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El 'Vatican Information Service' (VIS) es un boletín informativo de la Oficina de Prensa Santa Sede. Transmite diariamente información sobre la actividad magisterial y pastoral del Santo Padre y de la Curia Romana... []

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martes, 16 de septiembre de 2008

CONSTRUIR UN MUNDO DE MAYOR SOLIDARIDAD, LIBERTAD Y PAZ

CIUDAD DEL VATICANO, 16 SEP 2008 (VIS).-El cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, ha enviado un mensaje en nombre del Papa a los participantes en el encuentro de oración con motivo de la apertura de la LXIII sesión de la Asamblea General de la ONU.

  El Santo Padre "se une a los miembros de la comunidad diplomática -se lee en el mensaje- y a los oficiales de la ONU presentes, al implorar de Dios Todopoderoso la guía y la fortaleza necesarias para llevar a cabo las tareas urgentes que deben afrontar las Naciones Unidas en los próximos meses, incluyendo la puesta en práctica de los objetivos de desarrollo del milenio, el programa del NEPAD (Nueva Alianza para el Desarrollo Africano) y otras iniciativas encaminadas a asegurar que toda la familia humana comparte los beneficios de la globalización".

  "Recordando con gratitud  su visita a la sede de la Asamblea General el pasado mes de abril con ocasión del LX aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Su Santidad renueva su llamamiento a los líderes internacionales para que vuelvan a hacer suya la visión moral elevada y los principios trascendentes de justicia plasmados en los documentos fundacionales de las Naciones Unidas. 

  "Con estos sentimientos, el Santo Padre invoca sobre todos los participantes bendiciones divinas abundantes, confiando en que esos momentos de reflexión y oración les fortalezcan en su compromiso de sostener la dignidad de cada persona y de construir un mundo de solidaridad, libertad y paz todavía mayores".
MESS/…/ASAMBLEA ONU                            VIS 20080916 (260)


CONGRESO EN MARZO SOBRE LA EVOLUCION BIOLOGICA

CIUDAD DEL VATICANO, 16 SEP 2008 (VIS).-Esta mañana, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, se presentó el Congreso internacional "Biological Evolution: Facts and Theories. A Critical Appraisal 150 years after >The Origin of Species=" (Evolución biológica: hechos y teorías. Una valoración crítica 150 años después de "El origen de las especies", que se celebrará en Roma del 3 al 7 de marzo de 2009.

  El congreso ha sido organizado conjuntamente por la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma) y por la Universidad de Notre Dame (Indiana, EE.UU.), bajo el patrocinio del Pontificio Consejo de la Cultura en el ámbito del proyecto STOQ (Science, Theology and the Ontological Quest) (Ciencia, Teología e Investigación Ontológica).

  En la rueda de prensa intervinieron el arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de la Cultura; padre Marc Leclerc, S.I., profesor de Filosofía de la Naturaleza, Pontificia Universidad Gregoriana; Gennaro Auletta, director científico del proyecto STOQ y profesor de Filosofía de la Ciencia, Pontificia Universidad Gregoriana y Alessandro Minelli, profesor de Zoología, Universidad de Padua (Italia).

  "El debate sobre la teoría de la evolución cada vez es más encendido, tanto en el ámbito cristiano como en el estrictamente evolucionista; en particular, al acercarse el (...) 150 aniversario de la aparición de "El origen de las especies", la obra de Charles Darwin se discute con frecuencia más en clave ideológica que no científica, como en cambio era su verdadera intención", explicó el padre Leclerc.

  "Ante ese estado de cosas -prosiguió- pensamos que nuestro deber es tratar de esclarecer algunos puntos, ya que científicos, filósofos y teólogos cristianos, están directamente implicados en el debate, junto con colegas de otras confesiones o aconfesionales. Se trata de suscitar un amplio intercambio de opiniones desde el punto de vista racional, para favorecer un diálogo fecundo entre expertos de ámbitos diversos; la Iglesia está profundamente interesada en este diálogo, respetando plenamente el campo de cada uno. Será un congreso universitario organizado por dos universidades católicas, la Gregoriana de Roma y Notre-Dame de Estados Unidos, y no un evento eclesial en cuanto tal. Pero el alto patrocinio del Pontificio Consejo de la Cultura subraya el interés de la Iglesia en esa problemática".
OP/CONGRESO EVOLUCION/...                    VIS 20080916 (370)


lunes, 15 de septiembre de 2008

ENCUENTRO CON LOS OBISPOS FRANCESES

CIUDAD DEL VATICANO, 14 SEP 2008 (VIS).-A las 17,15, el Papa se encontró en el Hemiciclo Santa Bernadette de Lourdes, con los obispos franceses.

  "Esta es la primera vez desde el comienzo de mi pontificado -dijo el Santo Padre al inicio de su discurso- que tengo la alegría de encontraros a todos juntos".

  Benedicto XVI expresó su estima a los prelados por su "entrega personal a pesar de la magnitud de la tarea. (…) Cumplís con fidelidad y humildad la triple función que os es propia con respecto al rebaño que se os ha encomendado: enseñar, gobernar, santificar".

  Refiriéndose a la catequesis, el Papa dijo que los obispos estaban convencidos de que "es de fundamental importancia para acrecentar en cada bautizado el gusto de Dios y la comprensión del sentido de la vida". En este sentido indicó que "los dos principales instrumentos que tienen a disposición: el Catecismo de la Iglesia Católica y el Catecismo de los Obispos de Francia, son valiosas bazas. Dan una síntesis armoniosa de la fe católica y permiten anunciar el Evangelio con una fidelidad correspondiente a su riqueza. La catequesis no es tanto una cuestión de método, sino de contenido".

  "Una esmerada preparación de los catequistas -continuó- permitirá la transmisión íntegra de la fe, a ejemplo de san Pablo, el más grande catequista de todos los tiempos, al que miramos con admiración particularmente en este segundo milenio de su nacimiento".

  Para una "tarea evangelizadora eficaz", dijo el Santo Padre, "necesitáis colaboradores. Por eso se han de alentar más que nunca las vocaciones sacerdotales y religiosas. (…) Quisiera agradecer cordialmente y alentar a todas las familias, parroquias, comunidades cristianas y movimientos de la Iglesia que son la tierra fértil que da el buen fruto de las vocaciones".

  "Nunca se repetirá bastante -subrayó- que el sacerdocio es esencial para la Iglesia, por el bien mismo del laicado. Los sacerdotes son un don de Dios para la Iglesia. No pueden delegar sus funciones a los fieles en lo que se refiere a las misiones que les son propias. (…) Su vida espiritual es el fundamento de su vida apostólica. Exhortadles con dulzura a la oración cotidiana y a la celebración digna de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y la Reconciliación".

  Benedicto XVI puso de relieve que "todo sacerdote debe poder sentirse dichoso de servir a la Iglesia" y pidió que "a ejemplo del cura de Ars, hijo de vuestra tierra y patrono de todos los párrocos del mundo", recordaran "que un hombre no puede hacer nada más grande que dar a los fieles el cuerpo y la sangre de Cristo, y perdonar los pecados. Tratad de estar atentos a su formación humana, intelectual y espiritual, y a sus recursos para vivir".

  Refiriéndose al culto litúrgico, afirmó que "es la expresión suprema de la vida sacerdotal y episcopal, como también de la enseñanza catequética". Y añadió: "Me he sentido impulsado a precisar en el "Motu proprio" Summorum Pontificum las condiciones para ejercer esta responsabilidad por lo que respecta a la posibilidad de utilizar tanto el misal del Beato Juan XXIII (1962) como el del Papa Pablo VI (1970). Ya se han dejado ver los frutos de estas nuevas disposiciones, y espero el necesario apaciguamiento de los espíritus que, gracias a Dios, se está produciendo. Tengo en cuenta las dificultades que encontráis, pero no me cabe la menor duda de que podéis llegar, en un tiempo razonable, a soluciones satisfactorias para todos, para que la túnica inconsútil de Cristo no se desgarre todavía más. Nadie está de más en la Iglesia. Todos, sin excepción, han de poder sentirse en ella "como en su casa", y nunca rechazados".

  El Papa mencionó otro "problema particularmente urgente que aparece en todas partes: la situación de la familia". En este sentido afirmó que "el matrimonio y la familia se enfrentan ahora a verdaderas borrascas. (…) Desde hace algunas décadas, las leyes han relativizado en diferentes países su naturaleza de célula primordial de la sociedad. A menudo, las leyes buscan acomodarse más a las costumbres y a las reivindicaciones de personas o de grupos particulares que a promover el bien común de la sociedad".

  "La unión estable entre un hombre y una mujer, ordenada a construir una felicidad terrenal, con el nacimiento de los hijos dados por Dios, ya no es, en la mente de algunos, el modelo al que se refiere el compromiso conyugal. Sin embargo, la experiencia enseña que la familia es el pedestal sobre el que descansa toda la sociedad. Además, el cristiano sabe que la familia es también la célula viva de la Iglesia. Cuanto más impregnada esté la familia del espíritu y de los valores del Evangelio, tanto más la Iglesia misma se enriquecerá y responderá mejor a su vocación".

  El Santo Padre habló a continuación de "una cuestión particularmente dolorosa: la de los divorciados y vueltos a casar" y subrayó que "la Iglesia, que no puede oponerse a la voluntad de Cristo, mantiene con firmeza el principio de la indisolubilidad del matrimonio, rodeando siempre del mayor afecto a quienes, por los más variados motivos, no llegan a respetarla. No se pueden aceptar, pues, las iniciativas que tienden a bendecir las uniones ilegítimas".

  Refiriéndose a los jóvenes, recordó que durante su primer viaje a Francia, Juan Pablo II les transmitió "un mensaje que no ha perdido nada de su actualidad, y que fue acogido entonces con un fervor inolvidable. "La permisividad moral no hace feliz al hombre". (…) Ruego al Espíritu Santo que hable al corazón de todos los fieles y, en general, al de todos vuestros compatriotas, para darles -o hacerles ver- el gusto de llevar una vida según los criterios de una felicidad verdadera".

