordia favorezcan el progreso necesario de vuestras gentes”.

Al saludar a las autoridades polacas, el Papa pidió que su connacional “obtenga para vosotros y para su patria terrena el don de la paz, de la unidad y de toda prosperidad”.

Benedicto XVI concluyó agradeciendo a las autoridades italianas la colaboración en la organización de este día. “Extiendo mi más afectuoso saludo a todos los peregrinos - congregados en la Plaza de San Pedro, en las calles adyacentes y en otros lugares de Roma- y a todos los que se han unido a nosotros mediante la radio y la televisión; (…) a los enfermos y ancianos, con los que el nuevo beato se sentía particularmente cercano”.

Al final de la celebración eucarística, el Santo Padre, acompañado por los cardenales concelebrantes, se dirigió al interior de la Basílica Vaticana para venerar al nuevo Beato. Posteriormente hicieron lo mismo las autoridades presentes, así como los obispos y demás fieles.
ANG/ VIS 20110501 (400)

VIGILIA PREPARACION PARA LA BEATIFICACION DE JUAN PABLO II

CIUDAD DEL VATICANO, 30 ABR 2011 (VIS).-Mas de 200.000 personas asistieron a la vigilia de preparación de la beatificación de Juan Pablo II, que comenzó en el romano Circo Máximo a las 20,00, con un vídeo que recordaba el Jubileo del Año 2000 y el canto “Jesus Christ you are my life” interpretado por el coro de la diócesis de Roma y la Orquesta y el Conservatorio de “Santa Cecilia” dirigido por monseñor Marco Frisina.

A continuación 30 jóvenes de las parroquias y capellanía diocesanas colocaron ante la reproducción de la imagen de María “Salus Populi Romani”, patrona de la ciudad, velas encendidas. Después, un breve vídeo hizo revivir los últimos meses del pontificado de Juan Pablo II, marcados por el sufrimiento.

Tras la interpretación del canto polaco “Oh, Madre de la Misericordia”, intervino Joaquín Navarro-Valls, ex director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede durante el pontificado del nuevo beato

“Cuando durante los funerales de Juan Pablo II vi las pancartas con la frase: “Santo ya” pensé: Llegan tarde porque los santos o lo son ya en vida o no lo son”, dijo el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede desde 1984 a 2006. “Para un cristiano rezar es un deber y también el resultado de una convicción: para Juan Pablo II era una necesidad, no podía vivir sin rezar. Verle rezar era ver a una persona que está en conversación con Dios. (...) Su oración se nutría de las necesidades de los demás. (...) Le llegaban miles de mensajes de todo el mundo. (...) Lo veía de rodillas durante horas en su capilla con estos papelitos en las manos; tomaba uno, dejaba otro, (...) eran el tema de su conversación con Dios. Pienso que para sí mismo no dejase ningún espacio en la oración, que no rezase por “cosas suyas”. (...) He aprendido mucho de él, en el respeto de la persona humana, en la que veía la imagen de Dios y al centro de su pontificado estaba conservar el carácter trascendente de la persona, porque se corre el riesgo de que sea tratada como una cosa, como un objeto. Este respeto, cuando se vive al lado de alguien como él, es algo que no se olvida nunca. (...) Gracias Juan Pablo II por esa obra maestra que, con la ayuda de Dios, hiciste que fuera tu vida”

“Mi Juan Pablo II”, un vídeo realizado por la Pastoral Universitaria, abrió el paso al testimonio de Marie Simon-Pierre, la monja francesa, cuya curación milagrosa abrió el camino para la beatificación.

“Yo sufría de la enfermedad de Parkinson desde 2001”, dijo. “Los signos clínicos de la enfermedad empeoraron en las semanas después de la muerte de Juan Pablo II. En la tarde del 2 de junio, le pedí a la Superiora Sor Marie Thomas que encontrase otra monja que asumiera la responsabilidad del servicio de las Maternidades Católicas, porque yo no tenía fuerzas, estaba agotada. (...) La madre superiora me escuchó atentamente (...) recordándome que todas las comunidades estaban rezando por mi curación, invocando la intercesión de Juan Pablo II, (...) esperando que un milagro contribuyese a la causa de beatificación de este Papa que fue tan importante para nuestro instituto. (...) Me curé en la noche del 2 al 3 de junio de 2005. En la noche me desperté de repente y fui al oratorio de la Casa de la Comunidad para orar ante el Santísimo Sacramento. Una gran paz me invadió, una sensación de bienestar. (...) Luego me uní a la Comunidad para rezar las laudes y recibir la Eucaristía. (...) Tuve que caminar unos 50 metros. Me di cuenta entonces, mientras caminaba, que mi brazo izquierdo, que estaba como muerto a consecuencia de la enfermedad empezaba a moverse. Hace 6 años que no tomo medicamentos. Desde mi curación mi vida es normal. (...) Lo que el Señor me ha hecho vivir a través de la intercesión de Juan Pablo II es un gran misterio difícil de explicar con palabras. (...) Desde que acepté que toda la congregación rezase por la intercesión del Papa Juan Pablo II para mi recuperación, siempre he dicho que iba a ir hasta el final si nuestras oraciones eran escuchadas. Sí, hasta el final, para que Juan Pablo II fuera reconocido beato y en su día santo, hasta el final por la Iglesia, hasta el final, para que el mundo crea, hasta el final para que la vida sea respetada y todos los que trabajan al servicio de la vida sean alentados”.

A continuación intervino el cardenal Stanislaw Dziwisz. “El Papa que hace apenas seis años habíamos confiado al seno de la tierra hoy se nos presenta como “beato” en el cielo”, dijo el cardenal arzobispo de Cracovia. “Así podemos también oficialmente, comunitariamente, invocarlo, pedir su intercesión, alabar a Dios a través de él. (...) Si hoy es proclamado beato es porque ya era santo en vida, lo era también para nosotros que lo conocíamos. (...) La mayor parte del tiempo que se transcurría en su compañía pasaba en silencio porque esta era la actitud que prefería. Estar con Juan Pablo II quería decir amar su silencio. Ser colaborador suyo, servirle de secretario, significaba en primer lugar, garantizarle su espacio vital, su autonomía, proteger el radio de libertad que incluía ante todo espacio y tiempo para Dios. (...) Juan Pablo II era un enamorado de Dios. (...) En Dios sabía sumergirse en cualquier lugar, en cualquier condición: también cuando estudiaba o se encontraba en medio de la gente, lo hacía con la mayor naturalidad. (...) Su disciplina mental no lo abandonó nunca: hasta el final encaminado a su objetivo, a la meta. Como un patriarca bíblico, nos preparó a la separación llevándonos de la mano, concentrado en lo que hacía. Moría como un luchador exhausto y al mismo tiempo lúcido: Aquí estoy, muerte, me tendrás solamente por un instante. Voy a mi Casa, con mi Padre y mi Madre, voy donde siempre quise llegar. Allá donde está la vida y se es verdaderamente, beatos para siempre”.

El testimonio del cardenal concluyó la primera parte, que acabó con el himno “Totus tuus”, compuesto en el 50 aniversario de la ordenación sacerdotal de Juan Pablo II (1996).

La segunda parte se abrió con el himno de Juan Pablo II “Abrid las puertas a Cristo”, seguida de la intervención del cardenal Agostino Vallini, vicario de la diócesis de Roma.

“Seis años después de la muerte de este gran Papa -dijo el purpurado- sigue siendo muy fuerte en la Iglesia y en el mundo el recuerdo de quien fue durante 27 años Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal. Sentimos por el amado pontífice veneración, afecto, admiración y profunda gratitud. De su vida, aprendemos, en primer lugar, el testimonio de la fe: una fe arraigada y fuerte, libre de miedos y de compromisos, coherente hasta el último aliento, forjada por las pruebas, la fatiga y la enfermedad, cuya benéfica influencia se ha difundido en toda la Iglesia, más aún, en todo el mundo; un testimonio acogido en todos los lugares, en sus viajes apostólicos, por millones de hombres y mujeres de todas las razas y culturas. (...) Testigo de la época trágica de las grandes ideologías, de los regímenes totalitarios y de su ocaso, Juan Pablo II intuyó con antelación el trabajoso pasaje, marcado por tensiones y contradicciones, de la época moderna hacia una nueva fase de la historia, mostrando una atención constante para que su protagonista fuese la persona humana. (...) Con la mirada fija en Cristo, Redentor del hombre, ha creído en el hombre y le ha mostrado apertura, confianza, cercanía. Ha amado al hombre y le ha impulsado a desarrollar dentro de sí el potencial de la fe para vivir como una persona libre y cooperar en la realización de una humanidad más justa y solidaria, como operador de paz y constructor de esperanza. (...) En su extraordinario impulso de amor por la humanidad, ha amado, con un amor tierno, a todos los “heridos por la vida” -como llamaba a los pobres, enfermos, los sin nombre, los excluidos a priori-, pero con un amor muy singular ha amado a la gente joven. Las convocaciones de las Jornadas Mundiales de la Juventud tenían como fin que los jóvenes fueran protagonistas de su futuro, convirtiéndose en constructores de la historia. (...) El recuerdo del amado Pontífice, profeta de esperanza, no debe significar para nosotros un regreso al pasado, sino que aprovechando su patrimonio humano y espiritual, sea un impulso para mirar hacia adelante”.

Después se rezaron los Misterios de la Luz del Santo Rosario, en conexión directa con cinco santuarios marianos, precedidos por vídeos de los mensajes y homilías de Juan Pablo II ligados a las intenciones de oración: En el santuario Łagiewniki, en Cracovia, la intención fue la juventud; en el santuario Kawekamo-Bugando (Tanzania), la familia; en el santuario de Nuestra Señora del Líbano - Harissa (Líbano), la evangelización; en la basílica de Santa María de Guadalupe, de Ciudad de México, la esperanza y la paz de las naciones; en el Santuario de Fátima, la Iglesia.

Al final, Benedicto XVI, en conexión desde el Vaticano, rezó una oración a la Virgen: “Ayúdanos a dar siempre -dijo- razón de la esperanza que está en nosotros, confiando en la bondad del hombre y en el amor del Padre. Enséñanos a construir el mundo desde dentro en la profundidad del silencio y la oración, en la alegría del amor fraterno, en la fecundidad insustituible de la cruz”. Finalizada la plegaria, el Santo Padre bendijo a los participantes en la vigilia de oración.
VIGILIA/ VIS 20110501 (1610)

RITO DE LA BEATIFICACIÓN

CIUDAD DEL VATICANO, 1 MAY 2011 (VIS).-Después del acto penitencial de la misa de beatificación de Juan Pablo II, el cardenal Agostino Vallini, vicario general del Papa para la diócesis de Roma, se acercó a Benedicto XVI junto con el postulador de la causa, monseñor Slawomir Oder, y pidió que se proceda a la beatificación del Siervo de Dios:

Beatissime Pater,
Vicarius Generalis Sanctitatis Vestrae
pro Romana Dioecesi,
humillime a Sanctitate Vestra petit
ut Venerabilem Servum Dei
Ioannem Paulum II, papam,
numero Beatorum adscribere
benignissime digneris.

A continuación leyó una breve biografía del pontífice polaco:

Karol Józef Wojtyla nació en Wadowice (Polonia), el 18 de mayo de 1920, de Karol y Emilia Kaczorowska. Fue bautizado el 20 de junio en la iglesia parroquial de Wadowice.

Segundo de dos hijos, pronto la alegría y la serenidad de su infancia recibieron el duro golpe de la prematura muerte de su madre, fallecida cuando Karol tenía nueve años (1929). Tres años más tarde (1932) moría también su hermano mayor, Edmund, y en 1941, a los 21 años, Karol perdió también a su padre.

Educado en la más sana tradición patriótica y religiosa, aprendió de su padre, un hombre profundamente cristiano, la piedad y el amor al prójimo. que nutría con la oración constante y la práctica de los sacramentos.

Las características de su espiritualidad, a las que permaneció fiel hasta la muerte, fueron su sincera devoción al Espíritu Santo y el amor a la Virgen. Su relación con la Madre de Dios era especialmente profunda y viva, vivida con la ternura de un niño que se abandona en los brazos de la madre y con la virilidad de un caballero, siempre dispuesto a obedecer a las órdenes de su Señora: “Haced todo lo que el Hijo os dirá”. Su confianza total en María, que como obispo expresaría en el lema “Totus Tuus”, revelaba también el secreto de ver el mundo a través de los ojos de la Madre de Dios

La rica personalidad del joven Karol maduró gracias al entrelazamiento de sus dotes intelectuales, espirituales y morales con los acontecimientos de su época, que marcaron la historia de su patria y de Europa.

En los años de la escuela secundaria nació en él la pasión por el teatro y la poesía, que desarrolló a través de la actividad del grupo teatral de la Facultad de Filología de la Universidad Jagellónica, donde se matriculó en el curso académico 1938.

Durante la ocupación nazi de Polonia, mientras estudiaba en la clandestinidad, trabajó durante cuatro años (desde octubre de 1940 hasta agosto de 1944) como obrero en las fábricas de Solvay, viviendo desde dentro los problemas sociales del mundo del trabajo y recogiendo un valioso patrimonio de experiencias que utilizaría en futuro en su magisterio social primero como arzobispo de Cracovia y luego como Sumo Pontífice.

En esos años maduró en él el deseo del sacerdocio, al que se encaminó frecuentando desde octubre de 1942, los cursos clandestinos de teología en el seminario de Cracovia. En el discernimiento de su vocación sacerdotal fue ayudado en gran medida por un laico, Jan Tyranowski, un verdadero apóstol de la juventud. Desde entonces, el joven Karol tuvo la clara percepción de la vocación universal de todos los cristianos a la santidad y del papel insustituible de los laicos en la misión de la Iglesia.

Fue ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946 y al día siguiente, en la sugestiva atmósfera de la cripta de San Leonardo de la catedral de Wawel, celebró la primera misa.

Enviado a Roma para completar la formación teológica, fue alumno de la Facultad de Teología en el Angelicum, donde se dedicó con empeño a estudiar las fuentes de la sana doctrina y vivió su primer encuentro con la vitalidad y la riqueza de la Iglesia Universal, en la situación privilegiada que le ofrecía la vida fuera de la “cortina de hierro”. A esa época se remonta el encuentro de don Karol con S. Pío de Pietrelcina.

Se graduó con las notas más altas en junio de 1948 y regresó a Cracovia para iniciar la actividad pastoral, como vicario parroquial. Se entregó a su ministerio con entusiasmo y generosidad. Después de obtener la habilitación a la docencia, comenzó a enseñar en la universidad, en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, y después de la abolición de esta, en la del seminario diocesano de Cracovia y la Universidad Católica de Lublin.

Los años transcurridos con los jóvenes estudiantes le permitieron comprender plenamente la inquietud de sus corazones y el joven sacerdote fue para ellos no sólo un profesor, sino un guía espiritual y un amigo.

A la edad de 38 años, fue nombrado obispo auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958, de manos del arzobispo Eugeniusz Baziak, al que sucedió como arzobispo en 1964. Fue creado cardenal por el Papa Pablo VI el 26 de junio de 1967.

Como pastor de la diócesis de Cracovia fue inmediatamente apreciado como hombre de fe robusta y valiente, cercano a la gente y a sus problemas reales.

Interlocutor capaz de escucha y diálogo, sin ceder nunca al compromiso, afirmó frente a todos el primado de Dios y de Cristo como fundamento de un verdadero humanismo y fuente de los derechos inalienables de la persona humana. Amado por sus diocesanos, estimado por sus compañeros obispos compañeros, era temido por quienes lo veían como un adversario.

El 16 de octubre de 1978 fue elegido Obispo de Roma y Romano Pontífice y tomó el nombre de Juan Pablo II. Su corazón de pastor, totalmente entregado a la causa del Reino de Dios, se extendió a todo el mundo. La “caridad de Cristo” le llevó a visitar las parroquias de Roma, a anunciar el Evangelio en todos los ambientes y fue la fuerza impulsora de los innumerables viajes apostólicos en los diversos continentes, llevados a cabo para confirmar en la fe a los hermanos y hermanas en Cristo, consolar a los afligidos y a los pusilánimes, a llevar el mensaje de reconciliación entre las iglesias cristianas, a construir puentes de amistad entre los creyentes del Único Dios y los hombres de buena voluntad.

Su luminoso magisterio no tuvo otro propósito que anunciar siempre y en todo el mundo a Cristo, Único Salvador de la humanidad.

En su extraordinario ardor misionero amó con un amor especialísimo a los jóvenes. Las convocaciones de las Jornadas Mundiales de la Juventud tenían como objetivo anunciar a las nuevas generaciones a Jesucristo y su Evangelio para que fueran protagonistas de su futuro y cooperar en la construcción de un mundo mejor.

Su solicitud de Pastor universal se manifestó en la convocación de numerosas asambleas del Sínodo de los Obispos, en la erección de diócesis y circunscripciones eclesiásticas, en la promulgación de los códigos de derecho canónico latino y de las Iglesias Orientales y del Catecismo de la Iglesia Católica, en la publicación de cartas encíclicas y exhortaciones apostólicas. Para fomentar en el Pueblo de Dios momentos de vida espiritual más intensa, convocó el Jubileo extraordinario de la Redención, el Año Mariano, el Año de la Eucaristía y el Gran Jubileo del año 2000.