  Benedicto XVI afirmó a continuación que "resaltar las raíces cristianas de Francia permitirá a cada uno de los habitantes de este país comprender mejor de dónde viene y adónde va. Por tanto, en el marco institucional vigente y con el máximo respeto por las leyes en vigor, habrá que encontrar una nueva manera de interpretar y vivir en lo cotidiano los valores fundamentales sobre los que se ha edificado la identidad de la Nación. Vuestro Presidente -recordó a los prelados- ha hecho alusión a esta posibilidad".

  En este contexto, afirmó que "la Iglesia no reivindica el puesto del Estado. No quiere sustituirle. La Iglesia es una sociedad basada en convicciones, que se sabe responsable de todos y no puede limitarse a sí misma. Habla con libertad y dialoga con la misma libertad con el deseo de alcanzar la libertad común. (…) Gracias a una sana colaboración entre la comunidad política y la Iglesia, realizada con la conciencia y el respeto de la independencia y de la autonomía de cada una en su propio campo, se lleva a cabo un servicio al ser humano con miras a su pleno desarrollo personal y social".

  El Santo Padre dijo que "el objetivo del diálogo ecuménico e interreligioso (…) es la búsqueda y la profundización de la Verdad. (…) Construir puentes entre las grandes tradiciones eclesiales cristianas y el diálogo con otras tradiciones religiosas, exige un esfuerzo real de conocimiento recíproco, porque la ignorancia destruye más que construye. (...) Ciertamente, hemos de seguir con atención las diversas iniciativas emprendidas y discernir las que favorecen el conocimiento y el respeto recíproco, así como la promoción del diálogo, y evitar las que llevan a callejones sin salida. No basta la buena voluntad. Creo que es bueno comenzar por escuchar, pasar después a la discusión teológica, para llegar finalmente al testimonio y al anuncio de la misma fe".

   El Papa terminó su discurso haciendo hincapié en la importancia de "lograr una auténtica liberación espiritual", explicando que el ser humano "necesita siempre verse libre de sus temores y de sus pecados. El hombre debe aprender constantemente que Dios no es su enemigo, sino su Creador lleno de bondad. Necesita saber que su vida tiene un sentido y que, al final de su recorrido sobre la tierra, le espera participar por siempre en la gloria de Cristo en el cielo. Vuestra misión es llevar a la porción del Pueblo de Dios confiada a vuestro cuidado al reconocimiento de este final glorioso".
PV-FRANCIA/OBISPOS/LOURDES                        VIS 20080915 (1300)


PROCESION EUCARISTICA: PROCLAMAR LAS MARAVILLAS DE DIOS

CIUDAD DEL VATICANO, 14 SEP 2008 (VIS).-A las 18,30 de esta tarde, el Santo Padre, vestido con paramentos litúrgicos, asistió desde el podio a la parte final de la procesión eucarística en la Pradera del santuario de Lourdes.

  Después de un momento de adoración al Santísimo Sacramento, el Papa pronunció una oración.

  "Señor Jesús, estás aquí. Y vosotros, hermanos, hermanas, amigos míos. Estáis aquí, conmigo, ante Él".

  "Lo contemplamos, lo adoramos, lo amamos. Buscamos amarlo todavía más".

  "Adoramos a Aquel que está al inicio y al final de nuestra fe, sin el que no estaríamos aquí esta tarde, sin el que no seríamos nada, sin el que no existiría nada, nada, absolutamente nada. Aquel, por medio de quien "se hizo todo"; por quien hemos sido creados, para la eternidad; el que nos ha dado su propio Cuerpo y su propia Sangre, Él está aquí, esta tarde, ante nosotros, ofreciéndose a nuestras miradas".

  "La Hostia Santa expuesta ante nuestros ojos proclama este poder infinito del Amor manifestado en la Cruz gloriosa. La Hostia Santa proclama el increíble anonadamiento de Quien se hizo pobre para darnos su riqueza, de Quien aceptó perder todo para ganarnos para su Padre. La Hostia Santa es el Sacramento vivo y eficaz de la presencia eterna del Salvador de los hombres en su Iglesia.

  "María, la Virgen Santa, María, la Inmaculada Concepción, aceptó, hace dos mil años, entregarle todo, ofrecer su cuerpo para acoger el Cuerpo del Creador. Todo ha venido de Cristo, incluso María; todo ha venido por María, incluso Cristo.

  "María, la Santísima Virgen, está con nosotros esta tarde, ante el Cuerpo de su Hijo, ciento cincuenta años después de revelarse a la pequeña Bernadette.

  "Virgen Santa, ayúdanos a contemplar, ayúdanos a adorar, ayúdanos a amar, a amar más todavía a Quien nos amó tanto, para vivir eternamente con Él".

  "Una inmensa muchedumbre de testigos está invisiblemente presente a nuestro lado; (…) la muchedumbre de todos los que pasaron horas adorándolo en el Santísimo Sacramento del Altar".

  "Esta tarde, no los vemos, pero los oímos aquí, diciéndonos a cada uno de nosotros: "Ven, déjate llamar por el Maestro. Él está aquí y te llama. Él quiere tomar tu vida y unirla a la suya. Déjate atraer por Él. No mires ya tus heridas, mira las suyas. No mires lo que te separa aún de Él y de los demás; mira la distancia infinita que ha abolido tomando tu carne, subiendo a la Cruz que le prepararon los hombres y dejándose llevar a la muerte para mostrar su amor. En estas heridas, te toma; en estas heridas, te esconde. No rechaces su amor".

  "La multitud inmensa de testigos que se dejó atraer por su Amor, es la muchedumbre de los santos del cielo que no cesan de interceder por nosotros. Eran pecadores y lo sabían, pero aceptaron no mirar sus heridas y mirar sólo las heridas de su Señor, para descubrir en ellas la gloria de la Cruz, para descubrir en ellas la victoria de la Vida sobre la muerte".

  "Jesucristo pasado, en la verdad histórica de la tarde en el cenáculo, que se nos recuerda en toda celebración de la Santa Misa.

  "Jesucristo presente, porque nos dice: "Tomad y comed todos, porque esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre". "Esto es", en presente, aquí y ahora, como en todos los aquí y ahora de la historia de los hombres".

  "La Eucaristía es también Jesucristo futuro, Jesucristo que viene. Cuando contemplamos la Hostia Santa, su cuerpo glorioso transfigurado y resucitado, contemplamos lo que contemplaremos en la eternidad, descubriendo el mundo entero llevado por su Creador cada segundo de su historia. Cada vez que lo comemos, pero también cada vez que lo contemplamos, lo anunciamos, hasta que el vuelva, "donec veniat". Por eso lo recibimos con infinito respeto".

  "Algunos de nosotros no pueden o no pueden todavía recibirlo en el Sacramento, pero pueden contemplarlo con fe y amor, y manifestar el deseo de poder finalmente unirse a Él. Es un deseo que tiene gran valor ante Dios: esperan con mayor ardor su vuelta; esperan a Jesucristo, que debe venir".

  "Amados hermanos y hermanas, peregrinos y habitantes de estos valles, hermanos obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, todos vosotros que estáis viendo el infinito anonadamiento del Hijo de Dios y la gloria infinita de la Resurrección, permaneced en silencio y adorad a vuestro Señor, nuestro Maestro y Señor Jesucristo. Permaneced en silencio, después hablad y decid al mundo: no podemos callar lo que sabemos. Id y proclamad al mundo entero las maravillas de Dios, presente en cada momento de nuestras vidas, en toda la tierra. Que Dios nos bendiga y nos guarde, que nos conduzca por el camino de la vida eterna, Él que es la Vida, por los siglos de los siglos. Amén".

  Terminado el acto, Benedicto XVI de trasladó al Ermitage St. Joseph, donde cenó.
PV-FRANCIA/ORACION:EUCARISTIA/LOURDES            VIS 20080915 (800)


CRISTO ROMPE EL AISLAMIENTO QUE CAUSA EL DOLOR

CIUDAD DEL VATICANO, 15 SEP 2008 (VIS).-Esta mañana el Papa se despidió del Ermitage de St. Joseph, donde se alojó durante su estancia en Lourdes y posteriormente se trasladó al Oratorio del Hospital, donde el 3 de junio de 1858 Bernadette recibió la Primera Comunión, cuarta etapa del Camino del Jubileo. El Santo Padre rezó en la capilla delante del Santísimo y pronunció la cuarta y última oración del Camino Jubilar.

  A las, 9,30 el Papa celebró en el exterior de la basílica de Nuestra Señora del Rosario la Santa Misa, en la memoria litúrgica de la Virgen de los Dolores, con los enfermos acudidos a Lourdes.

  En la festividad de hoy, dijo el Papa, "contemplamos a María que comparte la compasión de su Hijo por los pecadores. (...) Se puede decir, como de su Hijo Jesús, que este sufrimiento la ha guiado también a Ella a la perfección para hacerla capaz de asumir la nueva misión espiritual que su Hijo le encomienda poco antes de expirar: convertirse en la Madre de Cristo en sus miembros".

  "María -prosiguió- está hoy en el gozo y la gloria de la Resurrección" y "ama a cada uno de sus hijos, prestando una atención particular a quienes, como su Hijo en la hora de su Pasión, están sumidos en el dolor; los ama simplemente porque son sus hijos, según la voluntad de Cristo en la Cruz".

  "Movidos por la Palabra inspirada de la Escritura, los cristianos han buscado siempre la sonrisa de Nuestra Señora, esa sonrisa que los artistas en la Edad Media han sabido representar y resaltar tan prodigiosamente. Este sonreír de María es para todos; pero se dirige muy especialmente a quienes sufren, para que encuentren en Ella consuelo y sosiego".

  Benedicto XVI recordó que en Lourdes, durante la aparición del miércoles, 3 de marzo de 1858, María da a conocer a Bernadette "primero su sonrisa, como si fuera la puerta de entrada más adecuada para la revelación de su misterio".

  "En la sonrisa que nos dirige la más destacada de todas las criaturas -afirmó- se refleja nuestra dignidad de hijos de Dios, la dignidad que nunca abandona a quienes están enfermos. Esta sonrisa, reflejo verdadero de la ternura de Dios, es fuente de esperanza inquebrantable".