El optimismo arrollador, fundado en la confianza en la Providencia divina, llevó a Juan Pablo II, que había vivido la experiencia trágica de dos dictaduras, sufrido un atentado el 13 de mayo de 1981 y en los últimos años había sido probado físicamente por la enfermedad progresiva, a mirar siempre hacia horizontes de esperanza, invitando a la gente a abatir los muros de las divisiones, a eliminar la resignación para volar hacia metas de renovación espiritual, moral y material.

Concluyó su larga y fecunda existencia terrena en el Palacio Apostólico Vaticano, el sábado, 2 de abril de 2005, víspera del Domingo in Albis, que quiso que se llamara de la Divina Misericordia. El funeral solemne se celebró en esta Plaza de San Pedro el 8 de abril de 2005.

Un testimonio conmovedor del bien que realizó fue la participación de numerosas delegaciones de todo el mundo y de millones de hombres y mujeres, creyentes y no creyentes, que reconocieron en él un signo claro del amor de Dios por la humanidad.

Benedicto XVI leyó entonces la fórmula de beatificación. Al terminar se descubrió el tapiz con el nuevo beato, mientras se cantó el Himno del Beato en latín y se colocaron en el altar las reliquias de Juan Pablo II para la veneración de todos los fieles.

El cardenal Vallini terminó agradeciendo al Papa con estas palabras:

Beatissime Pater,
Vicarius Sanctitatis Vestrae
pro Romana Dioecesi,
gratias ex animo Sanctitati Vestrae agit
quod titulum Beati
hodie
Venerabili Servo Dei
Ioanni Paulo II, papae,
conferre dignatus es.
…/ VIS 20110501 (1440)

BENEDICTO XVI PROCLAMA BEATO A JUAN PABLO II

CIUDAD DEL VATICANO, 1 MAY 2011 (VIS).-A las 10,00 de hoy, II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, Benedicto XVI presidió la celebración eucarística durante la cual proclamó Beato al Siervo de Dios Juan Pablo II, Papa (1920-2005), cuya fiesta se celebrará a partir de ahora el 22 de octubre de cada año.

Asistieron a la ceremonia 87 delegaciones de varios países, entre ellos cinco casas reales, 16 jefes de Estado –entre ellos los presidentes de Italia y de Polonia- y 7 primeros ministros.

Cientos de miles de personas venidas de todo el mundo llenaban la Plaza de San Pedro y las calles adyacentes. La ceremonia también se pudo seguir desde varias pantallas gigantes instaladas en el Circo Máximo y en algunas plazas de la ciudad.

Ofrecemos a continuación el texto de la homilía del Papa:

“Queridos hermanos y hermanas.

Hace seis años nos encontrábamos en esta Plaza para celebrar los funerales del Papa Juan Pablo II. El dolor por su pérdida era profundo, pero más grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía a Roma y al mundo entero, gracia que era fruto de toda la vida de mi amado Predecesor y, especialmente, de su testimonio en el sufrimiento. Ya en aquel día percibíamos el perfume de su santidad, y el Pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su veneración hacia él. Por eso, he querido que, respetando debidamente la normativa de la Iglesia, la causa de su beatificación procediera con razonable rapidez. Y he aquí que el día esperado ha llegado; ha llegado pronto, porque así lo ha querido el Señor: Juan Pablo II es beato.

Deseo dirigir un cordial saludo a todos los que, en número tan grande, desde todo el mundo, habéis venido a Roma, para esta feliz circunstancia, a los señores cardenales, a los patriarcas de las Iglesias católicas orientales, hermanos en el episcopado y el sacerdocio, delegaciones oficiales, embajadores y autoridades, personas consagradas y fieles laicos, y lo extiendo a todos los que se unen a nosotros a través de la radio y la televisión.

Éste es el segundo domingo de Pascua, que el beato Juan Pablo II dedicó a la Divina Misericordia. Por eso se eligió este día para la celebración de hoy, porque mi Predecesor, gracias a un designio providencial, entregó el espíritu a Dios precisamente en la tarde de la vigilia de esta fiesta. Además, hoy es el primer día del mes de mayo, el mes de María; y es también la memoria de san José obrero. Estos elementos contribuyen a enriquecer nuestra oración, nos ayudan a nosotros que todavía peregrinamos en el tiempo y el espacio. En cambio, qué diferente es la fiesta en el Cielo entre los ángeles y santos. Y, sin embargo, hay un solo Dios, y un Cristo Señor que, como un puente une la tierra y el cielo, y nosotros nos sentimos en este momento más cerca que nunca, como participando de la Liturgia celestial.

“Dichosos los que crean sin haber visto” (Jn 20, 29). En el evangelio de hoy, Jesús pronuncia esta bienaventuranza: la bienaventuranza de la fe. Nos concierne de un modo particular, porque estamos reunidos precisamente para celebrar una beatificación, y más aún porque hoy un Papa ha sido proclamado Beato, un Sucesor de Pedro, llamado a confirmar en la fe a los hermanos. Juan Pablo II es beato por su fe, fuerte y generosa, apostólica. E inmediatamente recordamos otra bienaventuranza: *(Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo+ (Mt 16, 17). )Qué es lo que el Padre celestial reveló a Simón? Que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Por esta fe Simón se convierte en *Pedro+, la roca sobre la que Jesús edifica su Iglesia. La bienaventuranza eterna de Juan Pablo II, que la Iglesia tiene el gozo de proclamar hoy, está incluida en estas palabras de Cristo: *Dichoso, tú, Simón+ y *Dichosos los que crean sin haber visto+. Ésta es la bienaventuranza de la fe, que también Juan Pablo II recibió de Dios Padre, como un don para la edificación de la Iglesia de Cristo.

“Pero nuestro pensamiento se dirige a otra bienaventuranza, que en el evangelio precede a todas las demás. Es la de la Virgen María, la Madre del Redentor. A ella, que acababa de concebir a Jesús en su seno, santa Isabel le dice: *Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá+ (Lc 1, 45). La bienaventuranza de la fe tiene su modelo en María, y todos nos alegramos de que la beatificación de Juan Pablo II tenga lugar en el primer día del mes mariano, bajo la mirada maternal de Aquella que, con su fe, sostuvo la fe de los Apóstoles, y sostiene continuamente la fe de sus sucesores, especialmente de los que han sido llamados a ocupar la cátedra de Pedro. María no aparece en las narraciones de la resurrección de Cristo, pero su presencia está como oculta en todas partes: ella es la Madre a la que Jesús confió cada uno de los discípulos y toda la comunidad. De modo particular, notamos que la presencia efectiva y materna de María ha sido registrada por san Juan y san Lucas en los contextos que preceden a los del Evangelio de hoy y de la primera lectura: en la narración de la muerte de Jesús, donde María aparece al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25); y al comienzo de los Hechos de los Apóstoles, que la presentan en medio de los discípulos reunidos en oración en el cenáculo (cf. Hch. 1, 14).

“También la segunda lectura de hoy nos habla de la fe, y es precisamente san Pedro quien escribe, lleno de entusiasmo espiritual, indicando a los nuevos bautizados las razones de su esperanza y su alegría. Me complace observar que en este pasaje, al comienzo de su Primera carta, Pedro no se expresa en un modo exhortativo, sino indicativo; escribe, en efecto: “Por ello os alegráis”, y añade: “No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación” (1 P 1, 6.8-9). Todo está en indicativo porque hay una nueva realidad, generada por la resurrección de Cristo, una realidad accesible a la fe. “Es el Señor quien lo ha hecho -dice el Salmo (118, 23)- ha sido un milagro patente”, patente a los ojos de la fe.