  "Sabemos que, por desgracia, el sufrimiento padecido rompe los equilibrios mejor asentados de una vida, socava los cimientos fuertes de la confianza, llegando incluso a veces a desesperar del sentido y el valor de la vida. Es un combate que el hombre no puede afrontar por sí solo, sin la ayuda de la gracia divina".

  "Cuando la palabra no sabe ya encontrar vocablos adecuados, es necesaria una presencia amorosa; buscamos entonces no sólo la cercanía de los parientes o de aquellos a quienes nos unen lazos de amistad, sino también la proximidad de los más íntimos por el vínculo de la fe. Y ¿quién más íntimo que Cristo y su Santísima Madre, la Inmaculada? Ellos son, más que nadie, capaces de entendernos y apreciar la dureza de la lucha contra el mal y el sufrimiento".

  "Quisiera decir humildemente a los que sufren y a los que luchan, y están tentados de dar la espalda a la vida: ¡Volveos a María! En la sonrisa de la Virgen está misteriosamente escondida la fuerza para continuar la lucha contra la enfermedad y a favor de la vida. También junto a Ella se encuentra la gracia de aceptar sin miedo ni amargura el dejar este mundo, a la hora que Dios quiera".
 
  "Sí, buscar la sonrisa de la Virgen María no es un infantilismo piadoso -explicó el Papa- es la aspiración, dice el salmo 44, de los que son "los más ricos del pueblo". "Los más ricos" se entiende en el orden de la fe, los que tienen mayor madurez espiritual y saben reconocer precisamente su debilidad y su pobreza ante Dios".

  "La sonrisa de María es una fuente de agua viva. (...) De su corazón de creyente y de Madre brota un agua viva que purifica y cura. Al sumergirse en las piscinas de Lourdes ¡cuántos no han descubierto y experimentado la dulce maternidad de la Virgen María, juntándose a Ella para unirse más al Señor!".

  Después, refiriéndose particularmente a los enfermos, el Papa recordó que "Cristo dispensa su salvación mediante los sacramentos y de manera muy especial, a los que sufren enfermedades o tienen una discapacidad, a través de la gracia de la Unción de los Enfermos. Para cada uno, el sufrimiento es siempre un extraño. Su presencia nunca se puede domesticar. Por eso es difícil de soportar y, más difícil aún -como lo han hecho algunos grandes testigos de la santidad de Cristo- acogerlo como ingrediente de nuestra vocación".

  La gracia propia de ese sacramento "consiste en acoger en sí a Cristo médico. Sin embargo, Cristo no es médico al estilo del mundo. Para curarnos, Él no permanece fuera del sufrimiento padecido; lo alivia viniendo a habitar en quien está afectado por la enfermedad, para llevarla consigo y vivirla junto con el enfermo. La presencia de Cristo consigue romper el aislamiento que causa el dolor".

  "Sin la ayuda del Señor, el yugo de la enfermedad y el sufrimiento es cruelmente pesado -subrayó el Santo Padre-. Al recibir la Unción de los Enfermos, no queremos otro yugo que el de Cristo, fortalecidos con la promesa que nos hizo de que su yugo será suave y su carga ligera".

  "El Concilio Vaticano II -dijo el pontífice- presentó a María como la figura en la que se resume todo el misterio de la Iglesia. Su trayectoria personal representa el camino de la Iglesia, invitada a estar completamente atenta a las personas que sufren".

  Por último, el  Papa saludó a todos los que "contribuyen al cuidado de los enfermos con competencia y generosidad" en Lourdes y que "son el brazo de la Iglesia servidora".

  Benedicto XVI concluyó su homilía con un fragmento de la oración a María propuesta para la celebración de este Jubileo:

  "Porque eres la sonrisa de Dios, el reflejo de la luz de Cristo, la morada del Espíritu Santo, porque escogiste a Bernadette en su miseria, porque eres la estrella de la mañana, la puerta del cielo y la primera criatura resucitada. Nuestra Señora de Lourdes, junto con nuestros hermanos y hermanas cuyo cuerpo y corazón están doloridos, te decimos: ruega por nosotros".

  Acabada la homilía el Santo Padre administró el Sacramento de la Unción de Enfermos a diez personas.

  Terminada la celebración eucarística, el Papa se desplazó a las 11,45 al estadio Antoine Béguère, y fue transportado en helicóptero al aeropuerto de Tarbes-Lourdes-Pyrénées, donde llegó a las 12,30.
PV-FRANCIA/MISA ENFERMOS/LOURDES            VIS 20080915 (1110)


LA IGLESIA SEA LEVADURA PARA EL PUEBLO DE DIOS


CIUDAD DEL VATICANO, 15 SEP 2008 (VIS).-Después de la celebración eucarística con los enfermos, el Papa se trasladó al aeropuerto de Tarbes-Lourdes-Pyrénées para la ceremonia de despedida.

  El Santo Padre fue acogido por el primer ministro francés, François Fillon. También estaban presentes autoridades políticas y civiles, los obispos de la región Midi-Pirineos, el presidente, el vicepresidente y el secretario general de la Conferencia Episcopal francesa.
 
  Benedicto XVI dio las gracias a las autoridades civiles y militares, así como a los obispos, a las fuerzas del orden y a los "innumerables voluntarios que han ofrecido su tiempo y competencia. Todos han trabajado con dedicación y ardor por el éxito de mis cuatro días en vuestro país. Gracias de corazón".

  "Mi viaje -dijo- ha sido como un díptico. La primera tabla ha sido París, ciudad que conozco bien y lugar de muchas reuniones importantes. Tuve la oportunidad de celebrar la Eucaristía en el marco prestigioso de la explanada de los Inválidos. Allí encontré un pueblo vivo de fieles, orgullosos y convencidos de su fe. Vine para alentarlos a que perseveren con valentía viviendo las enseñanzas de Cristo y de su Iglesia".

  El Papa recordó también que había rezado las Vísperas con los sacerdotes, religiosos, religiosas, y con los seminaristas, a quienes "he querido confirmar en su vocación de servir a Dios y al prójimo".

  "Y, )cómo olvidar el significativo encuentro con el mundo de la cultura en el Instituto de Francia y en el Collège des Bernardins? Considero que la cultura y sus intérpretes son los vectores privilegiados del diálogo entre la fe y la razón, entre Dios y el hombre".

  El Santo Padre afirmó que "la segunda tabla del díptico ha sido un lugar emblemático, que atrae y cautiva a todo creyente. Lourdes es como una luz en la oscuridad de nuestro ir a tientas hacia Dios. María ha abierto una puerta a un más allá que nos cuestiona y seduce".

  "El Papa debía venir a Lourdes para celebrar el 150 aniversario de las apariciones. Ante la gruta de Massabielle, he orado por todos ustedes. He rezado por la Iglesia. He orado por Francia y el mundo".

  Como un peregrino más "he seguido las cuatro etapas del camino del Jubileo, visitando la Iglesia parroquial, el Cachot, la Gruta y finalmente la capilla del hospital. También he rezado con y por los enfermos que vienen en busca de restablecimiento físico y esperanza espiritual. Dios no los olvida, y tampoco la Iglesia. Como cualquier fiel peregrino, he querido participar en la procesión con las antorchas y en la procesión eucarística. En ellas se elevan a Dios súplicas y alabanzas".

  Benedicto XVI aseguró que había querido compartir con los obispos de Francia "mi convicción de que los tiempos son propicios para un retorno a Dios".

  "Que Dios bendiga a Francia. Que en su suelo reine la armonía y el progreso humano, y que su Iglesia sea levadura en la masa para indicar con sabiduría y sin temor, de acuerdo con la misión que le compete, quién es Dios".

  Tras manifestar su deseo de regresar a Francia, el Santo Padre concluyó: "Desde Roma, les estaré cercano y, cuando me detenga ante la réplica de la Gruta de Lourdes, que se halla en los jardines del Vaticano desde hace poco más de un siglo, les tendré presentes".

  El avión papal despegó a las 13,00 y tras dos horas de vuelo aterrizará en el aeropuerto romano de Ciampino. Desde allí, el Santo Padre se desplazará a su residencia de Castelgandolfo.
PV-FRANCIA/CEREMONIA DESPEDIDA/LOURDES            VIS 20080915 (560)


domingo, 14 de septiembre de 2008

EN LOURDES SE EXPERIMENTA LA CERCANIA ENTRE CIELO Y TIERRA


CIUDAD DEL VATICANO, 13 SEP 2008 (VIS).-Después de dejar la nunciatura apostólica de París, el Papa se dirigió a las 16,00 al aeropuerto de París-Orly, donde tomó el avión rumbo a Tarbes. Desde allí se desplazó en helicóptero a Lourdes.

  El Papa hizo desde el papamóvil las dos primeras etapas del "Camino del Jubileo", que es el recorrido que el peregrino está invitado a realizar en Lourdes con motivo del 150 aniversario de las apariciones de la Virgen. En cada una de las etapas, el Santo Padre pronunció la oración prevista.

  El Camino sigue cuatro lugares relacionados con la vida de Bernadette: La fuente bautismal donde fue bautizada: el "Cachot" donde vivió con la familia; la Gruta de Massabielle, lugar de las apariciones de la Virgen, que constituye el corazón del santuario mariano y la capilla en la que recibió la Primera Comunión. Al llegar a la Gruta (tercera etapa), un niño entregó al Papa un vaso de agua de la fuente. Posteriormente, el Santo Padre encendió un cirio del gran candelabro y se recogió en silencio antes de leer la oración de esta etapa del Jubileo. A continuación se trasladó al Ermitage St. Joseph, donde cenó.

  A las 21,15 Benedicto XVI se dirigió a la Basílica y desde la terraza inferior siguió la parte final de la procesión "aux flambeaux" (con antorchas), que partiendo de la Gruta de las Apariciones concluyó delante de la Basílica.

  El Papa comenzó su discurso recordando que "hace ciento cincuenta años, el 11 de febrero de 1858, en el lugar llamado la gruta de Massabielle, apartada del pueblo, una simple muchacha de Lourdes, Bernadette Soubirous, vio una luz y, en la luz, una mujer joven "hermosa, la más hermosa". (…) En la conversación, en el diálogo impregnado de delicadeza, la Señora le encarga transmitir algunos mensajes muy simples sobre la oración, la penitencia y la conversión".