“Queridos hermanos y hermanas, hoy resplandece ante nuestros ojos, bajo la plena luz espiritual de Cristo resucitado, la figura amada y venerada de Juan Pablo II. Hoy, su nombre se añade a la multitud de santos y beatos que él proclamó durante sus casi 27 años de pontificado, recordando con fuerza la vocación universal a la medida alta de la vida cristiana, a la santidad, como afirma la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium. Todos los miembros del Pueblo de Dios -obispos, sacerdotes, diáconos, fieles laicos, religiosos, religiosas- estamos en camino hacia la patria celestial, donde nos ha precedido la Virgen María, asociada de modo singular y perfecto al misterio de Cristo y de la Iglesia. Karol Wojtya, primero como Obispo Auxiliar y después como Arzobispo de Cracovia, participó en el Concilio Vaticano II y sabía que dedicar a María el último capítulo del Documento sobre la Iglesia significaba poner a la Madre del Redentor como imagen y modelo de santidad para todos los cristianos y para la Iglesia entera. Esta visión teológica es la que el beato Juan Pablo II descubrió de joven y que después conservó y profundizó durante toda su vida. Una visión que se resume en el icono bíblico de Cristo en la cruz, y a sus pies María, su madre. Un icono que se encuentra en el evangelio de Juan (19, 25-27) y que quedó sintetizado en el escudo episcopal y posteriormente papal de Karol Wojtya: una cruz de oro, una “eme” abajo, a la derecha, y el lema: “Totus tuus”, que corresponde a la célebre expresión de san Luis María Grignion de Monfort, en la que Karol Wojtya encontró un principio fundamental para su vida: “Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor tuum, Maria -Soy todo tuyo y todo cuanto tengo es tuyo. Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón”. (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, n. 266).El nuevo Beato escribió en su testamento: “Cuando, en el día 16 de octubre de 1978, el cónclave de los cardenales escogió a Juan Pablo II, el primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszyski, me dijo: “La tarea del nuevo Papa consistirá en introducir a la Iglesia en el tercer milenio”. Y añadía: “Deseo expresar una vez más gratitud al Espíritu Santo por el gran don del Concilio Vaticano II, con respecto al cual, junto con la Iglesia entera, y en especial con todo el Episcopado, me siento en deuda. Estoy convencido de que durante mucho tiempo aún las nuevas generaciones podrán recurrir a las riquezas que este Concilio del siglo XX nos ha regalado. Como obispo que participó en el acontecimiento conciliar desde el primer día hasta el último, deseo confiar este gran patrimonio a todos los que están y estarán llamados a aplicarlo. Por mi parte, doy las gracias al eterno Pastor, que me ha permitido estar al servicio de esta grandísima causa a lo largo de todos los años de mi pontificado”. ¿Y cuál es esta “causa”? Es la misma que Juan Pablo II anunció en su primera Misa solemne en la Plaza de San Pedro, con las memorables palabras: “(No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!”. Aquello que el Papa recién elegido pedía a todos, él mismo lo llevó a cabo en primera persona: abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, invirtiendo con la fuerza de un gigante, fuerza que le venía de Dios, una tendencia que podía parecer irreversible. Con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la Nación polaca ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad. Más en síntesis todavía: nos devolvió la fuerza de creer en Cristo, porque Cristo es Redemptor hominis, Redentor del hombre: el tema de su primera Encíclica e hilo conductor de todas las demás.

“Karol Wojtya subió al solio de Pedro llevando consigo la profunda reflexión sobre la confrontación entre el marxismo y el cristianismo, centrada en el hombre. Su mensaje fue éste: el hombre es el camino de la Iglesia, y Cristo es el camino del hombre. Con este mensaje, que es la gran herencia del Concilio Vaticano II y de su “timonel”, el Siervo de Dios el Papa Pablo VI, Juan Pablo II condujo al Pueblo de Dios a atravesar el umbral del Tercer Milenio, que gracias precisamente a Cristo él pudo llamar “umbral de la esperanza”. Sí, él, a través del largo camino de preparación para el Gran Jubileo, dio al cristianismo una renovada orientación hacia el futuro, el futuro de Dios, trascendente respecto a la historia, pero que incide también en la historia. Aquella carga de esperanza que en cierta manera se le dio al marxismo y a la ideología del progreso, él la reivindicó legítimamente para el cristianismo, restituyéndole la fisonomía auténtica de la esperanza, de vivir en la historia con un espíritu de “adviento”, con una existencia personal y comunitaria orientada a Cristo, plenitud del hombre y cumplimiento de su anhelo de justicia y de paz.

“Quisiera finalmente dar gracias también a Dios por la experiencia personal que me concedió, de colaborar durante mucho tiempo con el beato Papa Juan Pablo II. Ya antes había tenido ocasión de conocerlo y de estimarlo, pero desde 1982, cuando me llamó a Roma como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante 23 años pude estar cerca de él y venerar cada vez más su persona. Su profundidad espiritual y la riqueza de sus intuiciones sostuvieron mi servicio. El ejemplo de su oración siempre me ha impresionado y edificado: él se sumergía en el encuentro con Dios, aun en medio de las múltiples ocupaciones de su ministerio. Y después, su testimonio en el sufrimiento: el Señor lo fue despojando lentamente de todo, sin embargo él permanecía siempre como una “roca”, como Cristo quería. Su profunda humildad, arraigada en la íntima unión con Cristo, le permitió seguir guiando a la Iglesia y dar al mundo un mensaje aún más elocuente, precisamente cuando sus fuerzas físicas iban disminuyendo. Así, él realizó de modo extraordinario la vocación de cada sacerdote y obispo: ser uno con aquel Jesús al que cotidianamente recibe y ofrece en la Eucaristía.

“(Dichoso tú, amado Papa Juan Pablo, porque has creído! Te rogamos que continúes sosteniendo desde el Cielo la fe del Pueblo de Dios. Tantas veces nos ha bendecido desde esta misma Plaza. Santo Padre, bendíganos de nuevo desde esa ventana. Amén”.
AC/ VIS 20110501 (2160)

sábado, 30 de abril de 2011

PROPORCIONAR UNA INFORMACION CORRECTA Y EQUILIBRADA

CIUDAD DEL VATICANO, 30 ABR 2011 (VIS).-El Papa recibió este mediodía en Castelgandolfo a los participantes en la XVII Asamblea de la Unión Europea de Radiodifusión, que se han reunido estos días en Roma, invitados por Radio Vaticano, con motivo del octogésimo aniversario de su fundación.

El Santo Padre puso de relieve que a través de la radio, “los pontífices han podido transmitir más allá de las fronteras mensajes de gran importancia para la humanidad. (…) Se puede decir que toda la enseñanza de la Iglesia en este sector, a partir de los discursos de Pío XII, pasando por los documentos del Concilio Vaticano II, hasta mis mensajes más recientes sobre las nuevas tecnologías digitales, está marcada por una corriente de optimismo, esperanza y simpatía sincera con quienes se dedican en este campo a promover el encuentro y el diálogo, para servir a la comunidad humana y contribuir al desarrollo pacífico de la sociedad”.

“En la sociedad actual -continuó-, los valores básicos para el bien de la humanidad están en juego, y la opinión pública (…) se halla a menudo desorientada y dividida”. En este contexto señaló que “proporcionar cada día una información correcta y equilibrada y un debate profundo para encontrar las mejores soluciones compartidas sobre estas cuestiones en una sociedad pluralista, es un deber de las radios y televisiones. Es una tarea que requiere gran honradez profesional, corrección y respeto, apertura a las diferentes perspectivas, claridad en el tratamiento de los problemas, liberación de las barreras ideológicas y conciencia de la complejidad de los problemas”.

Benedicto XVI recordó que la Iglesia Católica trata de “dar testimonio de su adhesión a la verdad que es Cristo, en un espíritu de apertura y diálogo. (…) La religión contribuye a “purificar” la razón, ayudándola a no caer en distorsiones, como la manipulación ideológica o la aplicación parcial que no tiene en cuenta plenamente la dignidad de la persona humana”. En este sentido, el Papa invitó a los profesionales de la información a “buscar formas de promover y fomentar el diálogo entre fe y razón con el fin de servir al bien común de la nación”.

Tras hacer hincapié en las dificultades que tienen que afrontar en su servicio, el Papa subrayó que “los desafíos del mundo moderno de los que tenéis que ocuparos son demasiado grandes y demasiado urgentes como para que os desaniméis y rindáis frente a esas dificultades”.

El Santo Padre concluyó animando a que los “contactos y actividades internacionales estén al servicio de la reflexión y el compromiso para garantizar que los instrumentos de la comunicación social promuevan el diálogo, la paz y el desarrollo de los pueblos en la solidaridad, superando la separación cultural, las incertidumbres y los temores”.
AC/ VIS 20110430 (460)

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE MAYO

CIUDAD DEL VATICANO, 30 ABR 2011 (VIS).-La intención general del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de mayo es: “Para que los que trabajan en los medios de comunicación respeten siempre la verdad, la solidaridad y la dignidad de cada persona”.

Su intención misionera es: “Para que la Iglesia en China reciba el don de perseverar en la fidelidad al Evangelio y de crecer en la unidad”.
BXVI-INTENCIONES ORACION/ VIS 20110430 (70)

ACUERDO ENTRE SANTA SEDE Y REPUBLICA DE AZERBAIJÁN

CIUDAD DEL VATICANO, 30 ABR 2011 (VIS).-Ayer, viernes 29 de abril, en la sede del Comité Estatal para las Actividades con las Estructuras Religiosas en Baku (Azerbaiján), se firmó un acuerdo entre la Santa Sede y la República de Azerbaiján que regula las relaciones jurídicas entre la Iglesia Católica y el Estado, según informa un comunicado publicado hoy.

El arzobispo Claudio Gugerotti, nuncio apostólico en ese país, firmó como plenipotenciario por parte de la Santa Sede e Hidayat Orujov, presidente del Comité Estatal para las Actividades con las Estructuras Religiosas, lo hizo por parte de la República de Azerbaiján.