  "Lourdes -dijo- es uno de los lugares que Dios ha elegido para reflejar un destello especial de su belleza, por ello la importancia aquí del símbolo de la luz. (…) Ante la gruta, día y noche, verano e invierno, una zarza ardiente brilla rodeada de las oraciones de los peregrinos y enfermos, que expresan sus preocupaciones y necesidades, pero sobre todo su fe y su esperanza".

  Benedicto XVI señaló que "al venir en peregrinación aquí, a Lourdes, queremos entrar, siguiendo a Bernadette, en esta extraordinaria cercanía entre el cielo y la tierra que nunca ha faltado y que se consolida sin cesar. (…) Durante las apariciones, Bernadette reza el Rosario bajo la mirada de María, que se une a ella en el momento de la doxología. Este hecho confirma en realidad el carácter profundamente teocéntrico de la oración del Rosario. Cuando rezamos el Rosario, María nos ofrece su corazón y su mirada para contemplar la vida de su Hijo, Jesucristo".

  Tras recordar que Juan Pablo II vino a Lourdes en dos ocasiones y que "promovió vivamente la oración del Rosario", el Papa afirmó que enriqueció esta oración mariana "con la meditación de los Misterios Luminosos".

  "La procesión de las antorchas hace presente ante nuestros ojos de carne el misterio de la oración: en la comunión de la Iglesia, que une a los elegidos del cielo y a los peregrinos de la tierra, la luz brota del diálogo entre el hombre y su Señor, y se abre un camino luminoso en la historia humana, incluidos  sus momentos más oscuros".

  El Santo Padre subrayó que "esta procesión es un momento de gran alegría eclesial, pero también de gravedad: las intenciones que presentamos subrayan nuestra profunda comunión con todos los que sufren. Pensamos en las víctimas inocentes que padecen la violencia, la guerra, el terrorismo, la penuria, o que sufren las consecuencias de la injusticia, de las plagas, de las calamidades, del odio y de la opresión, de la violación de su dignidad humana y de sus derechos fundamentales, de su libertad de actuar y de pensar. Pensamos también en quienes tienen problemas familiares o en quienes sufren por el desempleo, la enfermedad, la discapacidad, la soledad o por su situación de inmigrantes. No quiero olvidar a los que sufren a causa del nombre de Cristo y que mueren por Él".

  "María -aseguró- nos enseña a orar, a hacer de nuestra plegaria un acto de amor a Dios y de caridad fraterna. Al orar con María, nuestro corazón acoge a los que sufren. (…) Lourdes es un lugar de luz, porque es un lugar de comunión, esperanza y conversión". Por contraste, añadió, "el pecado nos hace ciegos, nos impide proponernos como guía para nuestros hermanos, y nos lleva a desconfiar de ellos para dejarnos guiar. Necesitamos ser iluminados".

  "En este santuario de Lourdes al que vuelven sus ojos los cristianos de todo el mundo desde que la Virgen María hizo brillar la esperanza y el amor al dar el primer puesto a los enfermos, los pobres y los pequeños, se nos invita a descubrir la sencillez de nuestra vocación: Basta con amar".

  El Papa concluyó haciendo hincapié en las muchas personas que "vienen aquí para ver, esperando quizá secretamente recibir alguna gracia" y que al regresar, "habiendo hecho una experiencia espiritual de vida auténticamente eclesial, vuelven su mirada a Dios, a los otros y a sí mismos. Les llena una pequeña llama con el nombre de esperanza, compasión, ternura. El encuentro discreto con Bernadette y la Virgen María puede cambiar una vida, pues están presentes en este lugar de Massabielle para llevarnos a Cristo que es nuestra vida, nuestra fuerza y nuestra luz".
PV-FRANCIA/PROCESION ANTORCHAS/LOURDES            VIS 20080914 (900)


EL MENSAJE DE MARIA ES UN MENSAJE DE ESPERANZA

CIUDAD DEL VATICANO, 14 SEP 2008 (VIS).-Esta mañana a las 10,00, después de saludar en papamóvil a los más de 100.000 fieles que llenaban la Pradera del santuario de Lourdes, Benedicto XVI celebró la Santa Misa para conmemorar el 150 aniversario de las apariciones de la Virgen María a Bernadette.

  "En este día en el que la liturgia de la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz -dijo el Papa- el Evangelio que acabamos de escuchar nos recuerda el significado de este gran misterio. (...) El Hijo de Dios se hizo vulnerable, tomando la condición de siervo, obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por su Cruz hemos sido salvados".

 "El instrumento de suplicio que mostró, el Viernes Santo, el juicio de Dios sobre el mundo, se ha transformado en fuente de vida, de perdón, de misericordia, signo de reconciliación y de paz. (...) La Iglesia nos invita (...) a dar gracias a Dios porque de un árbol portador de muerte, ha surgido de nuevo la vida".

  "Es significativo -observó-, que en la primera aparición a Bernadette, María comience su encuentro con la señal de la Cruz, (...) una iniciación a los misterios de la fe. La señal de la Cruz es de alguna forma el compendio de nuestra fe, (...) nos dice que, en el mundo, hay un amor más fuerte que la muerte. (...).El poder del amor es más fuerte que el mal que nos amenaza. Este misterio de la universalidad del amor de Dios por los hombres, es el que María reveló aquí, en Lourdes".

  "La Iglesia ha recibido la misión de mostrar a todos el rostro amoroso de Dios, manifestado en Jesucristo. (...) Él nos hará libres para amar como Él nos ama y para construir un mundo reconciliado. Porque, con esta Cruz, Jesús cargó el peso de todos los sufrimientos e injusticias de nuestra humanidad. Él ha cargado las humillaciones y discriminaciones, las torturas sufridas en numerosas regiones del mundo por muchos hermanos y hermanas nuestros por amor a Cristo".

  La celebración del jubileo de las apariciones de Nuestra Señora en Lourdes, señaló el Papa, "nos ha permitido entrar en una senda de fe y conversión. Hoy, María sale a nuestro encuentro para indicarnos los caminos de la renovación de la vida de nuestras comunidades y de cada uno de nosotros".

  "Jesús, nacido de María, es el Hijo de Dios, el único Salvador de todos los hombres, vivo y operante en su Iglesia y en el mundo. La Iglesia ha sido enviada a todo el mundo para proclamar este único mensaje e invitar a los hombres a acogerlo mediante una conversión auténtica del corazón. Esta misión, que fue confiada por Jesús a sus discípulos, recibe aquí, con ocasión de este jubileo, un nuevo impulso".

  El recorrido jubilar tras las huellas de Bernadette recuerda "lo esencial del mensaje de Lourdes. Bernadette era la primogénita de una familia muy pobre, sin sabiduría ni poder, de salud frágil. María la eligió para transmitir su mensaje de conversión, de oración y penitencia, en total sintonía con la palabra de Jesús: "Porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla". Es, pues, una auténtica catequesis la que también a nosotros se nos propone, bajo la mirada de María".

  Cuando la "Hermosa Señora" revela su nombre a Bernadette: "Yo soy la Inmaculada Concepción", (...) le desvela (...) la gracia extraordinaria que Ella recibió de Dios. (...) María es la mujer de nuestra tierra que se entregó por completo a Dios y que recibió de Él el privilegio de dar la vida humana a su eterno Hijo".

  "Ella es (...) la imagen de la nueva humanidad. De esta forma, al presentarse en una dependencia total de Dios, María expresa en realidad una actitud de plena libertad, cimentada en el completo reconocimiento de su genuina dignidad".

  "Este privilegio nos concierne también a nosotros, porque nos desvela nuestra propia dignidad de hombres y mujeres, marcados ciertamente por el pecado, pero salvados en la esperanza, una esperanza que nos permite afrontar nuestra vida cotidiana".

  "La vocación primera del santuario de Lourdes es ser un lugar de encuentro con Dios en la oración, y un lugar de servicio fraterno, especialmente por la acogida a los enfermos, a los pobres y a todos los que sufren. (...) María sale a nuestro encuentro como la Madre. (...) Mediante la luz que brota de su rostro, se trasparenta la misericordia de Dios. (...) María nos recuerda aquí que la oración (...) debe tener un puesto central en nuestra vida cristiana, (...) es indispensable para acoger la fuerza de Cristo".

  El Santo Padre subrayó que "la presencia de los jóvenes en Lourdes es también una realidad importante. (...) Cuando María recibió la visita del ángel, era una jovencita en Nazaret, que llevaba la vida sencilla y animosa de las mujeres de su pueblo. Y si la mirada de Dios se posó especialmente en Ella, fiándose, María quiere deciros también que nadie es indiferente para Dios. (...) No dejéis que las dificultades os descorazonen. María (...) conocía cuánta era su debilidad ante la omnipotencia de Dios. Sin embargo, dijo "sí" sin vacilar. Y gracias a su sí, la salvación entró en el mundo, cambiando así la historia de la humanidad".

  "¡El mensaje de María es un mensaje de esperanza para todos los hombres y para todas las mujeres de nuestro tiempo, sean del país que sean!", exclamó el pontífice. "Me gusta invocar a María como "Estrella de la esperanza" (...) que nos ilumina y nos orienta en nuestro caminar. Por su sí, por el don generoso de sí misma, Ella abrió a Dios las puertas de nuestro mundo y nuestra historia. Nos invita a vivir (...) en una esperanza inquebrantable, rechazando escuchar a los que pretenden que nos encerremos en el fatalismo".
PV-FRANCIA/MISA/LOURDES                    VIS 20080914 (970)


MARIA, CERCANA A NUESTROS CORAZONES

CIUDAD DEL VATICANO, 14 SEP 2008 (VIS).-Finalizada la celebración eucarística, después de la cual las campanas del santuario tocaron a fiesta, el Papa rezó el Angelus.

  Benedicto XVI recordó que cada día, gracias a esa oración, "cuando las primeras horas del día comienzan a hacer sentir el peso de la fatiga, nuestra disponibilidad y generosidad se renuevan gracias a la contemplación del "sí (...) limpio y sin reservas de María".

  "Mientras que el pecado divide, nos separa a unos de otros -continuó-, la pureza de María la hace infinitamente cercana a nuestros corazones, atenta a cada uno de nosotros y deseosa de nuestro verdadero bien. Estáis viendo, aquí, en Lourdes, como en todos los santuarios marianos, que multitudes inmensas llegan a los pies de María para confiarle lo que cada uno tiene de más íntimo, lo que lleva especialmente en su corazón".

  "María nos muestra -explicó el Papa- (...) la manera adecuada de acercarnos al Señor (...) con sinceridad y sencillez. Gracias a Ella, descubrimos que la fe cristiana no es un fardo, sino que es como una ala que nos permite volar más alto para refugiarnos en los brazos de Dios".

  "Aquí, muy cerca de la gruta, y en comunión especial con todos los peregrinos presentes en los santuarios marianos y con todos los enfermos de cuerpo o alma que buscan consuelo, bendecimos al Señor por la presencia de María en medio de su pueblo y a Ella dirigimos con fe nuestra oración:

  "Santa María, tú que te apareciste aquí, hace ciento cincuenta años, a la joven Bernadette, "tú eres la verdadera fuente de esperanza". Como peregrinos confiados, llegados de todos los lugares, venimos una vez más a sacar de tu Inmaculado Corazón fe y consuelo, gozo y amor, seguridad y paz. "Monstra Te esse Matrem". Muéstrate como una Madre para todos, oh María. Danos a Cristo, esperanza del mundo".

  Después de rezar el Ángelus, el Santo Padre se trasladó al Ermitage St.Joseph, donde almorzó con los obispos de la región Midi-Pirineos y con los cardenales y obispos del séquito
PV-FRANCIA/ANGELUS/LOURDES                   VIS 20080914 (340)


sábado, 13 de septiembre de 2008

FORTIFICAR LA HERMANDAD ENTRE CRISTIANOS Y JUDIOS

CIUDAD DEL VATICANO, 12 SEP 2008 (VIS).-El Papa recibió esta tarde a las 17,00 en la nunciatura apostólica de París a los representantes de la comunidad judía francesa y reafirmó que "cristianos y judíos tienen una fraternidad que fortificar y vivir" y que "los vínculos de fraternidad constituyen una invitación constante a conocerse mejor y a respetarse".

  "La Iglesia católica (...) repite con fuerza  a través de mi voz las palabras del gran Papa Pío XI : (...) "Espiritualmente somos semitas". (...) Por eso se opone a toda forma de antisemitismo del que  no hay justificación teológica aceptable. El teólogo Henri de Lubac, en una "hora de tinieblas", como decía Pío XII, comprendió que ser antisemitas significa también ser anticristianos. Una vez más siento el deber de rendir un profundo homenaje a todo los que murieron injustamente y a los que hicieron todo lo posible para que los nombres de las víctimas permaneciesen siempre en el recuerdo. ¡Dios no olvida!".

  Finalizado el encuentro, Benedicto XVI se trasladó en automóvil al College des Bernardins donde le esperaban 700 representantes del mundo de la cultura francesa, responsables de la UNESCO, de la Unión Europea y algunos miembros de la comunidad musulmana francesa.
PV-FRANCIA/COMUNIDAD JUDIA/PARIS               VIS 20080913 (210)


BUSQUEDA DE DIOS EN LAS RAICES DE LA CULTURA EUROPEA


CIUDAD DEL VATICANO, 12 SEP 2008 (VIS).-El mundo de la cultura acogió esta tarde a Benedicto XVI en el College des Bernardins, donde el Papa llegó hacia las 17,30.

  La institución fue fundada en 1247 por Étienne de Lexington, abad cisterciense de Claraval, como centro de formación teológica para los monjes del Císter. Confiscado durante la Revolución, el edificio se vendió y pasó a través de los siglos por diversas peripecias, hasta que lo adquirió la archidiócesis de París. Después de cinco años de restauración, el edificio, auténtica joya de la arquitectura medieval, se abrió al público el pasado 4 de septiembre. Es sede de iniciativas artísticas, conferencias y reuniones.

  El discurso del Papa estuvo dedicado  al origen  de la teología occidental y de las raíces de la cultura europea. "En la gran fractura cultural provocada por las migraciones de los pueblos y el nuevo orden de los Estados que se estaban formando -dijo- los monasterios eran los lugares en los que sobrevivían los tesoros de la vieja cultura y en los que, a partir de ellos, se iba formando poco a poco una nueva cultura".

  Pero la intención de los monjes no era "crear una cultura y ni siquiera conservar una cultura del pasado. Su motivación era mucho más elemental. Su objetivo era (...)  buscar a Dios. En la confusión de un tiempo en que nada parecía quedar en pie, los monjes querían dedicarse a lo esencial; (...) detrás de lo provisional buscaban lo definitivo".

  Para hacerlo seguían las "señales de pista" con las que Dios indicaba el recorrido. "El camino era su Palabra que, en los libros de las Sagradas Escrituras, estaba abierta ante los hombres. La búsqueda de Dios requiere, pues, por intrínseca exigencia una cultura de la palabra. (...) En el monaquismo occidental, escatología y gramática están interiormente vinculadas una con la otra. (...) Así, precisamente por la búsqueda de Dios, resultan importantes las ciencias profanas que nos señalan el camino hacia la lengua".

  El Santo Padre habló de los lugares comunes en los monasterios, las bibliotecas y las escuelas, que "indican el camino hacia la palabra", haciendo notar que "la Palabra que abre el camino de la búsqueda de Dios y es ella misma el camino, es una Palabra que mira a la comunidad. (...) La Palabra no lleva a un camino sólo individual de una inmersión mística, sino que introduce en la comunión con cuantos caminan en la fe".

  "Como en la escuela rabínica, también entre los monjes, el mismo leer del individuo es simultáneamente un acto corporal -observó-. La Palabra de Dios nos introduce en el coloquio con Dios" y (...) especialmente en el Libro de los Salmos nos ofrece las palabras con que podemos dirigirnos a Él, presentarle nuestra vida con sus altibajos en coloquio ante Él, transformando así la misma vida en un movimiento hacia Él".

  Citando la importancia del canto en la vida monástica, Benedicto XVI habló de cómo San Bernardo de Claraval "califica la confusión de un canto mal hecho como un precipitarse en la "zona de la desemejanza", que es el término con que San Agustín describe  "su estado interior antes de la conversión. (...) El hombre, creado a semejanza de Dios, al abandonarlo se hunde en la "zona de la desemejanza", en un alejamiento de Dios en el que ya no lo refleja y así se hace desemejante no sólo de Dios, sino también de sí mismo, del verdadero ser hombre".

  Para San Bernardo "la cultura del canto es también cultura del ser y  los monjes con su plegaria y su canto han de estar a la altura de la Palabra que se les ha confiado, a su exigencia de verdadera belleza".
 
  Asimismo, "para captar de alguna manera la cultura de la palabra, que en el monaquismo occidental se desarrolló por la búsqueda de Dios", es necesario abordar "las Escrituras", que (...) en su conjunto (...) se consideran como la única Palabra de Dios dirigida a nosotros. Pero ya este plural evidencia que aquí la Palabra de Dios nos alcanza sólo (...) a través de las palabras humanas, es decir que Dios nos habla sólo a través de los hombres, mediante sus palabras y su historia".

  El Papa señaló que "la Escritura precisa de la interpretación, y precisa de la comunidad en la que se ha formado y en la que es vivida. En ella tiene su unidad y en ella se despliega el sentido que aúna el todo. (...) El cristianismo capta en las palabras la Palabra, el "Logos" mismo, que irradia su misterio a través de tal multiplicidad. Esta estructura especial de la Biblia es un desafío siempre nuevo para cada generación. Por su misma naturaleza excluye todo lo que hoy se llama fundamentalismo".

  "La misma Palabra de Dios, de hecho, nunca está presente ya en la simple literalidad del texto. Para alcanzarla se requiere un trascender y un proceso de comprensión, que se deja guiar por el movimiento interior del conjunto y por ello debe convertirse también en un proceso vital. Siempre y sólo en la unidad dinámica del conjunto los muchos libros forman "un" Libro, la Palabra de Dios y la acción de Dios en el mundo se revelan en la palabra y en la historia humana.".

  "El trascender de la letra y su comprensión únicamente a partir del conjunto", dijo el Papa, lo expresa drásticamente San Pablo con la frase: "La pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida", pero (...) el Espíritu liberador no es simplemente (...) la visión personal de quien interpreta. El Espíritu es Cristo, (...) que nos indica el camino. Con la palabra sobre el Espíritu y sobre la libertad se abre un vasto horizonte, pero al mismo tiempo se pone una clara limitación a la arbitrariedad y a la subjetividad, (...) que obliga de manera inequívoca al individuo y a la comunidad y crea un vínculo superior al de la letra: el vínculo del entendimiento y del amor".

  "Esa tensión entre vínculo y libertad, que sobrepasa el problema literario de la interpretación de la Escritura, (...) ha plasmado profundamente la cultura occidental. Esa tensión se presenta de nuevo también a nuestra generación como un reto frente a los extremos de la arbitrariedad subjetiva, por una parte, y del fanatismo fundamentalista, por otra. Sería fatal, si la cultura europea de hoy llegase a entender la libertad sólo como la falta total de vínculos y con esto favoreciese inevitablemente el fanatismo y la arbitrariedad".

  El Santo Padre observó después que junto al "ora" de la vida monástica, existía también el "labora" y que el "Dios cristiano (...) es también el Creador. Dios trabaja; continúa trabajando en y sobre la historia de los hombres. En Cristo entra como Persona en el trabajo fatigoso de la historia. (...) Dios trabaja y  (...) el hombre tiene capacidad y puede participar en la obra de Dios en la creación del mundo. Del monaquismo forma parte (...) una cultura del trabajo, sin la cual el desarrollo de Europa, su ethos y su formación del mundo son impensables".

  Retomando el inicio de su discurso sobre el monacato Benedicto XVI reiteró que "quien se hacía monje, avanzaba por un camino largo y profundo, pero había encontrado ya la dirección: la Palabra de la Biblia en la que oía que hablaba el mismo Dios", pero (...) para que se abra un camino hacia el corazón de la Palabra bíblica como Palabra de Dios, esa misma Palabra debe antes ser anunciada desde el exterior".