El acuerdo, que consta de ocho artículos, reglamenta la situación jurídica de la Iglesia católica en Azerbaiján y, entre otras cosas, garantiza la libertad de profesar y practicar públicamente la fe católica, así como el derecho de la Iglesia católica de organizarse y ejercer su propia misión en conformidad con la legislación eclesiástica. Asimismo reconoce y registra la personalidad jurídica de la Iglesia católica y de todas sus instituciones y asegura la libre comunicación entre la comunidad católica local y la Santa Sede, además del acceso a los medios de comunicación social y la libre elección, por parte de la Santa Sede, de un Ordinario como responsable de la circunscripción eclesiástica. En fin, regula la concesión de permisos de residencia y de trabajo para el personal eclesiástico.
OP/ VIS 20110430 (240)

AUDIENCIAS

CIUDAD DEL VATICANO, 30 ABR 2011 (VIS).-El Santo Padre recibió hoy en audiencia al cardenal Dionigi Tettamanzi, arzobispo de Milán (Italia).
AP/ VIS 20110430 (20)

OTROS ACTOS PONTIFICIOS

CIUDAD DEL VATICANO, 30 ABR 2011 (VIS).-El Santo Padre nombró:

-Obispo Saúl Figueroa Albornoz, hasta ahora auxiliar de Caracas (Venezuela), obispo de Puerto Cabello (superficie 729, población 331.000, católicos 298.000, sacerdotes 25, religiosos 19) en Venezuela.

-Arzobispo Piero Coccia, de Pesaro (Italia), miembro del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes.

-Johan Ketelers, consultor del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes. Ketelers es Secretario General de la International Catholic Migration Commission, con sede en Ginebra.
NA/ VIS 20110430 (90)

viernes, 29 de abril de 2011

EVENTOS RELATIVOS A LA BEATIFICACION DE JUAN PABLO II

CIUDAD DEL VATICANO, 29 ABR 2011 (VIS).-Esta mañana, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, tuvo lugar un encuentro con los periodistas para explicar e ilustrar los eventos relativos a la beatificación del Venerable Servo de Dios Juan Pablo II.

Intervinieron en la rueda de prensa el padre Federico Lombardi, S.I., director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede; monseñor Marco Frisina, director de la Oficina Litúrgica del Vicariato de Roma; don Walter Insero, responsable de la Oficina de Comunicaciones Sociales del Vicariato de Roma y Angelo Scelzo, subsecretario del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales.

El padre Lombardi explicó que esta mañana, en las Grutas del Vaticano, “tuvo lugar la apertura de la tumba de Juan Pablo II y la extracción del féretro que contenía el cuerpo del Venerable Siervo de Dios.

Como se recordará, el Papa fue enterrado en tres ataúdes: el primero de madera, fue el que se expuso durante el funeral; el segundo es de plomo y está sellado; el tercero, exterior, también de madera, es el descubierto esta mañana en el momento de la extracción de la tumba; se halla en buen estado de conservación aunque muestre algunos signos del tiempo.

Después de las operaciones de apertura de la sepultura, que comenzaron a primera hora de la mañana, el féretro se expuso en una tarima, en el lugar de la tumba, hasta las 9 de la mañana, cuando después de una breve oración, el cardenal Angelo Comastri entonó el canto de las letanías.

Además del cardenal Angelo Comastri, el arzobispo Giuseppe D'Andrea y el obispo Vittorio Lanzani, que representaban a la Basílica y al Capítulo de San Pedro, estaban presentes los cardenales Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, Giovanni Lajolo, presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano y Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia (Polonia) y secretario particular de Juan Pablo II; los arzobispos Fernando Filoni, Sustituto de la Secretaría de Estado; Carlo Maria Viganò, secretario de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano; Piero Marini, que fue Maestro de las Celebraciones Litúrgicas con Juan Pablo II y Zygmunt Zimowski, presidente del Pontificio Consejo de la Pastoral Sanitaria; Sor Tobiana y las religiosas del apartamento pontificio de Juan Pablo II, el comendador Angelo Gugel, los responsables de la Gendarmería y la Guardia Suiza y otras personas.

En total varias decenas de personas, incluidos los trabajadores de la Fábrica de San Pedro, que han llevado a cabo su tarea con gran devoción y participación espiritual profunda.

Mientras se cantaban las letanías durante el breve recorrido, el féretro se trasladó ante la tumba de San Pedro, en las grutas vaticanas, cubierto por una amplia tela bordada en oro.

El cardenal secretario de Estado rezó una breve oración final y la asamblea se disolvió a las 9,15.

La gran lápida de la tumba, removida y colocada en otra parte de las grutas, se conserva intacta y se trasladará a Cracovia, donde se colocará en una nueva iglesia que se dedicará al Beato.

El féretro, como ya se anunció, permanecerá en las grutas hasta la mañana del domingo, cuando se trasladará a la Basílica, ante el altar central, para el homenaje del Santo Padre y de los fieles después de la beatificación. Mientras tanto, las grutas están cerradas al público.

La colocación estable del cuerpo del Beato bajo el altar de la capilla de San Sebastián tendrá lugar con toda probabilidad la tarde del lunes, 2 de mayo, tras el cierre de la Basílica”.

Monseñor Frisina explicó que la celebración de la Vigilia del 30 de abril (de las 20 a las 22,30) en el Circo Máximo -al que se podrá acceder a partir de las 17,30-, será animada por el Coro de la diócesis de Roma y la Orquesta del Conservatorio de S. Cecilia, dirigida por él. El coro de la comunidad filipina de Roma y el coro Gaudium Poloniae interpretarán dos pieza tradicionales.

En la primera parte de la vigilia está prevista una celebración de la memoria, en recuerdo de las palabras y los gestos de Juan Pablo II. “En el palco –dijo- habrá una gran reproducción de la imagen de María Salus Populi Romani, patrona de la ciudad de Roma. También reviviremos –con imágenes- los últimos meses del pontificado de Juan Pablo II, marcados por el sufrimiento”.

Posteriormente tendrán lugar los testimonios de algunos colaboradores del Papa: Joaquín Navarro-Valls, el cardenal Stanislaw Dziwisz y la monja francesa Marie Simon-Pierre, cuya curación milagrosa abrió el camino para la beatificación. Asimismo se podrán escuchar los testimonios de algunos jóvenes de Roma sobre la importancia del ejemplo y de la palabra del beato en su vida”. Al final de esta primera parte se cantará el “Totus tuus”, compuesto en el 50 aniversario de la ordenación sacerdotal de Juan Pablo II (1996).

Monseñor Frisina señaló que la segunda parte comenzará con unas palabras del cardenal Agostino Vallini, vicario general para la diócesis de Roma, que “presentará en modo sintético la personalidad espiritual y pastoral del beato”. Después se rezarán los Misterios de la Luz del Santo Rosario, en conexión directa con cinco santuarios marianos. Cada uno de los Misterios estará ligado a una intención de Juan Pablo II: en el santuario Łagiewniki, en Cracovia, la intención será la juventud; en el santuario Kawekamo-Bugando (Tanzania), la familia; en el santuario de Nuestra Señora del Líbano - Harissa (Líbano), la evangelización; en la basílica de Santa María de Guadalupe, de Ciudad de México, la esperanza y la paz de las naciones; en el Santuario de Fátima, la Iglesia. Al final, Benedicto XVI en conexión desde el Vaticano, rezará la oración final e impartirá la bendición apostólica a todos los participantes.

Por lo que respecta a la misa de beatificación del 1 de mayo, domingo de la Octava de Pascua o de la Divina Misericordia, a las 9,00 –es decir una hora antes de que comience- habrá una hora de preparación en la que se rezará la Corona de la Divina Misericordia, devoción introducida por Santa Faustina Kowalska, y muy apreciada por el beato Juan Pablo II. Acabará con una Invocación a la Misericordia de Dios en el mundo, con el canto “Jezu ufam Tobie” (Jesús, confío en ti).

Seguirá la Santa Misa, con los textos del domingo de la Octava de Pascua. Después de la fórmula de beatificación, cuando se descubra el tapiz con el nuevo beato, se cantará el Himno del Beato en latín. Al final de la misa se llevará al altar una reliquia de Juan Pablo II para la veneración de todos los fieles.

La Misa de Acción de Gracias (lunes, 2 de mayo a las 10.30, en la Plaza de San Pedro), presidida por el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, será precedida por una hora de preparación en la que escucharemos algunas poesías de Juan Pablo II recitadas por dos actores, uno polaco y otro italiano. La celebración eucarística será animada por el Coro de la diócesis de Roma, con la participación del Coro de Varsovia y de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Katowice (Polonia). Los textos serán los de la Misa del nuevo Beato.