  "De hecho, los cristianos de la Iglesia naciente no consideraron su anuncio misionero como una propaganda, (...) sino como una necesidad intrínseca derivada de la naturaleza de su fe. (...) La universalidad de Dios y la universalidad de la razón abierta hacia Él constituían para ellos la motivación y también el deber del anuncio. Para ellos la fe no pertenecía a las costumbres culturales, diversas según los pueblos, sino al ámbito de la verdad que igualmente tiene en cuenta a todos".

  "El esquema fundamental del anuncio cristiano "ad extra" -a los hombres que, con sus preguntas, buscan- se halla en el discurso de san Pablo en el Areópago", cuando (...) anuncia a Aquel, que los hombres ignoran y, sin embargo, conocen: el Ignoto-Conocido; Aquel que buscan, al que, en lo profundo, conocen y que, sin embargo, es el Ignoto y el Incognoscible. Lo más profundo del pensamiento y del sentimiento humano sabe en cierto modo que Él tiene que existir. Que en el origen de todas las cosas debe estar no la irracionalidad, sino la Razón creativa; no el ciego destino, sino la libertad".

  "Sin embargo, pese a que todos los hombres en cierto modo sabemos esto, (...) ese saber permanece irreal: Un Dios sólo pensado e inventado no es un Dios. Si Él no se revela, nosotros no llegamos hasta Él. (...) La novedad del anuncio cristiano consiste en un hecho: Él se ha mostrado. Pero esto no es un hecho ciego, sino un hecho que, en sí mismo, es "Logos", presencia de la Razón eterna en nuestra carne".

  También en nuestra época "Dios se ha convertido realmente en el gran Desconocido. Pero como entonces, tras las numerosas imágenes de los dioses estaba escondida y presente la pregunta acerca del Dios desconocido, también hoy la actual ausencia de Dios está tácitamente inquieta por la pregunta sobre Él"

  "Buscar a Dios y dejarse encontrar por Él: esto hoy no es menos necesario que en tiempos pasados -concluyó Benedicto XVI-. Una cultura meramente positivista que circunscribiera al campo subjetivo como no científica la pregunta sobre Dios, sería la capitulación de la razón, la renuncia a sus posibilidades más elevadas y consiguientemente una ruina del humanismo, cuyas consecuencias no podrían ser más graves. Lo que es la base de la cultura de Europa, la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle, sigue siendo aún hoy el fundamento de toda verdadera cultura".

  Acabado el discurso el Papa se trasladó en automóvil a la catedral de Notre-Dame para presidir las vísperas con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y diáconos franceses.
PV-FRANCIA/MUNDO CULTURA/PARIS            VIS 20080913 (1680)


VISPERAS CON SACERDOTES, RELIGIOSOS, SEMINARISTAS, DIACONOS


CIUDAD DEL VATICANO, 12 SEP 2008 (VIS).-A las 19,15, en la catedral de Notre Dame, el Papa presidió la celebración de las Vísperas con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y diáconos. También estaban presentes algunos representantes de otras iglesias y confesiones cristianas.

  Comentando en la homilía el salmo 126,1, "Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles", el Papa dijo: "Quién es este Señor sino Nuestro Señor Jesucristo. Fue Él quien fundó la Iglesia, quien la ha edificado sobre la roca, sobre la fe del Apóstol Pedro. (…) San Agustín se plantea la cuestión de saber quiénes son los albañiles, y él mismo responde: "Todos los que predican la palabra de Dios en la Iglesia, los dispensadores de los misterios de Dios. Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora"; pero es sólo Dios quien, en nosotros, "edifica, quien exhorta, quien amonesta, quien abre el entendimiento, quien os conduce a las verdades de la fe".

  "¡Qué maravilla -exclamó- reviste nuestra actividad al servicio de la divina Palabra! Somos instrumentos del Espíritu; Dios tiene la humildad de pasar a través de nosotros para sembrar su Palabra. Llegamos a ser su voz después de haber vuelto el oído a su boca. Ponemos su Palabra en nuestros labios para ofrecerla al mundo. La ofrenda de nuestra plegaria le es agradable y le sirve para comunicarse con todos los que nos encontramos".

  Benedicto XVI puso de relieve que "las liturgias de la tierra, ordenadas todas ellas a la celebración de un Acto único de la historia, no alcanzarán jamás a expresar totalmente su infinita densidad. En efecto, la belleza de los ritos nunca será lo suficientemente esmerada, lo suficientemente cuidada, elaborada, porque nada es demasiado bello para Dios, que es la Hermosura infinita. Nuestras liturgias de la tierra no podrán ser más que un pálido reflejo de la liturgia, que se celebra en la Jerusalén de arriba, meta de nuestra peregrinación en la tierra. Que nuestras celebraciones, sin embargo, se le parezcan lo más posible y la hagan presentir".

  "Desde ahora -continuó-, la Palabra de Dios nos ha sido dada para ser el alma de nuestro apostolado, el alma de nuestra vida de sacerdotes. (...) A lo largo de la jornada, la Palabra de Dios se convierte en la materia de la oración de toda la Iglesia, que desea así dar testimonio de su fidelidad a Cristo".

  El Santo Padre exhortó a los sacerdotes a no tener miedo "de dedicar mucho tiempo a la lectura, a la meditación de la Escritura y al rezo del Oficio divino. Casi sin saberlo, la Palabra leída y meditada en la Iglesia actúa sobre vosotros y os transforma".

  Dirigiéndose a continuación a los seminaristas, dijo: "Estáis destinados a ser depositarios de esta Palabra eficaz, que hace lo que dice. Conservad siempre el gusto por la Palabra de Dios. Aprended, por su medio, a amar a todos los que encontréis en vuestro camino. Nadie sobra en la Iglesia, nadie. Todo el mundo puede y debe encontrar su lugar".

  El Papa pidió a los diáconos, que "sin buscar sustituir a los presbíteros, sino ayudándolos con amistad y eficacia" fueran "testigos vivos del poder infinito de la divina Palabra".

  A los religiosos, religiosas y todas las personas consagradas, Benedicto XVI les recordó que su "única riqueza -la única, verdaderamente, que traspasará los siglos y el dintel de la muerte- es la Palabra del Señor. (…) Vuestra obediencia es, etimológicamente, una escucha, ya que el vocablo "obedecer" viene del latín "obaudire", que significa tender el oído hacia algo o alguien. Obedeciendo, volvéis vuestra alma hacia Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. (…) La pureza de la divina Palabra es el modelo de vuestra propia castidad; garantía de fecundidad espiritual".

  Benedicto XVI saludó al final a los representantes de las Iglesias cristianas y de las comunidades eclesiales, "que han venido a rezar fraternalmente las Vísperas con nosotros en esta catedral".

  "Pido ardientemente al Señor -terminó el Papa.-que crezca en nosotros el sentido de esta unidad de la Palabra de Dios, signo, prenda y garantía de la unidad de la Iglesia: no un amor en la Iglesia sin amor a la Palabra, no una Iglesia sin unidad en torno a Cristo redentor, no frutos de redención sin amor a Dios y al prójimo, según los dos mandamientos que resumen toda la Escritura santa".
PV-FRANCIA/VISPERAS/PARIS                        VIS 20080913 (730)


LA IGLESIA CONFIA EN LOS JOVENES

CIUDAD DEL VATICANO, 12 SEP 2008 (VIS).-Finalizadas las Vísperas, el Papa saludó a los jóvenes que transcurrirían la noche en vigilia de oración para prepararse a la Santa Misa que se celebrará mañana en la Explanada de los Inválidos.

  Benedicto XVI recordó que la XXIII  Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Sydney, "hizo redescubrir a muchos jóvenes la importancia del Espíritu Santo en la vida del cristiano. El Espíritu nos pone en contacto íntimo con Dios, en quien se encuentra la fuente de toda auténtica riqueza humana".

  "Todos buscáis amar y ser amados -dijo el Santo Padre-. Tenéis que volver a Dios para aprender a amar y para tener la fuerza de amar".

  Después el Papa invitó a los jóvenes a "meditar en la grandeza del sacramento de la Confirmación, (...) que os introduce en una vida de fe adulta. Es urgente comprender cada vez mejor este sacramento para comprobar la calidad y la hondura de vuestra fe y para robustecerla. El Espíritu Santo os acerca al misterio de Dios y os hace comprender quién es Dios. Os invita a ver en el prójimo al hermano, (...) para vivir en comunión con él, humana y espiritualmente, para vivir, por tanto, como Iglesia. Al revelaros quién es Cristo muerto y resucitado por nosotros, nos impulsa a dar testimonio de Él".

  "Es urgente hablar de Cristo a vuestro alrededor -exclamó el pontífice-, a vuestras familias y amigos, en vuestros lugares de estudio, de trabajo o de ocio. No tengáis miedo. Tened "la valentía de vivir el Evangelio y la audacia de proclamarlo". (...) Llevad la Buena Noticia a los jóvenes de vuestra edad y también a los otros. Ellos conocen las turbulencias de la afectividad, la preocupación y la incertidumbre con respecto al trabajo y a los estudios. Afrontan sufrimientos y tienen experiencia de alegrías únicas. Dad testimonio de Dios, porque, en cuanto jóvenes, formáis parte plenamente de la comunidad católica. (...) Quiero deciros que la Iglesia confía en vosotros".

  El segundo tema de reflexión que el Papa propuso a los jóvenes fue "el misterio de la Cruz".

  "Muchos de vosotros -dijo- lleváis colgada del cuello una cadena con una cruz. También yo llevo una. (...) No es un adorno ni una joya. Es el precioso símbolo de nuestra fe, el signo visible y material de la vinculación a Cristo".

  "Para los cristianos, la Cruz simboliza la sabiduría de Dios y su amor infinito revelado en el don redentor de Cristo muerto y resucitado para la vida del mundo, en particular, para la vida de cada uno".

  La Cruz "no es sólo el signo de vuestra vida en Dios y de vuestra salvación, sino también (...) el testigo mudo de los padecimientos de los hombres y, al mismo tiempo, la expresión única y preciosa de todas sus esperanzas".