Por su parte, don Walter Insero, responsable de la Oficina de Comunicaciones del Vicariato de Roma, precisó algunas características de los eventos ligados a la beatificación, entre ellos la “Noche Blanca” de oración, que vivirá por primera vez la ciudad de Roma.

“Después de la vigilia en el Circo Massimo y a partir de las 23,00 -dijo- será posible seguir rezando hasta el amanecer en ocho iglesias del centro que se encuentran a lo largo del recorrido que desde el Circo Massimo lleva a la basílica de San Pedro: Santa Anastasia, San Bartolomeo all’Isola, Santa Agnese in Agone (en Plaza Navona con un grupo de jóvenes polacos), San Marco al Campidoglio, Santissimo Nome di Gesú all’Argentina, Santa Maria in Vallicella, San Andrea della Valle y San Giovanni dei Fiorentini”.

“Los jóvenes romanos, animadores de esta noche de fe, acogerán a los peregrinos invitándolos a entrar en la iglesia y a unirse a la oración. A lo largo de la noche y siguiendo un esquema común adoptado en las iglesias que participan en la iniciativa, habrá lectura y meditación de la Palabra de Dios, silencio y adoración eucarística; lectura de algunos textos de Juan Pablo II dirigidos a los jóvenes, testimonios y cantos de algunos jóvenes, rezo del Rosario y de la corona de la Divina Misericordia. En estas ocho iglesias (...) numerosos sacerdotes estarán disponibles para las confesiones”.

Don Walter Insero anunció también que el comedor para los pobres y el centro de escucha de la Caritas de Roma en la estación Termini se dedicarán al beato Juan Pablo II, como “señal de la caridad que la diócesis de Roma promueve en recuerdo de su amado obispo, para recordar su solicitud pastoral hacia los más pobres”, y señaló que en preparación de la beatificación, el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Radio Vaticano, el Centro Televisivo Vaticano y la Oficina de Comunicaciones Sociales del Vicariato de Roma, habían realizado un importante proyecto centrado en las redes sociales y llamado “Centinelas digitales” .

“Una iniciativa -dijo- que ha creado grupos de fieles, jóvenes y menos jóvenes, que en el web y sobre todo en Facebook y Twitter llevan al mundo digital el testimonio y la enseñanza del nuevo beato. La descripción de la iniciativa está en la página Internet http://www.pope2you.net/index.php?id_testi=61”. Pero el gran acontecimiento organizado por los “centinelas digitales” es que a través del canal oficial de Twitter, abierto para la beatificación del Papa http://twitter.com/#!/Pope2YouVatican y la página de Facebook de Radio Vaticano http://www.facebook.com/#!/vatican.johnpaul2), será posible ver en directo las celebraciones de la beatificación. Además, en el sitio Pope2You.net se podrá seguir el streaming, disponible también para iPhone e iPad. También habrá streaming en el sitio http://www.vatican.va/video“.

El proyecto de los “Centinelas digitales”, lanzado el pasado 5 de abril, concluyó don Walter Insero, ha tenido una óptima acogida y un gran impacto mediático. (...) Casi 1.000 personas (periodistas especializados, expertos de comunicación) seguirán la transmisión en directo en Twitter y más de 3.000 personas en Facebook se han unido al grupo de “Centinelas”. (...) También se han expedido más de 40.000 postales digitales con frases de Juan Pablo II destinadas a los jóvenes gracias al servicio Pope2You”.
OP/ VIS 20110429 (1700)

OTROS ACTOS PONTIFICIOS

CIUDAD DEL VATICANO, 29 ABR 2011 (VIS).-El Santo Padre nombró al cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregación para la Educación Católica, su enviado especial a las celebraciones por el VI centenario de la dedicación de la Catedral de Wocawek (Polonia), que tendrán lugar el próximo 26 de junio.
NA/ VIS 20110429 (50)

NOTA

CIUDAD DEL VATICANO, 29 ABR 2011 (VIS).-Con motivo de la beatificación de Juan Pablo II, el próximo 1 de mayo, el VIS transmitirá su servicio de noticias el sábado y domingo próximos.
…/ VIS 20110429 (30)

jueves, 28 de abril de 2011

MAÑANA SE INAUGURA LA MUESTRA DEDICADA A JUAN PABLO II

CIUDAD DEL VATICANO, 28 ABR 2011 (VIS).-“Juan Pablo II; Un homenaje de Benedicto XVI con motivo de la beatificación”, es el título de la exposición que se inaugura mañana en el Brazo de Carlomagno (Vaticano) y que permanecerá abierta hasta el próximo 24 de julio.

La muestra, organizada por la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano en colaboración con la Embajada de Polonia ante la Santa Sede y con el Ministerio de Cultura y Patrimonio Nacional de la República de Polonia, está dividida en 15 secciones que ilustran la vida y el pontificado de Karol Wojtyla desde la infancia y la juventud en Wadowice hasta la última fase de su existencia y los solemnes funerales del 8 de abril de 2005. Presenta con gran riqueza de particulares todos los momentos y aspectos de la existencia del nuevo beato.

Durante la ceremonia de inauguración, en presencia del cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado y de numerosas personalidades, tendrá lugar la presentación oficial de la emisión filatélica conjunta entre el Estado de la Ciudad del Vaticano y Poczta Polska (Correos de Polonia).
.../ VIS 20110428 (200)

OTROS ACTOS PONTIFICIOS

CIUDAD DEL VATICANO, 28 ABR 2011 (VIS).-El Santo Padre nombró a don Virgilio do Nascimento Antunes obispo de la diócesis de Coimbra (superficie 5.300, población 564.300, católicos 507.000, sacerdotes 187, religiosos 332, diáconos permanentes 8) en Portugal. El obispo electo nació en 1961 en Sao Mamede (Portugal), fue ordenado sacerdote en 1985 y hasta ahora era rector del santuario Nossa Senhora de Fatima, en Portugal. Sucede al obispo Albino Mamede Cleto, cuya renuncia al gobierno pastoral de la diócesis fue aceptada por límite de edad.
NER:RE/ VIS 20110428 (90)

IN MEMORIAM

CIUDAD DEL VATICANO, 28 ABR 2011 (VIS).-En las últimas semanas fallecieron los siguientes prelados:

-Cardenal Varkey Vithayathil, C.SS.R., arzobispo mayor de Ernakulam-Angamaly de los Siro-Malabares (India), el 1 de abril a los 83 años.

-Obispo Patrick Vincent Ahern, ex auxiliar de Nueva York (EE.UU.), el 19 de marzo a los 92 años.

-Obispo William Henry Bullock, emérito de Madison (EE.UU.), el 3 de abril a los 83 años.

-Obispo Louis Dufaux, emérito de Grenoble (France), el 14 de abril a los 79 años.

-Obispo Ioan Sisestean, de Maramures de los Rumanos (Rumania), el 12 de abril a los 74 años.
…/ VIS 20110428 (100)

miércoles, 27 de abril de 2011

CRISTIANOS: TESTIGOS DEL CAMINO NUEVO DE PASCUA

CIUDAD DEL VATICANO, 27 ABR 2011 (VIS).-El Papa se trasladó esta mañana desde Castelgandolfo al Vaticano para la audiencia general, que se celebró en la Plaza de San Pedro y en la que participaron más de 20.000 personas.

“Cristo resucitado de entre los muertos -afirmó el Santo Padre- es el fundamento de nuestra fe, que se irradia en toda la liturgia de la Iglesia, dándole contenido y significado. (...) La resurrección de Cristo es la puerta a una nueva vida que ya no está sometida a la caducidad del tiempo, una vida inmersa en la eternidad de Dios. En la resurrección de Jesús comienza una nueva condición de los seres humanos, que ilumina y transforma nuestro camino cotidiano y abre un futuro cualitativamente nuevo y diferente para toda la humanidad”.

“En la Epístola a los Colosenses, San Pablo dice: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; sentid las cosas de arriba, no las de la tierra”. Pero el apóstol, subrayó Benedicto XVI, “está lejos de invitar a los cristianos, a cada uno de nosotros, a evadirse del mundo en el que Dios nos ha puesto. Es cierto que somos ciudadanos de otra “ciudad”, dónde está nuestra verdadera patria, pero el camino hacia esta meta debemos recorrerlo todos los días en esta tierra. Al participar desde ahora en la vida de Cristo resucitado, debemos vivir como hombres nuevos en este mundo, en el corazón de la ciudad terrenal”.

“Este es el camino -prosiguió el Santo Padre-, para transformarnos no solamente nosotros, sino para transformar al mundo, para dar a la ciudad un nuevo rostro que favorezca el desarrollo del hombre y de la sociedad, según la lógica de la solidaridad, la bondad, el respeto profundo por la dignidad propia de cada uno. (...) La Pascua aporta la novedad de un pasaje profundo y total de una vida sujeta a la esclavitud del pecado a una vida de libertad, inspirada por el amor, la fuerza que derriba todas las barreras y construye una nueva armonía en nuestro corazón y en la relación con los demás y con las cosas”.

Todo cristiano, así como toda comunidad, “si vive la experiencia de este pasaje de la Resurrección, no puede por menos que ser fermento nuevo en el mundo, entregándose sin reservas a las causas más urgentes y justas, como lo demuestran los testimonios de los santos en todas las edades y en todas partes. También son muchas las expectativas de nuestro tiempo: los cristianos, creyendo firmemente que la resurrección de Cristo ha renovado al hombre sin separarlo del mundo en el que construye su historia, tenemos que ser los testigos luminosos de este camino nuevo de Pascua”.

“La Pascua es, por lo tanto, un don que hay que acoger cada vez más profundamente en la fe, para obrar en cualquier situación, con la gracia de Cristo, según la lógica de Dios, la lógica del amor”, concluyó el pontífice.
AG/ VIS 20110427 (510)

JUEVES SANTO: MISA DEL CRISMA Y EN LA CENA DEL SEÑOR

CIUDAD DEL VATICANO, 21 ABR 2011 (VIS).-Hoy, Jueves Santo, el Papa presidió a las 9,30 en la basílica vaticana la Misa del Crisma, que se celebra en este día en todas las iglesias catedrales del mundo. Concelebraron con el Santo Padre los cardenales, obispos y sacerdotes que se encuentran en Roma. Tras la homilía tuvo lugar la renovación de las promesas sacerdotales y la bendición del óleo de los catecúmenos, de los enfermos y el crisma.

En la homilía, el Santo Padre explicó que en la liturgia de este día se bendicen tres óleos. “El óleo de los catecúmenos muestra como un primer modo de ser tocados por Cristo y por su Espíritu, un toque interior con el cual el Señor atrae a las personas junto a Él. (…) Dios ama a los hombres. Sale al encuentro de la inquietud de nuestro corazón. (…) El conocer a Dios no se acaba nunca. (…) Permanezcamos continuamente en camino hacia Él, en su añoranza, en la acogida siempre nueva de conocimiento y de amor”.

Refiriéndose posteriormente al óleo de los enfermos, Benedicto XVI señaló que “el curar es un encargo primordial que Jesús ha confiado a la Iglesia. (…) La primera y fundamental curación sucede en el encuentro con Cristo que nos reconcilia con Dios y sana nuestro corazón desgarrado. Pero además de esta tarea central, también forma parte de la misión esencial de la Iglesia la curación concreta de la enfermedad y del sufrimiento”.

”En tercer lugar –continuó-, tenemos el más noble de los óleos eclesiales, el crisma”, que “sirve sobre todo para la unción en la Confirmación y en las sagradas Órdenes. (…) El Bautismo y la Confirmación constituyen el ingreso en el Pueblo de Dios, que abraza todo el mundo; la unción en el Bautismo y en la Confirmación es una unción que introduce en ese ministerio sacerdotal para la humanidad. Los cristianos son un pueblo sacerdotal para el mundo. Deberían hacer visible en el mundo al Dios vivo, testimoniarlo y llevarle a Él”. En este contexto, preguntó: “¿Abrimos a los hombres el acceso a Dios o, por el contrario, se lo escondemos? (…) ¿No es verdad que el Occidente, que los países centrales del cristianismo están cansados de su fe y, aburridos de su propia historia y cultura, ya no quieren conocer la fe en Jesucristo?”.

“No obstante toda la vergüenza por nuestros errores, no debemos olvidar –terminó- que también hoy existen ejemplos luminosos de fe; que también hoy hay personas que, mediante su fe y su amor, dan esperanza al mundo. Cuando sea beatificado, el próximo uno de mayo, el Papa Juan Pablo II, pensaremos en él llenos de gratitud como un gran testigo de Dios y de Jesucristo en nuestro tiempo, como un hombre lleno del Espíritu Santo”.

A las 17,30, Benedicto XVI presidió en la basílica de San Juan de Letrán la concelebración de la Misa en la Cena del Señor. A imitación del gesto del Señor con los Apóstoles, el Papa lavó los pies a doce sacerdotes. Durante la presentación de los dones, se entregó al Santo Padre una oferta por las víctimas del terremoto y del tsunami en Japón.

Comentando en la homilía las palabras de Jesús en la Ultima Cena, el Papa dijo: “Anhelaba en su interior ese momento en el que se iba a dar a los suyos bajo las especies del pan y del vino. (…) Jesús nos desea, nos espera. Y nosotros –preguntó-, ¿tenemos verdaderamente deseo de él? (…) ¿Anhelamos su cercanía, ese ser uno con él, que se nos regala en la Eucaristía? ¿O somos, más bien, indiferentes, distraídos, ocupados totalmente en otras cosas?”.

El Santo Padre comentó una de las súplicas que Jesús dirigió al Padre durante la Ultima Cena: “es la plegaria por la unidad. (…) La unidad de los cristianos sólo se da si los cristianos están íntimamente unidos a él, a Jesús”.

Tras poner de relieve que “la Iglesia nace con la Eucaristía”, el Papa señaló que “la Eucaristía es sacramento de la unidad. Llega hasta el misterio trinitario, y crea así a la vez la unidad visible”.

Benedicto XVI recordó que “Jesús ora por la fe de Pedro y de sus sucesores. (…) Predice la caída de Pedro y su conversión”. En este sentido subrayó que “todos debemos aprender siempre a aceptar a Dios y a Jesucristo como él es, y no como nos gustaría que fuese. También nosotros tenemos dificultad en aceptar que él se haya unido a las limitaciones de su Iglesia y de sus ministros”.

“Todos tenemos necesidad de una conversión que acoja a Jesús en su ser-Dios y ser-Hombre. Tenemos necesidad de la humildad del discípulo que cumple la voluntad del Maestro. En este momento queremos pedirle que nos mire también a nosotros como miró a Pedro, en el momento oportuno, con sus ojos benévolos, y que nos convierta”.

“El servicio de la unidad tiene su lugar visible en la celebración de la santa Eucaristía. Queridos amigos, es un gran consuelo para el Papa saber que en cada celebración eucarística todos rezan por él; que nuestra oración se une a la oración del Señor por Pedro. Sólo gracias a la oración del Señor y de la Iglesia –terminó-, el Papa puede corresponder a su misión de confirmar a los hermanos, de apacentar el rebaño de Jesús y de garantizar aquella unidad que se hace testimonio visible de la misión de Jesús de parte del Padre”.
BXVI-SEMANA SANTA/ VIS 20110427 (920)

VIERNES SANTO: PASION DEL SEÑOR Y VIA CRUCIS EN EL COLISEO

CIUDAD DEL VATICANO, 22 ABR 2011 (VIS).-A las 17,00 de hoy, Viernes Santo, el Papa presidió en la basílica vaticana la celebración de la Pasión del Señor. Como es tradicional, tras la lectura de la Pasión según San Juan, el padre Raniero Cantalamessa, O.F.M. Cap., predicador de la Casa Pontificia, pronunció la homilía. A continuación, tuvo lugar la oración universal, la adoración de la Santa Cruz y la Sagrada Comunión.

A las 21,00, el Santo Padre se desplazó al Coliseo para presidir el Vía Crucis. Los textos de las meditaciones de este año han sido compuestos por sor Maria Rita Piccione, del la Orden de San Agustín, del Monasterio de los Santos Quattro Coronati en Roma.

Benedicto XVI siguió la ceremonia desde la colina del Palatino. La cruz fue llevada en las diferentes estaciones por el cardenal Agostino Vallini, vicario del Papa para la diócesis de Roma, una familia romana con cinco hijos (trillizos y gemelos), una familia de Etiopía, dos monjas agustinas, un franciscano de Egipto y una joven de ese mismo país, un enfermo en silla de ruedas empujado por un voluntario, y dos frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa.

Al terminar la ceremonia, el Santo Padre pronunció unas palabras.

“Esta noche –dijo- hemos revivido, en el profundo de nuestro corazón, el drama de Jesús, cargado del dolor, del mal y del pecado del hombre”.

“Miremos bien a este hombre crucificado entre la tierra y el cielo, contemplémosle con una mirada más profunda, y descubriremos que la Cruz no es el signo de la victoria de la muerte, del pecado y del mal, sino el signo luminoso del amor, más aún, de la inmensidad del amor de Dios, de aquello que jamás habríamos podido pedir, imaginar o esperar: Dios se ha inclinado sobre nosotros, se ha abajado hasta llegar al rincón más oscuro de nuestra vida para tendernos la mano y alzarnos hacia él, para llevarnos hasta él. La Cruz nos habla de la fe en el poder de este amor, a creer que en cada situación de nuestra vida, de la historia, del mundo, Dios es capaz de vencer la muerte, el pecado, el mal, y darnos una vida nueva, resucitada. En la muerte en cruz del Hijo de Dios, está el germen de una nueva esperanza de vida, como el grano que muere dentro de la tierra”.