  "La Cruz pone en peligro en cierta medida la seguridad humana, pero manifiesta, también y sobre todo, la gracia de Dios y confirma la salvación. Esta tarde os confío la Cruz de Cristo. Pablo había entendido la palabra de Jesús -aparentemente paradójica- según la cual sólo entregando ("perdiendo") la propia vida se puede encontrarla y de ello había sacado la conclusión de que la Cruz manifiesta la ley fundamental del amor, la fórmula perfecta de la vida verdadera".

  Tras despedirse de los jóvenes el Papa se desplazó a la Nunciatura Apostólica y después de cenar salió al balcón para saludar a los fieles reunidos ante su residencia en la capital francesa.

  "¡Vuestra acogida tan cordial conmueve al Papa! -dijo-. Gracias por haberme esperado aquí a pesar de ser tan tarde y de forma tan entusiasta".

  "Estoy feliz de sumarme mañana a la multitud de peregrinos de Lourdes para celebrar el Jubileo de las apariciones de la Virgen. Los católicos en Francia necesitan más que nunca renovar su confianza en María, reconociendo en Ella el modelo de su compromiso al servicio del Evangelio. (...) Cuento con vosotros y con vuestras oraciones para que este viaje dé fruto. Que la Virgen os guarde".
PV-FRANCIA/JOVENES/PARIS                    VIS 20080913 (670)


BENEDICTO XVI EN EL INSTITUT DE FRANCE

CIUDAD DEL VATICANO, 13 SEP 2008 (VIS).-Hoy sábado, a las 9,00, el Papa llegó al Institut de France, fundado en 1795 y que comprende cinco Academias: Académie française; Académie des inscriptions et belles lettres; Académie des sciences; Académie des beaux-arts; Académie des sciences morales et politiques.

  Del Institut de France forman parte representantes eminentes de todos los ámbitos del saber humano. En 1992 el entonces cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sucedió en la Academia de Ciencias morales y políticas, como miembro asociado, a Andrei Sakharov, premio Nobel de la Paz, fallecido en 1989.

  A su llegada, Benedicto XVI fue recibido por el canciller del Instituto, Gabriel de Broglie y por el secretario perpetuo de l' Académie française, Hélène Carrère d'Encausse, que lo acompañaron a la sala de la Cúpula, donde se reúnen los miembros de las cinco Academias. El pontífice descubrió una placa conmemorativa de su visita y pronunció unas breves palabras.

  "Es para mí un gran honor -dijo el Papa- ser recibido esta mañana bajo la Cúpula. No podía venir a París sin saludarles personalmente. Me agrada aprovechar esta feliz ocasión para subrayar los lazos profundos que me unen a la cultura francesa, hacia la que siento una gran admiración".

  "Rabelais dijo muy justamente en su tiempo: "La ciencia sin la conciencia no es más que ruina del alma. (...) Fue sin duda para contribuir a evitar el riesgo de una semejante dicotomía que, a finales de enero, y por vez primera en tres siglos y medio, dos Academias del Instituto, dos Academias Pontificias y el Instituto Católico de París organizaron un Coloquio interacadémico sobre la cambiante identidad de la persona. (...) Esta iniciativa podría continuar para explorar conjuntamente los innumerables senderos de las ciencias humanas y experimentales".

  Finalizado el encuentro, Benedicto XVI se desplazó en papamóvil a la Explanada de los Inválidos para celebrar la Santa Misa.
PV-FRANCIA/INSTITUT DE FRANCE/PARIS            VIS 20080913 (330)


HUID DEL CULTO A LOS IDOLOS

CIUDAD DEL VATICANO, 13 SEP 2008 (VIS).-Benedicto XVI celebró esta mañana a las 10,00 la Santa Misa en la Explanada de los Inválidos, el conjunto monumental formado por el Hospital de los Inválidos, el Museo del Ejército y la Iglesia de San Luis de los Inválidos con el anejo Dôme (Cúpula), donde se encuentran las cenizas de Napoleón Bonaparte.

  "La primera carta de San Pablo dirigida a los Corintios -dijo el Papa en su homilía ante más de 200.000 personas- nos hace descubrir (...) hasta qué punto sigue siendo actual el consejo dado por el Apóstol. "No tengáis que ver con la idolatría", escribió a una comunidad muy afectada por el paganismo e indecisa entre la adhesión a la novedad del Evangelio y la observancia de las viejas prácticas heredadas de sus antepasados"
 
  "Fuera del pueblo de Israel, que había recibido la revelación del Dios único, -explicó-  el mundo antiguo era esclavo del culto a los ídolos. Los errores del paganismo, muy visibles en Corinto, debían ser denunciados porque eran una potente alienación y desviaban al hombre de su verdadero destino. Impedían reconocer que Cristo es el único Salvador, el único que indica al hombre el camino hacia Dios".

  "Este llamamiento a huir de los ídolos sigue siendo válido también hoy. (...) La palabra "ídolo" viene del griego y significa "imagen", (...) pero también (...) "vana apariencia". El ídolo es un señuelo, pues desvía a quien le sirve de la realidad para encadenarlo al reino de la apariencia".

  "¿No es ésta una tentación propia de nuestra época, la única -subrayó el Santo Padre- sobre la que podemos actuar de forma eficaz? Es la tentación de idolatrar un pasado que ya no existe, olvidando sus carencias, o un futuro que aún no existe, creyendo que el ser humano hará llegar con sus propias fuerzas el reino de la felicidad eterna sobre la tierra". De igual modo,"el dinero, el afán de tener, de poder e incluso de saber, ¿acaso no desvían al hombre de su verdadero fin?".

  Pero "la condena radical de la idolatría -afirmó el Papa citando a San Juan Crisóstomo, cuya memoria litúrgica se celebra hoy- no es en modo alguno una condena de la persona del idólatra. Nunca hemos de confundir en nuestros juicios el pecado, que es inaceptable, y el pecador, del que no podemos juzgar su estado de conciencia y que, en todo caso, siempre tiene la posibilidad de convertirse y ser perdonado".

  "Dios (...) nunca pide al hombre que sacrifique su razón -observó el pontífice-. La razón nunca está en contradicción real con la fe. El único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ha creado la razón y nos da la fe, proponiendo a nuestra libertad que la reciba como un don precioso. Lo que desencamina al hombre de esta perspectiva es el culto a los ídolos, y la razón misma puede fabricar ídolos".

  "Pidamos a Dios, pues, que nos ve y nos escucha, que nos ayude a purificarnos de todos nuestros ídolos para acceder a la verdad de nuestro ser, para acceder a la verdad de su ser infinito".

  "San Pablo nos invita a usar no solamente nuestra razón, sino sobre todo nuestra fe para descubrirlo. Ahora bien, ¿qué nos dice la fe? El pan que partimos es comunión con el Cuerpo de Cristo; el cáliz de acción de gracias que bendecimos es comunión con la Sangre de Cristo"

  "Desde hace veinte siglos -recordó el Santo Padre-  el Señor resucitado se ha entregado a su pueblo. (...) Veneremos fervientemente el sacramento del Cuerpo y la Sangre del Señor, el Santísimo Sacramento de la presencia real del Señor en su Iglesia y en toda la humanidad".

  "La Misa es el sacrificio de acción de gracias por excelencia, el que nos permite unir nuestra propia acción de gracias a la del Salvador. (...) La Misa nos invita a discernir lo que en nosotros obedece al Espíritu de Dios y lo que en nosotros aún permanece a la escucha del espíritu del mal".

  Por eso, "alzar la copa de la salvación e invocar el nombre del Señor, ¿no es precisamente la mejor manera de "no tener que ver con la idolatría"? Cada vez que se celebra una Misa, cada vez que Cristo se hace sacramentalmente presente en su Iglesia, se realiza la obra de nuestra salvación. (...) Sólo Él nos enseña a huir de los ídolos, espejismos del pensamiento".

  Pero "¿quién puede alzar la copa de la salvación e invocar el nombre del Señor en nombre de todo el pueblo de Dios, sino el sacerdote?", se preguntó el Papa, y lanzó un "llamamiento  esperanzado en la fe y en la generosidad" a "los jóvenes que se plantean la cuestión de la vocación religiosa o sacerdotal: ¡No tengáis miedo! -exclamó-. ¡No tengáis miedo de dar la vida a Cristo! Nada sustituirá jamás el ministerio de los sacerdotes en el corazón de la Iglesia".

  "La esperanza seguirá siempre la más fuerte. La Iglesia, construida sobre la roca de Cristo, tiene las promesas de vida eterna, no porque sus miembros sean más santos que los demás, sino porque Cristo hizo esta promesa a Pedro: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del infierno no la derrotará".

  "Con la inquebrantable esperanza de la presencia eterna de Dios en cada una de nuestras almas, con la alegría de saber que Cristo está con nosotros hasta el final de los tiempos, con la fuerza que el Espíritu Santo ofrece a todos aquellos y aquellas que se dejan alcanzar por Él -concluyó Benedicto XVI- os encomiendo a la acción poderosa del Dios de amor que ha muerto por nosotros en la Cruz y ha resucitado victoriosamente la mañana de Pascua. A todos (...) repito las palabras de San Pablo: Huid del culto de los ídolos, no dejéis de hacer el bien".

  Después de la Santa Misa Benedicto XVI se dirigió a la nunciatura apostólica, donde almorzó con los obispos de la región.
PV-FRANCIA/MISA/INVALIDOS:PARIS                VIS 20080913 (1000)


viernes, 12 de septiembre de 2008

REFLEXIONAR SOBRE EL SIGNIFICADO AUTENTICO DE LA LAICIDAD

CIUDAD DEL VATICANO, 12 SEP 2008 (VIS).-El Papa partió a las 9,20 del aeropuerto romano de Fiumicino y tras dos horas de vuelo aterrizó en el aeropuerto de París-Orly, comenzando de este modo su décimo viaje apostólico internacional y el primero a Francia.

  El Santo Padre fue acogido en la escalerilla del avión por el presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy. Tras saludar al cardenal André Vingt-Trois, arzobispo de París y a algunas autoridades civiles y religiosas, se trasladó en automóvil a la nunciatura apostólica. Desde allí se dirigió unos minutos más tarde al Palacio del Elíseo, donde a las 12,30 realizó una visita de cortesía al presidente de la República.