El Papa invitó finalmente a fijar “nuestra mirada en Jesús crucificado” y a pedirle “en la oración: Ilumina, Señor, nuestro corazón, para que podamos seguirte por el camino de la Cruz; haz morir en nosotros el “hombre viejo”, atado al egoísmo, al mal, al pecado, y haznos “hombres nuevos”, hombres y mujeres santos, transformados y animados por tu amor”.
BXVI-SEMANA SANTA/ VIS 20110427 (470)

SÁBADO SANTO: LA RAZON CREADORA, PRINCIPIO DE TODAS LAS COSAS

CIUDAD DEL VATICANO, 23 ABR 2010 (VIS).-Esta noche a las 21,00, Benedicto XVI presidió la solemne vigilia pascual, que comenzó con la bendición del fuego nuevo en el atrio de la basílica vaticana, la entrada en procesión en San Pedro con el cirio pascual y el canto del Exsultet. En el curso de la liturgia bautismal, el Santo Padre administró los sacramentos de la iniciación cristiana a seis catecúmenos procedentes de diversos países.

“Dos grandes signos –dijo el Papa en la homilía-caracterizan la celebración litúrgica de la Vigilia pascual. En primer lugar, el fuego que se hace luz. (…) El segundo signo es el agua. (…) Característica esencial de la Vigilia es también el que ésta nos conduce a un encuentro profundo con la palabra de la Sagrada Escritura”.

El Santo Padre explicó que “la Iglesia quiere llevarnos, a través de una gran visión panorámica por el camino de la historia de la salvación, desde la creación, pasando por la elección y la liberación de Israel, hasta el testimonio de los profetas, con el que toda esta historia se orienta cada vez más claramente hacia Jesucristo”.

“En la Vigilia Pascual –prosiguió-, el camino a través de los sendas de la Sagrada Escritura comienza con el relato de la creación. De esta manera, la liturgia nos indica que también el relato de la creación es una profecía. No es una información sobre el desarrollo exterior del devenir del cosmos y del hombre. (…) Podemos preguntarnos ahora: Pero, ¿es verdaderamente importante en la Vigilia Pascual hablar también de la creación? (…) Omitir la creación significaría malinterpretar la historia misma de Dios con los hombres, disminuirla, no ver su verdadero orden de grandeza”.

Benedicto XVI hizo hincapié en que “la Iglesia no es una asociación cualquiera que se ocupa de las necesidades religiosas de los hombres y, por eso mismo, no limita su cometido sólo a dicha asociación. No, ella conduce al hombre al encuentro con Dios y, por tanto, con el principio de todas las cosas. Dios se nos muestra como Creador, y por esto tenemos una responsabilidad con la creación”.

“El relato de la creación nos dice, por tanto, que el mundo es un producto de la Razón creadora. Y con eso nos dice que en el origen de todas las cosas estaba no lo que carece de razón o libertad, sino que el principio de todas las cosas es la Razón creadora, es el amor, es la libertad”.

El Papa señaló que “si el hombre fuese solamente un producto casual de la evolución en algún lugar al margen del universo, su vida estaría privada de sentido o sería incluso una molestia de la naturaleza. Pero no es así: la Razón estaba en el principio, la Razón creadora, divina”.

Hablando del sábado, recordó que “es el séptimo día de la semana. (…) Pero en la Iglesia naciente sucedió algo inaudito: (…) es sustituido ahora por el primer día. Como día de la asamblea litúrgica, es el día del encuentro con Dios mediante Jesucristo, el cual en el primer día, el Domingo, se encontró con los suyos como Resucitado, después de que hallaran vacío el sepulcro”.

“Este encuentro –añadió- ocurre siempre nuevamente en la celebración de la Eucaristía, donde el Señor se presenta de nuevo en medio de los suyos y se les entrega, se deja, por así decir, tocar por ellos, se sienta a la mesa con ellos. Este cambio es un hecho extraordinario, si se considera que el sábado, el séptimo día como día del encuentro con Dios, está profundamente enraizado en el Antiguo Testamento”.

Benedicto XVI afirmó que “el primer día, según el relato del Génesis, es el día en que comienza la creación. Ahora, se ha convertido de un modo nuevo en el día de la creación, se ha convertido en el día de la nueva creación. Nosotros celebramos el primer día. Con ello celebramos a Dios, el Creador, y a su creación. Sí, creo en Dios, Creador del cielo y de la tierra. Y celebramos al Dios que se ha hecho hombre, que padeció, murió, fue sepultado y resucitó”.

“Celebramos –terminó- la victoria definitiva del Creador y de su creación. Celebramos este día como origen y, al mismo tiempo, como meta de nuestra vida. Lo celebramos porque ahora, gracias al Resucitado, se manifiesta definitivamente que la razón es más fuerte que la irracionalidad, la verdad más fuerte que la mentira, el amor más fuerte que la muerte. Celebramos el primer día, porque sabemos que la línea oscura que atraviesa la creación no permanece para siempre”.
BXVI-SEMANA SANTA/ VIS 20110427 (770)

PASCUA: LA RESURRECCION DA FUERZA A LA ESPERANZA HUMANA

CIUDAD DEL VATICANO, 24 ABR 2011 (VIS).-Esta mañana, Benedicto XVI celebró la Santa Misa del domingo de Pascua de Resurrección en la Plaza de San Pedro. Finalizada la Eucaristía, el Papa se asomó a las 12,00 al balcón central de la basílica vaticana para dirigir a todos los presentes y a cuantos lo escuchaban a través de los medios de comunicación, el tradicional Mensaje de Pascua, del que ofrecemos amplios extractos:

“¡Cristo ha resucitado! El eco de este acontecimiento, que surgió en Jerusalén hace veinte siglos, continúa resonando en la Iglesia, que lleva en el corazón la fe vibrante de María, la Madre de Jesús, la fe de la Magdalena y las otras mujeres que fueron las primeras en ver el sepulcro vacío, la fe de Pedro y de los otros Apóstoles.

“Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto (...) El aleluya pascual, que resuena en la Iglesia peregrina en el mundo, expresa la exultación silenciosa del universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.

“En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra”. A esta invitación de alabanza que sube hoy del corazón de la Iglesia, los “cielos” responden al completo. (...) Pero en la tierra, lamentablemente, no es así. Aquí, en nuestro mundo, el aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy. Por eso, mi mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad, la justicia y la paz.

“Que pueda alegrarse la Tierra que fue la primera a quedar inundada por la luz del Resucitado. Que el fulgor de Cristo llegue también a los pueblos de Oriente Medio, para que la luz de la paz y de la dignidad humana venza a las tinieblas de la división, del odio y la violencia. Que, en Libia, la diplomacia y el diálogo ocupen el lugar de las armas y, en la actual situación de conflicto, se favorezca el acceso a las ayudas humanitarias a cuantos sufren las consecuencias de la contienda. Que, en los países de África septentrional y de Oriente Medio, todos los ciudadanos, y particularmente los jóvenes, se esfuercen en promover el bien común y construir una sociedad en la que la pobreza sea derrotada y toda decisión política se inspire en el respeto a la persona humana.

“Que llegue la solidaridad de todos a los numerosos prófugos y refugiados que provienen de diversos países africanos y se han viso obligados a dejar sus afectos más entrañables; que los hombres de buena voluntad se vean iluminados y abran el corazón a la acogida, para que, de manera solidaria y concertada se puedan aliviar las necesidades urgentes de tantos hermanos; y que a todos los que prodigan sus esfuerzos generosos y dan testimonio en este sentido, llegue nuestro aliento y gratitud.

“Que se recomponga la convivencia civil entre las poblaciones de Costa de Marfil, donde urge emprender un camino de reconciliación y perdón para curar las profundas heridas provocadas por las recientes violencias. Y que Japón, en estos momentos en que afronta las dramáticas consecuencias del reciente terremoto, encuentre alivio y esperanza, y lo encuentren también aquellos países que en los últimos meses han sido probados por calamidades naturales que han sembrado dolor y angustia.

“Se alegren los cielos y la tierra por el testimonio de quienes sufren contrariedades, e incluso persecuciones a causa de la propia fe en el Señor Jesús. Que el anuncio de su resurrección victoriosa les infunda valor y confianza”.

Al final del Mensaje y antes de impartir la bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo), el Santo Padre felicitó la Pascua en 65 idiomas.
BXVI-SEMANA SANTA/ VIS 20110427 (730)
Copyright © VIS - Vatican Information Service