  Terminado el coloquio privado entre el Papa y Sarkozy, tuvo lugar el encuentro con las autoridades del Estado. Después de las palabras del presidente francés, Benedicto XVI pronunció el primer discurso de su viaje.

  El Papa recordó al inicio de su discurso que el motivo principal de este viaje es "la celebración del 150 aniversario de las apariciones de la Virgen María en Lourdes".

  Refiriéndose a lo que el presidente Sarkozy afirmó durante su visita a Roma en diciembre de 2007, que "las raíces de Francia -como las de Europa- son cristianas", el Santo Padre dijo: "Basta la historia para demostrarlo; desde sus orígenes, su país ha recibido el mensaje del Evangelio". En este contexto recordó la fundación de muchas congregaciones religiosas para ayudar a los más necesitados, así como las miles de iglesias, abadías y catedrales de esta tierra.

  "La Iglesia en Francia -continuó- goza actualmente de un régimen de libertad. La desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más. Existe un nuevo instrumento de diálogo desde 2002 -dijo- y tengo una gran confianza en su trabajo porque la buena voluntad es recíproca".

  "En este momento histórico en que las culturas se entrecruzan cada vez más, estoy profundamente convencido -aseguró- de que es cada vez más necesaria una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad. Es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos como la responsabilidad del Estado hacia ellos, y por otra parte, adquirir una conciencia más clara de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético fundamental en la sociedad".

  Tras poner de relieve que los jóvenes son su "mayor preocupación", Benedicto XVI dijo que muchos de ellos "han perdido su referencia en la vida familiar" y otros se hallan "marginados y a menudo abandonados a sí mismos, son frágiles y tienen que hacer frente solos a una realidad que les sobrepasa".

  Por eso, añadió, "hay que ofrecerles un buen marco educativo y animarlos a respetar y ayudar a los otros, para que lleguen serenamente a la edad de la responsabilidad. La Iglesia puede aportar en este campo una contribución específica. La situación social de occidente, por desgracia marcada por un avance solapado de la distancia entre ricos y pobres, también me preocupa. Estoy seguro que es posible encontrar soluciones justas que, sobrepasando la inmediata ayuda necesaria, vayan al corazón de los problemas, para proteger a los débiles y fomentar su dignidad".

  El Papa manifestó su preocupación por "el estado de nuestro planeta". En este sentido señaló la necesidad de "aprender a respetarlo y protegerlo mejor. Me parece que ha llegado el momento de hacer propuestas más constructivas para garantizar el bienestar de las generaciones futuras".

  "El ejercicio de la Presidencia de la Unión Europea supone para su país -afirmó- una ocasión para dar testimonio del compromiso de Francia, según su noble tradición, con los derechos humanos y su promoción para el bien de la persona y de la sociedad. Cuando el ciudadano europeo llegue a experimentar personalmente que los derechos inalienables del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, así como los concernientes a su educación libre, su vida familiar, su trabajo, sin olvidar naturalmente sus derechos religiosos, cuando este ciudadano europeo, por tanto, entienda que estos derechos, que constituyen una unidad indisociable, son promovidos y respetados, entonces comprenderá plenamente la grandeza de la construcción de la Unión y llegará a ser un artífice activo".

  El Santo Padre señaló que "frente al peligro del resurgir de antiguos recelos, tensiones y contraposiciones entre las Naciones, de las que hoy somos testigos preocupados, Francia, históricamente sensible a la reconciliación entre los pueblos, está llamada a ayudar a Europa a construir la paz dentro de sus fronteras y en el mundo entero. A este respecto, es importante promover una unidad que no puede ni quiere transformarse en uniformidad, sino que sea capaz de garantizar el respeto de las diferencias nacionales y de las tradiciones culturales, que constituyen una riqueza en la sinfonía europea, recordando, por otra parte, que "la propia identidad nacional no se realiza sino es en apertura con los demás pueblos y por la solidaridad con ellos". Confío en que vuestro país contribuya cada vez más al progreso de este siglo a la serenidad, la armonía y la paz".

  Concluido el encuentro, el Papa se trasladó a la nunciatura apostólica, donde almorzó en privado.
 
  A las 17,00 de hoy, el Santo Padre participará en un breve acto en la nunciatura apostólica con representantes de la comunidad judía y a continuación se dirigirá al Colegio de los Bernardinos, recientemente abierto al público tras su restauración, donde está previsto el encuentro con el mundo de la cultura.
PV-FRANCIA/LLEGADA/PARIS                        VIS 20080912 (950)


SABADO Y DOMINGO: SERVICIOS ESPECIALES SOBRE EL VIAJE

CIUDAD DEL VATICANO, 12 SEP 2008 (VIS).-El Vatican Information Service transmitirá el sábado 13 y el domingo 14 de septiembre dos servicios especiales con motivo del viaje apostólico de Benedicto XVI a Francia.
…/…/…/                                        VIS 20080912 (30)

OTROS ACTOS PONTIFICIOS

CIUDAD DEL VATICANO, 12 SEP 2008 (VIS).-El Santo Padre nombró al obispo Salvatore Pappalardo, hasta ahora de Nicosia (Italia), arzobispo metropolitano de de Siracusa (superficie 1.341, población 334.600, católicos 324.500, sacerdotes 145, religiosos 244, diáconos permanentes 10) en Italia. Sucede al arzobispo Giuseppe Costanzo, cuya renuncia al gobierno pastoral de esta archidiócesis fue aceptada por límite de edad.
NER:RE/…/PAPPALARDO:COSTANZO                    VIS 20080912 (60)

jueves, 11 de septiembre de 2008

PARAGUAY: IMPREGNAR DE ESPIRITU CRISTIANO ORDEN TEMPORAL


CIUDAD DEL VATICANO, 11 SEP 2008 (VIS).-El Santo Padre recibió esta mañana a los prelados de Paraguay al final de su quinquenal visita "ad limina".

  "Los retos pastorales que debéis afrontar son realmente grandes y complejos -dijo el Papa a los obispos- Frente a un ambiente cultural que intenta marginar a Dios de las personas y de la sociedad, o que lo considera como un obstáculo para alcanzar la propia felicidad, es urgente un vasto esfuerzo misionero que, poniendo a Jesucristo en el centro de toda acción pastoral, dé a conocer a todos la belleza y la verdad de su vida y de su mensaje de salvación".

  "En este sentido, la presencia de testimonios veraces de auténtica vida cristiana, junto a la santidad de los pastores, es una exigencia de perenne actualidad tanto en la Iglesia como en el mundo", prosiguió el Santo Padre, especificando que "el mismo obispo, además de ser el principio visible y fundamento de la unidad en la propia Iglesia particular, es también el vínculo de la comunión eclesial y el punto de engarce entre su Iglesia particular y la Iglesia universal" .

  Después de animar a los prelados a seguir haciendo todos los esfuerzos posibles para "acrecentar la unidad en las comunidades diocesanas, así como con esta Sede Apostólica", manifestó su agrado porque una de las prioridades de los obispos paraguayos es "la pastoral juvenil y vocacional". A este propósito el Papa señaló que "la convicción y la fidelidad con que los presbíteros viven cada día su vocación suscitará en muchos jóvenes el deseo de seguir a Cristo en el sacerdocio, respondiendo con generosidad a su llamado".

  Pero para que el mensaje cristiano llegue "hasta el último rincón del mundo", observó el Santo Padre, es necesaria "la colaboración indispensable de los fieles laicos. Su vocación específica consiste en impregnar de espíritu cristiano el orden temporal y transformarlo según el designio divino. Los pastores, por su parte, tienen el deber de ofrecerles todos los medios espirituales y formativos necesarios".

  "Un aspecto significativo de la misión propia de los seglares es el servicio a la sociedad a través del ejercicio de la política". Por eso "hay que alentarles (...) a que vivan con responsabilidad y dedicación esta importante dimensión de la caridad social, para que la comunidad humana de la que forman parte (...) progrese en la justicia, en la honradez, en la defensa de los verdaderos y auténticos valores, como la salvaguarda de la vida humana, del matrimonio y de la familia, contribuyendo de esta manera al verdadero bien humano y espiritual de toda la sociedad".

  El Papa concluyó elogiando los esfuerzos de los prelados para "aliviar las necesidades del pueblo" y pidiéndoles que fueran "imagen viva y cercana de la caridad de Cristo para todos vuestros hermanos, especialmente los que más sufren, los marginados, los ancianos, los enfermos y los encarcelados".
AL/.../PARAGUAY                            VIS 20080911 (490)


ESTADISTICAS SOBRE LA IGLESIA CATOLICA EN FRANCIA

CIUDAD DEL VATICANO, 11 SEP 2008 (VIS).-Con motivo del próximo viaje apostólico de Benedicto XVI a Francia, del 12 al 15 de septiembre, para conmemorar el 150 aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes, ofrecemos algunos datos estadísticos sobre la Iglesia católica en este país.

  Los datos, actualizados al 31 de diciembre de 2006, proceden de la Oficina Central de Estadística de la Iglesia.

  Francia tiene una población de 61.350.000 habitantes, de los que 46.427.000 son católicos; el 75,5 % de la población. Existen 98 circunscripciones eclesiásticas, 16.553 parroquias y 674 centros pastorales de otro tipo. Actualmente hay 186 obispos, 21.074 sacerdotes, 42.425 religiosos, 1.577 miembros laicos de institutos seculares y 62.831 catequistas. Los seminaristas menores son 134 y los mayores 1.299.

  Un total de 2.108.240 alumnos asisten a los 10.195 centros de educación católicos, desde el jardín de infancia hasta la universidad. Por lo que concierne a los centros caritativos y sociales de propiedad de la Iglesia o que son dirigidos por eclesiásticos o religiosos, en Francia hay: 94 hospitales, 103 ambulatorios, 520 hogares para ancianos e inválidos, 96 orfanatos y guarderías, 49 consultorios familiares y otros centros para la protección de la vida, 247 centros especiales de educación o reeducación social y 65 instituciones de otro tipo
OP/ESTADISTICAS  FRANCIA/...                        VIS 20080911 (210)


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